Divulgación científica

Cada vez más cerca de “Un mundo feliz”

El autor inglés Aldous Huxley, en la primera mitad del siglo XX, escribió una de sus más famosas novelas, titulada “Un mundo feliz”. Este libro futurista y arriesgado, como otros muchos de este autor de culto, narra la hipotética sociedad futurista donde la tecnología y la ciencia han logrado controlar la mayor parte de las leyes naturales, y entre ellas, ha conseguido conocer íntimamente el código genético de la especie humana, de tal suerte que, a través de su manipulación, es capaz de seleccionar genéticamente a los humanos para que la sociedad sea una perfecta “colmena” y cada uno tenga asignadas funciones en relación a sus potencialidades y sus características . Huxley, que no solo fue un gran apasionado de la ciencia (su abuelo fue co-desarrollador de la teoría evolutiva con Darwin), sino un gran pensador, además de premio Nóbel de literatura, hace una aguda y mordaz crítica social a los avances de la técnica, que hoy más que nunca son una realidad. Volví a la relectura de este clásico en pleno año 2000, no sólo por el morbo del cambio del milenio, sino porque mi conciencia se alertó ante el proyecto de descodificación genética del genoma humano. Por primera vez, el mapa genético del ser humano, se había podido perfilar y eso significaba poner en clave científica el “conócete a ti mismo “socrático. Los periódicos de estas semanas están que arden con la noticia de que el proyecto ENCODE, encabezado por más de 400 científicos a nivel mundial, han conseguido descubrir que lo que era denominado “genoma basura”, porque se sabía que no participaba directamente en la síntesis proteica, es un material genético fundamental para el control, regulación y activación de genes claves en funciones cruciales. También sabemos que el conocimiento de este material genético modulador será fundamental para discernir los fallos en su funcionamiento que están implicados en múltiples enfermedades y dentro de ellas, algunas tan importantes para la humanidad, como el cáncer, las enfermedades neurodegenerativas o las cardiovasculares. La ciencia y la humanidad  entera estamos de suerte. Ahora solo es cuestión de  tiempo y dedicación, lo que llevará a desentrañar los misterios genéticos de cientos de patologías y las soluciones a sus males. Una vez más se ha puesto en evidencia que la ciencia  avanza gracias a la colaboración internacional y a las redes de investigación, que colaboran de manera coordinada en busca de soluciones. Dicho  lo anterior, me gustaría resaltar dos cuestiones: La primera es el tratamiento exquisito que debe de hacerse con este material informativo por parte de los medios de comunicación. Hay que huir de sensacionalismos, ser coherentes y prudentes, informar, pero no crear falsas esperanzas en la resolución de los miles de problemas que aquejan al ser humano. Por otro lado, y este es un aspecto que me preocupa más, desde el punto de vista ético y moral, es el disarmónico desarrollo y progreso de la legislación científica y del desarrollo ético de la aplicabilidad de los hallazgos científicos. En el progreso humano, los avances técnicos y científicos van muy por delante de las concepciones éticas, morales y jurídicas. Estoy convencido de que por este motivo, aunque seamos capaces de conocer nuestro código genético y aplicarlo para salvar vidas,  siguen muriendo seres humanos por las guerras y la pobreza. Publicado en Gaceta Médica, 14 de septiembre de 2012

Poesía en tiempos de crisis: «Cuarteto para un solista»

