Humanidades

El camino de los héroes

Todos hemos tenido a lo largo de nuestra vida encuentros que nos han marcado la existencia, dotándola de un nuevo sentido, un nuevo rumbo y por ello mismo, de una nueva visión. Se producen de forma espontanea y como si fueran vórtices existenciales, dinamizan nuestro ser y lo reorientan.  Hay quien piensa, que nuestra existencia esta preñada de este tipo de encuentros y que nuestra función primordial, es estar perceptivos, atentos a cuando emergen en nuestro existir. Su naturaleza es muy diversa, puede ser conocer a un renombrado artista, leer un libro que nos despierta del largo sueño existencial, conocer una hermosa joven, una enfermedad compleja o entrecruzar nuestra existencia con un ser aparentemente anodino, que despierta en nosotros algo que estaba latente en nuestro interior y, como si de una semilla se tratara, emerge con fuerza inusitada. En mi caso, este encuentro aconteció hace 20 años y lo protagonizó un joven paciente de 14 años aquejado de un sarcoma de Ewing. Josué, que así se llamaba este joven, vivió los últimos 6 meses de su vida acompañado de su familia, en su casa y atendido por un joven e inexperto médico de cabecera, que aprendió de él grandes lecciones acerca de la vida y por ello mismo, también de la muerte. Mi encuentro con Josué, marcó no sólo mis inclinaciones profesionales, sino lo que aún es mas importante, mi vida personal. Aun después de 20 años, me emociono cuando le recuerdo y de mis labios solo sale como una larga letania un agradecimiento sincero, por haberme dejado compartir su existencia. Os dejo con su historia, recogida en un capítulo del libro «La sombra del dolor», dedicado con toda mi alma a Israel: «Camino de los héroes»

Un canto a la vida de Walt Whitman

  Desde que era muy joven, me gustaba en vacaciones, cuando pasaba unos días en el campo, levantarme antes de la salida del sol y sentir cómo los primeros rayos del astro reventaban el cielo y hacían surgir la vida. Estos primeros rayos iban precedidos de una ligera brisa fresca y arrancaban del bosque toda la infinidad de sonidos de la naturaleza, los pájaros con sus infinitos cantos, el croar de las ranas, el sonido de las hojas de los árboles batiéndose unas contra otras, en definitiva, la naturaleza en su autenticidad descarnada. Esa sensación panteísta, de que estaba en presencia de Dios, de que lo auténticamente natural me mostraba sus secretos más íntimos, se producía cuando mi alma se encontraba en un especial estado de alerta, digamos se encontraba preparada para sentir y percibir de un modo especial. Quien había preparado mi alma, como si de una vasija sagrada se tratara, había sido la lectura de dos poetas, que para mí, tocan lo sagrado y rasgan el velo del misterio de la existencia: Tagore y Whitman. Viene a mi mente en este momento estas escenas, de gran lirismo y de arrebato del Ser, porque acabo de leer un pequeño libro titulado: “Habla Walt Whitman”, que es posiblemente de los pocos libros en prosa donde se recogen opiniones, ideas y reflexiones del poeta americano. Merece la pena adentrarse en la mente de Whitman, aunque si alguien quiere conocer en profundidad a este gran autor, debe de degustar, vivir y latir con su gran obra “Hojas de hierba”,el gran libro de su vida, pues Whitman, escribió este libro a  lo largo de toda su existencia y tal y como el propio autor relata, este libro creció como la corteza de un árbol, por lo tanto allí esta el Whitman joven, maduro y anciano, sus deseos, sus aspiraciones, sus sentimientos, su Ser. Whitman fue contemporáneo de Emerson, del que era amigo y admiraba y de Thoreau, con el cual compartía ideas y sentimientos. Leyendo la poesía de Whitman, se siente ese aire fresco y natural, conmovedor y apasionado de esta generación de americanos que fundaron toda una forma de estar-en-el-mundo, libre, salvaje, genuina y sobretodo auténtica. Leyendo a Whitman, recordaba las reflexiones estéticas de otro gran americano, Edward Hopper, donde la coincidencia es asombrosa, pues los dos buscaban la autenticidad, la simplicidad y, en definitiva, la verdad. Whitman fue algo mas que un poeta, fue ante y sobretodo un místico sabio, un hombre sencillo, rebelde, amante de lo bello y entregado a la naturaleza: “¿de qué valen las teologías, cuando uno mira una roca, un árbol o el mar?”. Esta percepción panteista de la existencia, donde el hombre es una cadena más de la estructura del universo, un ser que comparte con la hormiga, las estrellas y los mares la misma sustancia de la existencia, me ha perseguido a lo largo de toda mi vida. Comparto esa visión. Whitman me ha enseñado a  reir con el río, correr con el ciervo y a abstraerme con las estrellas; pero sobretodo me ha enseñado a reivindicar lo más preciado que hay en mí: mi Ser más auténtico. Cuando mi ánimo está abatido y las horas más bajas llenan de tinieblas mis momentos, hay una imagen evocadora que me infunde energía y optimismo. En ella me veo paseando de la mano del viejo Walt por los bosques de Concord. Sus ojos brillan sabiamente y con su voz pausada y sonora, me habla de la existencia, de la vida de los árboles, del alma humana, de los estados anímicos de los ríos, y de la tierra fermentadora de vida. En ese momento comprendo que Walt no ha muerto, que vive en mí y como si de un daimon se tratara, toca mi alma, para enseñarme a vivir. Gracias Whitman

