Julio Zarco

De la FMC al DPC. ¿Un cambio inevitable?

Todos conocemos la importancia que tiene la formación continua en todas las profesiones y máxime en aquellas cuyos avances y descubrimientos son constantes. Clásica es la imagen del médico que siempre estudia, la del científico que continuamente revisa y contrasta sus trabajos, y la del especialista que pasa grandes periodos de su tiempo leyendo literatura especializada en busca de avances, nuevos hallazgos y cambios de paradigma. Voy a centrar el tema, personalizándolo en mi experiencia, la experiencia de un médico de familia que lleva ejerciendo la medicina 26 años y que es docente universitario. El tiempo promedio que dedico  diariamente, para tratar de estar “un poco al día”, es de tres horas de lectura analítica al día. Esto no es mucho, si no tenemos a su vez en cuenta un tema tan importante como es la adquisición de habilidades nuevas, mantener las adquiridas y trabajar la aptitud. La mayor parte de la formación médica continuada en nuestro país se ha realizado de manera solitaria e individual, con el riesgo que conlleva de sesgar nuestros conocimientos hacia lo que realmente nos gusta, y desviándonos de las verdaderas necesidades y lagunas de conocimiento. Otra vía de acceso a la formación continuada son las sociedades científicas, que en su mayor parte ofrecen una amplia y variada gama de posibilidades de formación, pero dejando igualmente al arbitrio del interesado la elección de las opciones formativas. Nuevamente en este caso volvemos a elegir las opciones formativas más atrayentes para nuestros gustos. Yo fui ocho años presidente de una sociedad científica de médicos de familia y pude comprobar cómo la inmensa mayoría de mis compañeros hacían año tras año las mismas elecciones. Esto pude comprobarlo cuando era capaz de averiguar, sin información previa, quiénes eran los docentes de un taller práctico y quiénes eran los discentes que año tras año acudían a ellos. Por otra parte, los médicos seguimos imbuidos del espíritu escolástico y nos encanta la adición de conocimientos, siendo algo más perezosos y reticentes a la adición de habilidades, de aptitudes y actitudes, y no digamos a la evaluación. Existe un dicho popular que reza que “es más difícil que un médico se evalúe que un político diga la verdad”. En el momento actual, en pleno siglo XXI, donde la medicina está sometida a vertiginosos y rápidos cambios y donde la sociedad demanda un perfil de médico altamente cualificado desde el punto de vista técnico, con una gran dosis de humanismo y grandes dotes de comunicador y de habilidades en la gestión, ya no es útil la formación médica clásica y  “decimonónica”, impartida en lección magistral en formato taller, simposium o seminario. Necesitamos que estructuras e instituciones de prestigio velen por nuestra competencia profesional, por sentirse ética y moralmente responsables de nosotros. En la actualidad, esta función está siendo desempeñada con eficacia en el mundo occidental por los colegios profesionales y las universidades. Véase los magníficos ejemplos de Reino Unido, Canadá, Estados Unidos o el norte de Europa. Apostar por una mejora continua del ejercicio profesional en ciclos de cinco años, autorizados por expertos y certificados por estas instituciones, parece lo más adecuado, máxime porque este proceso no debe de efectuarlo ni el individuo, ni la administración sanitaria, pues ambas opciones están aquejadas de la misma perversidad, el sesgo del interés personal o institucional. Ese ciclo de mejora continua del ejercicio debe anclarse en los principios del profesionalismo y en los valores profesionales que rigen el código ético y deontológico de la profesión. Llevo más de quince años hablando, desde todas las tribunas que han solicitado mi participación, de la importancia de este cambio de paradigma, de la implementación del desarrollo profesional continuo y sobre todo del cambio radical que debe operarse en las instituciones para poder llevar a cabo este proceso, pero sabemos que los cambios son lentos, que la resistencia al cambio siempre aparece del lado de las instituciones y de los mismos profesionales. ¿Cómo vamos a cambiar los médicos si las instituciones que nos representan se dedican a todo menos a  garantizar, preservar y fomentar la excelencia y los valores profesionales? ¿Cómo vamos a cambiar los médicos, si la Universidad es para nosotros el bello y remoto recuerdo de los  seis años de nuestra adolescencia y juventud? El diagnóstico está hecho, hace mucho tiempo y por muchos más sabios que yo: necesitamos liderazgo, compromiso y creatividad, tres dones que hoy por hoy no tenemos los médicos, y necesitamos la democratización, la ética y la excelencia de nuestras instituciones, ¿Por dónde empezamos? Publicado en conecta elservier. 24 de marzo de 2014 http://conectaelsevier.es/articulos/formacionmedicacontinuadaydesarrolloprofesionalcontinuo/

