Medicina de Familia

De la FMC al DPC. ¿Un cambio inevitable?

Todos conocemos la importancia que tiene la formación continua en todas las profesiones y máxime en aquellas cuyos avances y descubrimientos son constantes. Clásica es la imagen del médico que siempre estudia, la del científico que continuamente revisa y contrasta sus trabajos, y la del especialista que pasa grandes periodos de su tiempo leyendo literatura especializada en busca de avances, nuevos hallazgos y cambios de paradigma. Voy a centrar el tema, personalizándolo en mi experiencia, la experiencia de un médico de familia que lleva ejerciendo la medicina 26 años y que es docente universitario. El tiempo promedio que dedico  diariamente, para tratar de estar “un poco al día”, es de tres horas de lectura analítica al día. Esto no es mucho, si no tenemos a su vez en cuenta un tema tan importante como es la adquisición de habilidades nuevas, mantener las adquiridas y trabajar la aptitud. La mayor parte de la formación médica continuada en nuestro país se ha realizado de manera solitaria e individual, con el riesgo que conlleva de sesgar nuestros conocimientos hacia lo que realmente nos gusta, y desviándonos de las verdaderas necesidades y lagunas de conocimiento. Otra vía de acceso a la formación continuada son las sociedades científicas, que en su mayor parte ofrecen una amplia y variada gama de posibilidades de formación, pero dejando igualmente al arbitrio del interesado la elección de las opciones formativas. Nuevamente en este caso volvemos a elegir las opciones formativas más atrayentes para nuestros gustos. Yo fui ocho años presidente de una sociedad científica de médicos de familia y pude comprobar cómo la inmensa mayoría de mis compañeros hacían año tras año las mismas elecciones. Esto pude comprobarlo cuando era capaz de averiguar, sin información previa, quiénes eran los docentes de un taller práctico y quiénes eran los discentes que año tras año acudían a ellos. Por otra parte, los médicos seguimos imbuidos del espíritu escolástico y nos encanta la adición de conocimientos, siendo algo más perezosos y reticentes a la adición de habilidades, de aptitudes y actitudes, y no digamos a la evaluación. Existe un dicho popular que reza que “es más difícil que un médico se evalúe que un político diga la verdad”. En el momento actual, en pleno siglo XXI, donde la medicina está sometida a vertiginosos y rápidos cambios y donde la sociedad demanda un perfil de médico altamente cualificado desde el punto de vista técnico, con una gran dosis de humanismo y grandes dotes de comunicador y de habilidades en la gestión, ya no es útil la formación médica clásica y  “decimonónica”, impartida en lección magistral en formato taller, simposium o seminario. Necesitamos que estructuras e instituciones de prestigio velen por nuestra competencia profesional, por sentirse ética y moralmente responsables de nosotros. En la actualidad, esta función está siendo desempeñada con eficacia en el mundo occidental por los colegios profesionales y las universidades. Véase los magníficos ejemplos de Reino Unido, Canadá, Estados Unidos o el norte de Europa. Apostar por una mejora continua del ejercicio profesional en ciclos de cinco años, autorizados por expertos y certificados por estas instituciones, parece lo más adecuado, máxime porque este proceso no debe de efectuarlo ni el individuo, ni la administración sanitaria, pues ambas opciones están aquejadas de la misma perversidad, el sesgo del interés personal o institucional. Ese ciclo de mejora continua del ejercicio debe anclarse en los principios del profesionalismo y en los valores profesionales que rigen el código ético y deontológico de la profesión. Llevo más de quince años hablando, desde todas las tribunas que han solicitado mi participación, de la importancia de este cambio de paradigma, de la implementación del desarrollo profesional continuo y sobre todo del cambio radical que debe operarse en las instituciones para poder llevar a cabo este proceso, pero sabemos que los cambios son lentos, que la resistencia al cambio siempre aparece del lado de las instituciones y de los mismos profesionales. ¿Cómo vamos a cambiar los médicos si las instituciones que nos representan se dedican a todo menos a  garantizar, preservar y fomentar la excelencia y los valores profesionales? ¿Cómo vamos a cambiar los médicos, si la Universidad es para nosotros el bello y remoto recuerdo de los  seis años de nuestra adolescencia y juventud? El diagnóstico está hecho, hace mucho tiempo y por muchos más sabios que yo: necesitamos liderazgo, compromiso y creatividad, tres dones que hoy por hoy no tenemos los médicos, y necesitamos la democratización, la ética y la excelencia de nuestras instituciones, ¿Por dónde empezamos? Publicado en conecta elservier. 24 de marzo de 2014 http://conectaelsevier.es/articulos/formacionmedicacontinuadaydesarrolloprofesionalcontinuo/