La vida no es lo que parece. Quien sea tan pretencioso de pensar que la vida se resume en un conjunto de múltiples fenómenos fisicoquímicos, moleculares y biológicos, está bastante confundido. La vida es un complejo entramado de fenómenos, donde lo humano interacciona con la propia percepción de la realidad. Si tuviéramos que simplificar la visión o percepción de la realidad, se puede percibir desde el más absoluto materialismo (la materia, la luz, las formas, las texturas….), es decir desde los sentidos, hasta  otra forma de verla, que es la que acontece en el cerebro de un paciente psicótico, donde exterior e interior se confunden y predomina la alucinación y el delirio. Pero hay una tercera forma de percibirla, que es tratando de tener una visión poética y mítica del aquí y el ahora. Este tipo de visión es la que hacia decir al poeta británico W. Blake que «cuando alguien así mira al sol, ve el disco solar con su calor, su luz cegadora, pero también es capaz de ver legiones celestiales que descienden «, es lo que se conoce como «doble visión» y la poseen los místicos y algunos artistas excepcionales. Huir de la literalidad de la vida y tratar de metaforizarla resulta ser una buena actitud y ese presupuesto es el que avanzaba un psicólogo de renombre mundial como James Hillman. Un dialogo con los 4 elementos de la naturaleza (agua, fuego, viento y tierra) para tratar de tener una visión metafórica de la realidad es lo que nos propone José Luis Sampedro y Olga Lucas, en su último libro: «Cuarteto para un solista».  Este texto escrito como todos los del autor desde el sentimiento, es un libro de sabiduría donde se enfrenta a una reflexión del mundo contemporáneo, la economía de mercado, los grandes valores de la humanidad,  la decadencia de Europa, etc. Un anciano pero vital profesor  (quizás el propio José Luis), narra a su médico (me gustaría ser yo) y a su enfermera (podría ser la propia Olga Lucas), en una residencia de personas con trastornos mentales, sus diálogos y visitas de los 4 elementos y las múltiples tertulias sobre temas de trascendencia que animan sus veladas. El anciano profesor no está «loco», al contrario es cuerdo y coherente y pretende re-ilusionar la realidad a través de una visión mítica de la misma. Un texto de una estructura sencilla, es más, yo lo veo con una estructura dramática-teatral y que no deja de sorprender al lector por la profundidad de sus reflexiones. El texto recupera una tradición ancestral en la literatura, la del «dialogo», y es a través del mismo que  nuestros protagonistas, como el maestro, diseccionan los temas de interés. José Luis, como siempre, nos enseña e ilumina, mostrándonos el camino y como si fuera una suerte de Daimon, nos lleva de la mano, por la historia de nuestra vieja existencia, para rememorar de igual manera nuestra propia vida y nuestro destino. Si deseas comprarlo, pincha aquí o en la portada del libro

El poder transformador del amor

Un tren repleto de prisioneros recorre las montañas norteeuropeas, camino del campo de concentración de Dachau. Los prisioneros, hacinados en los vagones, en una cabalgata mortal tiemblan de hambre, de inanición, de tifus o de la violencia desatada por sus guardianes, soldados de las tropas hitlerianas, cuya misión es transportarles a un campo de exterminio.  La segregación racial se ha puesto en marcha y hay que eliminar todo ser humano no ario. Estos trenes circulaban durante un mes agotador por media Europa,  trasportando dolor, angustia y horror, por eso fueron bautizados como los “trenes de la muerte”. En uno de aquellos trenes, un pequeño grupito de frailes franciscanos, asisten a un hermano que fallece por hambre y enfermedad. Uno de ellos será un reconocido hombre de la Orden, muchos años después y tras sobrevivir al horror y a la propia muerte, su nombre Eloi Leclerc. Asistiendo al moribundo, sus compañeros entonan de manera espontánea  un canto religioso, que es algo mas, es un canto a la vida, un canto al amor y a la libertad: “el canto de las Criaturas de San Francisco de Asis”. Ese canto les dio fuerzas, les centró en su Ser y recuperaron algo que creían perdido: el amor. Estas experiencias las narra Leclerc en su libro: ”El sol sale sobre Asis”, un canto a la esperanza, al amor al prójimo y a la Vida. El autor se cuestiona cómo es posible tanta barbarie, tanto horror por parte de personas normales, padres de familia, personas que podrían pasar desapercibidas en cualquier sociedad. Sin embargo, los verdugos eran brutales. ¿Es quizás la violencia inherente al ser humano?, y si esto es así, ¿cómo amar al prójimo, más aún si éste es tu verdugo?. Francisco nos responde a estas incógnitas: su vida y su cosmogonía dan respuesta al poder trasformador del Amor. Entendiendo a éste como el amor a todas las criaturas sin excepción, como el amor a la vida en toda su plenitud. De estas mismas experiencias, algunos “hombres especiales”, como el psiquiatra Victor Frankl, sustentaron sus teorías sobre la voluntad de sentido y la logoterapia y otros, como Leclerc, encuentran la fuente de todo lo vivificante, el núcleo que re-anima el Universo. Esa fuente está para ellos en Francisco de Asís. Lo que aquí tenemos es un documento desgarrador de un hombre que utiliza el amor para trasformar su odio, su miedo y su horror, en una fuente inagotable de pasión por la vida. Si lo lees no te dejará indiferente; sin duda te emocionará. Si quieres adquirirlo, pincha aquí, o en la foto de portada.

