Nombre del autor:Julio Zarco

Intolerancia y fanatismo… por la convergencia ideológica en el s.XXI

Suponemos que en pleno siglo  XXI, hemos avanzado tanto desde el punto de vista de la tecnología, la ciencia y los derechos humanos, que deberíamos estar a años luz de la intransigencia, la intolerancia y el vandalismo que arrasaron culturas enteras en el pasado. Es una afirmación que no me creo, porque soy de los que opinan que el ser humano y sus viejas pulsiones poco han evolucionado, por mucho que hayamos ido a la luna y hayamos descifrado el código genético. Esa espantosa caja de los horrores, que cuando estamos  comiendo o cenando, nos devuelve a la realidad a través de los noticiarios y telediarios, la otra noche me ofreció unas imágenes perturbadoras. Era la crucifixión que se había realizado a varios fieles iraquíes, por no renunciar a su fe católica.…. O, salvando las diferencias, que las hay, con el acribillamiento de unos periodistas que ofenden a fanáticos religiosos, aludiendo a la libertad de expresión…. O los miles de africanos quemados por sus creencias religiosas. Estos espectáculos dantescos, en pleno siglo XXI, de turbas enloquecidas linchando a sus iguales, por más que sean de diferente raza, religión, país, ideología…. o cuantas diferencias se quieran buscar, me revuelven las tripas y la conciencia. ¿Cómo es posible que las ramas más radicales del Islán desconozcan los  Suras del Corán y del propio profeta que llaman al amor a los semejantes, la tolerancia y la armonía en los seres humanos? Entre las persecuciones de Diocleciano a los Cristianos y los sacrificios salvajes de Nerón y estas imágenes, distan casi 2000 años. La única diferencia es que ahora las imágenes recorren el mundo en apenas unos segundos. La persecución a la que están siendo sometidas las comunidades Cristianas en el Oriente medio, solo puede ser comparada por las escenas más crueles del campo bélico de las guerras más recientes. Ahora más que nunca la Iglesia Católica y la Ortodoxa deben de confluir para aunarse en la esencia de su mismo tronco y junto al resto de las confesiones, Budista, Judía, etc., instar a las autoridades religiosas Islámicas a que recuperen la esencia de amor y convivencia del Islán.

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Una escuela muy ventajosa…tú puedes ser el experto

Soy hijo de profesionales sanitarios y procedo de otro siglo, un siglo donde el modelo de relación médico/paciente o sanitario/paciente (por cierto el único que por entonces existía), era un modelo paternalista, un modelo asimétrico, donde el médico y/o enfermero dictaba, mandaba y ordenaba y el paciente sumiso, obedecía y acataba su suerte y destino, sin conocer las claves internas de su dolencia; y lo que es peor, de su destino vital. Hemos luchado mucho y empleado mucha pedagogía  con respecto a la individualidad, a la importancia de la involucración activa del paciente en la toma de decisiones y el enorme valor que esta aptitud y actitud tienen para la resolución de conflictos, problemas y enfermedades. Hace escasamente un mes pude asistir como invitado a la puesta de largo de la “Escuela de pacientes” del Servicio Cántabro de Salud, que comandado por mi buen amigo Jose Francisco Díaz, lleva menos de un año de existencia y donde varias comunidades autónomas, pioneras en este tipo de iniciativas, nos dimos cita para debatir sobre la importancia, métodos y fórmulas para poder llegar a la población, ciudadanos, enfermos y asociaciones de pacientes. Allí debatimos sobre la llamada “alfabetización de la salud y los pacientes” (termino este que no me parece acertado, pues tiene un cierto componente peyorativo);  hablamos del empoderamiento de los pacientes, pacientes expertos, pacientes activos, etc., ya sabéis todas aquellas cosas de las que hablamos cuando se nos reúnen en una sala a Joan Carles March (@joancmarch),  Mercedes Carreras y otros muchos más, dentro de los que tuve la suerte de encontrarme. Pero me gustaría hacer una reflexión seria, desapasionada y sobretodo constructiva sobre este “metamundo” del paciente y las asociaciones, las escuelas, alfabetizaciones y empoderamientos. Siempre me ha gustado el término “cultura de la salud”, por lo que significa con respecto a generar procesos activos en el individuo y en el tejido social, para emprender cambios en los modelos y aptitudes con respecto a la salud y la enfermedad. No sé si será necesario escuelas de pacientes, pacientes activos y empoderar a los agentes sociales, lo que si tengo meridianamente claro es que se necesita un pacto entre los agentes sociales, educativos y sociosanitarios, para incorporar los elementos de salud  desde la más tierna infancia. En este pacto no podemos dejar de lado a los medios de comunicación, pues sólo a a través de ellos podemos conseguir una caja de resonancia y velar por la democratización de las instituciones y las acciones.

