El espíritu «Jovell», más presente que nunca

Hablar de un amigo desaparecido siempre nos cuesta trabajo, por la connotación afectiva que conlleva. Si este amigo, además es “un médico bueno y un buen médico” que ha sentado las bases de la humanización de la asistencia sanitaria, es más complicado, porque estamos hablando de una persona que ha creado “escuela”. Es el caso del Dr. Albert Jovell, médico, sociólogo, pensador y sobre todo “Ser humano”, que nos dejó físicamente hace poco, aunque su pensamiento está más presente que nunca. Hace unas semanas nos dimos cita en su ciudad natal, Barcelona, mas de 300 profesionales de la salud y asociaciones de pacientes para rendirle homenaje y lo que aún es más importante, para entregar los “Primeros premios Albert Jovell”, que marcan las líneas estratégicas del desarrollo futuro del trabajo de Albert. Sin lugar a dudas fue emotivo e importante el homenaje personal a nuestro amigo, pero de mayor transcendencia fue revisar las líneas futuras de su legado. Glosar la figura de Albert requeriría de varios libros, estudios y tesis, y no es motivo de este humilde escrito, pero permitidme simplemente comentar que muchos de los que nos dedicamos al paciente y a la noble tarea de mejorar sus condiciones de vida, le debemos mucho. Albert, con su ejemplo personal y su competencia personal, demostró que, desde la independencia y el rigor técnico, añadiéndole una importante dosis de humanidad, se pueden hacer grandes cosas. Gracias Albert, gracias amigo.  

Humanizando lo humano: proyecto HU-CI

El arte de la sanación está basado en componentes psicoafectivos y emocionales mas allá de los componentes científicos, por ello no se identifica el mejor médico con aquél que más conocimientos posee, sino el que sabe manejar, de una manera más eficaz, los componentes más humanos del enfermo (emociones, angustia, incertidumbre, etc.) y de su entorno (familia). La enorme tecnificación de la medicina hace que tengamos que recordar una y otra vez, de una manera insistente, que los profesionales sanitarios somos humanos con capacidades técnicas para aliviar el sufrimiento de los demás pero, donde el  primer factor terapéutico es el propio profesional y en segundo plano, la capacidad y competencia técnica para el desempeño de su tarea. Por todo ello, existe una importante corriente de pensamiento, a la que desde hace muchas décadas yo me uno de una manera decidida y comprometida: la Humanización de la Asistencia Sanitaria. Quizás deberíamos hablar de Re-Humanización  de los cuidados en salud, pues parece paradójico que hablemos de humanizar una actividad que se desempeña entre humanos y que per se es eminentemente humana. No puede concebirse una actividad sanitaria que no sea humana. En los ambientes muy tecnificados, es donde se hace más necesario este proceso de Re-Humanización y por ello en las UCIs, donde parece que el factor humano es secundario, pues prima lo tecnológico, se hace necesaria la reivindicación de lo no tecnológico, de la emoción, de la comunicación, de lo HUMANO con mayúsculas. Por ello, profesionales de UCI han emprendido una acción denominada “Humanización de los cuidados intensivos” donde se contemplan aspectos de gran interés y enorme importancia, como la adecuación de los espacios arquitectónicos, la flexibilización horaria, la comunicación con la familia y otros múltiples aspectos relacionados con la relación profesional sanitario- paciente/familia. De esta acción se ha propuesto la “Declaración de Torrejón”, un decálogo de cuáles son las líneas estratégicas implicadas en esta Re-Humanización de las UCIs, subscritas en el seno de las XX Jornadas de Humanización de la Asistencia Sanitaria, que recientemente se organizó en el Hospital de Torrejón de Ardoz,  junto al Centro de Humanización de la Salud de la Orden Religiosa de San Camilo. Espero y deseo que esta declaración, que yo mismo subscribí, trascienda el papel para llegar al espacio real y se convierta en hoja de ruta del cambio en la manera de entender la atención a los pacientes. Tú también puedes suscribirla: firma aquí

Cuidados paliativos: mi perspectiva fenomenológica

Hace muchos años, en el inicio de mi carrera profesional, tuve una “gran experiencia”, con un paciente pediátrico oncológico que cambio mi vida. Ese niño llamado Israel, trasformó mi visión de los pacientes y mi visión del abordaje integral de los pacientes en cuidados paliativos. Narré mi vivencia en un texto “El camino de los héroes” que formaba parte de una antología de narraciones clínicas recopiladas en la obra “La sombra del dolor”, al más puro estilo Oliver Sacks…, respetando las enormes diferencias y con respeto al gran maestro de la Neurología americana. Estos días, impartiendo una clase del Máster de cuidados paliativos de la Universidad Internacional de la Rioja, he vuelto a rememorar esta historia, que en mi vida ha tenido una cualidad daimónica y me ha enfrentado a tratar de sistematizar lo que yo entiendo que es un abordaje fenomenológico del paciente en general y del paciente terminal en particular. Aún recuerdo con gran consternación mis estudios de psiquiatría con el profesor Alonso Fernández y su recomendación de la lectura de los filósofos  existencialistas y fenomenólogos. Recuerdo la dificultad en la lectura de Martin Heidegger, Jaspers, Husserl y demás ilustres. Cuánta razón tenía el profesor en relación a tratar de aplicar los postulados fenomenológicos en el análisis y abordaje de los pacientes. Os  adjunto esta aportación mía al análisis fenomenológico de los cuidados paliativos que realicé para mi humilde contribución al máster comentado. Si bien es un preámbulo al análisis más profundo que debería conllevar esta perspectiva fenomenológica debe de abordar la realidad del paciente en su conjunto y por ello debe de atenerse a 5 premisas: –          Visión ecológica del individuo: paciente, familia y sociedad. –          Intervención terapéutica global: El profesional es terapéutico en sí mismo, a través de sus actuaciones. –          Reivindicación de los valores humanos: compromiso, compasión, caridad, amor, etc. –          Doble visión: desde la perspectiva científica (objetividad) y artística (desde el conocimiento interior). –          Visión interdisciplinar: Estudio del individuo desde otras áreas de conocimiento (antropología, filosofía, literatura, etc.). Solo cuando contemplemos al individuo desde esta perspectiva multidimensional, podremos acercarnos mínimamente a la realidad humana.  

