Muy necesario… «Mujeres sin maquillar»

Dentro de mi incongruencia sempiterna se encuentra que, pese a utilizar las redes sociales, siento un poco de pudor a la hora de contactar directamente con posibles lectores desconocidos. No obstante Facebook y Twitter han traído a mi vida actual a viejos amigos de la infancia, compañeros de colegio o de la universidad. Así ha sido con este feliz encuentro de una compañera de la juventud del Hospital Clínico: Elsa Marti Barcelo, médico de familia en una zona rural de Madrid, con amplia formación y experiencia en la psique del ser humano. En este caso me siento doblemente feliz, porque me la ha traído Twitter con un  interesante proyecto literario, titulado “Mujeres sin maquillar”, un proyecto que describe vivencias y sentimientos y donde varias mujeres nos hablan de sus vidas, sus frustraciones, pero sobre todo, del optimismo y la vitalidad, la superación y la esperanza. Este interesante y altruista proyecto destina parte sus fondos a la Fundación O´Belén, del psiquiatra Javier San Sebastian, que trabaja con niños en riesgo de exclusión social. Pero mejor os dejo con lo que ellas mismas nos dicen de su obra: “Nuestro objetivo es hacer llegar un mensaje de que el sufrimiento hace crecer y que el tsusami de nuestra vida sea positivo y superado”, aunque os aconsejo leer el libro.

Un buen médico… un médico bueno

Aunque la expresión que da origen a esta pequeña reflexión tiene apariencia de redundancia, encierra dos conceptos totalmente diferentes. De hecho puede haber, también, un buen médico malo y un mal médico bueno. El buen médico es aquel que tiene los conocimientos y las destrezas necesarias para atender los problemas de salud curativa y preventiva. En general es eso lo que persiguen las escuelas de medicina y los sistemas de acreditación de especialistas: la formación de buenos médicos. El médico bueno se caracteriza por cualidades fundamentales, entre otras: humanidad, compasión y amor. A pesar de las modificaciones que han surgido en el ejercicio de la medicina actual, sigue siendo válido el concepto que expresó en la edad media el médico y filósofo judeo-español, el rabí Mosé ben Maimón, más conocido con el nombre de Maimónides: «la medicina es algo más que una ciencia o un arte, es una misión totalmente personal». Esto significa que nuestra profesión sigue siendo la ciencia y el arte creados para aliviar el sufrimiento. Todos tenemos claro que el médico necesita conocimientos teóricos y habilidades prácticas para ejercer la medicina con eficiencia. El médico tiene la obligación ética de adquirir una preparación suficiente en calidad y en cantidad para brindar lo mejor a su paciente. El mayor incremento resolutivo del médico de familia, con el objetivo de cubrir las expectativas del ciudadano, lleva aparejada una mayor valoración del papel que representa y el impacto en su entorno. Esta mayor dimensión de la figura del médico de familia conlleva una mayor capacidad de gestión y de control de calidad de sus actividades, funciones y procesos.  Es el propio médico el que se encuentra embargado en un continuo proceso de formación continuada y de exigencia, a la hora de verificar la calidad de los servicios que presta a los ciudadanos. Por todo ello hay que dotar al médico de familia de herramientas útiles para que pueda, él mismo, y no otros, realizar este control y garantía de calidad de su actividad, de la de sus compañeros y del equipo de Atención Primaria en general. Pero hay algo de lo que en las Facultades de Medicina aún queda mucho por hacer y desarrollar, que es la enseñanza como médico humanitario, para hacer que los futuros médicos no sólo lo sean, sino que también se «sientan médicos«, porque como recientemente manifestaba: «no es mejor médico el que más conocimientos tiene, sino aquél que más mejora el sufrimiento de sus pacientes».