La papelera del andén

¿Olvidáste el libro de lectura en estos días de descanso?. No importa, seguro que te alegras cuando leas lo que Pepa Rivera, ha tenido a bien compartir con nosotros. Generosa, romántica y tierna, como el relato que hoy nos cede. ¡Disfrutémoslo….! Gracias Pepa La papelera del andén Parecía humo y sin embargo era una especie de nube terrosa, opaca, la que cubría allá a lo lejos la ciudad. Un horizonte que se iba desvaneciendo en su retina a medida que el tren se alejaba y se convertía en una especie de celaje sucio y polvoriento. Apenas quería mirar atrás… Deseaba abandonar su presente y tal vez su futuro, ahora que viajaba hacia el pasado. Volvía a su pueblo, a su antigua casa, a lo que él consideraba su verdadero hogar, empezaba a comprender que, hasta ahora, solo había estado en lugares de paso. A través de la ventanilla, salpicada por pequeñas gotas de lluvia, donde se extendía un fondo de campos ocres, árboles desnudos y pequeñas aldeas, parecía querer entrever lo que había sido su vida. El ruido acompasado de la máquina y el ligero traqueteo de la marcha, casi le adormecía.   Como en sueños, le venían frases y recuerdos del pasado, “¡que viene el tren, corre, corre!”… y corrían; una tropa de niños se afanaba pretendiendo alcanzar al tren, mientras que les envolvía el humo negro y denso, que exhalaba la máquina. Aún podía percibir su olor. Otras veces pegaban la oreja a los raíles, a través de los que se transmitía el sonido del tren acercándose, y trataban de adivinar el tiempo que tardaría en llegar, haciendo apuestas para ver quien acertaba. También ponían chapas sobre las vías, que después del paso de las ruedas del tren sobre ellas, quedaban calientes y lisas como pequeños discos aplastados Era allí, donde siempre había estado su casa, al lado de las vías del tren… Amanda… también allí había estado siempre Amanda. ¿Qué habrá sido de Amanda?… Desde aquella tarde en la estación, hace casi cuarenta años, cuando decidió irse a la ciudad en busca de futuro, no había vuelto a saber de ella. Un “volveré a buscarte” y un “te esperaré”, fueron las últimas palabras que intercambiaron y un beso vehemente, cuyo recuerdo le provocó un dulce estremecimiento. En la ciudad encontró un futuro, otra nueva mujer, pero ella ya tampoco estaba. Se fue un día aciago, cansada de combatir en una lucha que era únicamente de él, ahíta de vivir una vida que ya no le satisfacía. Ahora estaba solo, volvía a estar solo, como al principio, y de nuevo buscaba un futuro, o ¿era quizá el pasado? Hacía apenas unas horas, estaban celebrando su despedida. Su jubilación. Palabras de aliento, de deseos de buena suerte, de mejoría en la salud, y de “no te olvides que estamos aquí para lo que necesites”, seguían resonando en sus oídos. Tal vez palabras vanas, quizá de compromiso. También seguían resonando en sus oídos las palabras del médico: “tiene una usted una enfermedad arterial, una insuficiencia en el riego sanguíneo de su pierna, por eso le duele cuando camina un trecho, si usted no deja de fumar, las arterias pueden terminar obstruyéndose y al ser diabético, conlleva un riesgo mayor, podría perder la pierna…, la tos y las expectoraciones matutinas sugieren que sus pulmones también están mal, y si continua fumando puede desembocar en una enfermedad pulmonar grave, el humo del tabaco se deposita en sus pulmones lo mismo que el hollín en las chimeneas, llegará un momento en que no podrá oxigenar bien sus pulmones, tiene que cuidarse, necesita respirar aire puro, y es necesario que deje de fumar totalmente, caminar diariamente dos o tres horas  y mantener una vida sana”… En aquel mismo instante decidió que regresaría a su pueblo, ahora que se jubilaba y nada se lo impedía, se alejaría del ambiente pegajoso y contaminado de la ciudad  y buscaría la paz en la naturaleza. Volvería a caminar por aquellos paisajes límpidos, respiraría el aire intenso y penetrante de los pinos, se encontraría con viejos amigos y recuperaría la salud de su cuerpo y, seguramente, también la de su alma. La lluvia arreciaba, y el cristal de la ventanilla estaba cuajado de gotas de agua que caían desplazándose de manera anárquica, conformando pequeños ríos en miniatura, su contemplación le producía una especie de adormecimiento que le transportaba una y otra vez al pasado. En su pensamiento una imagen recurrente, Amanda.  “¿Qué habrá sido de Amanda?… Ni siquiera recuerdo porqué no volví a buscarla…, tendrá una familia…, seguirá en el pueblo…,  tal vez pronto salga de dudas”. Sumido en su ensueño, ni siquiera se había fijado en las personas que viajaban a su lado, una mujer acompañada de un muchacho y una atractiva joven que apenas levantaba la vista de un libro, morena de cabello largo y ondulado y una mirada dulce y serena, que le recordaba insistentemente a Amanda. Siempre pensó que ella sería la persona con quien compartiría su vida, pero no acertaba a entender que pasó. Al principio habían intercambiado algunas cartas, que se fueron distanciando poco a poco,  hasta que cesaron por completo. El tren se había detenido en una estación y el ruido de la campana de salida le trajo de nuevo al presente. Perezosamente, la máquina reanudó la marcha. En aquel momento, se dio cuenta que sus compañeros de viaje habían descendido y su lugar lo había ocupado una mujer de aproximadamente su edad. Al principio, apenas se fijó en su rostro, pero durante un instante sus pupilas se clavaron insistentes en las de ella. Pensó que de nuevo imaginaba, que de nuevo su mente le traía escenas del pasado, no era posible, demasiada casualidad. Pero no había lugar a dudas, eran los mismos ojos, dulces y acaramelados, de Amanda.  -¿Amanda?…  ¿eres tú Amanda?…  soy Pablo-.  -¿Pablo?, -exclamó ella–  ¡no puede ser cierto!, ¿como estás?, ¿qué ha sido de tu vida?… hace tanto tiempo…  –Cierto, demasiado tiempo, pero dime, ¿vives aún en el