Sueños iniciáticos…, “mi sueño con Jung”

Desde hace miles de años, los sueños han sido considerados puentes y brechas para adentrarnos en las profundidades de nuestro ser. Durante nuestro sueño, no hay censuras, no ejercemos control sobre las emociones e imágenes más íntimas que conforman la urdimbre de nuestra alma. Siempre me ha atraído el mundo onírico, desde que a los 17 años leí por primera vez el texto de Sigmund Freud  «La interpretación de los sueños», texto emblemático que inauguró la investigación psicológica de los sueños y que pesé a su redacción en 1889, sigue despertando interés entre los acólitos del psicoanálisis. Pese a esta situación, mi experiencia no es freudiana, sino más chamánica y, por supuesto más jungiana. En este blog, he relatado, cómo en algunas ocasiones, la consulta de un diccionario enciclopédico que me regalaron mis padres, hacía que fijara la atención en fotos, dibujos o textos que han marcado mi vida posterior y la siguen marcando en la actualidad. No era conocedor de lo que estaba ocurriendo, pero con tan solo 10 años, mi interés fijó la atención en 3 nombres, que desde mi más absoluta ignorancia representaban la sabiduría. No entiendo por qué pensaba aquello, pues en el colegio no me habían hablado de ellos y mi joven mente aún no tenía criterio alguno para poder tomar la decisión, de que aquellos nombres, representaban mi ideal de perfección, de conducta y de conocimiento. Hablo de Sócrates, Platón y C. G. Jung. Un pequeño texto ilustraba a estas figuras del pensamiento donde se recogían sus logros más representativos. En el caso de Sócrates, se ilustraba el texto con un busto clásico que se supone recogía las feas facciones del sabio ateniense. En el caso de Platón, se ilustraba con un colorido dibujó! que mucho más tarde supe que representaba el fresco de la escuela de Atenas que el pintor Rafael había plasmado en el Vaticano y que reflejaba el rostro de su contemporáneo Leonardo Da Vinci. El psiquiatra suizo estaba representado por una fotografía de, el ya anciano, con una mueca picara e inteligente. Aún hoy no sabría decir qué tipo de impulso fijó mi atención en estas figuras del pensamiento, pero sí puedo afirmar con total rotundidad que no fue al azar ni aleatorio aquel hecho, pues siendo ya médico, tuve un extraño sueño, que cambió el rumbo de mi visión del ser humano. El sueño transcurría en una fría ciudad y era de noche. Frente a mí había una noble casa, lujosa y con techos puntiagudos, típica de una ciudad del Norte de Europa. Cuando me acerco a la puerta de la casa, observo que tras la misma, hay una puerta de cristal esmerilado que refleja una figura de un individuo que va a salir en ese momento de la casa. Me retiro y, rodeado en un extraño y misterioso halo luminoso, observo que es Jung que me mira y sigue su recorrido. No me habla, sólo me mira y siento que en aquella figura hay algo extraño e inexplicable que me empuja a su encuentro. No fue un sueño normal. Después de muchos años aún lo recuerdo con nitidez y siento esa atmósfera onírica y misteriosa que envolvía a Jung. Estoy convencido que tuve un encuentro más allá de lo onírico y real, con un daimon y ese encuentro marcó mi vida posterior. Pasados muchos años y después de muchas vicisitudes, realicé mis estudios de doctorado en psiquiatría y mi tesis doctoral se fundamentaba en los trabajos del eminente sabio suizo. Es más, toda mi visión de la realidad y mis estudios se centran en la psicología imaginal, heredera de la tradición griega de Sócrates y Platón y por supuesto reactivada por los estudios de Jung. ¿Causalidad?…, no lo creo, no creo en las casualidades. Estoy convencido que mi daimon personal, me guía y que es este el que hizo posible mi encuentro con estos tres seres extraordinarios.

