«Sé consciente» y “Corre la voz”: Día Mundial del Cáncer de Ovario

Paz Ferrero preside la Asociación de Afectados por Cáncer de Ovario (ASACO).  ASACO es una asociación que apoya a pacientes y afectados y que orienta sus actividades para concienciar a la población en general sobre la importancia de conocer los síntomas del cáncer de ovario. Es prioridad de ASACO mejorar el pronóstico de la enfermedad gracias un diagnóstico y tratamientos precoces, objetivo que sin duda compartimos los profesionales de la salud.  Por ello, ASACO crea y difunde información actualizada sobre la enfermedad y promueve actividades que satisfagan las demandas de las pacientes y afectados durante, antes y después del diagnóstico. Hoy se celebra el Día Mundial del Cáncer de Ovario, y como no podía ser de otra forma, ASACO se mueve para concienciar a la población sobre la importancia del diagnóstico precoz de la enfermedad. «Sé consciente» y “Corre la voz”: Día Mundial del Cáncer de Ovario Sólo el 20% de las pacientes con cáncer  de ovario se diagnostica en estadios iniciales de la enfermedad. Esto se debe principalmente a que no hay signos ni síntomas específicos al comienzo de la misma, lo que hace que las pacientes acudan a la consulta cuando el cáncer de ovario ya se ha diseminado y es más difícil de curar. Pero además todavía no existe una técnica o método para la detección precoz del cáncer de ovario, de ahí la importancia en concienciar a la población en general y a la mujer en particular, sobre esta enfermedad, uno de los objetivos fundamentales de ASACO. Una demostración del compromiso de ASACO con la sociedad es Globalbalance. Este actividad lúdico-saludable al aire libre ofrece un contexto para informar sobre la asociación (folleto), divulgar síntomas consensuados por varias asociaciones internacionales de cáncer de ovario (tarjetas) y promover el uso de calendarios menstruales como WomanLog (minidíptico). Con motivo del Día internacional del Cáncer de Ovario, ASACO estará hoy 8 de mayo en la Plaza Ramón y Cajal de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid de 12.00 a 14.00 . Se recomienda llevar ropa cómoda, colores alegres, nada negro. La I Jornada para pacientes con Cáncer de Ovario es otra muestra de implicación de ASACO por las pacientes quienes, al conocer su propia patología, aportan información a otras pacientes creando un espacio que hasta ahora nunca ha tenido la paciente de cáncer de ovario para abordar la enfermedad (ver programa). ASACO convoca a socias de diferentes provincias españolas, profesionales de la salud y responsables de la sanidad el 8 de mayo en el salón de actos del Hospital Clínico Universitario San Carlos (C/ Profesor Martín Lagos, s/n) en Madrid de 15.45 a 20.00. ¡Participa con ASACO el 8 de mayo por la mañana en el “Globalbalance” y, por la tarde, en la “I Jornada de ASACO para Pacientes con Cáncer de Ovario! «Sé consciente» y «corre la voz» en Twitter (hashtag), Facebook (etiqueta), en competiciones (dorsal), en inglés (web mundial), en tu web (logo del día mundial), etc.”  

Aprendiendo del zazen

Desde hace muchos años me ha interesado la cultura japonesa y todas sus manifestaciones culturales y artísticas. Esto, aunado por mi interés en el desarrollo personal y el crecimiento del ser humano, me ha llevado durante bastante tiempo a interesarme por el Zen, esa manifestación del budismo en su largo recorrido desde la India, pasando por China, hasta que fue importado por el monje japonés Dogen,  a Japón. Del zen siempre me ha llamado la atención su simplicidad y austeridad y su tolerancia hacia las creencias del individuo. Desde hace muchos años he leído ávidamente decenas de libros sobre budismo, zen y meditación, he contactado con reputados maestros extranjeros como  Willigis Jäger y españoles como Dokushô Villalba, he visto videos, grabados…, pero nunca había hecho, lo que es el principal objetivo del zen: experimentarlo. En mi intento de huir hacia la cabeza, de racionalizar todo, he olvidado que la experiencia es vida y la vida es experiencia. Es por ello, que este fin de semana, me he armado de valor y he decido apuntarme a un sesshin o lo que en español traduciríamos como retiro. Un espacio de tres días en profundo silencio y constante zazen; es decir, sentarse en un cojín, sin moverse, dejando que los pensamientos salgan sin agarrarse a ninguno de ellos y controlando la respiración. Posiblemente ha sido una de las experiencias más duras de mi vida, hablando desde el punto de vista físico y eso que he de confesar que he realizado cientos de horas de psicoterapia, de terapia grupal, psicoanálisis…, pero esto lo supera todo. Imaginaros lo que es estar tres días sin moverse y sin hablar, en una absoluta inmovilidad… ¡Terrible!, al menos para un posible diagnóstico de TADH del adulto. Se experimenta un terrible dolor en las piernas, pies, cadera y espalda, la angustia y la ansiedad hacen acto de presencia y la necesidad de salir corriendo es imperiosa. Es posiblemente una de las sensaciones más claustrofóbicas que haya experimentado, como si me sumergieran la cabeza en una bañera llena y no me dejaran salir a coger aire. En estas condiciones el “maestro”, pretende que no me aferre a mis pensamientos y que focalice mi atención en la respiración, que para más colmo debe de ser abdominal. ¡Imposible para mí!. Cuando regresé a mi casa, mi familia me esperaba expectante, pues deseaba que la experiencia me hubiera servido para relajarme, para estar más centrado, para ser más pleno y feliz. Lo único que pude hacer fue tomarme un analgésico y tumbarme en la cama. No obstante creo que he aprendido algo de la experiencia, a parte de su dureza y es que lo importante es el cuerpo. ¡No tengo un cuerpo, soy un cuerpo!. Hay que huir del cerebro y concentrarse en el organismo y eso en ocasiones requiere dolor, mucho dolor. También he aprendido que debo centrarme más en mi respiración, aquella función fisiológica que más une cuerpo y mente y más genera estabilidad y solidez. Me he propuesto entrenar todos los días, aunque me duelan las piernas y me sienta asfixiado por la inmovilidad, así que os iré comentando mis avances, pues mi evolución solo tiene una dirección…….avanzar, progresar y… crecer. Por si os animáis a intentarlo en el largo puente que se avecina, os dejo con una explicación de la técnica.  

