La coherencia de una vida…

Hace más de dos milenios, un anciano de 70 años era juzgado en la ciudad de Atenas. Sus acusadores le recriminaban que adoraba a otros dioses y que corrompía a la juventud ateniense con sus reflexiones éticas y su independencia de pensamiento. Estas falsas acusaciones escondían y maquillaban un crimen de Estado de un ciudadano ejemplar, patriota… Había defendido valientemente a su patria en múltiples batallas (como la guerra del  Peloponeso frente a Esparta) y había demostrado con su vida ejemplar que no solo era insobornable e incorruptible, sino que aportaba a la vida política y social de la ciudad su gran sabiduría, sin lucrarse. Es cierto que este venerable anciano no creía en la galería politeísta y supersticiosa de los dioses griegos. Se atrevía públicamente a afirmar que él tenía una relación estrecha y especial con un poder divino, un Daimon, que percibía, sentía y le guiaba en sus decisiones. No obstante, la acusación principal escondía la venganza de una sociedad corrupta y decadente, que no podía tolerar la continua puesta en evidencia de este hombre virtuoso. Se le condenó a muerte por un escaso margen de votos y pese a que podía haberse salvado, eligiendo él mismo el destierro, prefirió acatar la sentencia y ajustarse a las leyes atenienses, para demostrar con su ejemplo vivo que la justicia y las leyes están para acatarlas, pese a ser injustas. Murió, tomándose una copa de veneno, animando a familiares y discípulos y sobretodo murió con valentía, entereza, coherencia y sarcasmo (sus últimas palabras fueron a un discípulo para animarle a que hiciera una ofrenda al dios de la salud por él). El nombre de este gran hombre fue Sócrates, el padre de la filosofía, maestro de Platón. Sin duda, al comparar estos hechos con la vida política y social de hoy parece ficción…

Los precipuos de mi vida…ahora serán realidad.

Estoy leyendo un libro que estudia la vida y obra de Sócrates, el padre de la filosofía, maestro de Platón y prototipo de Sabio. La primera reflexión que quiero compartir y quizás la conclusión más importante, es que Sócrates fue un hombre coherente en su vida, un hombre en el que sus actos y su pensamiento coincidía, por eso era un hombre virtuoso. No es fácil que lo que decimos y pensamos se integre en nuestra vida de manera coherente y que coincida con nuestros actos y manera de vivir, con nuestro estar-en-el-mundo, que dirían los pensadores existencialistas. También es cierto que los seres humanos coherentes, tienen en muchos casos, finales penosos, por ser aniquilados por la sociedad, hablando de forma metafórica. Este fue el final de Sócrates y de tantos otros, como Gandhi, Jesucristo, Tolstoi, Lincoln…… La vida es la mayor obra de arte que el ser humano puede realizar, por ello desde que nacemos hasta que morimos, vivimos perfeccionándonos, puliéndonos, tratando, no de ser más perfectos, sino más coherentes, más unificados. He pasado gran parte de mi vida luchando por ser el mejor, trabajando denodadamente para demostrar a los demás y a mí mismo, que soy el más grande, el más listo, el más sabio….En definitiva, para demostrarme a mí mismo que mi vida tenía una justificación y por lo tanto, que mi muerte tendrá un sentido existencial y metafísico que llenará el vacio nihilista. De esa manera, cuando yo ya no esté en este mundo, en cierta manera, yo seguiré existiendo, a través de mis obras y mis acciones. Formaré parte de la enciclopedia de los grandes hombres del pensamiento, mis reflexiones, mis libros y mi pensamiento serán estudiados y seguidos por multitud de acólitos seguidores que gracias a su pensamiento, me mantendrán «vivo». !Que error más colosal!. Nuestras vidas no pueden estar centradas en el exterior, hacia el boato y los honores, hacia el reconocimiento y el olor de las multitudes. En este momento, en el ecuador de mi vida, aún sin saber cuánta más me queda por delante, necesito reorientar mi existencia, replegarme y ser coherente en mi vida. En muchas ocasiones, a mi familia les trasmito y arrastro a mis escarpados precipuos: me gustaría meditar, me gustaría pintar, me gustaría escribir una novela, me gustaría viajar a la Antártida, me gustaría colaborar con una ONG, me gustaría hacer algo de verdad por los demás, me gustaría, me gustaría……. Mi hijo Moisés siempre me mira con cara escéptica y con gran aplomo me dice:¡PUES HAZLO!. Gracias Moisés, …sigo tu consejo.