La arrolladora fuerza de la imaginación: Blake en estado puro

El árbol que mueve algunos a lágrimas de felicidad,  en la Mirada de otros no es más que un objeto Verde  que se interpone en el camino.  Algunas personas Ven la Naturaleza como algo Ridículo y Deforme,  pero para ellos no dirijo mi discurso;  y aun algunos pocos no ven en la naturaleza nada en especial. Pero para los ojos de la persona de imaginación,  la Naturaleza es imaginación misma.  Así como un hombre es, ve.  Así como el ojo es formado, así es como sus potencias quedan establecidas.     Quien así se expresa con tanta elocuencia, belleza y sentido místico de la naturaleza, fue un humilde poeta, pintor y filósofo que falleció en la más absoluta indigencia en la Inglaterra del año 1827, estamos hablando de William Blake. Alguno de vosotros es posible que no sepa nada acerca de este humilde artista y de ahí este texto y la encarecida recomendación de que degusteís con rumiante observación la maravillosa exposición de pinturas y grabados del artista que el museo de la Caixa Forum está exponiendo en Madrid, y lo hará hasta el próximo día 21. Para centrar el personaje, diremos que ante todo Blake fue un artesano de la pintura y un místico de la poesía, de aquí que no deberíamos separar al hombre de su creación pictórica, sobretodo sus famosos grabados de su producción poética y filosófica. Pintura y poesía constituyen una gestalt en sí misma, irrepetible, denominada Blake. Su vida estuvo marcada por la pobreza, su estado exaltado del ánimo le hacía tener visiones y murió en la pobreza, sin ser un autor reconocido en su tiempo; asunto por otro lado normal en todos aquellos artistas excepcionales y únicos, donde sus coetáneos no los admiten, no los entienden y son expulsados del sistema establecido. Sin embargo Blake fue el gran inspirador de movimientos artísticos de gran importancia, como los prerrafaelistas y el simbolismo británico. Blake era un místico, él era claramente consciente de que existía una dualidad en la realidad: por un lado, la materia tal cual es, y por otro, el lado metafórico de la realidad. Esta intuición es lo que muchos estudiosos de la simbología, como Victoria Cirlot, denomina “la doble visión”. El propio Blake nos afirma que toda realidad se puede percibir con el “ojo humano” y con el “ojo del espíritu” y afirma: “cuando alguien mira el sol, solo ve un disco ardiente, mientras que otros ven legiones celestiales descendiendo por él”. Blake estuvo toda su vida obsesionado por las extrañas visiones que tenía, incluidas las apariciones de su hermano fallecido; sin embargo, su estado de salud mental era coherente, estable y cuerdo y sólo se desbocaba en sus pinturas y su poesía. Blake es el poeta y pintor de la imaginación y de lo imaginario, por ello creó toda una mitología ancestral que pulula por sus grabados. El propio Jung y sus conceptos de lo arquetipal están sustentados en el mismo imaginario que Blake, aunque echo de menos un estudio más pormenorizado de la obra del británico desde la perspectiva de la psicología imaginal. Os recomiento un libro titulado “Blake”, escrito por otro grande de la literatura británica, Chesterton. En este libro, el autor ínglés realiza un interesante y  metafórico análisis de la obra de Blake. Por último, una recomendación, cuando contemples la obra de Blake, arroja prejuicios fuera, contemplala alimentada de su poesía y permanece con la mente abierta y receptiva y comprobarás con asombro, como la fuerza del mundo imaginal del autor, penetra en tí y activa zonas tuyas que antes estaban aletargadas. Desde mi punto de vista, la obra de Blake, es capaz de sintonizar con lo más profundo de nuestro interior. Siento verdadera debilidad por Blake, su obra y su biografía y cuando contemplo sus grabados, siento que se está dirigiendo a mí, que allí hay encerrada una profunda y ancestral enseñanza que el maestro sólo ha depositado para que podamos acceder a ella. Prueba a dejarte fascinar por Blake (conecta el altavoz para disfrutarlo aún más)

