Bioética y Humanidades Médicas

El ser humano observado en su más profunda esencia, requiere de un pensamiento “politeísta”, que solo se puede tener a través de la combinación de lo empírico y lo analógico. El pensamiento cartesiano que inunda toda la era moderna conlleva un desarrollo científico-técnico, en contraposición a un empobrecimiento del resto de los saberes y conocimientos de las ciencias humanas.   En los tiempos que corren esta situación cientifista llevan a situaciones delirantes, como el diagnóstico y manejo de muchos enfermos a través de ordenadores y máquinas robotizadas que no requieren en absoluto de la presencia y el análisis humano. Hace unos meses contemplábamos con estupor cómo en un famoso hospital norteamericano un engendro robotizado, dotado de movimiento, realizaba las visitas a los pacientes ingresados en dicho hospital. Todos los datos los remitía a una central de análisis, desde donde se ejecutaban todas las acciones. Los pacientes entrevistados manifestaban su asombro, y dicha situación les parecía salida de un libro de Asimov. Sería interesante preguntarse qué es lo que puede aportar dicho ingenio informático a un paciente moribundo terminal, a una decisión crítica en bioética, o simplemente al consuelo del dolor humano.   En esta época de ciencia y empirismo a ultranza, valores profesionales como la ética, la deontología, la compasión y el respeto, han dejado de existir para dar paso a la biología molecular, la cirugía microscópica, y un largo etcétera. Cuando un ser humano está enfermo, aparece todo un cortejo de sensaciones y emociones muy diversas, desde el miedo a la muerte, la ansiedad, el aislamiento, el rechazo, etc. El despertar de estas emociones sólo puede ser manejado y contrarrestado a través de la habilidad y destreza de un profesional sanitario, cualificadamente técnico y humanamente sensible. La pérdida de valores profesionales conlleva una pérdida ostensible del compromiso del profesional con el ciudadano. La relación médico-paciente se establece en un marco de confianza, donde la comprensión, el respeto y la lealtad son la base. No se puede ejercer una medicina integral sin un compromiso serio y decidido, que se sustente a su vez en unos valores profesionales humanísticos.   VIDEO: Entrevista a Julio Zarco. Médico de familia humanista. Conoce la historia del médico rural a caballo Pincha en la foto o accede a través del enlace: http://www.semergen.es/semergen/video-14127-14125

¿Menos consultas en Atención Primaria?

Sorprende que los datos que remite el Ministerio de Sanidad contradigan el día a día de los profesionales médicos. Si se le pregunta a un médico de familia por su consulta, lo más frecuente es que nos comente que siempre tiene los mismos pacientes, que siempre acuden los frecuentadores y, en definitiva, que su cupo es estable y que desde hace más de 10 años, no ha observado grandes variaciones.   Por el contrario, el barómetro de los servicios informáticos del Ministerio de Sanidad, detecta que han disminuido más de 10 millones de consultas en el año 2011 con respecto al año anterior, ¡sorprendente! Si seguimos desgranando los datos presentados, observamos que las consultas de enfermería han disminuido mucho más y que incluso, las visitas domiciliarias de la enfermería a los pacientes crónicos inmovilizados, lo han hecho muchísimo más. Me gustaría que alguien me lo explicara, porque solo me puedo plantear que el Ministerio no ha realizado sus estudios en la Atención Primaria que yo conozco, que la estadística se interpreta según quién lo haga, o por el contrario, la percepción de la realidad cotidiana por parte de los profesionales esta desvirtuada. Me llama poderosamente la atención que en pleno año 2012, donde a todos se nos llena la boca de decir que debemos reorientar el Sistema Sanitario hacia el paciente crónico, uno de los indicadores mas objetivos de atención a los mismos, que son las visitas domiciliarias programadas, estén disminuyendo. Curioso si además tenemos en cuenta que, cada vez hay más pacientes crónicos polimedicados, cada vez hay mas pacientes inmovilizados y sorprendentemente, cada vez son menos atendidos por los profesionales sanitarios, a pesar del envejecimiento de la población española ¡Espero y deseo que la sensatez y el sentido común acudan a nuestras conciencias, y también a nuestra razón!