Nombre del autor:Julio Zarco

Ojos de vida

 Por lo general, el sufrimiento se hace incomprensible, tanto si nos afecta directamente, como si lo vemos reflejado en la cara de un familiar, un amigo…, o cualquier semejante. Cuando nos afecta directamente buscamos “un por qué”, indagamos en lo más profundo de nuestra razón para justificarlo, para entenderlo… en definitiva, para aliviarlo. Pero si hay un sufrimiento difícil de entender es el de un niño. Hay niños que sufren a diario las injusticias sociales, el hambre, la guerra, el maltrato, la persecución… Consideramos que son aspectos inherentes al mundo en que vivimos, y que creemos que pocas vecesestá en nuestra mano mejorarlo; aunque no pienso lo mismo, pues como decía Mahama Gandhi: «Si quieres cambiar al mundo, cámbiate a ti mismo.» Lo que suele pasarnos desapercibido es cuando el sufrimiento se esconde detrás de los ojos de una niña  llenos de vida, de esperanza… de ilusión por luchar. Y es lo que pasa en muchas enfermedades infantiles, algunas conocidas como “enfermedades raras”, otras ni siquiera conocidas. Hoy este post está dedicado a esos ojos, los de Jimena. Como veis sobran las palabras cuando los miras. LA MIRADA DE JIMENA  

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La ciencia sobrepasa a la bioética

Todos los teletipos de las agencias de comunicación estallaron ante la noticia de que por fin y tras muchos años de investigación, los científicos de una de las sociedades mas puritanas que existen en la actualidad, la americana, habían conseguido clonar células embrionarias madres, que eran capaces de regenerar cualquier tejido u órgano dañado. Esta noticia, que hace años saltó a la palestra científica de la mano de la oveja Dolly, ahora era capaz de trasladarse a los humanos. La bioingeniería embrionaria, había conseguido un gran logro para la ciencia y para el ser humano, un gran paso para la humanidad. Acto seguido y de manera inmediata, aportaron su visión algunos científicos y esa especie nueva de divulgadores de la ciencia, afirmando que esto no significaba la posibilidad de clonación de un ser humano al completo. Hasta aquí parece todo correcto, salvo por el hecho, siempre complejo, de que lo que los científicos hacen en sus laboratorios es crear embriones humanos en fase de mórula, es decir una “pelota de células”, que son utilizadas para regenerar el tejido u órgano que quiere reproducirse, destruyendo el resto de células inservibles o no utilizables. Es aquí donde los antiabortistas, muchos bioéticos y claro está las autoridades religiosas, protestan, entrando en escena y alegando que esa mórula es un ser humano en potencia, que es eliminado una vez que ha servido para el efecto de aportar las células que sean necesarias. Mi reflexión no pretende ir en el sentido estrictamente ético ni legal de la investigación con embriones humanos, pues es evidente que en este punto, como en otros que interviene la conciencia humana, es algo personal e intransferible. Mi reflexión va dirigida a la necesidad de apoyar y fomentar el pensamiento y la reflexión ética al respecto. Una vez más, se ha demostrado que los avances en ciencia y  sobrepasa en  años luz, a la reflexión ética, deontológica y jurídica. Una vez más el cuerpo de conocimientos de la ciencia adelanta con muchos cuerpos de ventaja al humanismo. ¿Cuando se darán cuenta nuestras, mal llamadas “autoridades” académicas y políticas, que hay que potenciar el pensamiento humanístico?, ¿podrá avanzar la técnica y la ciencia de manera adecuada sin una base ética y humanista?.Yo tengo mi respuesta, no muy optimista de momento, ¿cuál es la tuya?

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Percepciones de la eternidad

 El ARTE, con mayúsculas, es decir, la clara y diáfana expresión estética de la belleza, mueve el alma. Quizás sea por eso, por lo que los terapeutas lo utilizan como herramienta de trabajo. Hace no demasiado leí un interesante libro del psicoterapeuta  Piero Ferrucci,  titulado «Belleza para sanar el alma«, donde hablaba de la importancia de la educación estética en nuestras vidas, en la capacidad de entrenar la percepción para apreciar la belleza de nuestro entorno, de nuestra vida cotidiana y como no, del arte. Si fuéramos capaces de percibir la belleza en toda su amplia dimensión, nuestro espíritu sería tocado por la divinidad. Todos sabemos que nuestro ideal de belleza es muy particular, tanto como nuestra idea de felicidad, nuestra idealización del amor, e incluso del sentimiento religioso, pero también es cierto que hay sensaciones de lo eterno que son universales. La inmersión en una obra de arte que nos hace sentir que allí hay algo eterno, imperecedero y claramente atemporal. Esta sensación de lo eterno, de lo intemporal, de la belleza, yo siempre la he experimentado contemplando algunos lienzos de Leonardo como «La virgen, el niño Jesús y Santa Ana» y leyendo algunos libros de Hermann Hesse como “Peter Camenzind». No sé lo que será, pero  reconfortan mi espíritu y mi agitada alma. ¡Deseo que también la tuya!