Imágenes hechas palabras: «Escritos» de Hopper

Nada hay que odie mas que los textos de críticos de arte, que desmenuzan y diseccionan las obras plásticas, normalmente sin tener la menor idea de cómo pintar un cuadro o realizar una escultura. En realidad son artistas “de salón”, que desbordan erudición a raudales, para impresionar al lector sobre sus magníficos conocimientos del arte, la época, la técnica, etc. Los críticos literarios son bastante parecidos, salvo honrosas excepciones. Todos ellos, suelen ser individuos carentes de la chispa de la creación, de la imaginación creadora y debido a esa “minusvalía creativa”, se dedican a desguazar las creaciones de los demás, haciendo creer que conocen, comprenden y perciben el mundo imaginal y psicológico del creador. Dicho esto, debo de argumentar, que existen excepciones que se alejan de este patrón y suelen ser los grandes artistas, que son capaces de penetrar en el mundo interno de sus compañeros, para poder contrastar la experiencia estética del otro con la suya propia. Han existido grandes artistas que han escrito bellas páginas de crítica, desde lo profundo de su experiencia, véase el ejemplo de Thomas Mann, Aldous Huxley o Chesterton. En este caso concreto, tenemos un magnifico libro titulado sencillamente “ESCRITOS” y que es una recopilación de Edward Hopper, hablando se su propia pintura y de la de sus coetáneos.Lo primero que llama la atención del texto, es su sencillez y su honestidad. Hopper reivindica una pintura auténtica y con rasgos de identidad de la América de principios de los años 20. Él se siente deudor del espíritu libre y “natural” de los grandes artistas y pensadores americanos como Whitman, Emerson, Durand, etc. y reivindica la búsqueda de lo auténtico, resaltando que el autor debe de plasmar su verdadera visión del mundo. Esta postura le lleva a luchar contra las modas imperantes, denunciando a los artistas americanos que siguen la moda europeista, de exportar estilo de los salones y museos franceses a la  América indómita. Me ha gustado mucho su visión sencilla del acto artístico y me ha recordado, por su honestidad a un gran artista nuestro, Antonio López, por su reivindicación de la simplicidad, la autenticidad y la ausencia de adornos barrocos. La profundidad psicológica de la comprensión de la realidad, hacen a Hopper un sabio contemplativo que penetra la realidad de lo que le rodea y como avanza en su texto: “La única cualidad que perdura en el arte es una visión propia del mundo.Los métodos son pasajeros: la personalidad es imperecedera”. Si deseas adquirirlo pincha en la portada del libro o en este enlace