Cada vez menos raros…, conociéndolos mejor

Por lo general, me suele sentir atraído por las cuestiones poco frecuentes, extrañas, exóticas y sobretodo lo poco convencional. Cuando era pequeño, mi madre me interpelaba diciéndome que era “abogado de pleitos pobres”, queriendo aludir que allá a donde existía una causa pérdida o difícil, allí centraba yo mi interés. Los años han pasado, pero mi carácter sigue imperturbable en los cimientos fundamentales. En esta ocasión quiero atraer vuestra atención hacia esas enfermedades poco frecuentes, mal llamadas raras, que afectan a una minoría de la población, diezmando vidas e ilusiones. Esas enfermedades poco frecuentes, muchas de ellas debidas al azar de la naturaleza, que juega a los dados de la genética y ocasiona perturbaciones, para las que aún la ciencia no ha encontrado soluciones. Hace algunos años  viví en primera persona,  el fallecimiento del hijo de un buen amigo por una enfermedad neuromuscular. Viví su angustia, su incertidumbre, su dolor y su desamparo. Desde entones he tratado de colaborar humildemente por tratar de fomentar la investigación de estas extrañas patologías e intentar facilitar la atención de los niños y sus familias. En mi actual situación `profesional, se me presentan algunas posibilidades por poder contribuir a ello, con pequeños pasos, que nadie como ellos saben agradecer.  Hace unos meses publicamos en  Internet una guía de enfermedades poco frecuentes y un mapa de los Recursos Sanitarios de la Comunidad de Madrid para estos pacientes. Nuestra pretensión es que cualquier ciudadano,  a través de un clic de ordenador, pueda  estar más cerca de estas enfermedades y sepa dónde dirigirse para su adecuada atención. Por ello, en esta guía figura un enlace a la Asociación de Pacientes que trabaja en la patología concreta y un acceso a cuáles son los hospitales  con más experiencia en el diagnóstico, tratamiento y manejo de las mismas. En este caso, facilitamos no solo el hospital, sino también qué servicio hospitalario y qué profesionales pueden atender en cada caso particular. Soy consciente que esta acción puede no parecer mucho, en un camino plagado de espinas y dolor, pero si quiero dejar constancia de mi voluntad y mi compromiso para trabajar día a día por aliviar el dolor de estas familias. Vaya mi humilde homenaje a estos pequeños héroes y sus luchadoras familias. Gracias por hacerme participe de vuestras comprometidas vidas; …seguiremos trabajando juntos.

Mirando con el «Ojo del Corazón»

Me encantan los atardeceres de otoño y primavera, me llenan de recogimiento meditativo y me infunden la vivencia y percepción de lo sobrenatural en lo cotidiano. Después  de muchos años, he llegado a la conclusión de que este efecto metafísico me lo proporciona la luz, la luz crepuscular del atardecer, esa luz naranja que se posa tangencialmente sobre los objetos y les dota de un aire irreal o más bien sobrenatural.  No soy buen fotógrafo y he tratado en múltiples ocasiones de plasmar en una fotografía, esta realidad mágica, aunque  nunca lo que conseguido. Esta luz naranja, tranquila, serena y a la vez profunda, anima los objetos y les da un aire onírico. Esta luz mágica vivifica el espíritu porque vivifica el  Anima Mundi, aquello espiritual que anima todo el mundo.  Desde Platón hasta nuestros tiempos, pasando por Plotino, Ficcino y los psicólogos arquetipales, se reivindica una visión poética de la realidad. Ya decía el poeta británico W. Blake, que donde unos ven al astro sol, él veía ángeles celestiales descendiendo a la tierra. Esta visión poética de la realidad consiste en ver más allá de lo material, para poder llegar a contemplar lo más interno e inmaterial, que es el espíritu que anima la vida. Muchos artistas tienen esa doble visión y son capaces de trascender lo material, para ver con los auténticos ojos del corazón; poetas como Whitman, Blake, Rilke o narradores como Hesse lo poseían. Esta visión poética de la Existencia, este Ojo del corazón también lo poseían pintores de la talla de Leonardo o Vermeer…  y, algunos no tan conocidos como el pintor norteamericano M. Parrish, que durante mucho tiempo fue conocido como ilustrador de calendarios y publicidad y cuya luz es la luz del Alma. Recréate con su obra y piensa que bueno sería  ver con el Ojo del corazón.