El poder de la memoria: «Bajo el Agua»

Esta es la reseña periodística a un libro entrañable, de un compañero que también lo es: Alberto Infante, con el que comparto la pasión por la lectura y la escritura; sin duda yo como aprendiz y él como profesional. Gracias Alberto, este también es tu espacio: http://www.albertoinfante.es/    Bajo el agua  Bajo el agua trata de una historia de iniciación, en la que asistimos al decurso vital de un grupo de amigos en el Madrid de la segunda mitad del siglo XX. La novela nos conduce por una geografía concreta, sin duda bien conocida por el autor, pero también por un tiempo que ha marcado nuestro presente. Tras un primer capítulo que arranca con un acontecimiento traumático, de connotaciones simbólicas, Bajo el agua nos conduce por las distintas estaciones vitales del proceso de maduración de un grupo de muchachos, a veces protagonistas y a veces meras víctimas, de un agitado momento de la reciente historia de España. Los capítulos cuentan con una notable autonomía; muchos de ellos se resuelven con la autoridad y la eficacia de un relato, pero siempre bajo el hilo de una potencia evocadora que el autor maneja con maestría: hay nostalgia por el tiempo ido (especialmente al final, tras el recuento de aventuras y experiencias) y también el fiel retrato de toda una generación, una generación, o varias generaciones, que podrían hermanarse en experiencias parecidas: el paso por un colegio religioso; el nacimiento de la vocación literaria; los recuerdos, siempre inciertos, de la guerra civil y de una sociedad anterior a la franquista; las primeras experiencias sexuales; la llegada a la agitada universidad de la Transición; la política revolucionaria; los viajes iniciáticos a Londres o a París; la fascinación por la entonces denominada “lucha armada”… Se configura así toda una crónica sentimental, con sus errores y con sus aciertos, de toda una época de este país y del modo en que los jóvenes de entonces tuvieron que enfrentarse a un radical cambio en las costumbres y los valores. Bajo el agua es una novela sustentada en una prosa rica y precisa, con una profunda capacidad evocadora, pero que además refleja buena parte de lo que ha sido la historia de este país durante las últimas décadas. Comentario de Alex Oviedo. Diario de Bilbao Si quieres adquirir el libro, pincha aquí o en la portada