Palabras vitales en el Libro de horas

  Quien así susurra y escribe es el poeta Rainer Maria Rilke y el poema pertenece a su libro “El libro de horas”, que escribió entre los años 1890 y 1904. Si para conocer a cualquier autor, lo fundamental es leer su obra, en este caso, para conocer el alma de un poeta, solo se puede hacer a través de degustar su poesía. Si quieres conocer el espíritu de uno de los poetas más grandes de la historia, como es el caso de Rilke, lee sus poemas y en particular, este texto que te propongo. Debo confesar que no soy demasiado amante de la poesía, pero pienso que con Rilke hago una excepción. El texto que tenemos entre las manos hay que degustarlo como el buen vino y debe de paladearse con paciencia. Esto me recuerda que textos de tanta profundidad estética, no pueden leerse como el que lee una novela de Conan Doyle.  Estos textos se degustan como la Lectio Divina; es decir, se meditan y recitan internamente, apreciando la sonoridad, la profundidad de sus figuras estilísticas y, sobre todo, estando alerta a los ecos de los versos. La poesía en general y en especial la de Rilke se reza, no se lee; se mastica, no seengulle. En este libro de gran intensidad mística, Rilke habla, o mejor dicho “resuena“ , de Dios, de la Vida y de la Creación. No me gustaría dar más pistas al lector, porque la verdadera experiencia estriba en adentrarse en el mundo espiritual del autor y las imágenes que evoca. Releí hace tiempo el texto y siempre lo tengo a mano, para al azar, seleccionar una estrofa o una frase y rumiarla en mi ser. De esta forma Rilke remueve el mundo interno, y la lectura meditada de su libro se trasforma en oración, en profundidad, en Vida.

El papel de los nuevos anticoagulantes

El manejo de la anticoagulación profiláctica en pacientes crónicos polimedicados, es todo un reto para cualquier clínico que se precie, pues requiere de control, supervisión y educación al paciente. No olvidaré, aunque de esto hace muchos años, y por tanto con menos práctica clínica, una paciente mayor anticoagulada con acecumarol, que presentaba un importante flemón dental. Le prescribí un paracetamol junto a una amoxicilina, instándola a que se controlara el índice de INR y que cualquier sospecha de sangrado, hematomas, etc., suspendiera el tratamiento y me consultara. La paciente siguió mis indicaciones al pie de la letra, salvo en un punto, que tras la primera epistaxis y la aparición de hematomas, no suspendió el tratamiento y continuó. Al cabo de 24 horas fue ingresada en la UCI con el diagnostico de discrasia sanguínea. Aquello ocasionó un intento de demanda por parte de los hijos de la paciente, por mala praxis y haberle prescrito un analgésico y un antibiótico. Aquella situación legal, me ocasionó gran pesar, honda preocupación y la posibilidad de realizar varias consultas y revisarme toda la bibliografía científica sobre anticoagulación existente por entonces. Al final todo se resolvió, la paciente mejoró y confirmó mis recomendaciones, pero sobre todo,  el registro en la historia clínica de todo el proceso y consignar las indicaciones que le había hecho, fueron mi seguridad legal. Por suerte, la educación al paciente en este y otros problemas progresa, la medicina avanza y la farmacopea también. Actualmente existe una gran familia de nuevos anticoagulantes orales con mayor margen terapéutico y que, gracias a ellos, se puede alcanzar una mayor seguridad, no requiriendo siquiera de controles sanguíneos del nivel de fármaco o efecto del mismo. Esta importante ventaja, se convierte en su principal problema, pues la adherencia terapéutica es difícil de medir. Os insto a leer el presente artículo de José Mateo, de la Unidad de Hemostasia y Trombosis, del Hospital de la Santa Cruz de Barcelona, que merece la pena por su claridad y concreción. En España se estiman 13,2/1000 habitantes, los pacientes que consumen este tipo de fármacos, que están indicados fundamentalmente para la prevención de tromboembolia venosa, ictus, en caso de Fibrilación Auricular, valvulopatías y prevención secundaria, tras un síndrome coronario agudo. Sin duda, aún queda mucho por hacer en el tema de los nuevos anticoagulantes, pero una de las áreas de mayor desarrollo actuales es buscar estrategias de adherencia, para evitar problemas derivados de la falta de cumplimentación. Referencia del artículo: Nuevos anticoagulantes orales y su papel en la práctica clínica. José Mateo. Rev Esp Cardiol.2013; 13(Supl.C) :33-41 Acceso al artículo: 