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¿Ciencia en telesalud?…Desde mi experiencia

En estos días navideños, un buen amigo y buen médico me ha marcado como reto, manifestar en público mi opinión sobre un interesante artículo publicado el 17 de diciembre, en la prestigiosa revista médica BMJ. El estudio versa sobre la rigurosidad y evidencia científica de algunos programas televisivos sobre salud. Creo que desde sus primeras líneas atisbé las conclusiones, que como era de proveer,  revelaban que estos programas no basan sus no mensajes en la evidencia científica, sino más bien en otra serie de intereses más comerciales y mediáticos. Esta conclusión no me ha sorprendido,  desde el punto de vista que uno de los programas analizados es el americano “The Doctors”, un sensacionalista programa donde un equipo de galenos apolíneos descubren extrañas enfermedades y centran su atención en el área ginecológica y en aquellas patologías que a la mayoría de los ciudadano de a pie no le interesan por sentirse aludidos por los afectados, sino en todo caso por su extrañeza y alejamiento de la vida real y cotidiana. Como siempre, me gusta hablar desde la experiencia y por ello y sin menospreciar a la prestigiosa revista BMJ, que puede considerarse la biblia para muchos médicos, sí me gustaría salir en defensa de algunos programas y poner el acento de crítica en algunas publicaciones y en la mal llamada “evidencia científica”, detrás de la cual, en muchas ocasiones, no es ciencia todo lo que brilla, dejándose  también entrever algunos intereses no tan éticos y lícitos. Bajo mi criterio, entre los no muchos programas que introducen la salud en la emisión de las cadenas de televisión españolas,  solo hay un programa educativo dedicado a la promoción, prevención y educación para la salud; lleva un cuarto de siglo emitiéndose sin interrupción y tengo el privilegio de haberlo presentado durante casi medio año…“Saber Vivir”. La televisión pública tiene el deber ético y cívico de formar e informar a sus conciudadanos y eso es lo que se intenta cumplir programa a programa. En el tiempo en el que he formado parte de él, puedo asegurar que se trata de una emisión sin patrocinios, ni intereses económicos, pues su presupuesto sale de los Presupuestos Generales del Estado Español; aunque sin duda, sí existe la presión de las cifras de la audiencia. Todos los mensajes que en él se vierten surgen del minucioso análisis de un equipo de redacción que, supervisado por los médicos que trabajamos en el mismo, autoriza su emisión y consensua qué y cómo se aporta la información  a la población, entre cuyas fuertes se encuentran revistas de prestigio médico y  entre ellas, Jama, BMJ…. Algunos compañeros de la profesión critican que se brinda mucho espacio a medicinas alternativas,  como la homeopatía y la fitoterapia. Puedo asegurar que no hay interés económico por medio, o al menos yo no lo he “evidenciado”, y sí el intento de dar respuesta a un interés cada día más creciente sobre la medicina no alopática o no convencional. Seguro que nuestros compañeros británicos  y del centro y norte de Europa no se sorprenderían de ello. Por lo tanto, la conclusión desde mi experiencia personal, es que se puede y se debe educar en salud a través de la televisión, siendo riguroso, científico y a la vez de forma  divertida y entretenida. Es posible que el gran público no conozca lo que muchos de los sanitarios sí sabemos, y  es que hay muchas editoriales médicas que publican los artículos de investigación previo pago de un precio establecido, no al alcance de muchos investigadores, por ciento…,o que muchos grupos de investigación están financiados por la propia industria farmacéutica que investiga un área para generar la necesidad del médico prescriptor de una determinada molécula, o poner el foco de atención en una determinada patología… y que la evidencia científica surge de los ensayos clínicos o estudios de investigación que se publican, entre los que se encuentran todos ellos. Si somos honestos, y debemos serlo: ¿quién engaña a quien y quien es más riguroso en sus planteamientos?…. Sin duda, un interesante motivo para la discusión… pero será en otro post. Mientras, os dejo el artículo para que reflexioneis y opineis sobre él.. y lo hago con una impresión de pantalla del mismo, tal y como aparece en la web….¿os sorprende algo?