Señales de vida: encuentros y desencuentros

En toda la literatura iniciática sobre las tradiciones de todos los tiempos, siempre se resalta que la vida está repleta de señales y de signos. Estas señales son pequeños guiños del destino, que nos asaltan durante nuestro camino y que encierran  profundas lecciones de vida. Debemos estar atentos y con la conciencia alerta para ver estas señales, para sentir estos momentos y, sobretodo, para ser capaces de extraer la sabiduría que encierran. No existen libros de interpretación, al igual que tampoco existen gurús, ni terapeutas que las interpreten por nosotros. Debemos ser nosotros, única e intransferiblemente, los que debemos verlas, sentirlas, degustarlas y extraer su jugo existencial. Desde hace muchos años, he aprendido que en la vida no hay coincidencias, que todo tiene algún sentido, aunque parezca paradójico e irreal. De igual manera, todo tiene que ver con todo y cada acción tiene repercusiones en el todo, esto es lo que la filosofía budista denomina “interser”: la tupida red de interrelaciones existenciales. Es bastante probable que muchos de los lectores  piensen que un pensamiento racional, lógico, científico, crítico, moderno, no puede  tener estas creencias, la vida es lo que es y nada más. Pero la vida está repleta de magia, de poesía y de niveles de conciencia que necesitan de un estado determinado de percepción para poder ser reconocidos y vividos. ¡Cuántos santos y místicos de todos los siglos han sido denostados como locos, sólo porque su percepción de la realidad es distinta…! Hace más de 20 años, yo era un becario que realizaba mi proyecto de tesis doctoral en un Departamento dela Universidad y mi ilusión era convertirme en profesor del mismo y continuar mi labor investigadora. Este sueño se vio truncado cuando mi tutor  y director  fue destinado a otra universidad y a otro hospital, dejando en la estacada a otro compañero y a mí, ambos becados por el Rectorado de la UCM, sin poder concluir el proyecto de investigación y dejando encallada la tesis. Aquella situación representó para mí un gran dolor y frustración. Mi estado de depresión me indicaba con certeza  que mi futuro científico concluía allí, mis sueños, mi destino como docente e investigador se habían esfumado. Mi ira y mi rabia, se apoderó de la razón, de tal manera que no podía quitármelo de la cabeza… Abandoné aquellos sueños, encaminé mi vida por otros caminos profesionales y sané mis heridas emocionales. Hace unos días acepté una oferta como profesor en el mismo Departamento en el que comencé hace 20 años para impartir la asignatura que siempre había querido. Regresé a mi antiguo Departamento, todo estaba igual. Cuando cogí el ascensor, mi sorpresa fue mayúscula, mi antiguo tutor había regresado.  Nos reconocimos, pese al paso de los años para ambos, nos miramos y nos saludamos afectuosamente: mis heridas emocionales habían sanado, pero mi ciclo vital volvía a su comienzo, porque ya se sabe que “todo es un eterno retorno”.