Prácticas y actuaciones inefectivas en Atención Primaria

A los médicos de familia, que como yo llevamos ejerciendo muchos años en el primer nivel asistencial, nos invade en muchas ocasiones la incertidumbre acerca de si todas las actuaciones que llevamos a cabo están impregnadas de evidencia científica y son eficaces, es más, con los tiempos que corren hablaría de si son costo/eficaces para los pacientes y para el sistema sanitario. En muchas ocasiones en la consulta me ha asaltado la duda de si todo lo que hago es correcto, en primer lugar para el paciente, pero también para la sostenibilidad del sistema. Estoy convencido que si organizáramos una tertulia improvisada con un grupo de profesionales sanitarios, la inmensa mayoría dudaría sobre sus actuaciones y el grado de eficacia de las mismas. Por eso os presento los resultados preliminares de este estudio, que hasta ahora alcanza a más 200 médicos españoles, y que se desarrollará de forma más extensa, como una tesis enmarcada en el Máster de Salud Pública de la Universidad de Zaragoza. La autora de este novedoso estudio es la Dra. Liliana David,  médica y alumna de dicho máster , dirigido por el Dr. J. I. Barrasa, especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública en el Hospital Clínico Universitario de Zaragoza y profesor asociado de la Universidad en esa materia. Su título: «Prácticas inefectivas en Atención Primaria». Sin querer «destripar» el estudio antes de tiempo, debemos apuntar que un 40% de los médicos que han participado en el mismo, dentro de los que me encuentro yo mismo, pensamos que nuestras prácticas son inefectivas y que ello nos preocupa para garantizar la sostenibilidad del sistema. Os invito a leer este interesante estudio, que servirá sin duda para analizar críticamente nuestras actuaciones del día a día, pues para que el pensamiento y la ciencia progresen, se deben de realizar constantemente relecturas críticas de nuestras actuaciones, para siempre intentar mejorar. Para acceder a la presentación más desarrollada de los resultados preliminares, pincha aquí o en el título del estudio.

