Humanidades

Haiku: la mística de la poesía oriental

Este pequeño poema lo escribió el día de su muerte, uno de los más grandes poetas japoneses, Matsuo Basho en el año 1694. La técnica utilizada se denomina Haiku y es un pequeño texto que pretende captar el concepto y percepción en el aquí y el ahora de una realidad. Para la mente racional y occidental, este tipo de textos se hacen  muchas veces ininteligibles, por su concisión, su ausencia de verbos y pronombres y porque para su aprehensión es necesaria una estructura mental nada similar al lenguaje dialéctico occidental, sino que se necesita un lenguaje que integre y que no divida. La quintaesencia del Haiku es el libro de Basho: «Haiku de las cuatro estaciones«, un texto que rezuma experiencia directa de la naturaleza. Basho fue un Samurái, que tras la muerte de su señor feudal, optó por formarse en meditación Zen con un famoso maestro y recorrer Japón en peregrinación continua. Es por ello que la técnica del Haiku está inextinguiblemente unida al despertar de la conciencia, al desarrollo personal máximo, que nos hace percibir la realidad tal cual es, sin aditamentos, en su pura y descarnada explicitación fenomenológica. El arte del Haiku exige una disposición determinada del alma para escribirlo y para leerlo, por eso podríamos hablar de que el Haiku es la poesía mística oriental más profunda. Me viene a la mente otro afamado poeta coetáneo de Basho, Samurái y maestro de espada, que mitificó las artes marciales y se dedicó a la meditación y la poesía, Miyamoto Musashi y que afirmaba: «Una cosa es exactamente todo, todo es exactamente una cosa».

Comunícate más, para gastar menos.

 La relación médico-paciente, es una relación de confianza mutua, de respeto y de confidencialidad. Cualquier ruptura de esta relación, antes “sagrada” y en la actualidad “desvalorizada”, conlleva el deterioro, no sólo de la propia relación en sí, sino del sistema sanitario en su conjunto. Para evitar esta situación, tenemos que generar, desde los sectores profesionales y también desde la propia sociedad civil, un cambio de cultura en  la relación de los ciudadanos con los sistemas de salud y en la relación médico-paciente. La relación paternalista, sobreprotectora, hipertecnológica y muy directiva, debe dejar paso a una relación más abierta, de consejo, autocuidado e informativa, potenciando la autonomía del individuo e incrementando el humanismo de la relación. Esta es la propuesta que nos hace el Dr. Zack Berger en su interesante libro: “Hablando con su médico”. Un texto igualmente valioso para los profesionales y para los pacientes. El Dr. Berger, es un eminente médico de familia y epidemiólogo americano, que imparte docencia en la Universidad Johns Hopkins y que trabaja de manera intensa los temas comunicacionales y relacionales entre pacientes y los profesionales de la salud. Gracias Zack por tus reflexiones y tu trabajo y esperemos que este humilde blog, sea una puerta abierta para ti, al mundo hispanoparlante. Comunicarse con el médico: Una Necesidad  imperiosa en Tiempos de Sobreutilización Zackary Berger, MD, PhD Nosotros los médicos  y también los pacientes, sabemos que los sistemas de salud en muchos países están deteriorados y quebrados. Por supuesto, no todos los países son iguales, y también los defectos de sus sistemas de salud son diversos. Hay países que “sobreutilizan” los dispositivos sanitarios; es decir,  realizan un gran número de pruebas complementarias, con escasa evidencia científica. Otros países “maltratan” a  sus ciudadanos, generando inequidad,  y esos desequilibrios impactan en los sistemas de salud.  Sin embargo mi tesis es que la falta de comunicación afectiva y sensitiva es algo que todos los países y entornos de salud tiene en común. La razón tiene que ver con la jerarquía tradicional que se establece entre médico y paciente, y con el modelo “biomédico” que ha dominado en la salud en las últimas décadas. En este modelo se produce un distanciamiento entre paciente y médico y viceversa.  Es muy fácil afirmar que tenemos que regresar a una era más sencilla, menos  tecnológica, más personal, y esto no es imposible. La ciencia biomédica ha proporcionado beneficios reales para muchas personas  en el mundo. Sin embargo, la misma gente tiene grandes problemas en entender cómo elegir el tratamiento médico que les convendría; cómo evitar la sobreuso de pruebas y tratamientos; y cómo solidificar una relación saludable con su médico de atención primaria.  En mi nuevo libro, Talking To Your Doctor (ojala que vea la luz una versión en español), se da al lector – doctor o paciente – consejos prácticos sobre cómo construir tal relación a fondo, con una comunicación eficaz y emocional.  Les invito, -ya sean doctores, pacientes o  personas relacionadas con los sistemas de salud – a leer y participar en un debate que pretende cambiar la cultura de distanciamiento y “de sobreutilización de los sistemas sanitarios”, que esta progresivamente deteriorando los sistemas sanitarios.

