Julio Zarco

Cena de amigos… la de Emmaús

Cuando era un niño, mis padres me regalaron un libro de arte que recogía las obras pictóricas más destacadas de la Historia del Arte. Ya sabéis: “Todo lo que usted necesita saber sobre la pintura en 10 días”. Un libro muy bien ilustrado y con poco texto. Cuando lo abrí al azar, me asaltó una imagen de una tremenda realidad y fuerza. Fue como una explosión de lo sensorial. Tal es así, que después de muchísimos años, aún lo recuerdo. Estoy convencido de que esta “aparición”, marcó mi futura afición a la pintura, junto con la que ya os relaté, del descubrimiento de “La Lechera de Vermeer”. La imagen es bien sencilla: Una comida o cena de amigos, ambientados en una época antigua, donde un tabernero sirve las viandas y tres amigos comen y charlan con aparente atención. Llama la atención, el personaje central, un joven, gordito, imberbe, que centra toda la atención de sus amigos, con un majestuoso gesto con su mano izquierda, elevándose sobre la mesa, en una actitud sacra de bendición. Sus amigos, están expectantes, incluso uno de ellos hace ademán de levantarse de la silla, en un gesto de sorpresa. El tabernero está ausente de la escena.  El otro comensal-amigo extiende los brazos en cruz, en una actitud de explicación, semi-justificativa. Resalta el cesto de frutas magnífico que tienen los comensales y el rojo de la túnica del personaje central, aunque debo reconocer, que su rostro llamaba poderosamente mi curiosidad, pues es asexuado,  con una gran tranquilidad y belleza. Toda la escena expresa fuerza y energía. Os invito a contemplar este cuadro, su titulo es la “Cena de Emmaús”. Su autor, un genio del barroco Italiano, Caravaggio. Esta escena relata el episodio de la Resurrección de Cristo. Al principio no reconocen al caminante, pero en la mesa y cenando con él, cuando Éste bendice los alimentos, reconocen al Maestro, este es el momento que narra esta maravillosa pintura. Desde ese primer encuentro con un gran Maestro del Claroscuro, y desde niño, muchos de mis mejores momentos los paso degustando sus pinturas.

Cáncer de próstata…, la experiencia.

El  enfermo consulta por problemas puntuales al médico, pero este  ha  de conocer y contemplar la realidad del enfermo como un todo; en este caso, un todo disarmónico, sin obsesionarse con el síntoma. Es evidente que es el síntoma el que marca la directriz y la urgencia en resolver el malestar; entre otras muchas cosas, porque el síntoma produce disfunción, molesta, duele, imposibilita… A veces hay que tener en cuenta que la resolución del síntoma y la prevención de la progresión de la enfermedad, puede derivar en otros síntomas con mayor impacto en el enfermo, no atribuidos a la propia enfermedad, sino al procedimiento para su resolución. Es el caso del cáncer de próstata y del tratamiento que, en la mayoría de los casos se aplica: la prostatectomía. Hay que tener muy presente en todo momento al paciente y, en el caso de este tipo de pacientes, su relación de pareja y su vida sexual. El médico no debe limitarse a diagnosticar y tratar el cáncer de próstata, sino lo que representa en el enfermo, que no será lo mismo para uno que para otro. Debemos conocer los matices psicológicos y existenciales de cada individuo. Hay un mundo del enfermo que pocas veces se inspecciona. Nos interesa saber si es feliz, qué piensa de la vida, qué estructura de pensamiento tiene, si es creyente, si moviliza energías psicológicas y espirituales. Conocer su familia, su pareja, su entorno, sus motivaciones, sus anhelos, sus miedos… ¿Tenemos en cuenta realmente todos estos aspectos del ser enfermo?. Conozcámoslos mejor escuchando sus testimonios. (pincha en la imagen)  

Mi daimon mediático: “Las mañanas de la 1” en RTVE

 Siempre me han gustado la comunicación, la docencia y las artes retóricas. Cuando era un chavalín, estudiante de EGB, disfrutaba dando clases a mis compañeros y hablando sobre lo divino y lo humano con otros. Sin lugar a dudas consideraba estar hecho para comunicar y enseñar y esas pasiones han perseguido y persiguen mi vida con insistencia. Son muchos los lugares donde he impartido docencia, en universidades españolas y en extranjeras, en instituciones sanitarias, y otros tantos donde he intentado comunicar mi visión de las cosas, incluso en el Parlamento y el Senado español, pero también en parroquias, colegios y asociaciones de pacientes. La pasión siempre ha sido la misma, la de “transmitir”, mis experiencias, mi visión y mi misión en esta vida.  Es curioso cómo la vida te va abriendo caminos por lugares ignotos donde nunca hubieras pensado que había posible paso. Si creo al maestro Sócrates, tendría que pensar que mi juguetón y diabólico Daimon personal juega conmigo, como si fuera un niño caprichoso. Hace escasas semanas me han ofrecido la posibilidad de poder conjugar comunicación, retórica y pedagogía, para presentar el programa de RTVE “Las mañanas de la 1” y más concretamente la sección de “Saber Vivir”, que es un espacio de prevención, promoción y educación para la salud dirigido a todos los ciudadanos. Me siento feliz por ello, aunque con una gran dosis de responsabilidad. Los viejos miedos a la crítica destructiva, sin duda con gran carga de envidia malsana han vuelto a la carga, insinuándose entre vapores melifluos de azufre. Esa parte de mí, insegura, la del  pequeño “Julito travieso y juguetón”, que busca la seguridad de su padre, me dice que acabo de dar un paso peligroso, un paso nuevamente a lo desconocido. Sin duda son muchos más los que te manifiestan de forma directa y clara sus mejores deseos, incluso la crítica constructiva, que siempre agradezco y a la que aliento a todos. Y todo ello contribuye a que se reafirme mi Daimon, seguro, provocador, determinante, que indica: “Ánimo, no dudes, ese es tu camino y lleva 50 años esperando para ti”. Quizá no lo sea, pero si no lo emprendo, nunca lo sabré. Gracias a todos por vuestra confianza y ánimo, sobre todo a los nuevos compañeros televisivos que han apostado por mí  y día tras día me enseñan con su experiencia. Espero no defraudar y confió plenamente que así será, pues cuando una persona escucha su voz interna, y sus actos son coherentes con ella, “ya pueden caer las murallas de Jericó”. Os dejo,… que empezamos en algo más de una hora!!!!

