Ser… o sentirse médico

En un mundo profesional sindicalizado y legalizado hasta la médula y donde, a nivel general, se produce una pérdida de los grandes valores humanísticos en la red social, distinguir entre ser un buen profesional o sentirse como tal, se hace bastante complejo.  Toda esta perorata síndico-laboral, la introduzco, para justificar mi posicionamiento con relación a mi profesión, que en mi caso es “ser médico”, y para tratar de hablar de un tema de gran importancia y de difícil explicación, que es que a mí me gusta “sentirme médico”.  Y no digo que me gusta ser médico, pues de esta manera se haría referencia a ostentar una titulación que me habilita para un ejercicio concreto. Sentirse médico es una difícil sensación que trataré de poner sobre el papel y que también podríamos denominar “Ser-Médico”, donde el guión y las mayúsculas, hacen entender que es una actividad que impregna a todo el Ser.  Partamos de la base genérica de que, en general, se ha dejado de realizar el trabajo bien hecho; podríamos decir, de manera artesanal. Los requerimientos sociales, la era de la información y el vertiginoso mundo en el que vivimos, hacen y nos empujan a dar una rápida respuesta, de manera eficiente y eficaz, a todos los requerimientos…. Los individuos nos hemos ido alineando ante nuestras actividades, burocratizándolas para justificarnos a nosotros mismos. Con ello, hemos conseguido que, cuando se habla del amor al trabajo y concretamente, al trabajo bien hecho, una risa pícara de desprecio nos diga: “¿en qué mundo vivimos?”.  El espíritu del médico debe ser curioso y tener una entrega absoluta por desentrañar los mecanismos íntimos de la naturaleza. Cuando comento estas palabras, no me estoy refiriendo única y exclusivamente a la naturaleza física, sino más bien deberíamos hablar de la “realidad del otro”; es decir, su naturaleza material y psicosocial y, por qué no decirlo, espiritual. Cuando alguien como yo habla de sentirse médico, de la profesionalidad del médico, algunas voces críticas gritan si quiero volver al  gremialismo de la Edad Media, donde la profesión médica se constituía con una serie de normas y reglamentaciones concretas y especificas. Mi intención es reivindicar una serie de valores profesionales, de valores médicos, que nos hacen distintos a los que ejercemos esta bella profesión. Los valores profesionales pueden y deben de estar recogidos en códigos deontológicos y profesionales, pero algunos de estos valores no pueden expresarse por escrito, dada la dificultad de entenderlos, más bien deben de enseñarse. Extraido del capítulo 2: Ser médico, del libro “El arte de ser medico”

Enfermedades raras, ¿novedad o necesidad?

El año 2013 ha sido designado “año de las enfermedades raras” y se  están preparando múltiples actividades para sensibilizar a los agentes sanitarios y a la población general sobre ellas. Tomando conciencia de que las enfermedades raras, que algunos preferimos denominar “enfermedades poco frecuentes”, suponen un auténtico reto al Sistema Sanitario y que la investigación en torno a las mismas es muy compleja, sobre todo por los pocos recursos con los que se cuenta para ello, y a que la mayor parte de su diagnóstico se fundamenta en pruebas genéticas, merecen sin duda una consideración especial. No hace mucho, el Ministerio de Sanidad ha lanzado una Estrategia Nacional de Enfermedades Raras y desde el Consejo Asesor de la Ministra se está procediendo a elaborar un informe sobre este tema. Aún nos falta unificar un registro de enfermedades raras, no sólo centralizado, sino incluso por CCAA. Hasta la fecha, el Instituto Carlos III ya ha comenzado, con gran esfuerzo, este tipo de registro. La Federación Española de Enfermedades Raras por excelencia, FEDER, está realizando un importante esfuerzo en información y formación, y Comunidades Autónomas como Madrid está procediendo a realizar un Mapa de Enfermedades Raras, para tener actualizados todos los recursos socio sanitarios de que se disponen en la Comunidad para tal fin, donde incluso podamos conocer , como usuarios, qué hospitales trabajan en estas patologías, qué profesionales dan su asistencia a la mismas y si poseen lo que se denominan Unidades de Experiencia, es decir profesionales cualificados y capacitados para el manejo de estas patologías específicas. Son muchos los esfuerzos que se están realizando en muchas de las Administraciones Sanitarias para conocer más en detalle estas patologías, detectarlas a tiempo y buscar tratamientos paliativos y curativos que mejoren la calidad de vida de los pacientes que las presentan. Estas iniciativas societarias son de gran elogio y necesitan la ayuda y organización de la Administración Sanitaria si cabe de manera muy especial. Hay mucho por hacer, pero no sólo en este año especial de estas enfermedades especiales, todos debemos poner nuestro granito de arena, sino que debemos incorporarlas en nuestro programa asistencial para que lo raro pase a ser si acaso diferente, pero sobre todo, deje de ser algo marginal.

ELA, el principio… ¿y el final?

La esclerosis lateral amiotrófica (abreviadamente, ELA), también llamada enfermedad de Lou Gehrig y, en Francia, enfermedad de Charcot, la conocemos como una enfermedad neuromuscular, de tipo degenerativo, que se origina cuando unas células del sistema nervioso, llamadas motoneuronas, disminuyen gradualmente su funcionamiento y mueren, provocando una parálisis muscular progresiva de pronóstico mortal. Sin embargo es poco lo que conocemos sobre ella y sobre aquellos que la padecen. Algo más en cuanto a su clínica y evolución, pero prácticamente nada sobre sus causas y tratamiento, de ahí que las investigaciones no es que sean necesarias, sino vitales, para muchos de enfermos diagnosticados de ELA, que viven con desesperanza la falta de información sobre su enfermedad, como es el caso de Salvador, cuya historia os dejo a continuación.

