Nombre del autor:Julio Zarco

LA FILOSOFIA YA NO ES LO QUE ERA

filosofia

La filosofía se ha convertido en un conocimiento especulativo, teórico y conceptual para unas minorías que les atrae la abstracción y el pensamiento complejo. Este podría ser el común de los sentires de muchas personas que han vivido una filosofía sin alma como decía James Hillman, de una filosofía precedida por largas listas de autores con sus teorías a cada cual más complejas y enrevesadas, donde se trata de describir la realidad y la existencia desde perspectivas teóricas, lingüísticas, epistemológicas y de difícil comprensión. La filosofía, al igual que las matemáticas, o te gustan o no te gustan, o la entiendes o no la entiendes. Yo debo confesar, que desde que era joven siempre me atrajo y pude intuir que, en los grandes sabios de la antigüedad, especialmente Sócrates y Platón, existía un conocimiento profundo de la realidad que yo solo llegaba a atisbar y rozar con los dedos. Enseguida llegue a entender que oriente también aportaba una solución a la comprensión de la realidad y de la mano de los Upanishads y muy especialmente de Tagore el poeta, llegue a entender que había un conocimiento profundo encriptado en su poesía luminosa. Pero mi caso, es una rara excepción, lo habitual, es sentir un cierto rechazo intelectual a la filosofía, y es que la filosofía ya no es lo que era. Como refleja el filósofo francés Pierre Hadot en su libro: “ejercicios espirituales”, hubo un tiempo, donde la filosofía se concentraba en escuelas que entrenaban a los individuos a ser mejores personas, a vivir una vida plena, a comprender el mundo y la realidad y a pensar de manera adecuada. Todo esto, lo hacían a través de los llamados “ejercicios espirituales”, llamados así por Hadot, no porque sean ejercicios religiosos o espirituales en sentido estricto, sino porque eran ejercicios prácticos supervisados por el maestro que eran capaz de trasformar la existencia total del individuo. El Alumno tenía que ingresar en esta escuela después de pasar una serie de pruebas e incluso en algunos casos como las escuelas pitagóricas y parmenideas, de una iniciación. Luego el alumno era mentorizado por un profesor que moldeaba la existencia del alumno. La filosofía no se aprendía, la filosofía se vivía y ese estilo de vida, ya fuera estoico, platónico, pitagórico, epicúreo o neoplatónico era lo que daba esencia al individuo y su mirada. En definitiva, la filosofía aportaba conocimiento, espiritualidad, pedagogía y una forma de ser y estar en el mundo. Hoy más que nunca, se hace prioritario, volver a ese concepto practico y existencial de la filosofía, para tratar de rescatar al ser humano del pensamiento alienante, polarizado y nihilista. Busquemos una escuela de vida y sino la encontramos, creémosla.

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ESCIPION, EL ESTOICO QUE NO ERA ESTOICO

La buena novela histórica me gusta y disfruto de ella. La recreación de personajes, situaciones, ambientes, todo ello me trasporta a otras épocas, a revivir situaciones que han trasformado las civilizaciones. Soy un verdadero deudor de “Memorias de Adriano”, la gran novela de marguerite Yourcenar, que ha inspirado algunos textos míos sobre personajes históricos. Como lectura del verano he concluido la novela “Africanus”, de Santiago Posteguillo, primer texto sobre su trilogía basada en la figura del general Pluvio Cornelio Escipión, el gran general que derroto y acabo con el dominio cartaginés de Aníbal Barca. Nadie pone en duda la destreza e inteligencia militar del general romano, su valentía, su estrategia militar y su amor a la patria, un personaje crucial para la historia universal sobre el que sigue disertándose, estudiando en las academias miliares sus planteamientos de batalla, la disposición de sus tropas, en definitiva, todas sus hazañas bélicas por las que ha pasado a la historia. Magistral fue su toma de Cartago Nova, capital cartaginesa en Hispania, haciendo un ataque coordinado por tierra, mar e infiltrando tropas en la fortaleza de la ciudad. Pero me gustaría resaltar que gran parte del carisma y liderazgo de este general romano, se basaba en virtudes como el conocimiento, la valentía, la templanza, la justicia y tantas otras cualidades de un buen estoico. Escipión nunca se autoproclamo estoico, aunque sus descendientes, la familia y circulo de los escipiones, fueron una familia que hizo mucho por introducir esta filosofía en el imperio. Escipión, un gran estudioso de la filosofía y apasionado del teatro griego desarrollo una gran empatía y compasión, que hicieron de él, una leyenda. Era capaz de ponerse al frente de sus hombres de sol a sol en la batalla y al anochecer, pasar a hablar y consolar a los heridos en la contienda. Un gran hombre, un excelente militar y sobretodo un gran estoico sin ser estoico.