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Feliz Navidad… y mañana y el otro también

Como ya voy peinando canas (aunque preferiría poder peinar más), he vivido grandes etapas de la vida. Mi medio siglo de existencia me ha llevado a vivir muchas Navidades: desde la celebración de la navidad tradicional, con sus villancicos, el calor del hogar, el amor recordado por los que no están, las visitas a los belenes, la magia de los Reyes Magos,… a las navidades de diseño marketiniano, las campañas navideñas que arrasan en Internet, Papa Noel, los abetos de confeti y el delirio electrónico de los niños por el último juego de la ya… ¿Play 4?. No seré yo quien valore públicamente las distintas etapas de la Navidad, su transformación y metaformosis y sobretodo, la cada vez mayor pérdida de valores de lo auténtico, de la magia y del misterio. En la Navidad se celebra el nacimiento de Jesús hace más de 2000 años en una remota y perdida aldea de Oriente, el nacimiento de Dios hecho carne, persona como nosotros, lo que se denomina la Epifanía. No quiero entrar en disquisiciones teológicas ni religiosas, por ello, este trascendental hecho lo voy a llevar al terreno de la antropología, la mitología y lo verdaderamente humano. La Epifania es la aparición de lo sagrado en el mundo físico, en el mundo de lo fenoménico. Este hecho solo ocurre durante los milagros, pues ambos mundos están separados y concienzudamente vigilados por el Arcángel Miguel, custodio y coordinador de todas las cohortes celestiales y cancerbero que suele impedir la eclosión de lo sagrado en lo físico. La vida materialista es muy aburrida, sosa y absolutamente gris. Por otro lado, la vida espiritualista es demasiado etérea, mágica y sin arraigo en lo físico. Es por ello que desde poetas como Williams Blake o pensadores como Carl G. Jung, proponen la doble mirada: no todo es material, ni todo espiritual, todo tiene una doble lectura, una doble visión, una doble manera de percibirse. Yo propongo que el mundo se mire y se perciba con una doble visión, con una doble mirada y mañana, cuando me levante a las 5 de la mañana para acudir a trabajar, no solo sea el rollo rutinario de todos los días, sino que sea un hecho épico, que sea una aventura, donde lo mítico y el misterio llenen cada momento. La Navidad es la toma de conciencia de que hay otra manera de ver el mundo, que el mundo, que la existencia, es algo más que lo físico que toco; y que es mi elección decidir en qué nivel me muevo y percibo. Yo decididamente prefiero tener una visión dual y por ello quiero creer en la Epifania de lo sagrado en mi vida y sobretodo creer que la magia y el misterio son partes integrantes de la existencia y por ello de mi vida. No puedo desearte nada mejor para ti que lo que deseo para mí. Te deseo con todo mi afecto, Feliz Navidad  y que esta toma de conciencia te ayude a ti y a los tuyos a hacer un mundo mejor. Con todo mi corazón…, y un cachito de mi Navidad…, que compartiré contigo y con todos los míos: nuestro nacimiento casero tradicional.