Héroes del corazón, sanan el mío

De todos es conocido que el corazón es el órgano de los afectos, de las emociones, del amor. Por eso, cuando alguien está enamorado, lo expresa como que “siente algo en el corazón”. Por eso, cuando hacemos algo «de corazón«, es que lo en ello hemos puesto todo nuestro Ser. Todas las tradiciones iniciativas y religiosas enmarcan al corazón como lo más preciado del Ser, como la parte más íntima y ligada al alma, del ser humano. Quizás por ello, una de las oraciones más antiguas del cristianismo, que se remonta a la época de los Apóstoles, es “La Oración del Corazón”, y traída a la historia por monjes ortodoxos del monte Athos. Cuando nuestro corazón enferma como órgano anatómico, se produce una brecha, una herida en nuestro ser más íntimo. Yo no dudo, que entre lo físico y anatómico de tejidos y estructuras, hay una relación estrecha, con sutiles energías, que van más allá de lo tangible. El cuerpo y sus metáforas, encierra una verdad universal,… la verdad del imaginario, algo más real que la propia realidad. Hoy, mi corazón está más sano que hace algunas lunas, porque una iniciativa solidaria, ha hecho reconciliarme, con lo más íntimo de mi mismo. En el hospital madrileño Gregorio Marañón, la Fundación «Menudos corazones«, dedicada a la atención de los niños que padecen enfermedades cardíacas, ha aportado espacios de humanización al hospital. Los niños han decorado las paredes del hospital con animados y elocuentes dibujos, donde escenifican su vivencia de su corazón, de su enfermedad… Pero, sobretodo, donde plasman elementos terapéuticos, que sólo las mentes más observadoras pueden llegar a desvelar. En los dibujos los niños expresan, emoción, esperanza y sobre todo, la fuerza de la vida que les hace luchar.  Con ello nos demuestran que ellos son los elegidos, que ellos son seres privilegiados, que afrontan su enfermedad con la pasión que les otorga el sentirse unidos íntimamente a su alma. Los dibujos  desvelan el impulso para la supervivencia y nos demuestran una vez más, como la representación del imaginario, hace aflorar, sin censuras, lo más íntimo de nuestro Ser. ¿Cuándo aprenderemos los médicos a trabajar con el imaginario de las personas, para poderlas ayudar en el proceso de sanación?. Los chamanes, esa mezcla de médicos, sacerdotes y poetas, lo descubrieron hace mucho tiempo. Aprendamos de estos niños y seamos humildes, a la hora de reconocer todo lo que aún la ciencia no nos ha desvelado. Gracias a Menudos corazones y al hospital, junto con todos los colaboradores de esta iniciativa, he despertado a la emoción y mi corazón se ha limpiado de muchas impurezas superfluas y dañinas.

