Julio Zarco

Los falsos amigos… en terminología médica

 Hace unos días estaba buscando entre las baldas de la librería algún recurso documental, que pudiera ser de utilidad para la redacción final de su tesis doctoral a una amiga y compañera. Por cierto, la tesis, que como casi todas las tesis, disfruta de un sencillo y comprensible título “Estudio de marcadores de transición epitelio-mesénquima en neoplasias renales” tiene como objetivo el de validar la sustancia que segregan los tumores renales mas frecuentes y asociarla a ciertos genes, o algo así. De confirmarse la hipótesis de trabajo seguro que va a contribuir de forma importante en la mejora del tratamiento de los tumores renales. La cuestión es que, rebuscando entre libros y carpetas encontré algo que estuve a punto de tirar sin mirar, por su gran parecido a uno de esos programas de mano de cualquier congreso médico, que solemos conservar sin saber muy bien por qué ni para qué y, obstinadamente se empeña en ir pasando de balda en balda de nuestra estantería, como resistiéndose a terminar sus días en el contenedor de papel reciclado. El folleto en cuestión, lo denominaré así, aunque como veremos más adelante, el propio folleto se revelaría ante tal denominación y me acusaría de una mala utilización del lenguaje. El texto del folleto trata sobre las incorrecciones frecuentes en los textos científicos, con especial énfasis en errores gramaticales, de léxico, de sintaxis y redacción, signos de puntuación etc. Pero uno de los temas que más me llamó la atención fue el de los “falsos amigos”. Estos “falsos amigos” abundan en la literatura médica y la mayoría son resultado de una mala traducción de voces inglesas y, menos frecuentemente francesas, con grafía muy parecida a la de palabras castellanas. A continuación expongo algunos ejemplos que me han resultado  interesantes o especialmente llamativos: Agresivo; este término se emplea a veces, por la influencia del inglés aggresive para calificar a un tratamiento ¿Quién de nosotros no la ha utilizado en alguna ocasión?. En español, agresivo significa que falta al respeto o ataca. En consecuencia, deberíamos decir que un tratamiento es radical o intensivo, pero no agresivo. Convencional; se utiliza para referirnos a estudios o tratamientos convencionales, y lo que queremos decir es que se llevan utilizando de la misma manera desde hace tiempo, que es en realidad lo que significa es tradicional. Convencional, en cambio, quiere decir “fruto de un acuerdo”. Patología; se utiliza frecuentemente como sinónimo de enfermedad, debido a la influencia del término inglés pathology, que significa “trastorno o enfermedad”. Sin embargo, en español, patología es, según el diccionario de la Real Academia de la Lengua, la “parte de la medicina que estudia las enfermedades”. Por tanto es incorrecto decir “El paciente presentaba una patología cardiaca”, siendo lo correcto “El paciente presentaba una enfermedad cardiaca”. Etiología; la palabra etiología se utiliza, debido a la influencia del inglés etiology como sinónimo de causa. Sin embargo, en español, etiología es la descripción o el estudio de las causas de la enfermedad. Por tanto, es incorrecto escribir “La etiología de la enfermedad es desconocida”. Debemos decir “No se conocen las causas de la enfermedad”. Sin embargo, en caso de que estemos ante un informe sobre las causas de la alergia alimentaria, sí que lo podemos titular “Etiología de la alergia alimentaria”. Aunque sea de todos conocido y admitido, la lengua española es muy rica, y no es necesario recurrir a la utilización de vocablos adaptados de otras lenguas, por muy extendida e internacionalizada que esté la utilización de éstas. Nada mejor para finalizar que unas palabras de Gregorio Marañón “El médico no tiene por qué escribir con la retórica de los escritores, sino con el mismo lenguaje que le sirve para contar a los demás lo que ha visto y lo que le parece que ha visto. Pero, bien entendido, ha de escribirse como se habla, con la palabra escueta y cepillada del que habla a solas y delante de ese gran instrumento de depuración del lenguaje que es la cuartilla.”. Nacho Cantero, médico de familia

Ser… o sentirse médico

En un mundo profesional sindicalizado y legalizado hasta la médula y donde, a nivel general, se produce una pérdida de los grandes valores humanísticos en la red social, distinguir entre ser un buen profesional o sentirse como tal, se hace bastante complejo.  Toda esta perorata síndico-laboral, la introduzco, para justificar mi posicionamiento con relación a mi profesión, que en mi caso es “ser médico”, y para tratar de hablar de un tema de gran importancia y de difícil explicación, que es que a mí me gusta “sentirme médico”.  Y no digo que me gusta ser médico, pues de esta manera se haría referencia a ostentar una titulación que me habilita para un ejercicio concreto. Sentirse médico es una difícil sensación que trataré de poner sobre el papel y que también podríamos denominar “Ser-Médico”, donde el guión y las mayúsculas, hacen entender que es una actividad que impregna a todo el Ser.  Partamos de la base genérica de que, en general, se ha dejado de realizar el trabajo bien hecho; podríamos decir, de manera artesanal. Los requerimientos sociales, la era de la información y el vertiginoso mundo en el que vivimos, hacen y nos empujan a dar una rápida respuesta, de manera eficiente y eficaz, a todos los requerimientos…. Los individuos nos hemos ido alineando ante nuestras actividades, burocratizándolas para justificarnos a nosotros mismos. Con ello, hemos conseguido que, cuando se habla del amor al trabajo y concretamente, al trabajo bien hecho, una risa pícara de desprecio nos diga: “¿en qué mundo vivimos?”.  El espíritu del médico debe ser curioso y tener una entrega absoluta por desentrañar los mecanismos íntimos de la naturaleza. Cuando comento estas palabras, no me estoy refiriendo única y exclusivamente a la naturaleza física, sino más bien deberíamos hablar de la “realidad del otro”; es decir, su naturaleza material y psicosocial y, por qué no decirlo, espiritual. Cuando alguien como yo habla de sentirse médico, de la profesionalidad del médico, algunas voces críticas gritan si quiero volver al  gremialismo de la Edad Media, donde la profesión médica se constituía con una serie de normas y reglamentaciones concretas y especificas. Mi intención es reivindicar una serie de valores profesionales, de valores médicos, que nos hacen distintos a los que ejercemos esta bella profesión. Los valores profesionales pueden y deben de estar recogidos en códigos deontológicos y profesionales, pero algunos de estos valores no pueden expresarse por escrito, dada la dificultad de entenderlos, más bien deben de enseñarse. Extraido del capítulo 2: Ser médico, del libro “El arte de ser medico”

Enfermedades raras, ¿novedad o necesidad?

El año 2013 ha sido designado “año de las enfermedades raras” y se  están preparando múltiples actividades para sensibilizar a los agentes sanitarios y a la población general sobre ellas. Tomando conciencia de que las enfermedades raras, que algunos preferimos denominar “enfermedades poco frecuentes”, suponen un auténtico reto al Sistema Sanitario y que la investigación en torno a las mismas es muy compleja, sobre todo por los pocos recursos con los que se cuenta para ello, y a que la mayor parte de su diagnóstico se fundamenta en pruebas genéticas, merecen sin duda una consideración especial. No hace mucho, el Ministerio de Sanidad ha lanzado una Estrategia Nacional de Enfermedades Raras y desde el Consejo Asesor de la Ministra se está procediendo a elaborar un informe sobre este tema. Aún nos falta unificar un registro de enfermedades raras, no sólo centralizado, sino incluso por CCAA. Hasta la fecha, el Instituto Carlos III ya ha comenzado, con gran esfuerzo, este tipo de registro. La Federación Española de Enfermedades Raras por excelencia, FEDER, está realizando un importante esfuerzo en información y formación, y Comunidades Autónomas como Madrid está procediendo a realizar un Mapa de Enfermedades Raras, para tener actualizados todos los recursos socio sanitarios de que se disponen en la Comunidad para tal fin, donde incluso podamos conocer , como usuarios, qué hospitales trabajan en estas patologías, qué profesionales dan su asistencia a la mismas y si poseen lo que se denominan Unidades de Experiencia, es decir profesionales cualificados y capacitados para el manejo de estas patologías específicas. Son muchos los esfuerzos que se están realizando en muchas de las Administraciones Sanitarias para conocer más en detalle estas patologías, detectarlas a tiempo y buscar tratamientos paliativos y curativos que mejoren la calidad de vida de los pacientes que las presentan. Estas iniciativas societarias son de gran elogio y necesitan la ayuda y organización de la Administración Sanitaria si cabe de manera muy especial. Hay mucho por hacer, pero no sólo en este año especial de estas enfermedades especiales, todos debemos poner nuestro granito de arena, sino que debemos incorporarlas en nuestro programa asistencial para que lo raro pase a ser si acaso diferente, pero sobre todo, deje de ser algo marginal.

ELA, el principio… ¿y el final?

La esclerosis lateral amiotrófica (abreviadamente, ELA), también llamada enfermedad de Lou Gehrig y, en Francia, enfermedad de Charcot, la conocemos como una enfermedad neuromuscular, de tipo degenerativo, que se origina cuando unas células del sistema nervioso, llamadas motoneuronas, disminuyen gradualmente su funcionamiento y mueren, provocando una parálisis muscular progresiva de pronóstico mortal. Sin embargo es poco lo que conocemos sobre ella y sobre aquellos que la padecen. Algo más en cuanto a su clínica y evolución, pero prácticamente nada sobre sus causas y tratamiento, de ahí que las investigaciones no es que sean necesarias, sino vitales, para muchos de enfermos diagnosticados de ELA, que viven con desesperanza la falta de información sobre su enfermedad, como es el caso de Salvador, cuya historia os dejo a continuación.

Nuevos conceptos en Salud Pública, para una nueva sociedad.

Siempre he realizado una crítica feroz al concepto «salubrista» de la Salud Pública, por pensar que, en nuestros días, se necesita una reorientación de la perspectiva en Salud Pública, en prevención, promoción y educación para la salud. Es evidente que asistimos a un cambio de paradigmas sociales y que por ello la salud no puede quedar al margen. En un mundo globalizado, donde el meta mundo tecnológico invade nuestras vidas y estamos instalados en la cultura hedonista , debemos replantearnos cómo enseñamos y educamos en valores de salud.  Esta inquietud fue la que me llevo a la publicación hace un par de años de mi libro: «Ser y Estar sano, hacia una cultura de la salud». Estos días, tras inscribirme en una red de Blogs Sanitarios, he tenido acceso a un ameno artículo de Mariano Hernán, que trabaja en la Escuela de Salud Pública de Andalucía, que plantea esto mismo desde la perspectiva del concepto que en los años 90 acuñó Antonovsky sobre «salutogenesis» y la salud positiva de Scales, que vienen a poner el énfasis en la salud, desterrando el concepto enfermedad. Con estos pilares, en el año 2010, los preventivistas  Morgan, Davis y Siglo definen los factores y recursos que potencian la capacidad de los individuos, las comunidades y las poblaciones para mantener la salud y el bienestar y los denominan ACTIVOS PARA LA SALUD. Hace unas semanas y como comente en este espacio asistí a un Congreso Nacional de Crónicos en Barcelona, y pese a que su contenido fue meramente teórico, los visitantes expertos extranjeros, nos aportaron visiones desde los “activos de salud”. En estos momentos de cambio y nuevas perspectivas hay que hacer pedagogía, pedagogía y más pedagogía, apoyándose en la  psicología positiva. Para ello, la participación de psicólogos, sociólogos y la enfermería, como hilo conductor, cada vez se hace más necesaria. Activos para la Salud y Salutogénesis; emergentes en Salud Pública Mariano Hernán García. Profesor. Escuela Andaluza de Salud Pública