Enfermo crónico: Nuevos enfoques en el papel de enfermería

En estos últimos tiempos es muy común escuchar hablar de la gestión de casos, pero ¿de dónde viene el término, tal y como hoy en día lo entendemos? ¿Es realmente necesaria esta figura? ¿Por qué pensar en el profesional de Enfermería para esta labor?  Se comienza a hablar de Gestor de Casos en EEUU, primero en salud mental. Aparecen en 1963 y 1964, de la mano de Peplau y Johnson y después se extiende para la atención a personas con situaciones de salud de alto riesgo y alto coste, con el objetivo de mejorar la eficiencia y disminuir la variabilidad. Un enfoque similar se realiza en Inglaterra, Países Bajos, Canadá… donde se ha desarrollado esta figura, que también hemos incorporado en nuestro país. En España, Canarias, Cataluña y Andalucía, por citar alguna Comunidad Autonómica, es frecuente hablar de la Enfermera de Enlace,  con una labor fundamental en la atención que reciben los pacientes inmovilizados, terminales, altas hospitalarias y de sus cuidadores.  Son muchas las fronteras que limitan la continuidad asistencial, que habría que eliminar o minimizar para que los servicios ofertados sean efectivos y menos complejos. La evidencia científica ha demostrado que la gestión de los cuidados de las personas con necesidades asistenciales complejas, mejora notablemente cuando hay una persona clave (la enfermera gestora de casos) “coordinando estos cuidados y proporcionando la atención sanitaria”.  Un Gestor de Casos ha de ser un profesional que reúna las siguientes habilidades: a) habilidades comunicacionales: capaz de desarrollar relaciones interpersonales constructivas, con el paciente, la familia, los diferentes profesionales implicados en todos los niveles asistenciales y en los diferentes sectores. Capaz de ser asertivo y empatizar. b) la capacidad de gestión de un equipo de trabajo, sobre todo en la planificación y organización. Debe trabajar con equipos multidisciplinares, con competencias complementarias y algunas comunes, por tanto siempre debe buscar la cooperación y la colaboración; c) la negociación: acostumbrada a resolver conflictos y con capacidad de llegar a consensos con relativa rapidez y efectividad. Deben crear un clima de interés mutuo planteando problemas reales y dando soluciones beneficiosas para todos; y d) adaptación a situaciones nuevas y a trabajar con varios profesionales a la vez.  Para hablar de Gestión de Casos es importante revisar la Pirámide de Kaiser (Reino Unido), en la que se entiende 3 niveles de gestión según se clasifican a los pacientes crónicos: La autogestión, en la que el paciente asume su auto-cuidado y en el que la enfermera aporta información, se sitúa como educadora, para aquellos de menor complejidad. Para los pacientes intermedios, para los que la enfermera se ve como entrenadora, dando un tratamiento individualizad,  abordando conocimiento, habilidades y sobretodo la actitud y el afrontamiento desde la positividad, acompañando en el proceso, siendo supervisora en el entrenamiento de la autogestión y trabajando el empoderamiento y el liderazgo de los pacientes y su entorno. Y para aquellos pacientes de mayor complejidad aún, la figura del case–management (gestor de casos).  La enfermera gestora de casos ofrece un entorno centrado en la persona y no en la enfermedad, promueve la autonomía como pilar para la recuperación funcional y reincorporación a la comunidad, garantiza el máximo bienestar y minimiza el sufrimiento de pacientes y familiares, fomenta la toma de decisiones compartidas entre profesionales y pacientes, y asegura la continuidad de la atención.   Ana Belén Ramirez, Enfermera y Directora de un centro de salud de la Comunidad Autónoma de Madrid

El papel de los nuevos anticoagulantes

El manejo de la anticoagulación profiláctica en pacientes crónicos polimedicados, es todo un reto para cualquier clínico que se precie, pues requiere de control, supervisión y educación al paciente. No olvidaré, aunque de esto hace muchos años, y por tanto con menos práctica clínica, una paciente mayor anticoagulada con acecumarol, que presentaba un importante flemón dental. Le prescribí un paracetamol junto a una amoxicilina, instándola a que se controlara el índice de INR y que cualquier sospecha de sangrado, hematomas, etc., suspendiera el tratamiento y me consultara. La paciente siguió mis indicaciones al pie de la letra, salvo en un punto, que tras la primera epistaxis y la aparición de hematomas, no suspendió el tratamiento y continuó. Al cabo de 24 horas fue ingresada en la UCI con el diagnostico de discrasia sanguínea. Aquello ocasionó un intento de demanda por parte de los hijos de la paciente, por mala praxis y haberle prescrito un analgésico y un antibiótico. Aquella situación legal, me ocasionó gran pesar, honda preocupación y la posibilidad de realizar varias consultas y revisarme toda la bibliografía científica sobre anticoagulación existente por entonces. Al final todo se resolvió, la paciente mejoró y confirmó mis recomendaciones, pero sobre todo,  el registro en la historia clínica de todo el proceso y consignar las indicaciones que le había hecho, fueron mi seguridad legal. Por suerte, la educación al paciente en este y otros problemas progresa, la medicina avanza y la farmacopea también. Actualmente existe una gran familia de nuevos anticoagulantes orales con mayor margen terapéutico y que, gracias a ellos, se puede alcanzar una mayor seguridad, no requiriendo siquiera de controles sanguíneos del nivel de fármaco o efecto del mismo. Esta importante ventaja, se convierte en su principal problema, pues la adherencia terapéutica es difícil de medir. Os insto a leer el presente artículo de José Mateo, de la Unidad de Hemostasia y Trombosis, del Hospital de la Santa Cruz de Barcelona, que merece la pena por su claridad y concreción. En España se estiman 13,2/1000 habitantes, los pacientes que consumen este tipo de fármacos, que están indicados fundamentalmente para la prevención de tromboembolia venosa, ictus, en caso de Fibrilación Auricular, valvulopatías y prevención secundaria, tras un síndrome coronario agudo. Sin duda, aún queda mucho por hacer en el tema de los nuevos anticoagulantes, pero una de las áreas de mayor desarrollo actuales es buscar estrategias de adherencia, para evitar problemas derivados de la falta de cumplimentación. Referencia del artículo: Nuevos anticoagulantes orales y su papel en la práctica clínica. José Mateo. Rev Esp Cardiol.2013; 13(Supl.C) :33-41 Acceso al artículo: 