El humanismo científico: Felicidades, Dr. Sacks

 Todo acontece por alguna causa. Los invisibles hilos de la existencia nos interconectan en maravillosos y enigmáticos lazos, que en muchas ocasiones no podemos llegar a entender. En algunos momentos, en pequeños destellos, podemos llegar a vislumbrar el conjunto del puzzle, donde antaño solo veíamos piezas deslavazadas. Es lo que me ha sucedido recientemente, al recibir el pasado mes de junio el premio de la Mención de Honor de la Sociedad Española de Neurología por mi modesta contribución al desarrollo de esta especialidad en nuestro país. En el discurso de aceptación referí mi encuentro con un neurólogo y un libro. Era yo estudiante de medicina y acudía con mucha asiduidad a la librería médica » Marban», cerca del Hospital Clínico San Carlos de Madrid. Allí encontré por azar un libro que me llamó la atención, pues era un texto médico, pero tratado como si de un ensayo y una novela fuera. Su titulo era «Despertares» y su autor, el neurólogo americano de origen ingles, Oliver Sacks. Este texto narraba las experiencias del autor con sus pacientes aquejados de una encefalitis letárgica, que asoló los Estados Unidos, en los años 20. El texto me cautivó desde sus primeras páginas y me enseñó que el abordaje de los pacientes debe de realizarse desde la perspectiva humana, antes que desde la profesional. Este libro y su autor fueron decisivos en mi vida profesional, a la hora de interesarme por los problemas de la mente y el cerebro y por el abordaje integral y humano de sus problemas. A él le siguieron muchos más de la rica bibliografía de Sacks, que me abrieron puertas antes cerradas o inexistentes y que me hicieron ver la importante relación entre la medicina y la literatura. De esta manera comprendí, que a través de textos literarios, se puede acceder a dimensiones del enfermar, de otra manera, vetadas al médico, sobre todo a la intrahistoria de la enfermedad y a la estructura interna del ser humano que las padece. Ahora estoy releyendo el libro de Sacks, «Los ojos de la mente» y me entero por la prensa, que en el mes de julio cumplió 80 años. Como consecuencia de ello, el diario El País publicó el día 13 de Julio un artículo de Oliver Sack, donde habla de su vejez y la alegría que le produce haber alcanzado esta edad con plenas facultades y, en esencia… que aún queda Sack para rato, pues está pendiente de publicar un nuevo libro sobre sus experiencias. Vaya desde este humilde blog, mi agradecimiento a Oliver Sack, por haberme aportado una dimensión nueva de mi ejercicio clínico y por haber contribuido a que pueda entender mejor a mis pacientes desde una dimensión más humana! Gracias compañero y… muchas felicidades!.

