ELA, el principio… ¿y el final?

La esclerosis lateral amiotrófica (abreviadamente, ELA), también llamada enfermedad de Lou Gehrig y, en Francia, enfermedad de Charcot, la conocemos como una enfermedad neuromuscular, de tipo degenerativo, que se origina cuando unas células del sistema nervioso, llamadas motoneuronas, disminuyen gradualmente su funcionamiento y mueren, provocando una parálisis muscular progresiva de pronóstico mortal. Sin embargo es poco lo que conocemos sobre ella y sobre aquellos que la padecen. Algo más en cuanto a su clínica y evolución, pero prácticamente nada sobre sus causas y tratamiento, de ahí que las investigaciones no es que sean necesarias, sino vitales, para muchos de enfermos diagnosticados de ELA, que viven con desesperanza la falta de información sobre su enfermedad, como es el caso de Salvador, cuya historia os dejo a continuación.

Nuevos conceptos en Salud Pública, para una nueva sociedad.

Siempre he realizado una crítica feroz al concepto «salubrista» de la Salud Pública, por pensar que, en nuestros días, se necesita una reorientación de la perspectiva en Salud Pública, en prevención, promoción y educación para la salud. Es evidente que asistimos a un cambio de paradigmas sociales y que por ello la salud no puede quedar al margen. En un mundo globalizado, donde el meta mundo tecnológico invade nuestras vidas y estamos instalados en la cultura hedonista , debemos replantearnos cómo enseñamos y educamos en valores de salud.  Esta inquietud fue la que me llevo a la publicación hace un par de años de mi libro: «Ser y Estar sano, hacia una cultura de la salud». Estos días, tras inscribirme en una red de Blogs Sanitarios, he tenido acceso a un ameno artículo de Mariano Hernán, que trabaja en la Escuela de Salud Pública de Andalucía, que plantea esto mismo desde la perspectiva del concepto que en los años 90 acuñó Antonovsky sobre «salutogenesis» y la salud positiva de Scales, que vienen a poner el énfasis en la salud, desterrando el concepto enfermedad. Con estos pilares, en el año 2010, los preventivistas  Morgan, Davis y Siglo definen los factores y recursos que potencian la capacidad de los individuos, las comunidades y las poblaciones para mantener la salud y el bienestar y los denominan ACTIVOS PARA LA SALUD. Hace unas semanas y como comente en este espacio asistí a un Congreso Nacional de Crónicos en Barcelona, y pese a que su contenido fue meramente teórico, los visitantes expertos extranjeros, nos aportaron visiones desde los “activos de salud”. En estos momentos de cambio y nuevas perspectivas hay que hacer pedagogía, pedagogía y más pedagogía, apoyándose en la  psicología positiva. Para ello, la participación de psicólogos, sociólogos y la enfermería, como hilo conductor, cada vez se hace más necesaria. Activos para la Salud y Salutogénesis; emergentes en Salud Pública Mariano Hernán García. Profesor. Escuela Andaluza de Salud Pública

Salud en red, salud on-line, o salud 2.0

Curiosamente, mientras que la salud es uno de los temas que más preocupan a los ciudadanos, nos encontramos con una gran desinformación en todo lo referente a temas de salud global y mucho más a información sobre estrategias de salud que debería implementar el propio ciudadano para conseguir estar más sano. Debido a ello y a que el ciudadano se encuentra con un gran desierto informativo, donde ni educadores, ni médicos, ni periodistas les damos claves sencillas, prácticas y sobretodo aplicables, recurren a otros recursos, como puede ser consultar en Internet acerca de estos temas y es aquí donde abrimos la caja de Pandora.  Uno de los más grandes inventos de este siglo, que es la red y la utilización de Internet para globalizar este vertiginoso mundo donde nos encontramos, se convierte en un gran pozo de información y desinformación, donde el ciudadano busca la solución a sus problemas y respuestas a sus preguntas, sin conocer la garantía y cualificación de las fuentes que consulta. Dentro de este gran cajón de sastre que es Internet y como sarcásticamente se denomina «Doctor Google«, hay de todo: páginas buenas, páginas profesionales y serias, y páginas realizadas por desaprensivos, que lo único que quieren es hacer negocio fácil a través de la salud de las personas.   No hace demasiado entrevisté a un paciente que había tenido un infarto de miocardio que retiró todo su tratamiento preventivo, pues le habían recomendado visitar una página de salud naturista, donde se decía que los fármacos para prevenir los eventos cardiovasculares eran nocivos para la salud, pues producían serios problemas de impotencia y daño hepático irreparable. Consultó una página Web que le recomendó un vecino suyo, y tras dejar de tomar las medicinas, al segundo mes tuvo un segundo infarto que le llevó a estar ingresado en la UCI del hospital casi dos meses. Salvó su vida, pero el gran infarto que tuvo le ha ocasionado una gran arritmia cardiaca y más complicaciones que las que tenía en un principio. Sin duda consultó la página no adecuada y sobredimensionó la información que allí figuraba por encima de la que todos los sanitarios le estuvimos dando durante varios meses. Es una cuestión de credibilidad y de información.   Esta situación debe ser afrontada, y somos los profesionales sanitarios los que tenemos que generar información sanitaria sobre cultura de la salud, sobre autocuidado, y establecer estrategias, junto con profesores y periodistas. Son nuestras Web las que tendrían que visitar nuestros pacientes y los ciudadanos en general, y porque no decirlo, también los chavales y jóvenes, pues son ellos los grandes usuarios de Internet, los mayores receptores de este tipo de información y materiales. Es una pena que las empresas de telefonía móvil no realicen acciones de cultura de la salud a través de sus terminales, al igual que realizan promociones de videojuegos y de politonos. Eso marca la insana sociedad en la que vivimos y la autentica valoración que damos a la salud.  Extraido del libro “El arte de ser médico”  

La neurología…, un tronco ¿astillado?

