En la mesilla de noche de mi habitación yace como si de una hoja de hierba fuera uno de los libros más poderosos de poesía que jamás se han escrito, su autor, Walt Whitman, y su título: “Hojas de hierba”. Un libro sobre la humanidad, la belleza, el amor y sobretodo la libertad. Que es un poeta que ha marcado mi vida personal junto a Hesse y Tagore, es una realidad que ha calado mi alma. Este breve texto, no es para resaltar los valores de autor y obra, de la cual existen miles de estudios y libros, sino para hallar el origen del amor, de la sensibilidad y de la humanidad de Whitman, es decir para atisbar, como un periodista americano sin apenas estudios universitarios en plena guerra de secesión americana, había encontrado su mirada estética. En algunas ocasiones refiero que la mirada estética puede encontrarse plenamente expresada en la vida de las personas de una manera clara desde su nacimiento. Lo que es seguro es que siempre existe, como una cualidad inherente al alma de las personas. Pero en muchas otras ocasiones, algún detonante o situación vital la desencadena. ¿A qué clase de categoría pertenece Whitman?
Whitman escribió miles de cartas que están delicadamente protegidas, mimadas diría yo, en la biblioteca del congreso americano y cuando el lector atento las investiga, relee y sobretodo taladra su superficie, allí como un diamante incrustado en la piedra, se haya el tesoro que buscamos. Solo daré una pista al atento lector, porque este trabajo debe de realizarlo con esfuerzo y de manera orgánica cada lector, de manera íntima y amorosa hacia el autor. Whitman estuvo buscando en pleno conflicto bélico a uno de sus hermanos que estando en el ejercito de la Unión, fue herido y no tenían noticias de él. Al llegar a uno de los improvisados hospitales de Washington le recibió en la entrada una montaña de miembros amputados de soldados heridos. Su descripción es dantesca, miles de brazos, piernas y trozos de carne sin identificar yacían amontonados en la puerta. Quizás Whitman nunca se sobrepuso de este impacto, pero esta emoción le llevo a convertirse en voluntario y cuidador de los miles de heridos que yacían en los improvisados hospitales de campaña de guerra. Es ahí donde hay que buscar la génesis del verdadero Whitman, su mirada estética fue la estética del cuidado. A través del amor, la empatía y sobretodo la compasión, Whitman encontró su poesía, porque el amor es la base del arte y la belleza y no hay nada más excelso que el amor al mundo en todas sus formas. Los miles de cartas de Whitman a los soldados heridos y su cuidado y delicadeza maternal en el lecho de dolor y muerte revelan la verdadera esencia y cualidad de un ser humano grande de alma infinita.