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LA POESÍA, UN CAMINO HACIA LA MÍSTICA

poesía

Acabo de reencontrar una edición del año 1981 del poemario: “Animal de fondo”, de nuestro andaluz universal Juan Ramon Jimenez. No he podido evitar degustarlo, paladearlo y recitarlo con voz cayada. En aquellos versos esta la voz mística del poeta cuando nos relata: “Dios, ya soy la envoltura de mi centro, de ti dentro”, o bien:” El todo eterno que es el todo interno”. Solo alguien que ha pasado por un proceso profundo de trasformación espiritual puede escribir esas palabras. Esas poesías de Juan Ramon, me han recordado la poesía mística de San Juan de la Cruz o la del sufí Rumi, porque la mística no tiene religiones, tiene determinados acentos. Cuando era un jovencito, paseaba por el campo al amanecer con un libro de las obras escogidas del escritor bengalí, Tagore, una de mis mayores influencias. Buscaba el amanecer para poder tener la misma mirada que el escritor había depositado en sus textos. Ese aroma panteísta influyo en mi concepción de la vida y del universo. Dios, el universo, la naturaleza y la vida, es todo una y la misma cosa. Luego, más tarde supe, que la poesía del bengalí, había sido traducida del inglés al español por la mujer de Juan Ramon Jimenez, Zenobia de Camprubi. ¿Cuanto de Tagore existe en la poesía de Juan Ramon Jimenez y cuanto del andaluz existe en la poesía de Tagore? Dos autores de honda dimensión mística hermanados por la experiencia de la luz, del silencio y de la naturaleza. Esa tarde, una tarde de lluvia suave y de calor tropical, húmedo y fertilizante, no pude por menos que acudir a otros dos poetas, uno español y otro a mi gran maestro francés, Eloy Sanchez Rosillo y su magnífico: “Oír la luz” y Christian Bobin. Por algo, la poesía se denomina “el lenguaje de los Angeles”, allí, en aquellas breves palabras que componen escasos párrafos, los autores son capaces de sintetizar, de solidificar, un sentimiento, una sensación, una impresión y captando la tenue luz que se filtra por una grieta de una pared, encuentran a Dios. Solo la mirada poética nos hará libres, solo la mirada poética nos hará recuperar a Dios en su plenitud y humildad.

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MAR CEREAL

Pese a estar de pie, no percibo ni mi posición, ni como he llegado allí. Soy un extenso campo amarillento que se mueve frente a mí de una manera ondulada y acompasada. Solo una estrecha franja de cielo azul cierra mi visión y el resto es un extenso campo de cereal de color pajizo que casi no me deja vislumbrar las miles de espigas que lo componen. Mi ser se recrea en el conjunto, no en la individualidad. Un extenso mar de trigo es mecido por el viento y se crean olas suaves que acarician la superficie. Son posibles otros mares, la tierra quiere demostrar al mar, que ella también puede crear mareas, olas y tormentas en su superficie. Permanezco de pie en observación ensimismada sintiendo que las mareas de trigo se acercan hacia mi como si yo fuera una playa de blanca arena. Sin apenas darme cuenta mis ritmos están acompasados a las olas de trigo y casi puedo ver como si un gigantesco peine invisible peinara los ondulados cabellos de la diosa tierra. Ahí comprendí a mis antepasados cuando entendían que Ceres, Cibeles y Gea eran la madre nutricia que nos engendraba. En aquel momento sintiendo los cabellos de trigo de la madre tierra sentí su poderosa fuerza y pude sentir que aquel mar de trigo también existía en mi interior enraizado en miles de años de suave movimiento.

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GORRIÓN ENTRE LAS FLORES DEL CEREZO

Sobre el cielo azul resalta una nube rosa-morada con tonos verdes. Un hermoso cerezo en flor brota con rabia y me golpea la atención como si recibiera una bofetada de belleza. Mi atención hasta entonces dispersa centra su foco en aquel fenómeno lleno de colores y formas. Mis sentidos son solo uno, todo lo que veo, olfateo, toco y oigo es el rosa-morado. Los colores se pueden oler, tocar y gustar. Huelo rosa-morado, toco rosa-morado y siento algo complejo que me resisto a llamar por ningún nombre. Cuando percibo que mi cerebro recupera el control y busca definiciones y conceptos, corto radicalmente y me quedo con la sensación, me quedo con el fenómeno. Curiosamente, no me es complicado quedarme en la sensación, pues esta me atrapa como en una tela de araña y aquel cerezo en flor me penetra como si fuera trasparente. Respiro color y en aquel momento soy cerezo en flor, soy color. Mi identidad ha desaparecido para convertirse en color rosa-morado, flores pequeñas con suave fragancia y verdes hojas carnosas que rompen la monotonía del rosa-morado. Una nube de color morado me invade y mi mundo se detiene. No existe nada más, solo sentir belleza, solo sentir morado y verde, yo soy morado y verde. Algo emana de mí y es silencio, alegría, una suave felicidad morada recortada por verdes esperanza. Desconozco cuanto tiempo trascurre en ese ensimismamiento, en ese estado paradisiaco que a posteriori me hace reconocer el estado virginal que Adán sintió antes de poner nombre al mundo, antes de parcelarlo y clasificarlo. Es posible volver a nuestro estado inicial sin huella del pecado original, es posible solo Ser y sentir, parar la cháchara mental y dejarse invadir por una belleza eterna que por su naturaleza es efímera, pero solo es, ser en el tiempo y en el espacio y dejarme ser cerezo en flor. Hace muchos milenios ya fui cerezo y mis simientes siguen germinando en el suelo de mi alma hasta que la imagen toca las semillas y despierta mi naturaleza latente. Entonces siento cerezo, siento color y aroma y soy belleza. Un pequeño movimiento me saca del éxtasis sentido. Es un pequeño gorrión jugueteando entre las flores y sintiendo también igual que yo, que él, también es morado y fragante, pues los tres compartimos la misma naturaleza.

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