La coherencia de una vida…

Hace más de dos milenios, un anciano de 70 años era juzgado en la ciudad de Atenas. Sus acusadores le recriminaban que adoraba a otros dioses y que corrompía a la juventud ateniense con sus reflexiones éticas y su independencia de pensamiento. Estas falsas acusaciones escondían y maquillaban un crimen de Estado de un ciudadano ejemplar, patriota… Había defendido valientemente a su patria en múltiples batallas (como la guerra del  Peloponeso frente a Esparta) y había demostrado con su vida ejemplar que no solo era insobornable e incorruptible, sino que aportaba a la vida política y social de la ciudad su gran sabiduría, sin lucrarse. Es cierto que este venerable anciano no creía en la galería politeísta y supersticiosa de los dioses griegos. Se atrevía públicamente a afirmar que él tenía una relación estrecha y especial con un poder divino, un Daimon, que percibía, sentía y le guiaba en sus decisiones. No obstante, la acusación principal escondía la venganza de una sociedad corrupta y decadente, que no podía tolerar la continua puesta en evidencia de este hombre virtuoso. Se le condenó a muerte por un escaso margen de votos y pese a que podía haberse salvado, eligiendo él mismo el destierro, prefirió acatar la sentencia y ajustarse a las leyes atenienses, para demostrar con su ejemplo vivo que la justicia y las leyes están para acatarlas, pese a ser injustas. Murió, tomándose una copa de veneno, animando a familiares y discípulos y sobretodo murió con valentía, entereza, coherencia y sarcasmo (sus últimas palabras fueron a un discípulo para animarle a que hiciera una ofrenda al dios de la salud por él). El nombre de este gran hombre fue Sócrates, el padre de la filosofía, maestro de Platón. Sin duda, al comparar estos hechos con la vida política y social de hoy parece ficción…

Los precipuos de mi vida…ahora serán realidad.

Estoy leyendo un libro que estudia la vida y obra de Sócrates, el padre de la filosofía, maestro de Platón y prototipo de Sabio. La primera reflexión que quiero compartir y quizás la conclusión más importante, es que Sócrates fue un hombre coherente en su vida, un hombre en el que sus actos y su pensamiento coincidía, por eso era un hombre virtuoso. No es fácil que lo que decimos y pensamos se integre en nuestra vida de manera coherente y que coincida con nuestros actos y manera de vivir, con nuestro estar-en-el-mundo, que dirían los pensadores existencialistas. También es cierto que los seres humanos coherentes, tienen en muchos casos, finales penosos, por ser aniquilados por la sociedad, hablando de forma metafórica. Este fue el final de Sócrates y de tantos otros, como Gandhi, Jesucristo, Tolstoi, Lincoln…… La vida es la mayor obra de arte que el ser humano puede realizar, por ello desde que nacemos hasta que morimos, vivimos perfeccionándonos, puliéndonos, tratando, no de ser más perfectos, sino más coherentes, más unificados. He pasado gran parte de mi vida luchando por ser el mejor, trabajando denodadamente para demostrar a los demás y a mí mismo, que soy el más grande, el más listo, el más sabio….En definitiva, para demostrarme a mí mismo que mi vida tenía una justificación y por lo tanto, que mi muerte tendrá un sentido existencial y metafísico que llenará el vacio nihilista. De esa manera, cuando yo ya no esté en este mundo, en cierta manera, yo seguiré existiendo, a través de mis obras y mis acciones. Formaré parte de la enciclopedia de los grandes hombres del pensamiento, mis reflexiones, mis libros y mi pensamiento serán estudiados y seguidos por multitud de acólitos seguidores que gracias a su pensamiento, me mantendrán «vivo». !Que error más colosal!. Nuestras vidas no pueden estar centradas en el exterior, hacia el boato y los honores, hacia el reconocimiento y el olor de las multitudes. En este momento, en el ecuador de mi vida, aún sin saber cuánta más me queda por delante, necesito reorientar mi existencia, replegarme y ser coherente en mi vida. En muchas ocasiones, a mi familia les trasmito y arrastro a mis escarpados precipuos: me gustaría meditar, me gustaría pintar, me gustaría escribir una novela, me gustaría viajar a la Antártida, me gustaría colaborar con una ONG, me gustaría hacer algo de verdad por los demás, me gustaría, me gustaría……. Mi hijo Moisés siempre me mira con cara escéptica y con gran aplomo me dice:¡PUES HAZLO!. Gracias Moisés, …sigo tu consejo.