Un toque personal

Hipócrates pasea por Chicago

En mis clases en la facultad de medicina, cuando hablo a los estudiantes del “juramento hipocrático” o bien de la “oración de Maimonedes”, piensan que son pasajes románticos y trasnochados de la historia de la medicina, mitos obsoletos de tiempos pretéritos que no ha lugar en los tiempos de la genómica y del big data. Especialmente para ellos y para mis jóvenes colegas os hago entrega del enlace de la 68 asamblea general de la AMM (Asamblea Medica Mundial) celebrada en Chicago en octubre de 2017 y que re-actualiza la declaración de Ginebra. Para los que no lo sepan, en la asamblea ginebrina se adaptaba el juramento hipocrático a los tiempos actuales y en esta revisión, vuelve a re-adaptarse contemplando aspectos que antes no se tenían en cuenta como la responsabilidad del médico para con su salud, su relación con otros colegas y estudiantes y muy importante; la garantía de la autonomía del paciente. Si Hipócrates nos ve desde el Olimpo de los dioses, estará orgulloso, que sus discípulos contemporáneos, insistamos en darnos un código ético de conducta para con nuestros pacientes y para con nosotros mismos. Ahora, los que nos dedicamos a la enseñanza de la medicina, debemos interiorizar estos preceptos y trasmitírselos a nuestros alumnos con pasión, humildad y ejemplo de vida. Declaración de Ginebra  

De la noosfera a la homosfera sociosanitaria: clave de la humanizacion

Tenemos la obligación de velar por la adecuada utilización de conceptos, definiciones y términos que nos pueden llevar a engaño y nos apartan del objeto del estudio. Si en algo se caracteriza el método científico desde que Francis Bacon lo definiera, es en centrar el objeto de estudio y definir con claridad escrupulosa los conceptos y términos que definan los fenómenos. La ciencia y las humanidades no pueden vivir al ritmo de la moda y los caprichos socio-políticos del momento; muy al contrario debe, fijar los universales o si se prefiere siguiendo a Kant definir las categorías de estudio. Hoy en día se ha popularizado en el sector sanitario el término “humanización de la asistencia sanitaria”. En otro artículo ya defendí que de lo que estamos hablando es de una re-edición del humanismo Lainiano, re-actualizado y llevado al escenario de lo socio sanitario. Pues bien siguiendo este intento de aclaración, debo exponer que la humanización, es decir el humanismo socio-sanitario tiene su base en el estudio, investigación y potenciación de la “HOMOSFERA”. A principios del siglo XX el pensador ruso Vladimir Vernadski utilizo el termino griego “noosfera” para definir la tercera etapa evolutiva del planeta tierra. En un primer lugar está la tierra inanimada (geosfera), posteriormente la vida biológica (biosfera) y en último lugar la emergencia de la cognición humana (noosfera). Esta teoría sería más tarde recogida por el teólogo, pensador y paleontólogo Pierre Teihard de Chardin, para dar soporte a su cosmovisión en la cual el universo es un continuo en evolución y las distintas etapas que se han sucedido desde la vida inorgánica (geosfera) evoluciono hacia la aparición de la vida (biosfera) y más adelante a la aparición del pensamiento lógico-racional (noosfera). Para Chardin estamos en la última fase evolutiva que eleva al hombre hacia lo espiritual y que el denomino “Cristosfera”. Pues bien, yo recojo la teoría de Vernadski y Chardin y pienso que en este momento estamos en la fase evolutiva donde el ser humano debe profundizar en sus raíces humanas y si se me permite la expresión “ser más humano”. Por ello hablo de Homosfera para definir esa fase evolutiva que centra su interés en los sentimientos y emociones humanas en su relación consigo mismo, con los demás y con su entorno. Es por ello que si queremos estudiar y profundizar en los contenidos emocionales y afectivos de los profesionales socio-sanitarios y en cómo se relacionan con el objeto de su trabajo que son los pacientes, hablemos de HOMOSFERA SOCIO-SANITARIA. Por ello el objeto de mi interés está centrado en esta fase evolutiva del ser humano que llevara a este no solo a conocerse mejor a sí mismo, sino desde un plano interno y afectivo a sus semejantes.  