El duelo en Santiago

Los medios de comunicación están todos los veranos a la caza y captura de noticias que alimenten los noticiarios y se conviertan en “culebrones veraniegos”. Desgraciadamente la realidad nos ha dado este año titulares dramáticos del catastrófico accidente ferroviario de Santiago de Compostela, donde el descarrilamiento del tren, supuestamente por la negligencia del conductor al ir a muy alta velocidad, ha supuesto la pérdida de 79 vidas y muchos heridos. Siempre que acontece una catástrofe que siega la vida de muchas personas, nos ocupa la reflexión del por qué se ha producido y yendo más allá, tratando de valorar si los dispositivos de emergencias y urgencias han funcionado de manera adecuada. Mi análisis no contesta estos interrogantes, pues quiero quedarme única y exclusivamente en el dolor de los familiares y amigos. Me siento afortunado del no haber perdido en el siniestro  a ningún ser querido, aunque si he perdido a un conocido y amigo, por lo que mi reflexión no es crítica, sino mas bien metafísica y vivencial. Al poco de producirse la tragedia, los dispositivos de emergencia y urgencias, perfectamente coordinados o así lo parecía, comenzaron las tareas de rescate y evacuación de las víctimas, ayudados por cientos de generosas manos voluntarias de ciudadanos, cuyo único objetivo era salvar vidas. Miles de ciudadanos, se acercaron a donar sangre a los lugares más cercanos y otros tantos, ayudaron con lo que pudieron: mantas, agua, afecto, fortaleza…. Profesionales médicos, psicólogos, bomberos, protección civil…, trabajaron de manera denodada para hacer lo mejor posible su trabajo, más allá de la extenuación y del sacrificio profesional. Murieron 79 personas, pero podrían haberlo hecho muchos más, y si no fue así fue gracias al trabajo coordinado que impidió el festín del ángel de la muerte. Los noticiarios de todas las cadenas de televisión, radio, prensa escrita y digital, llevan sacando titulares todos los días, desde el primer momento, para buscar  “el culpable”. Una vez supuestamente identificado, para buscar “otros motivos”. Ya han inundado las redes sociales, noticias intencionadas y politizadas, sobre cómo los recortes han influido en la mala asistencia a las víctimas, en los problemas de señalización, en los deficientes procedimientos de comunicación…   –          Señores, por favor, no politicemos el dolor de las personas, no hagan demagogia barata …, y ayudemos a facilitar el duelo de los desconsolados. Vaya mi recuerdo a las víctimas, mi pésame a los familiares y amigos y mi reconocimiento a los profesionales y a los voluntarios que han vuelto a humanizar nuestra especie.