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Cuando tu vida… es tu mensaje.

Con 18 años sufrí un gran impacto emocional y vivencial mientras veía una película de similares características al que aconteció en mi infancia, cuando por primera vez mi madre me llevó a ver el épico film de Cecil B. De Mille, ”Los diez Mandamientos”. Aquel Yaveh enérgico y aterrador que se manifestaba en una zarza que ardía y no se consumía y que obraba por mediación de Moisés, fundó en mi la creencia de que era posible que Dios se manifestara a los seres escogidos por sus designios y que yo podría ser uno de ellos. A los 18 años, descubrí por primera vez cómo era posible convertirse en Santo, a partir de la fuerza de voluntad, la recta decisión y la tenacidad. Además, era posible realizar el evangelio vivo de Cristo en la época actual. Y es que 15 años antes de nacer yo, al otro lado del mundo, un pequeño e insignificante ser humano, había demostrado a través de su vida, su mensaje, y este mensaje era la persecución de la verdad, del amor, de la no-violencia…, su nombre era Gandhi y su apodo “Alma grande”, con el que fue bautizado por el gran escritor compatriota suyo Tagore. A raíz de ver aquella película, comprendí la máxima de Gandhi y de sus mentores en la distancia, Tolstoi y Thoreau. La transformación más importante de lo que nos rodea solo se produce con la transformación de uno mismo. Gandhi, es posiblemente una de los personajes que más han influido en mi vida, de tal suerte que, cuando tengo algún dilema existencial, siempre pienso que habría hecho el  santa hindú. Mis hijos conocedores de  esta admiración, cuando manifiesto verbalmente o a través de la conducta, algún mensaje de paz y armonía, sonríen y me lanzan “ya está Gandhi”. Gandhi no solo me ha descubierto que es posible la transformación de uno mismo a través de la introspección y el conócete a ti mismo de Sócrates, sino que me ha descubierto cómo trasformar el mundo que nos rodea a través de la acción política y social. Y es que en política puede y debe de haber ética. Quien diga lo contrario, tiene una visión cicatera de ésta y de la acción social. Gandhi, me lanzó a los amables brazos del pensador trascendentalista Thoreau, que influyó decisivamente en el hindú, a través de su tratado sobre la desobediencia social. Igualmente Gandhi me impulsó a profundizar el pensamiento de Leo Tolstoi, que con su ” El reino de Dios está dentro de ti” me cerró el circulo con mi entrañable amigo Hermann Hesse. No ha habido mejor Cristiano que Gandhi y su pensamiento nos conecta con Francisco de Asís y otros grandes del panteón Cristiano. Acabo de leer un libro recopilatorio de las cartas y textos de Gandhi, escrito por el Padre Jesuita John Dear titulado:”Mi vida es mi mensaje” y esta lectura ha reactivado mi devoción al Santo Hindú. Hace unos años visité la India y una de las experiencias más emocionantes fue visitar su tumba. Pese a saber que allí no yacía su cuerpo, pues fue incinerado y esparcidas sus cenizas por los grandes ríos de su país, le di recogidamente las gracias y rece un “Padre Nuestro”, conocedor de que este gesto le habría agradado. Gandhi nos exhorta a experimentar en nuestras vidas, como lo hizo él, partiendo de una rigurosa introspección y conocimiento, se lanzó a la búsqueda de la verdad (verdad de pensamiento, acción y verbal) desde la máxima humildad y la persecución de la no-violencia en todas sus facetas, lo que él denominaba “Satyagraha”, la fuerza del espíritu, la fuerza del amor. Su valentía y arrojo, despreciando totalmente su vida, en sacrificio permanente por los demás, le llevó sin perseguirlo ni buscarlo, a ser el faro y guía de nuestras almas.

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