El dolor sin sentido… “Sufro de fibromialgia”

El dolor es un síntoma que se podría comparar con un poliedro que presenta muchas caras, tiene componentes biológicos, sociales, antropológicos, culturales y psicológicos. El dolor es consustancial al ser humano y a la propia vida. No hay vida sin dolor; el dolor, en sus múltiples variedades, nos hace humanos, por ser una manifestación de la propia realidad humana y también, por qué no decirlo, de la misma finitud de la vida. El tipo más frecuente de dolor y que va unido a la manifestación sintomática de los procesos morbosos, es el dolor físico. Existen muchas variedades de dolor físico, en función del compromiso de estructuras viscerales, músculo-esqueléticas…. Es por ello, que tenemos dolores viscerales, dolores neuropáticos, dolores centrales…. El dolor se convierte en un signo que delata que algo no funciona bien. Por eso, en todas las escuelas de medicina, y desde tiempos inmemoriales, se enseña a los alumnos que, por definición y en principio, el dolor no debe suprimirse de entrada, al menos hasta que diagnostiquemos su origen. Si hay unos pacientes expertos en dolor son los enfermos de fibromialgia, como así lo manifesté en las últimas Jornadas de la Liga Lire. La palabra fibromialgia (FM) significa precisamente eso, dolor en los músculos y en el tejido fibroso (ligamentos y tendones). Son además pacientes en los que el dolor deja de tener sentido, ya que no se muestra como el signo de algo que funciona mal, o al menos hasta ahora no lo hemos sabido descubrir, por eso estos enfermos sufren un dolor mayor: el de la incomprensión. Nadie mejor que ellos para describirnos con su testimonio su devenir en el árido camino de su enfermedad

A mi edad, espero y tengo mucho que dar en la vida

El psiquiatra suizo Carl Gustav Jung afirmaba que en el desarrollo y discurrir normal del ser humano, es muy habitual que, en la edad media de la vida, se presente una crisis existencial, una «neurosis noógena». El ser humano, dedicado en la primera mitad de la vida a consolidar una biografía, apuntalar una profesión y, en definitiva, buscar el éxito, la solvencia económica…. se enfrenta a un vacío existencial cuando se contempla el otoño de la existencia y nuestro horizonte mortal. Según Jung, es aquí, en esta fase de la vida, donde el ser humano potencia sus cualidades más humanas y espirituales, aquí se producen las trasformaciones, las metamorfosis. Yo estoy en el ecuador de mi vida (al menos por probabilidad estadística), contemplo mis éxitos y mis fracasos, contemplo mi vida como una película donde los protagonistas van desapareciendo de escena, donde una vez más y con mayor nitidez que nunca, contemplo mi “YO” ramplón, mísero y convencional. Mi existencia se convierte en una gran cebolla repleta de capas superpuestas, pero en el fondo sigue estando el niño asustadizo, travieso y creativo. No tengo nada que perder, hay que zambullirse en la vida, hay que dejar atrás temores infundados y vivir, porque aún espero mucho de la vida, pero desde luego, lo que espero es saborear cada momento como si fuera el último, deambular sin rumbo por calles y campos, sentir la caricia de mi compañera, vivir la pasión de mis hijos piel con piel y sentir los latidos de mi corazón, como si una galaxia estallara en mi interior. ¿De qué sirve el éxito, el reconocimiento y la adulación?. Solo quiero SER, y agradezco y quiero a los que me permiten SER cada día. Nadie puede impedírmelo, el que lo intentara es porque No ES, y nada representa en mi SER.

Innovar no cuesta dinero

Sobre las declaraciones de Carmen Vela, secretaria de Estado en Investigación  Está claro que “todo depende del perfil desde el que lo mires”               Y que la «necesidad agudiza el ingenio»             Pero para innovar, la mayoría de las veces se necesita más a los que lo hacen, que al dinero Decía mi abuela que «sabe más un hambriento que 100 letrados», y ¡qué verdad encierra el refranero español!. Las últimas declaraciones a una prestigiosa revista internacional de la responsable de la investigación en España demuestran, además de poca sensibilidad, una falta de respeto irreverente a la ciencia que ella debe proteger, defender y promocionar. Dice que “sobran investigadores en España”, debe ser que por eso se van fuera de nuestras fronteras a investigar. Es momento de crisis y en estas situaciones se demuestra la grandeza de espíritu, la globalidad de la visión y lo creativo de la imaginación. Obligado te veas para creerlo, pero la imaginación humana no tiene limites.