La voz de Anna Frank, más actual que nunca

Durante estas últimas vacaciones he pasado unos días con mi familia en los Países Bajos, disfrutando del fresquito de los “polders”, sus extensos paisajes verdes y alguna buena, nutritiva y atrevida cerveza. En Ámsterdam tenía planificado, dentro de mi calendario de visitas disfrutar de pintores como Rembrandt, Vermeer y Van Gogh y acudir a la casa donde vivió Anna Frank, y así se cumplió. Cuando era niño leí por primera vez el “Diario de Anna Frank” y me impresionó que una niña de la misma edad que yo tenía por entonces, (unos 13 años), contara con tanta madurez su experiencia de vivir durante 2 años y 2 meses oculta en unas habitaciones-zulo, detrás de un armario de su casa. Anna, alemana huida a Holanda por ser judía, vive durante dos interminables años con su familia y otros 4 amigos durante la invasión nazi de Amsterdan. Desgraciadamente, fueron atrapados y todos murieron en los campos de exterminio, salvo su padre, que fue quien rescató el diario que su hija escribía día a día en la eterna oscuridad de su cárcel. El libro me impresionó tanto, que cuando mi hija cumplió 13 años, le regalé este mismo libro y a ella también le impacto la vivencia y el texto, que rezuma sensibilidad, imaginación, esperanza y también miedo y dolor. Ahora he podido visitar con mi familia, la casa de Anna Frank en Ámsterdam y mi impacto ha sido si cabe, aún mayor. Durante mi visita he recorrido en silencio sus aposentos, he respirado su aire y he visto con su luz. Me ha parecido ver las sombras de Anna andar en silencio por las habitaciones y susurrarme al oído alguna broma de una adolescente inteligente y con gran imaginación. En su cuarto, múltiples dibujos y fotografías la decoran. Es la habitación de una adolescente donde se pone de manifiesto sus pasiones, sus ilusiones. En el caso de Anna, su pasión, el arte y el cine. Fotografías de actores y actrices de la época decoran las tristes paredes junto a dibujos y esculturas de Leonardo y Miguel Angel. Anna, estaba enterrada en vida y su pasión por la literatura y el arte mantuvo viva su ilusión, sus esperanzas y sus ganas de vivir. Anna además de su diario, escribió muchos relatos, cuentos y hasta una novela, y la madurez y estructura de los mismos, son dignos de una experimentada y madura escritora. Salimos de su casa, con el alma sobrecogida, con un poso de tristeza y a la vez con el sentimiento de que Anna era un alma grande y que el ser humano es capaz de superar cualquier adversidad. Los psicólogos modernos lo llaman “resiliencia”. La prensa local de Holanda anuncia las elecciones en una semana y habla sobre el crecimiento de los movimientos nazis, el auge de la extrema derecha, que persigue a cualquier ser humano, animalizando a las personas y los múltiples atentados a la libertad de expresión y de conciencia. ¿Qué está pasando en el mundo?, cómo es posible que miles de personas nieguen el Holocausto, o lo que aun es peor, lo justifiquen. Cómo es posible que se atente con violencia contra los que no son de tu país, tu religión o tu pensamiento, ¿no hemos aprendido nada en tantos años de dolor y sufrimiento?. Pienso que la voz de Anna debe de ser más escuchada que nunca, pero sobretodo, debemos hacer un profundo examen de conciencia, pues la sombra oscura y ponzoñosa de la intolerancia y la violencia se están apoderando de nuestra sociedad. Ahora, más que nunca, hay que luchar contra lo inmoral, lo éticamente deplorable y lo inhumano. El cinismo del ser humano ha llegado a sus más altas cotas y mientras podamos marchar de vacaciones, merendar en la pizzería, comprar nuestra ropa de marca y jugar a la play…, ¿qué más nos  da lo que ocurra en el mundo?. Afortunadamente siempre habrá una Anna Frank para enseñarnos el camino. Acércate a su historia: