Política y Salud

Innovar no cuesta dinero

Sobre las declaraciones de Carmen Vela, secretaria de Estado en Investigación  Está claro que “todo depende del perfil desde el que lo mires”               Y que la «necesidad agudiza el ingenio»             Pero para innovar, la mayoría de las veces se necesita más a los que lo hacen, que al dinero Decía mi abuela que «sabe más un hambriento que 100 letrados», y ¡qué verdad encierra el refranero español!. Las últimas declaraciones a una prestigiosa revista internacional de la responsable de la investigación en España demuestran, además de poca sensibilidad, una falta de respeto irreverente a la ciencia que ella debe proteger, defender y promocionar. Dice que “sobran investigadores en España”, debe ser que por eso se van fuera de nuestras fronteras a investigar. Es momento de crisis y en estas situaciones se demuestra la grandeza de espíritu, la globalidad de la visión y lo creativo de la imaginación. Obligado te veas para creerlo, pero la imaginación humana no tiene limites.            

¿Qué hacemos con la Atención Primaria?

 Bajo esta pregunta genérica y recurrente del sector se esconde una gran parte de las claves organizativas y estructurales de la reorientación del modelo sanitario español. Tras la importante aportación que supuso la Ley General de Sanidad del año 1986 y la reforma sanitaria que aconteció en nuestro país y que lo situó en el top de los modelos socio-asanitarios, la Atención Primaria se encuentra en un momento de reflexión, condicionada por la actual situación económica del país, y de los cambios de paradigma social y demográfico, que está aconteciendo en los países occidentales. El gran colapso presupuestario y la inhibición de la inversión en materia sanitaria, añadido a la crítica reflexiva de los teóricos de la sanidad, al respecto de si el actual modelo socio-sanitario español puede o no ser viable, factible y eficiente, nos lleva a revisar el modelo organizativo y estructural de la sanidad española. El Sistema Nacional de Salud (SNS) tiene importantes ineficiencias que deberíamos tratar de superar, con la vista puesta en tratar de seguir manteniendo el mismo nivel de calidad en la prestación de los servicios públicos. Y es aquí donde la Red de Atención Primaria tiene que dar su “do de pecho”, dando un paso adelante en su rol bio-psico-social, con una atención integral, integrada y longitudinal. Algún lector crítico e impaciente puede aducir que éstas son las características y naturaleza conceptual de la AP, pero yo le repreguntaría: “¿Es realmente la AP que tenemos eficiente en la resolución de los problemas de salud de la sociedad de nuestro tiempo?”. Si la respuesta es negativa, hay que realizar un examen en profundidad, reflexivo, desapasionado y desideologizado. Hace algo más de un año, el gobierno británico de David Cameron anunció una importante reforma estructural y organizativa de la AP británica, elaborando una hoja de ruta de 3 años, donde el viaje estará pilotado por los propios médicos de familia. Esta reforma de la sanidad británica viene presidida, no sólo por la actual crisis económica y por la mejora de la eficiencia de los servicios sanitarios, sino por el claro convencimiento político, desde el pragmatismo más absoluto, de que la clave de los sistemas sanitarios se encuentra en la AP. En países occidentales, donde la cronificación de los procesos morbosos nos hace dar solución a múltiples patologías crónicas, que se llevan el gasto del 80% del presupuesto sanitario, en un marco donde la AP tan sólo puede resolver el 50% de los problemas de salud, cuando de facto podría hacerlo en el 90% de los casos, debemos aventurar soluciones imaginativas y decididas para dar ese cambio y reorientación del modelo, de forma que generen eficiencia y eficacia en el modelo sanitario. Y  créanme, la clave está en la propia Atención Primaria. Siguiendo la estela del pragmatismo británico y nórdico, desde una perspectiva liberal del pensamiento, deberíamos concentrar nuestros esfuerzos políticos en generar las reformas estructurales y organizativas adecuadas en el primer nivel asistencial. Los teóricos de la sanidad nos podrán avanzar cuál es el mejor modelo asistencial a llevar a cabo, aunque parece que las últimas tendencias nos llevan a parar en un modelo de gestión integrada (atención primaria y hospitalaria), de gestión por procesos, donde ambos ámbitos se incardinen. También las organizaciones sindicales nos pueden realizar propuestas razonables, desde la sensatez, del cambio retributivo que debe acontecer, no sólo para nivelar las retribuciones de los facultativos, sino para generar incentivos por objetivos, procesos y resultados en salud.  Y como no puede ser de otra manera, las sociedades científicas y las organizaciones colegiales, deben apuntar hacia cuáles deben ser los niveles de excelencia en el ejercicio y desempeño de nuestras funciones; y parece ser que ello viene presidido por implantar procesos de Desarrollo Profesional Continuo y herramientas de re-certificación profesional, que garanticen el progreso, avance y evolución de los más cualificados. Pero, sin ningún género de dudas, la clave está en el propio sector de la AP. Se debe de producir una clara desideologización del primer nivel asistencial, y ejercer un liderazgo del que hoy estamos carentes, motivos por los que entramos en una espiral de victimismo y condescendencia, que nos lleva a argumentar como una letanía, desde hace 30 años, los mismos problemas: burocratización de las consultas, acceso restringido a pruebas complementarias, mayor autonomía en la gestión… ¿Qué hacemos o podemos hacer con la AP?. Los profesionales sanitarios han mostrado su opinión al respecto en múltiples estudios, siendo él análisis que aquí os enlazo uno de los más recientes de mayor muestra. Desde mi punto de vista parece evidente, desarrollemos la enorme potencialidad del primer nivel asistencial, y tengamos la capacidad de liderazgo y de visión necesarias para resolver los problemas actuales y ser motores del cambio. En este momento es posible, las épocas de crisis y cambio, son oportunidades de mejora. ¿Existen líderes capaces de arrimar el hombro y llevar en la dirección correcta a la AP?.

¿Tenemos ya hoja de ruta para los pacientes crónicos?

Uno de los temas sobre los que más se insiste recientemente en la Gestión Sanitaria de nuestro país, por su importancia, es la Atención al Paciente Crónico y fundamentalmente cómo debería organizarse estructural y funcionalmente su asistencia. En estos días hemos asistido al nacimiento de un proyecto denominado IEMAC 1.0, que es el acrónimo más o menos de Instrumento de la Evaluación de Modelos de Atención ante la Cronicidad. Aunque no es una herramienta nueva, pues procede de la adaptación del americano Chronic Care Model del MacColl Institute for Health Care Innovation de USA, esta herramienta se adapta, según nos aseguran sus creadores,,a la realidad española. Sus autores son el Instituto de Innovación Vasco, la Universidad Miguel Hernández de Elche, con  la participación de laboratorios MSD. Según nos cuentan y puede verse en su página web (www.iemac.org), se centra en tres niveles de análisis: el macro, destinado para políticos sanitarios, otro meso, para gestores sanitarios y otro micro, destinado a los Equipos de Atención al paciente. Según podemos ver, esta herramienta recoge 80 buenas prácticas de cómo llevar una mejor atención al paciente crónico. Se valoran exactamente seis áreas de análisis: 1- Organización del Sistema de Salud, donde se analizan temas tan diversos como el compromiso de líderes, las políticas sociales, financiación, etc. 2- Autocuidado, poniendo el énfasis en la activación psicosocial del paciente, cultura de la salud…. 3- Salud Comunitaria, atendiendo sobretodo las estrategias comunitarias en los Planes de Salud 4- Apoyo en la toma de decisiones clínicas, es decir protocolos, guías, etc 5- Modelo Asistencial, en el que se analizan los equipos multidisciplinares, los roles de los miembros del equipo en este cometido, etc. 6- Sistemas de Información, fundamentalmente  dirigidos a  la integración de la información y aplicación de nuevas tecnologías, etc. Visto así, parece interesante y hay que felicitar a los creadores-adaptadores de esta herramienta, que como tal, tendrá que validarse, adaptarse e implementarse. Pero, mientras escribo estas líneas, el médico de familia de mi madre, una señora mayor y por tanto con pluripatología crónica, me llama para leerme el resultado del cultivo de una úlcera sacra que tiene desde hace unas semanas y me comenta que como es resistente a la mayor parte de los antibióticos, quiere ingresarla para valoración  y tratamiento hospitalario. Tras su llamada, cuelgo y llamo a la Unidad de Crónicos de un gran hospital madrileño, que es donde llevan el caso de mi madre y haciendo de » celestino», pongo en contacto al médico de familia con dicha Unidad, para que entre los dos, y quedándome yo al margen, pues antes que médico soy hijo, pacten la solución al problema de mi madre! ¡Viva la hoja de ruta maravillosa de los crónicos en España!. Señores estamos en mantillas, hay mucho por hacer. Todas las herramientas serán bienvenidas, pero la casa se empieza por los cimientos no por el tejado. Mientras el marco asistencial no se redefina y los equipos de Atención Primaria asuman el control de la gestión y liderazgo en el manejo del paciente crónico, no tenemos nada que hacer.  La decisión es política, pero también nuestra, de los profesionales. Creo que antes de definir estas hojas de ruta y dado que el diagnostico de las ineficiencias las conocemos todos (aunque unos más que otros), hagamos una re-definición de roles, de objetivos y dejémonos de «política de salón y de medicina de club de golf».

Más que un Consejo Asesor: una experiencia de liderazgo

El martes día 17 se ha constituido, al amparo de GACETA MÉDICA, el llamado Consejo Asesor de este medio, presidido humildemente por el firmante y compuesto por destacados miembros de la política sanitaria de este país, reputados profesionales de diversas disciplinas sanitarias y elementos de gran importancia en el sector, como representantes de la industria farmacéutica. A todos ellos quiero darles las gracias por poner su prestigio, su buen hacer y su reputación en un grupo heterogéneo y plural de profesionales, donde a todos nos une una pasión: tratar de aportar lo mejor de nosotros mismos al sistema sanitario de nuestro país. En la foto, aparte de un servidor, pueden apreciarse algunos de los miembros de dicho grupo de liderazgo, entre los que cabe destacar: F. Álvarez Guisasola, ex consejero de Sanidad de Castilla y León; J. L. Álvarez Salas, decano de la Facultad de Medicina de la UCM; C. Macaya, jefe de Cardiología del Clínico; C. Amaya, vicepresidente de la FEMS; A. Martín Zurro, AP del Clínico; el catedrático César Nombela; J. Matías-Guiu, presidente de la Comisión Nacional de Neurología; P. Alsina, director de RRII de Sanofi Pasteur MSD; R. Yagüe, dircom de Merck-Serono; J. Abarca, secretario general del IDIS; J. Blanco, presidente de Acoif; O. Espallardo, directora de RRII de J&J; Cr. Nuin, dircom de Cinfa; y J. Díaz, director de RRII de Contenidos. Hace ahora exactamente seis meses en mi discurso de despedida como presidente de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria, en el marco del 31 Congreso Nacional celebrado en Oviedo, ya avancé este planteamiento, que cada vez se afianza más en mi mente y en mi convicción. Lo que allí denuncié y sigo reivindicando desde este espacio, es la necesaria reforma del sector sanitario, la democratización de las estructuras, la cualificación de los representantes del colectivo sanitario, el nivel de compromiso y la responsabilidad para con un sector y para con una sociedad, que cada día necesita más de líderes de opinión, ideas creativas y, sobre todo de independencia de pensamiento. En aquel entonces, al igual que ahora, me sigo afirmando en esta necesidad, viendo que el sector está desvitalizado, y sobre todo atomizado por el victimismo, la desidia y la carencia de ideas. Desde el respecto, la tolerancia y la admiración hacia organizaciones y dirigentes que marcan la distinción en este sentido, observamos sindicatos sin norte en sus reivindicaciones y anclados en la lucha de clases del siglo XIX, organizaciones profesionales que parecen gremios de la edad media, en los que los que sustentan a sus representantes no los eligen y sociedades científicas que se asemejan más a empresas personales dedicadas a la mercadotecnia sanitaria. Por estos y otros motivos, se hacen más necesarios grupos de liderazgo creativos, flexibles, independientes y cuyo único objetivo sea mejorar y aportar valor añadido. Bienvenidos a este nuevo consejo asesor, que es mucho más que eso. Los acuerdos a destacar en esta primera reunión son los siguientes: El grupo tendrá independencia total cara a abordar temas y contenidos. Importancia y trascendencia de convertir el grupo en un lobby de opinión. El grupo debe de realizar informes estratégicos que aporten posicionamientos y datos objetivos Crear la posibilidad de emitir posicionamientos  rápidos sobre temas de interés de todo el grupo. Para ello se realizara un pequeño procedimiento de comunicación interna para facilitar este proceso. Las asociaciones de pacientes, a través de la AGP se utilizaran como órgano consultivo, pero no constitutivo del grupo. Se realizara una priorización de grupos y líneas estratégicas. Los grupos priorizados son: MODELO SANITARIO DESARROLLO PROFESIONAL CULTURA DE LA SALUD  Agradezco a todos los participantes en este Consejo Asesor, su disponibilidad, su participación activa en este nuevo lobby líder, que queda abierto a aquellos participantes que quieran acercarse a nosotros a través de su participación en los diferentes grupos de trabajo. Bienvenidos y gracias. Publicado en: http://www.gacetamedica.com/articulo.aspx?idart=620554&idcat=792&tipo=2 Noticias relacionadas: «El Consejo asesor editorial de GM pretende ser un observatorio nacional de la Sanidad». Accede a la entrevista con Carlos Macaya, Jefe de Servicio de Cardiología y  miembro del Consejo Asesor de GM.

Atención Primaria: ¿alguien da mas?

El día 12 de abril fue señalado hace ahora un año, de manera arbitraria y por consenso, «Día de la Atención Primaria», por todas las organizaciones del primer nivel asistencial, acompañadas de los sindicatos y OMC. La idea original era reivindicar una Atención Primaria (AP) de calidad, reclamar su protagonismo y protegerla de los ataques y erosiones de la clase política, sobre todo en un escenario de recortes presupuestarios. El primer año hubo sendas presentaciones en el Congreso de Diputados y Senado, junto con un manifiesto en defensa del primer nivel. Hace unas semanas, hemos asistido a la celebración del día del a AP por segundo año consecutivo. La dinámica ha sido similar: manifiesto de los integrantes en defensa del primer nivel, rueda de prensa de los protagonistas y, en este caso, celebración de una mesa redonda, donde representantes de los pacientes y expertos en economía sanitaria debatieron acerca de la importancia que tienela AP y lo incontrovertible de su protección y potenciación. Y eso es todo,… hasta el próximo año. Siempre he sido crítico con este tipo de manifestaciones, desde el respeto a las instituciones y desde la tolerancia a la diversidad de posicionamientos: y en estos momentos si cabe lo soy aún más, conocedor de que el primer nivel asistencial necesita de algo más que manifiestos, ruedas de prensa y días del «orgullo de los primaristas». En primer lugar, es necesaria una auténtica re-fundación de la AP, desde la seriedad, el rigor científico y la claridad de sus profesionales. Para ello hay que des-politizarla y suprimir todas las manos de barniz ideológico que durante más de treinta años la han impregnado. Por otro lado, las organizaciones que defienden los intereses del primer nivel deben democratizarse, promocionando la eclosión de líderes profesionales con un alto nivel de excelencia profesional y gran altitud de miras para con los profesionales a los que representan. No pueden estar siempre los mismos, diciendo las mismas cosas. El sector de AP debe vertebrarse, converger de manera real y no de manera ficticia y de cara a la galería, sin complejos y cerrando un pasado que más nos separa que nos une. La participación ciudadana en este movimiento es crucial y fundamental, hay que conseguir que en el foro estén representados todos los intereses y no sólo los de un sindicato y el de un solo colectivo, el de médicos. Existen muchos otros profesionales que, de manera activa, sostienen el primer nivel, véase enfermería e incluso especialistas hospitalarios que trabajan en  AP. El Foro de AP debe realizar una re-lectura crítica de sus posicionamientos, desde la humildad y la generosidad de planteamientos, para que el próximo año, el día 12 de abril, en la «subasta sanitaria» de nuestro país, la voz del político tecnócrata no se oiga exclamando «Atención Primaria, ¿alguien da más? y la respuesta sea “que nadie puje nunca más por la Atención Primaria”.