¿Estar o sentirse solo?… dependencia emocional

Cuando hablamos de dependencia, tendemos a considerar principalmente la falta de autonomía física, sin embargo, la autonomía personal va más allá: “Capacidad de controlar, afrontar y tomar, por propia iniciativa, decisiones personales acerca de cómo vivir de acuerdo con las normas y preferencias propias, así como de desarrollar las actividades básicas de la vida diaria” (artículo 2 de la Ley 39/2006, de 14 de diciembre, de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las personas en situación de dependencia). Pero, ¿cuántas veces pensamos en la dependencia emocional?, ¿nos consideramos realmente dependientes y no lo somos? Esclarecedor, didacta y autorreflexivo artículo que, en este sentido nos aporta nuestro colaborador habitual Enrique Jiménez. Gracias de nuevo por ayudarnos a ser más conscientes de nosotros mismos. De la independencia hacia la dependencia emocional  Al final, el ser humano ha ido evolucionado hacia la dependencia, eso es innegable. Históricamente, el ser humano ha vivido disperso e incomunicado.  Primero formaron pequeños núcleos en el campo y después fueron desembocando hacia las ciudades, por lo tanto, la masificación de población en pequeñas zonas ha dado lugar a una dependencia emocional hacia otras personas.  Esto explica el debate psicológico que existe hoy día en nuestro interior sobre las emociones que desarrollamos hacia otras personas, y la necesidad de tenerlas cerca y de extrañarlas cuando no lo están.  Puede parecer un comportamiento innato de las personas, pero después de echar un vistazo a la historia y comprobar que aún existen personas emocionalmente independientes, podemos tener la sensación de que este comportamiento es derivado de nuestra evolución física como ser humano y nuestra forma de vivir.  ¿Soy dependiente o independiente?  Es la pregunta que ruge en nuestro interior, un debate interno, que algunos días nos inclina hacia comportamientos más dependientes y otros días hacía comportamientos independientes.  No existe lo bueno y lo malo, ni tan siquiera puede elegirse. Nuestra naturaleza ya nos coloca un cierto comportamiento hacia este tema, desde que nacemos y somos jóvenes, tenemos un comportamiento natural ante la dependencia emocional.  El ejemplo más claro podemos verlo en el reino animal. En las camadas de animales recién nacidos se observa perfectamente cuales son más “avispados”, cuales más “tímidos” y así como también podemos observar aquellos más dependientes y aquellos más independientes.  También nuestro entorno y la educación recibida nos hacen ser de una forma u otra, cada situación de nuestra vida importa, aunque una misma educación en dos personas puede influir de forma diferente. Existe la persona que acata la atención depositada en ella y acepta su dependencia, y de otro modo, existe la persona que no acepta ser dependiente y a pesar de ser una persona que recibe toda clase de atenciones decide no depender de nadie.  ¿Qué necesitamos más?  Puede sonar a tópico, pero ninguno de los dos extremos es bueno, si podemos elegir ser dependientes o independientes, deberíamos buscar el punto medio.  Cada forma de ser tiene sus ventajas y desventajas.  Mientras las personas dependientes son cercanas, abiertas y emocionalmente establecen lazos muy fuertes entre personas, que hacen que socialmente obtengamos relaciones más satisfactorias y continuas, echan de menos cierta independencia ante situaciones puntuales de la vida, la marcha de una persona, las situaciones de adversidad, etc…  Las personas independientes tienen un comportamiento mucho más solitario, pueden hacer más cosas por su propia cuenta, dependiendo el éxito de lo que hacen únicamente de ellos. Aunque ante soledades prolongadas o tareas que necesitan un mínimo apoyo moral, se derrumban propiciando situaciones mucho más extremas de tristeza o falta de autoestima.  Probar los buenos y los malos tragos de la dependencia y la dependencia, siempre en tragos cortos, puede propiciar un equilibrio emocional perfecto para afrontar un mayor abanico de situaciones en la vida real. Enrique Jiménez Psicólogo en Granada

Cómo actuar en situaciones de urgencia

Los primeros auxilios son la primera asistencia que se presta a una persona que está sufriendo un episodio de urgencia o afectación de su salud. En dicha atención no sólo es importante atender al individuo en su problema, sino también mediante los denominados “Primeros Auxilios Emocionales”, es decir, el apoyo, la tranquilidad y la seguridad que podemos transmitir a la persona accidentada o a sus familiares. El saber qué hacer, y sobre todo qué no hacer puede, no sólo solucionar la urgencia o la percepción del individuo de ésta como tal, sino mejorar el pronóstico de la persona; los tiempos de convalecencia pueden reducirse o incluso evitarse posibles complicaciones debidas a una atención inadecuada o tardía. El estar bien formado es esencial para poder tomar decisiones en este sentido. Por ello te invito a ampliar la información en el boletín informativo sobre Cómo actuar en situaciones de urgencia y en el video de Saber Vivir correspondiente a dicho programa.