Nuevos conceptos en Salud Pública, para una nueva sociedad.

Siempre he realizado una crítica feroz al concepto «salubrista» de la Salud Pública, por pensar que, en nuestros días, se necesita una reorientación de la perspectiva en Salud Pública, en prevención, promoción y educación para la salud. Es evidente que asistimos a un cambio de paradigmas sociales y que por ello la salud no puede quedar al margen. En un mundo globalizado, donde el meta mundo tecnológico invade nuestras vidas y estamos instalados en la cultura hedonista , debemos replantearnos cómo enseñamos y educamos en valores de salud.  Esta inquietud fue la que me llevo a la publicación hace un par de años de mi libro: «Ser y Estar sano, hacia una cultura de la salud». Estos días, tras inscribirme en una red de Blogs Sanitarios, he tenido acceso a un ameno artículo de Mariano Hernán, que trabaja en la Escuela de Salud Pública de Andalucía, que plantea esto mismo desde la perspectiva del concepto que en los años 90 acuñó Antonovsky sobre «salutogenesis» y la salud positiva de Scales, que vienen a poner el énfasis en la salud, desterrando el concepto enfermedad. Con estos pilares, en el año 2010, los preventivistas  Morgan, Davis y Siglo definen los factores y recursos que potencian la capacidad de los individuos, las comunidades y las poblaciones para mantener la salud y el bienestar y los denominan ACTIVOS PARA LA SALUD. Hace unas semanas y como comente en este espacio asistí a un Congreso Nacional de Crónicos en Barcelona, y pese a que su contenido fue meramente teórico, los visitantes expertos extranjeros, nos aportaron visiones desde los “activos de salud”. En estos momentos de cambio y nuevas perspectivas hay que hacer pedagogía, pedagogía y más pedagogía, apoyándose en la  psicología positiva. Para ello, la participación de psicólogos, sociólogos y la enfermería, como hilo conductor, cada vez se hace más necesaria. Activos para la Salud y Salutogénesis; emergentes en Salud Pública Mariano Hernán García. Profesor. Escuela Andaluza de Salud Pública

Salud en red, salud on-line, o salud 2.0

Curiosamente, mientras que la salud es uno de los temas que más preocupan a los ciudadanos, nos encontramos con una gran desinformación en todo lo referente a temas de salud global y mucho más a información sobre estrategias de salud que debería implementar el propio ciudadano para conseguir estar más sano. Debido a ello y a que el ciudadano se encuentra con un gran desierto informativo, donde ni educadores, ni médicos, ni periodistas les damos claves sencillas, prácticas y sobretodo aplicables, recurren a otros recursos, como puede ser consultar en Internet acerca de estos temas y es aquí donde abrimos la caja de Pandora.  Uno de los más grandes inventos de este siglo, que es la red y la utilización de Internet para globalizar este vertiginoso mundo donde nos encontramos, se convierte en un gran pozo de información y desinformación, donde el ciudadano busca la solución a sus problemas y respuestas a sus preguntas, sin conocer la garantía y cualificación de las fuentes que consulta. Dentro de este gran cajón de sastre que es Internet y como sarcásticamente se denomina «Doctor Google«, hay de todo: páginas buenas, páginas profesionales y serias, y páginas realizadas por desaprensivos, que lo único que quieren es hacer negocio fácil a través de la salud de las personas.   No hace demasiado entrevisté a un paciente que había tenido un infarto de miocardio que retiró todo su tratamiento preventivo, pues le habían recomendado visitar una página de salud naturista, donde se decía que los fármacos para prevenir los eventos cardiovasculares eran nocivos para la salud, pues producían serios problemas de impotencia y daño hepático irreparable. Consultó una página Web que le recomendó un vecino suyo, y tras dejar de tomar las medicinas, al segundo mes tuvo un segundo infarto que le llevó a estar ingresado en la UCI del hospital casi dos meses. Salvó su vida, pero el gran infarto que tuvo le ha ocasionado una gran arritmia cardiaca y más complicaciones que las que tenía en un principio. Sin duda consultó la página no adecuada y sobredimensionó la información que allí figuraba por encima de la que todos los sanitarios le estuvimos dando durante varios meses. Es una cuestión de credibilidad y de información.   Esta situación debe ser afrontada, y somos los profesionales sanitarios los que tenemos que generar información sanitaria sobre cultura de la salud, sobre autocuidado, y establecer estrategias, junto con profesores y periodistas. Son nuestras Web las que tendrían que visitar nuestros pacientes y los ciudadanos en general, y porque no decirlo, también los chavales y jóvenes, pues son ellos los grandes usuarios de Internet, los mayores receptores de este tipo de información y materiales. Es una pena que las empresas de telefonía móvil no realicen acciones de cultura de la salud a través de sus terminales, al igual que realizan promociones de videojuegos y de politonos. Eso marca la insana sociedad en la que vivimos y la autentica valoración que damos a la salud.  Extraido del libro “El arte de ser médico”