Se agrieta el pilar fundamental de la sanidad

Desde que empezaron los recortes en sanidad, hemos escuchado decir a muchos de nuestros dirigentes que la Atención Primaria (AP) es la pieza fundamental del Sistema Nacional de Salud (SNS). Una piensa, entonces, que cómo es posible que, reconociendo que en la AP es donde se resuelven la mayoría de los problemas de salud, se pueda al mismo tiempo aumentar los recortes y reducir la inversión en este nivel asistencial. ¿Cómo se permite que haya profesionales en una situación que merma el ejercicio digno de la medicina y la calidad asistencial, en parte debido a la política de recursos humanos? ¿Cómo puede ser que, en vez de reforzar la AP, se opte por no seguir las recomendaciones de la OMS en cuanto al número de pacientes por facultativo y que se hayan eliminado plazas, sobrecargando al resto de los médicos y provocando listas de espera en la consulta del médico de familia? A esto se une la inquietud entre aquellos sanitarios locales que son funcionarios por oposición y a los que, después de muchísimos años de ejercicio, casi en el final de su etapa profesional, se les pide que decidan, sin saber bien qué es lo que deben decidir. Después de tantos años de dedicación merecen al menos mayor reconocimiento en ese final de etapa. Por si esto fuera poco, hay otro colectivo de médicos que, por una política nefasta de las administraciones anteriores, siguen trabajando en condiciones precarias, con contratos por horas, por días, o sustituyendo a los compañeros en el periodo vacacional. Este colectivo de médicos en precario está sujeto a una bolsa de trabajo obsoleta, poco dinámica, con unos baremos desequilibrados y en la que los criterios de igualdad, mérito y capacidad están aplicados de forma dudosa. Se llega a dar el caso de que un médico joven puede pasar por delante a quien tiene más años de experiencia, con facilidad. Se menciona poco a este colectivo y cuando se hace es muy de pasada, aunque ahí está, intentando sobrevivir y actualizar su formación, pero con la incertidumbre de que van a llegar a la edad de jubilación en pocos años y no podrán hacerlo o, como mucho, lo harán en unas condiciones muy precarias. Así que, cuando se escucha la famosa frase que define a la Atención Primaria como “eje o pilar fundamental del sistema de salud”, una piensa que si descubriera grietas en un pilar de su casa, lo primero que haría sería reforzarlo. Si alguien es consciente del problema y no hace nada o, al revés, contribuye a que la grieta aumente, a la larga está ayudando a que la casa de la AP se desplome. Si todos los recortes y cambios estructurales que estamos viendo en la AP son para su mejora, hay que decirles a nuestros políticos que se debe gestionar bien el presente, pero con vistas a un futuro; que los médicos de AP siempre hemos arrimado el hombro, por eso la AP en nuestro país tiene el nivel que tiene y nuestros pacientes lo reconocen en todas las encuestas de satisfacción. Pero este arrimar el hombro tiene que ser de todos, desde arriba hasta abajo, no puede ser que determinada clase política tenga retribuciones por encima de las posibilidades del país. Entenderemos los recortes siempre y cuando se recorten ciertos privilegios y se adapten los gastos políticos a la nueva realidad. Si hay que arrimar el hombro y apretarnos el cinturón, lo haremos muy gustosos, pero todos por igual (grandes empresarios, banqueros, clase política y ciudadanía). Lo contrario no se va a entender, ¡no lo entendemos!   Por Mª Pilar Guillén Ardid, presidenta de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria en Aragón (Semergen-Aragón)