Una terapia para ser feliz

Siempre me han resultado curiosos los extraños lazos que unen a los animales con los humanos y que se ponen de manifiesto en las mascotas con sus dueños. En casa tenemos animales de compañía, desde peces, pasando por reptiles, roedores, tortugas o perros. Quizás animado desde mi infancia por el colosal trabajo del Dr. Félix Rodríguez de la Fuente, me he interesado por el estudio del comportamiento animal. Él nos marcó a una generación, con su pasión por la naturaleza, sus impactantes imágenes y su rigor científico. Debo reconocer que en un momento de mi adolescencia pensé con seriedad dedicarme a la biología y en especial a la etología o ciencia del comportamiento animal. De ahí, que devorara cuántos libros encontré sobre la materia, e incluso hice mis pinitos con cientos de observaciones de plantas, animales y cuanto ser vivo se me pusiera al alcance. Utilizando el modelo de «Cuadernos de campo» del Dr. Félix Rodríguez, dibujé, anoté y observé conductas, pautas y pormenores del mundo natural. Ya siendo estudiante de medicina, hice el descubrimiento de que en los años 70, el premio Nobel de Medicina había sido otorgado a tres científicos, de los cuales dos eran médicos, por sus contribuciones al conocimiento de la psicología animal y la consolidación de la etología como ciencia: Karl von Frisch (por el estudio de las abejas), Niko Tinbergen (por el estudio de aves ) y Konrad Lorenz, el gran padre de la etología, por sus interesantes estudios sobre e instinto animal, la impronta y los engramas psicológicos que marcan la conducta animal.   La influencia de Lorenz en la biología, la psicología y el pensamiento científico es tan colosal, que necesitará de una reflexión a parte. Lo mismo podemos decir de Tinbergen, que derivó sus estudios hacia el autismo y fue el promotor de la utilización de los animales en la terapia psicológica de las personas. Hoy en día, es una realidad que los animales pueden ser utilizados en la terapia de determinadas patologías mentales, como el autismo, las psicosis, e incluso los trastornos neuróticos de la personalidad. Todo ello me lleva a la reflexión inicial y me da en pensar cómo conectan ambos mundos, ambas psicologías, la animal y la humana. Sin lugar a dudas, es el encuentro de dos mundos, dos mundos con similitudes y con importantes diferencias. Traigo a colación aquí esta reflexión, por la increíble experiencia que hemos tenido mi familia y yo hace unas semanas, de haber cumplido un sueño familiar: nadar y jugar con delfines. Fue en el norte de la isla de Cuba, en Cayo Guillermo. Allí pudimos zambullirnos, nadar, bailar y jugar con un par de delfines macho, o más bien debería decir que ellos jugaban con nosotros, pues eran ellos los que estaban en su medio y sus miradas escrutadoras e inteligentes además de sus cabriolas acuáticas y sus juegos, nos dejaron muy claro que estábamos ante un mamífero inteligente, alegre y feliz. Aquella experiencia fue inolvidable y desencadenó en nosotros una alegría y felicidad similar a la euforia del juego de un niño. Durante una hora hicimos una regresión al mundo de la infancia, el tiempo se detuvo, nuestro mundo se centró en el juego y una alegría incontrolable nos inundó; alegría y felicidad que nos acompañó en los días posteriores. En su día, estudiando a Lorenz y Tinbergen, aprendí  que los animales pueden utilizarse en la terapia de humanos con problemas, nosotros hemos experimentado sus efectos…nuestra experiencia nos acompañará toda la vida.

«Levántate y anda»: Asociación Proyecto Lázarus

“Levántate y anda”, esa es la afirmación evangélica que, aún pareciendo sencilla, encierra múltiples significados. Desde el más literal, que es ponerse en marcha, hasta el más metafórico, que puede ser “ocúpate de las cosas, concéntrate y no pienses, actúa”. Y son a ambos significados, el literal y el metafórico, a los que alude este llamamiento de la Fundación Fenexi y la Asociación Proyecto “Lázarus”, encaminado a buscar soluciones a los lesionados medulares. Cuando comencé a estudiar medicina, existía una afirmación inapelable que era: “neurona muerta, neurona irrecuperable”. Hoy en día, gracias a los avances en la investigación neurobiológica y tecnológica, aparecen soluciones: las neuronas pueden regenerarse, después de muertas. Necesitamos el apoyo de muchas personas y no solo de los investigadores, para ver más cerca las soluciones. Aquí tenemos una posibilidad, no te niegues a conocerla mejor de la mano de quienes la viven de cerca: José Molina Marco, Presidente de la Asociación Proyecto Lázarus, Levántate y Anda (www.proyectolazarus.com). Haz click en el enlace o en la siguiente imagen