El dolor sin sentido… “Sufro de fibromialgia”

El dolor es un síntoma que se podría comparar con un poliedro que presenta muchas caras, tiene componentes biológicos, sociales, antropológicos, culturales y psicológicos. El dolor es consustancial al ser humano y a la propia vida. No hay vida sin dolor; el dolor, en sus múltiples variedades, nos hace humanos, por ser una manifestación de la propia realidad humana y también, por qué no decirlo, de la misma finitud de la vida. El tipo más frecuente de dolor y que va unido a la manifestación sintomática de los procesos morbosos, es el dolor físico. Existen muchas variedades de dolor físico, en función del compromiso de estructuras viscerales, músculo-esqueléticas…. Es por ello, que tenemos dolores viscerales, dolores neuropáticos, dolores centrales…. El dolor se convierte en un signo que delata que algo no funciona bien. Por eso, en todas las escuelas de medicina, y desde tiempos inmemoriales, se enseña a los alumnos que, por definición y en principio, el dolor no debe suprimirse de entrada, al menos hasta que diagnostiquemos su origen. Si hay unos pacientes expertos en dolor son los enfermos de fibromialgia, como así lo manifesté en las últimas Jornadas de la Liga Lire. La palabra fibromialgia (FM) significa precisamente eso, dolor en los músculos y en el tejido fibroso (ligamentos y tendones). Son además pacientes en los que el dolor deja de tener sentido, ya que no se muestra como el signo de algo que funciona mal, o al menos hasta ahora no lo hemos sabido descubrir, por eso estos enfermos sufren un dolor mayor: el de la incomprensión. Nadie mejor que ellos para describirnos con su testimonio su devenir en el árido camino de su enfermedad

Última lección de un gran maestro: Hasta siempre José Luis

  Hace  tres semanas, nos sorprendía la repentina muerte de José Luis Sampedro  y digo repentina, porque pese a su edad y su delicado estado de salud, las almas grandes siempre se van de manera desgarradora y súbita, dejándonos huérfanos en nuestro sentimiento y en nuestra razón de ser. He preferido esperar un tiempo prudencial, para que mi agitado corazón encuentre algo de paz y sedimentara mis recuerdos y sentimientos. No pretende ser este humilde escrito, un homenaje al maestro, creo que soy pequeño, para tan gran empresa y no me siento capacitado, ni con fuerzas para aproximarme a este cometido. Tampoco quiero loar su intensa biografía, sus múltiples distinciones y cualidades, que de todos son conocidas, a través de sus escritos y los medios de comunicación. Solo quiero dejar constancia de mi último recuerdo, pocos días antes de su fallecimiento en su hogar, rodeado por su esposa Olga de Lucas y su hija, justo el domingo de resurrección, cuando una llamada, me comunicó el día antes, que José Luis había se encontraba mal. Acudí a su domicilio, como otras veces, pertrechado con mis utensilios médicos y con la esperanza de que la alarma fuera falsa o desmesurada. De las más de dos horas que estuve con él, no puedo dar cuenta en este texto, pues muchas vivencias, palabras y sentimientos, pertenecen al ámbito de lo privado, de lo íntimo. Pero sí destacaré algunos rasgos y palabras de José Luis, que definen al hombre. Cuando me vio aparecer por la puerta, sentí que sus ojos se iluminaron, sus músculos recobraron fuerza y con una energía que sorprendió a los presentes, se incorporó para abrazarme. Todos exclamaron, sorprendidos ante una reacción en aquel cuerpo agotado por la vida y que estaba siendo socavado por años recorridos con intensidad. Nos abrazamos con gran cariño. Sus largas y huesudas manos se aferraron a las mías y tiró de mi con una fuerza que me sorprendió, con sus claros ojos penetrándome el ser. Yo le había escrito una carta en donde le expresaba con cariño y devoción cómo me sentía en su presencia y donde hablaba de que él era mi Daimon, mi maestro y yo el humilde pupilo. A él siempre le gustaba contestar todas las cartas, aunque nos pudiéramos ver en múltiples ocasiones. En esta ocasión y después de muchos meses con dificultades de salud, no había podido cumplir con el ritual, mi carta no había sido contestada y sus primeras palabras fueron de intenso agradecimiento por la misma y de disculpas, por no haber podido coger la pluma y contestarme. Se deshizo en elogios por aquella iniciativa y a mí me ruborizó su generosidad y su gran afecto. Aquel día yo le hice el último reconocimiento médico y aquel día asistí a un gran ser humano. Hablamos de política, de religión, de filosofía, su fuerza era inaudita. Me regalo un libro sobre taoísmo, que dada la emoción, me dejé abandonado en su domicilio. «Julio, yo soy taoísta, el equilibrio y el dejarse llevar por la naturaleza han sido constantes en mi vida». Yo escuchaba extasiado. El maestro daba su última lección a su discípulo, en el lecho de muerte y yo, como tantas veces, concentré mi mundo en aquella pequeña estancia. El maestro en el lecho y yo sentado en la cama, nuestras manos cogidas y nuestros seres en comunión. La boca se le secaba por su animada discusión y aun así se esforzaba por hacerse entender con precisión y fuerza. La preguntaba, era inevitable, él era consciente y pleno de facultades: » José Luis, ¿tienes miedo a morir?», él mirándome con una expresión que me recordaba a los Santos de los lienzos del Greco, susurro: «Tengo miedo a morir sin dignidad». Sus deseos fueron respetados, murió dignamente, en su cama, rodeado de los suyos, sin sufrir, murió como un héroe, o como un Santo, yo creo más lo segundo. Aún, recuerdo sus caricias y su último beso en mi mejilla, agotado por la lección, por la enseñanza de lo que es una vida bien vivida. Gracias maestro, ahora vives más en mí.