Más que ver…, lugares para sentir

Amigos blogueros, como bien sabéis los que sois habituales, en la sección de Qué VER de mi blog, suelo recoger algún lugar, obra de arte, museo…  que me han causado impresión. Por esta humilde sección han pasado artistas del pincel, del cincel, jardines, exposiciones… Todo aquello que ha hecho palpitar mi ya agitada alma. Pero en este momento me gustaría hacer una reflexión, no tanto al ver, sino más al sentir, pues a veces lo que vemos nos mueve el alma y lo recordamos para siempre. Como dice mi amigo Luis Mateo, “la literatura es el fermento de la memoria”, a lo cual yo contesto que “el arte y la propia existencia es el fermento de las sensaciones y percepciones”. De todos es conocido el fenómeno que está descrito de que muchos lugares, son lugares especiales.  A veces lo son por lo que allá aconteció, como si determinados acontecimientos fueran capaces de alterar el medio y perturbar el espíritu de los más sensibles.  Ríos de literatura se han vertido sobre la influencia de las fuerzas telúricas en lugares sagrados, en donde han vivido hombres santos, en zonas donde se han producido grandes batallas o actos heroicos y un largo etc. Una cierta explicación espiritualista relaciona estos fenómenos, que solo son captados por aquellos individuos con dotes especiales de percepción, con que estos acontecimientos producen una gran alteración espacio/temporal que hace vibrar las moléculas en unas frecuencias de ondas que pueden perdurar a lo largo de los siglos. Queridos amigos, espero que no penséis que se me ha ido la cabeza, muy al contrario, quiero explicar mi experiencia que es algo distinta. Yo no pienso que los grandes acontecimientos de la historia y los grandes personajes de la misma, sean capaces de alterar su entorno por mecanismos no conocidos, pero sí creo y estoy absolutamente convencido, de que algunos lugares de nuestro entorno tienen algo de especiales, lugares que quizás por eso son elegidos por determinadas personas para vivir o para realizar sus actividades. A lo largo de mi vida he viajado a muchos supuestos lugares ignotos y sagrados, desde las Pirámides de Egipto, Jerusalem, o navegando por el Ganges,…y curiosamente casi nunca he sentido nada de especial, y eso que considero que soy una persona muy perceptiva. A la percepción del lugar especial a la que me refiero, es aquella donde se siente algo difícil de describir, es como si el lugar fuera más denso, la atmósfera es espesa, podría tocarse y todo ello está envuelto en una sensación de profundo silencio, aunque exista ruido ambiente.Es difícil de describir, pero no se me ocurren otras palabras. Cuando una persona penetra estos lugares, el ser interno del individuo se detiene, los pensamientos cesan, la respiración parece armonizarse y se siente profunda paz. Es posible que muchos de los que estéis leyendo estas palabras lo reconozcáis e incluso que seáis capaces de describirlo mejor que yo. No es que me sienta incapaz, pero… me quedo con la sensación. Esta sensación no la he tenido contemplando grandes templos, construcciones de la humanidad o ríos sagrados, pero la recuerdo con nitidez.  Percibí cómo me envolvía una pequeña gruta de la isla griega de Patmos donde murió San Juan el Evangelista, o en un banco del parque la «Quinta de los Molinos«, mientras veía cómo unos gorriones jugaban con el agua de un aspersor… Y es que lo sagrado está más cercano a nosotros de lo que creemos. ¿Cuál es tu lugar sagrado?