 No puedo negar mi felicidad en estos últimos días, en gran parte motivada por un galardón, que considero injustificado, de la Sociedad Española de Neurología, otorgándome la mención de honor de la misma por mi contribución en esta Especialidad en nuestro país. Me hicieron entrega del mismo, el pasado día 23 de mayo, en las I Jornadas Institucionales que la sociedad desarrolló en Salamanca y en las que tuve el placer de participar. Quiero expresar mediante este post mi más sincero agradecimiento por tan excelso honor a un humilde médico de familia como el que suscribe y mi más profundo reconocimiento a la Neurología española y, sobre todo a los últimos presidentes que tan dignamente la han representado, el Dr. Jerónimo Sancho y el Dr. Jorge Matías. Vaya mi reconocimiento, agradecimiento y consideración. Pero, debido a esta situación de alianza emocional con la neurología española, no puedo por menos que alzar mi voz contra lo que considero una “tropelía política” contra la misma. En mi anterior etapa como presidente de una sociedad médica, fui uno de los propulsores del proyecto de troncalidad de especialidades, donde se ponía en blanco sobre negro, cómo se debía planificar, organizar y ejecutar las distintas especialidades medicas, para dar cobertura a la Ley de Ordenación de Profesiones Sanitarias del año 2003, la archifamosa LOPS. Han pasado 10 años y aún estamos en la fase inicial de este proceso, aunque hemos avanzado enormemente en la aglutinación en troncos, áreas de capacitación y resto de organización para poder desarrollar este objetivo. El proyecto ha estado contaminado por algunos debates artificiales, como la creación de la especialidad de urgencias, por algunas reivindicaciones históricas, como la creación de la genética y las especialidades de infecciosas y psiquiatría infantil y por la más absoluta falta de liderazgo del Consejo de Especialidades, que como un barco a la deriva, ha fluctuado entre la agonía, el desasosiego y el conformismo. Como resultado  de todo ello tenemos situaciones esperpénticas, como la que denuncio hoy, y que consiste en que la formación de los jóvenes neurólogos esté precedida por 2 años de rotación intensa por medicina interna y otras disciplinas clínicas, dejando tan solo 2 o 3 años para la formación especializada. La situación se puede resumir en “sea neurólogo en dos años”, el resto ya se verá. Considero una insensatez de calibre mayúsculo creer que la neurología y las ciencias del cerebro pueden impartirse y aprender sus conocimientos, destrezas y aptitudes sólo en dos años. Los grandes avances tecnológicos, la difuminada frontera entre cerebro y mente, los procesos degenerativos, el abordaje del paciente crónico…, hacen que tengamos que tener especialistas en neurología bien formados y, dos años son claramente insuficientes. Por eso desde la “autoridad moral” que me arrogo, por mi conocimiento de la excelente neurología española y sobre todo, por ser yo un médico generalista, reivindico y reivindicaré una neurología potente con una formación acorde a las demandas de una población cada vez más exigente. Para ser generalistas ya estamos otras especialidades, como los internistas y los médicos de familia.

Accede al alma de la artista: “Cada palabra, una semilla”

Los que somos lectores empedernidos, o como nos llama Fernando Savater, «lectores omnívoros», tenemos en ocasiones el impulso de conocer el alma de los artistas que tocan nuestro ser. La belleza de la creación toca nuestro interior y nos sentimos en una comunión estrecha con el autor. Es como si el escritor, el pintor o el escultor, se comunicara directamente con nosotros. Ese es el mayor elogio para un artista, tocar el alma del espectador. Entonces, el espectador ansia conocer quién es ese ser que ha invadido su interior y que en muchos casos ha vivido en tierras y tiempos lejanos. Muchos creadores nos dejan pequeñas pistas de su propio mundo interno y a través de ellas, entendemos mejor sus propias vivencias y su actividad creadora. Eso hace la autora Italiana Susana Tamaro, con el excelente y siempre delicado texto de «Cada palabra es una semilla», donde en tono autobiográfico, nos relata su infancia, sus sentimientos, sus miedos y tristezas. No es una autobiografía al uso, es un bello y poético libro, donde su autora nos muestra pinceladas de su infancia, adolescencia y juventud. Después de su lectura entendemos mejor su ser en el mundo. Tamaro, es una artista que siempre me ha cautivado, por su sencillez y simplicidad, que es capaz de hacernos sentir la fuerza de la vida en cada latido de nuestro corazón. Cuando en alguna tertulia literaria alguien aboga por la escritura «espiritual» e intimista, de autores de moda y culto, como Paolo Coello, yo siempre saco a colación a Susana Tamaro, pues ella,  a través de los pequeños detalles, nos hace entrar en el eterno espectáculo  fascinante del «Anima Mundi» platónico. Es cierto Susana, que cada palabra es una semilla y tú siembras el espíritu de tus lectores.