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Soledad preñada de riqueza: “Diario de un ermitaño”

 Hace 13 años cayó en mis manos un libro que desde entonces me acompaña, pero lo que me más me seduce de él es el espíritu de su autor. Ya saben los lectores asiduos de este humilde blog, que soy un omnívoro de la lectura y en muchas ocasiones he encontrado los mejores tesoros en mis incursiones en géneros literarios, o autores que nunca racionalmente hubiera elegido. Este pequeño y humilde libro, escrito en los años 50 (ya del pasado siglo, ósea del mío), por un humilde monje americano del Cister, que obtuvo permiso de sus superiores para vivir en la más estricta soledad, en una pequeña ermita, en los terrenos de la abadía de Getsemaní en los Estados Unidos. En aquel libro, que era un diario íntimo donde el monje recogía sus impresiones y percepciones, sus luchas internas y su búsqueda de la VERDAD, se recogía algo más profundo y ese algo era una gran generosidad y amor a los demás, pues aquel hombre estaba abriendo su alma y sus entrañas a “los otros”, para darse al mundo. Aquellas vivencias me capturaron de tal manera que desde entonces profundicé en su persona: el Padre Louis, nacido en Francia, convertido al catolicismo ya siendo adulto y que se convirtió y sigue siendo  uno de los mayores maestros espirituales de todos los tiempos, no solo para los católicos, sino para todas las creencias  religiosas. Todo el mundo lo reconoce por su verdadero nombre: Thomas Merton. No quiero aquí desentrañar las interioridades de Merton, pues pienso que a los grandes hombres hay que irlos descubriendo poco a poco, seguir sus pistas, buscar sus señales y sobre todo, contemplar cómo sus vidas ayudan a otras vidas a seguir los sinuosos caminos de la existencia. En mi caso, Merton me llevó suavemente por campos y territorios inexplorados, convirtiéndose para mí en un maestro de vida. Cuando algún amigo me pregunta cómo definiría a Merton, siempre comento lo mismo: “un eterno buscador,  lleno de pasión y de amor”. Y es que su efímera vida, truncada bruscamente por un accidente, es como si juntáramos en su mismo ser a “los padres del desierto” con dosis de Emerson, Thoreau y Whitman y aliñado con la tradición Zen y Taoísta……y todo ello sin dejar de ser auténtica y profundamente Cristiano.

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Se agrieta el pilar fundamental de la sanidad

Desde que empezaron los recortes en sanidad, hemos escuchado decir a muchos de nuestros dirigentes que la Atención Primaria (AP) es la pieza fundamental del Sistema Nacional de Salud (SNS). Una piensa, entonces, que cómo es posible que, reconociendo que en la AP es donde se resuelven la mayoría de los problemas de salud, se pueda al mismo tiempo aumentar los recortes y reducir la inversión en este nivel asistencial. ¿Cómo se permite que haya profesionales en una situación que merma el ejercicio digno de la medicina y la calidad asistencial, en parte debido a la política de recursos humanos? ¿Cómo puede ser que, en vez de reforzar la AP, se opte por no seguir las recomendaciones de la OMS en cuanto al número de pacientes por facultativo y que se hayan eliminado plazas, sobrecargando al resto de los médicos y provocando listas de espera en la consulta del médico de familia? A esto se une la inquietud entre aquellos sanitarios locales que son funcionarios por oposición y a los que, después de muchísimos años de ejercicio, casi en el final de su etapa profesional, se les pide que decidan, sin saber bien qué es lo que deben decidir. Después de tantos años de dedicación merecen al menos mayor reconocimiento en ese final de etapa. Por si esto fuera poco, hay otro colectivo de médicos que, por una política nefasta de las administraciones anteriores, siguen trabajando en condiciones precarias, con contratos por horas, por días, o sustituyendo a los compañeros en el periodo vacacional. Este colectivo de médicos en precario está sujeto a una bolsa de trabajo obsoleta, poco dinámica, con unos baremos desequilibrados y en la que los criterios de igualdad, mérito y capacidad están aplicados de forma dudosa. Se llega a dar el caso de que un médico joven puede pasar por delante a quien tiene más años de experiencia, con facilidad. Se menciona poco a este colectivo y cuando se hace es muy de pasada, aunque ahí está, intentando sobrevivir y actualizar su formación, pero con la incertidumbre de que van a llegar a la edad de jubilación en pocos años y no podrán hacerlo o, como mucho, lo harán en unas condiciones muy precarias. Así que, cuando se escucha la famosa frase que define a la Atención Primaria como “eje o pilar fundamental del sistema de salud”, una piensa que si descubriera grietas en un pilar de su casa, lo primero que haría sería reforzarlo. Si alguien es consciente del problema y no hace nada o, al revés, contribuye a que la grieta aumente, a la larga está ayudando a que la casa de la AP se desplome. Si todos los recortes y cambios estructurales que estamos viendo en la AP son para su mejora, hay que decirles a nuestros políticos que se debe gestionar bien el presente, pero con vistas a un futuro; que los médicos de AP siempre hemos arrimado el hombro, por eso la AP en nuestro país tiene el nivel que tiene y nuestros pacientes lo reconocen en todas las encuestas de satisfacción. Pero este arrimar el hombro tiene que ser de todos, desde arriba hasta abajo, no puede ser que determinada clase política tenga retribuciones por encima de las posibilidades del país. Entenderemos los recortes siempre y cuando se recorten ciertos privilegios y se adapten los gastos políticos a la nueva realidad. Si hay que arrimar el hombro y apretarnos el cinturón, lo haremos muy gustosos, pero todos por igual (grandes empresarios, banqueros, clase política y ciudadanía). Lo contrario no se va a entender, ¡no lo entendemos!   Por Mª Pilar Guillén Ardid, presidenta de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria en Aragón (Semergen-Aragón)

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