Más ciencia que ficción

Cuando era  un niño de apenas 8 o 9 años, devoraba con verdadero placer unos libros bellamente ilustrados de la editorial Bruguera, que combinando texto y coloridas viñetas, nos iniciaba en la lectura de los grandes títulos de la narrativa de aventuras. Mis preferidos sin lugar a dudas, era Julio Verne y sus increíbles acontecimientos de la vida submarina, lunar y del centro de la tierra.  Le debo mucho a Verne, tanto como la mayoría de mi generación, él nos hizo soñar y nos alimentó el germen de la pasión por la literatura y por la vida de aventura y viaje. Con Verne, un jardín podía convertirse en la selva del Amazonas y un pequeño cerro, en el monte Everest. Desde hace más de un siglo, Verne nos ha preparado nuestras mentes para el asombro y para la lectura.   Soy un gran aficionado a la lectura de género “ciencia ficción”, para mí una denominación poco acertada y que es deudora del gran Verne. Por eso hace unos días volví a leer un clásico del género. Un libro escrito en los años 60, por un pequeño hombre con cierto aire intelectual, de nacionalidad Polaca, que había estudiado para médico -otro médico escritor, algún día hablaremos de estos interesantes personajes- y que, sin quererlo, se convirtió junto a Asimov y Clark, en el tercer padre del genero. Su nombre Stanislav Lem, su libro “Solaris”. Recomiendo a los lectores que visiten la estación espacial Solaris, de la mano de Lem, para poder llegar a comprender todo el género de ciencia ficción, desde Verne a la actualidad. La lectura de Lem es autentica, no da esa sensación artificiosa y forzada de la literatura actual, donde se mezcla el mundo de la robótica junto a la mecánica quántica y la teoría de las supercuerdas. Los libros de Lem y en especial Solaris, son un profundo estudio psicológico de los personajes expuestos a una situación limite y en un ambiente claustrofóbico. Leyendo a Lem, como nos pasaba con Verne, somos nosotros mismos los que paseamos por los pasillos de la estación Solaris, en busca de la solución a un enigma, que más que externo, es un enigma interno. Solaris, me trae a la memoria la famosa paradoja del filosofo chino Chuang Tse,  del siglo IV a.c. “Chuang  soñó que era una mariposa, pero no tenía muy claro quién soñaba, si él  que era una mariposa, o una mariposa soñando que era Chuang Tse”.

Más ciencia que ficción Leer más »

Muy necesario… «Mujeres sin maquillar»

Dentro de mi incongruencia sempiterna se encuentra que, pese a utilizar las redes sociales, siento un poco de pudor a la hora de contactar directamente con posibles lectores desconocidos. No obstante Facebook y Twitter han traído a mi vida actual a viejos amigos de la infancia, compañeros de colegio o de la universidad. Así ha sido con este feliz encuentro de una compañera de la juventud del Hospital Clínico: Elsa Marti Barcelo, médico de familia en una zona rural de Madrid, con amplia formación y experiencia en la psique del ser humano. En este caso me siento doblemente feliz, porque me la ha traído Twitter con un  interesante proyecto literario, titulado “Mujeres sin maquillar”, un proyecto que describe vivencias y sentimientos y donde varias mujeres nos hablan de sus vidas, sus frustraciones, pero sobre todo, del optimismo y la vitalidad, la superación y la esperanza. Este interesante y altruista proyecto destina parte sus fondos a la Fundación O´Belén, del psiquiatra Javier San Sebastian, que trabaja con niños en riesgo de exclusión social. Pero mejor os dejo con lo que ellas mismas nos dicen de su obra: “Nuestro objetivo es hacer llegar un mensaje de que el sufrimiento hace crecer y que el tsusami de nuestra vida sea positivo y superado”, aunque os aconsejo leer el libro.

Muy necesario… «Mujeres sin maquillar» Leer más »

Un buen médico… un médico bueno

Aunque la expresión que da origen a esta pequeña reflexión tiene apariencia de redundancia, encierra dos conceptos totalmente diferentes. De hecho puede haber, también, un buen médico malo y un mal médico bueno. El buen médico es aquel que tiene los conocimientos y las destrezas necesarias para atender los problemas de salud curativa y preventiva. En general es eso lo que persiguen las escuelas de medicina y los sistemas de acreditación de especialistas: la formación de buenos médicos. El médico bueno se caracteriza por cualidades fundamentales, entre otras: humanidad, compasión y amor. A pesar de las modificaciones que han surgido en el ejercicio de la medicina actual, sigue siendo válido el concepto que expresó en la edad media el médico y filósofo judeo-español, el rabí Mosé ben Maimón, más conocido con el nombre de Maimónides: «la medicina es algo más que una ciencia o un arte, es una misión totalmente personal». Esto significa que nuestra profesión sigue siendo la ciencia y el arte creados para aliviar el sufrimiento. Todos tenemos claro que el médico necesita conocimientos teóricos y habilidades prácticas para ejercer la medicina con eficiencia. El médico tiene la obligación ética de adquirir una preparación suficiente en calidad y en cantidad para brindar lo mejor a su paciente. El mayor incremento resolutivo del médico de familia, con el objetivo de cubrir las expectativas del ciudadano, lleva aparejada una mayor valoración del papel que representa y el impacto en su entorno. Esta mayor dimensión de la figura del médico de familia conlleva una mayor capacidad de gestión y de control de calidad de sus actividades, funciones y procesos.  Es el propio médico el que se encuentra embargado en un continuo proceso de formación continuada y de exigencia, a la hora de verificar la calidad de los servicios que presta a los ciudadanos. Por todo ello hay que dotar al médico de familia de herramientas útiles para que pueda, él mismo, y no otros, realizar este control y garantía de calidad de su actividad, de la de sus compañeros y del equipo de Atención Primaria en general. Pero hay algo de lo que en las Facultades de Medicina aún queda mucho por hacer y desarrollar, que es la enseñanza como médico humanitario, para hacer que los futuros médicos no sólo lo sean, sino que también se «sientan médicos«, porque como recientemente manifestaba: «no es mejor médico el que más conocimientos tiene, sino aquél que más mejora el sufrimiento de sus pacientes».