Enfermo crónico: Nuevos enfoques en el papel de enfermería

En estos últimos tiempos es muy común escuchar hablar de la gestión de casos, pero ¿de dónde viene el término, tal y como hoy en día lo entendemos? ¿Es realmente necesaria esta figura? ¿Por qué pensar en el profesional de Enfermería para esta labor?  Se comienza a hablar de Gestor de Casos en EEUU, primero en salud mental. Aparecen en 1963 y 1964, de la mano de Peplau y Johnson y después se extiende para la atención a personas con situaciones de salud de alto riesgo y alto coste, con el objetivo de mejorar la eficiencia y disminuir la variabilidad. Un enfoque similar se realiza en Inglaterra, Países Bajos, Canadá… donde se ha desarrollado esta figura, que también hemos incorporado en nuestro país. En España, Canarias, Cataluña y Andalucía, por citar alguna Comunidad Autonómica, es frecuente hablar de la Enfermera de Enlace,  con una labor fundamental en la atención que reciben los pacientes inmovilizados, terminales, altas hospitalarias y de sus cuidadores.  Son muchas las fronteras que limitan la continuidad asistencial, que habría que eliminar o minimizar para que los servicios ofertados sean efectivos y menos complejos. La evidencia científica ha demostrado que la gestión de los cuidados de las personas con necesidades asistenciales complejas, mejora notablemente cuando hay una persona clave (la enfermera gestora de casos) “coordinando estos cuidados y proporcionando la atención sanitaria”.  Un Gestor de Casos ha de ser un profesional que reúna las siguientes habilidades: a) habilidades comunicacionales: capaz de desarrollar relaciones interpersonales constructivas, con el paciente, la familia, los diferentes profesionales implicados en todos los niveles asistenciales y en los diferentes sectores. Capaz de ser asertivo y empatizar. b) la capacidad de gestión de un equipo de trabajo, sobre todo en la planificación y organización. Debe trabajar con equipos multidisciplinares, con competencias complementarias y algunas comunes, por tanto siempre debe buscar la cooperación y la colaboración; c) la negociación: acostumbrada a resolver conflictos y con capacidad de llegar a consensos con relativa rapidez y efectividad. Deben crear un clima de interés mutuo planteando problemas reales y dando soluciones beneficiosas para todos; y d) adaptación a situaciones nuevas y a trabajar con varios profesionales a la vez.  Para hablar de Gestión de Casos es importante revisar la Pirámide de Kaiser (Reino Unido), en la que se entiende 3 niveles de gestión según se clasifican a los pacientes crónicos: La autogestión, en la que el paciente asume su auto-cuidado y en el que la enfermera aporta información, se sitúa como educadora, para aquellos de menor complejidad. Para los pacientes intermedios, para los que la enfermera se ve como entrenadora, dando un tratamiento individualizad,  abordando conocimiento, habilidades y sobretodo la actitud y el afrontamiento desde la positividad, acompañando en el proceso, siendo supervisora en el entrenamiento de la autogestión y trabajando el empoderamiento y el liderazgo de los pacientes y su entorno. Y para aquellos pacientes de mayor complejidad aún, la figura del case–management (gestor de casos).  La enfermera gestora de casos ofrece un entorno centrado en la persona y no en la enfermedad, promueve la autonomía como pilar para la recuperación funcional y reincorporación a la comunidad, garantiza el máximo bienestar y minimiza el sufrimiento de pacientes y familiares, fomenta la toma de decisiones compartidas entre profesionales y pacientes, y asegura la continuidad de la atención.   Ana Belén Ramirez, Enfermera y Directora de un centro de salud de la Comunidad Autónoma de Madrid

Manipulación genética y ¿ética?: Síndrome de Down

Nuevamente la reflexión ética está servida en torno a un problema de alta sensibilidad social y moral. El hecho es de una gran trascendencia científica y por lo tanto ética: un grupo de científicos ha dado el primer paso para buscar una posible solución terapéutica a la trisomía 21, comúnmente denominada Síndrome de Down. Gran logro de la ciencia, que hay que enmarcar en un halo de prudencia y de realismo. Estos científicos han encontrado un gen vinculado al cromosoma sexual X, que parece inhibir los más de 500 genes de un cromosoma 21. Recordemos que el Síndrome de Down surge porque, en vez de existir un par de cromosomas 21, son 3. Vistas así las cosas, parece sencillo: inhibimos un cromosoma 21, con lo cual dejamos funcionantes solo un par y resuelto el problema. Esta experiencia se ha realizado de manera experimental y sobre una célula con un cromosoma 21 de más, por lo que se debe de ser cauto y prudente y no hacer extrapolaciones demasiado optimistas. Hay que seguir investigando en modelos experimentales superiores. La «cirugía genética», sin lugar a dudas será un arma fundamental para resolver problemas genéticos en los estadios preconcepcionales, pero de la misma manera, deben llevarse a cabo profundas y pragmáticas reflexiones éticas y morales, a la par que jurídico-legales, para que aseguremos y evitemos manipulaciones genéticas en humanos de dudosa ética.