Un buen médico… un médico bueno Leer más »

Palabras vitales en el Libro de horas

  Quien así susurra y escribe es el poeta Rainer Maria Rilke y el poema pertenece a su libro “El libro de horas”, que escribió entre los años 1890 y 1904. Si para conocer a cualquier autor, lo fundamental es leer su obra, en este caso, para conocer el alma de un poeta, solo se puede hacer a través de degustar su poesía. Si quieres conocer el espíritu de uno de los poetas más grandes de la historia, como es el caso de Rilke, lee sus poemas y en particular, este texto que te propongo. Debo confesar que no soy demasiado amante de la poesía, pero pienso que con Rilke hago una excepción. El texto que tenemos entre las manos hay que degustarlo como el buen vino y debe de paladearse con paciencia. Esto me recuerda que textos de tanta profundidad estética, no pueden leerse como el que lee una novela de Conan Doyle.  Estos textos se degustan como la Lectio Divina; es decir, se meditan y recitan internamente, apreciando la sonoridad, la profundidad de sus figuras estilísticas y, sobre todo, estando alerta a los ecos de los versos. La poesía en general y en especial la de Rilke se reza, no se lee; se mastica, no seengulle. En este libro de gran intensidad mística, Rilke habla, o mejor dicho “resuena“ , de Dios, de la Vida y de la Creación. No me gustaría dar más pistas al lector, porque la verdadera experiencia estriba en adentrarse en el mundo espiritual del autor y las imágenes que evoca. Releí hace tiempo el texto y siempre lo tengo a mano, para al azar, seleccionar una estrofa o una frase y rumiarla en mi ser. De esta forma Rilke remueve el mundo interno, y la lectura meditada de su libro se trasforma en oración, en profundidad, en Vida.

Palabras vitales en el Libro de horas Leer más »

El papel de los nuevos anticoagulantes

El manejo de la anticoagulación profiláctica en pacientes crónicos polimedicados, es todo un reto para cualquier clínico que se precie, pues requiere de control, supervisión y educación al paciente. No olvidaré, aunque de esto hace muchos años, y por tanto con menos práctica clínica, una paciente mayor anticoagulada con acecumarol, que presentaba un importante flemón dental. Le prescribí un paracetamol junto a una amoxicilina, instándola a que se controlara el índice de INR y que cualquier sospecha de sangrado, hematomas, etc., suspendiera el tratamiento y me consultara. La paciente siguió mis indicaciones al pie de la letra, salvo en un punto, que tras la primera epistaxis y la aparición de hematomas, no suspendió el tratamiento y continuó. Al cabo de 24 horas fue ingresada en la UCI con el diagnostico de discrasia sanguínea. Aquello ocasionó un intento de demanda por parte de los hijos de la paciente, por mala praxis y haberle prescrito un analgésico y un antibiótico. Aquella situación legal, me ocasionó gran pesar, honda preocupación y la posibilidad de realizar varias consultas y revisarme toda la bibliografía científica sobre anticoagulación existente por entonces. Al final todo se resolvió, la paciente mejoró y confirmó mis recomendaciones, pero sobre todo,  el registro en la historia clínica de todo el proceso y consignar las indicaciones que le había hecho, fueron mi seguridad legal. Por suerte, la educación al paciente en este y otros problemas progresa, la medicina avanza y la farmacopea también. Actualmente existe una gran familia de nuevos anticoagulantes orales con mayor margen terapéutico y que, gracias a ellos, se puede alcanzar una mayor seguridad, no requiriendo siquiera de controles sanguíneos del nivel de fármaco o efecto del mismo. Esta importante ventaja, se convierte en su principal problema, pues la adherencia terapéutica es difícil de medir. Os insto a leer el presente artículo de José Mateo, de la Unidad de Hemostasia y Trombosis, del Hospital de la Santa Cruz de Barcelona, que merece la pena por su claridad y concreción. En España se estiman 13,2/1000 habitantes, los pacientes que consumen este tipo de fármacos, que están indicados fundamentalmente para la prevención de tromboembolia venosa, ictus, en caso de Fibrilación Auricular, valvulopatías y prevención secundaria, tras un síndrome coronario agudo. Sin duda, aún queda mucho por hacer en el tema de los nuevos anticoagulantes, pero una de las áreas de mayor desarrollo actuales es buscar estrategias de adherencia, para evitar problemas derivados de la falta de cumplimentación. Referencia del artículo: Nuevos anticoagulantes orales y su papel en la práctica clínica. José Mateo. Rev Esp Cardiol.2013; 13(Supl.C) :33-41 Acceso al artículo: 

El papel de los nuevos anticoagulantes Leer más »