Nace el Observatorio de la Adherencia al Tratamiento (OADT)

El día 29 de junio, en Madrid, vio la luz una interesante iniciativa independiente y profesional, denominada Observatorio de la Adherencia al Tratamiento (OAT).  Esta iniciativa surge de la necesidad de generar conocimiento, habilidades y aptitudes en un tema tan fundamental como es la adherencia terapéutica y no sólo cara a fortalecer la indicación farmacológica, sino en un sentido más amplio, destinado a fomentar el autocuidado, los cambios de hábitos saludables, etc. Esta es una iniciativa profesional e independiente que, en torno a la figura de José Manuel Ribera, Catedrático de Geriatría y Académico de Número de la Real Academia Nacional de Medicina y de un servidor, aglutina a un interesante número de profesionales de la sanidad, como médicos, farmacéuticos, enfermeros, etc. En el grupo promotor hay personas tan cualificadas como José Luis Cobos, del Consejo General de Enfermería; Luis Manzano, coordinador de la Unidad de Atención a Crónicos del Hospital Ramón y Cajal, o Isabel Vallejo, Vicepresidenta de FEFE. Espero manteneros informados de las acciones, iniciativas y temas que se vayan desarrollando. Ya os puedo anunciar que en el mes de septiembre estará habilitada su página web y os invito a todos los que estéis interesados en esta parcela del conocimiento sanitario, a participar activamente de esta iniciativa. Nuestros objetivos son claros, investigar, informar y formar sobre todos los aspectos relacionados con la adherencia, ¿ te apuntas?. Si deseas ampliar la información, pincha aquí:

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El enfermo mental: ese gran desconocido social

La Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Madrid, con el patrocinio de la Fundación Astra-Zeneca y la colaboración de un grupo amplio de asociaciones de pacientes y usuarios, ha llevado a cabo un estudio sobre la opinión general de los ciudadanos con respecto a las enfermedades mentales. La encuesta se realizó dentro de la IV campaña de concienciación social sobre la enfermedad mental grave (2009-2010). La muestra total del estudio fue de 5.473 encuestas, el 55,8% procedentes de Sevilla y el 44,2% de Madrid, de los que un 66,2% eran mujeres, frente a un 33,8% de hombres, con una edad media de los entrevistados de 35 años (dt=14,5), siendo la menor edad registrada la de 12 años y la mayor de 99 años. Algunos de los resultados a destacar son: El 82% de los encuestados dice conocer la esquizofrenia y el trastorno bipolar y el 18% no conocerla El 49% de los encuestados está algo en desacuerdo con la afirmación de que estas patologías sean fáciles de diagnosticar por el médico que, sumado al 10% que está muy en desacuerdo, contabilizan un en 58% que está en desacuerdo. El 42% opina que la esquizofrenia y el trastorno bipolar son fáciles de diagnosticar por parte del médico. De la lista de dificultades por la que estas enfermedades son difíciles de diagnosticar, la mayoría de los encuestados (69%) opina que el motivo es que existe un desconocimiento de la esquizofrenia y el trastorno bipolar por parte del propio paciente y de sus familiares. Adicionalmente, el 46% de los encuestados opina que el motivo es que existe un rechazo social que hace que el paciente no acuda al médico. Una cuarta parte (26%) piensa que los síntomas son poco claros, un 16% que no existen herramientas para que el médico identifique correctamente estas enfermedades y un 15% que la dificultad diagnóstica estriba en la propia dificultad para acceder al sistema sanitario. Las enfermedades mentales, han tenido a lo largo  de la historia un gran impacto en el tejido social, por múltiples motivos. Desde la antigüedad y el predominio del pensamientomágico sobre el fenómeno del enfermar, las enfermedades mentales eran vividas como una enajenación relacionada con las posesiones diabólicas y la intervención de los dioses en los asuntos humanos; y hasta que, casi en los albores de la modernidad, la intervención de Pinel y la corriente de des-hospitalización de los enfermos mentales llevó a la modernización de los “manicomios”, la lucha por reivindicar la integración de la patología mental por parte de la sociedad, ha sido ardua. La eclosión del psicoanálisis en pleno siglo XX fue determinante para que la sociedad asumiera una cierta normalización del trastorno mental, aunque esta normalización fue llevada sólo al campo de la neurosis. Las grandes patologías mentales como la esquizofrenia aún eran vistas como alteraciones que exigían la reclusión del enfermo en un establecimiento hospitalario. En los años 60 del siglo XX, se llevó a cabo un intento, que llega hasta nuestros días, de integrar al paciente con grandes trastornos en la sociedad y hacerlo a través de su externalización y de la creación de hospitales de día, terapia grupal y reinserción laboral. Esta corriente surgió del pensamiento singular de algunos psiquiatras que se reconocían con el nombre de anti-psiquiatras, como el británico Laing. Esta fue una corriente de pensamiento que, amparada en el psicoanálisis, el marxismo y el pensamiento existencialista, produjo en la edad contemporánea la reflexión de que era bueno que el paciente mental estuviera en la sociedad y no separado de ella, de ahí surgió la psiquiatría comunitaria y los centros de salud mental, contando en España con grandes defensores, como el Dr Francisco Torres, que llevó en nuestro país, este cambio de paradigma. No analizaré en estas páginas el resultado y proceso de externalización hospitalaria, sus problemas, sus debilidades y sus fortalezas, porque quiero que mi reflexión vaya encaminada a la percepción que la sociedad tiene sobre el enfermo mental. La encuesta realizada por la UAM acerca del conocimiento y percepción sobre estos problemas avanza lo que ya sospechábamos, que es que aun la enfermedad mental está estigmatizada y es poco conocida por los ciudadanos y por ello es compleja la relación y la vivencia de la sociedad con este tipo de trastornos. Pese a que el 82% dice conocer lo que es la esquizofrenia, al 46% le produce cierto “rechazo”. Y es que tantos siglos e incluso milenios, creyendo que el enfermo mental es un individuo “mágico”, imprevisible, que nos pone en situaciones difíciles y comprometidas, ha calado en el inconsciente colectivo y a los ciudadanos les produce cierta desazón y ansiedad. Lo desconocido asusta por definición. Es mucha la labor que aún queda por hacer en este sentido y aquí las asociaciones de pacientes y familiares tienen un importante reto: hacer que los pacientes con trastornos mentales sean vividos como un paciente crónico más y conseguir su reinserción social. Accede al estudio, pincha aquí.

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Una dosis de silencio

Como comentaba en uno de mis recientes post, Manuel López Casquete es un joven sabio, no por sus conocimientos, sino “por su conocimiento”; no por su retórica, sino “por su silencio”; no por sus éxitos, sino “por sus vivencias”; pero además por su humildad. Agradezco enormemente estas reflexiones para mi/nuestro blog Sueño con el día en que los médicos “receten” Silencio a sus pacientes. José Fernández Moratiel. SILENCIO Y SALUD: Creo que a estas alturas del siglo XXI nadie cuestiona ya que el ser humano es una unidad en sus múltiples dimensiones, y que la salud no consiste exclusivamente en la curación del cuerpo. Muchos de nuestros síntomas y enfermedades son manifestación de situaciones no encajadas, traumas no resueltos, complejos o emociones retenidas. Todos estos bloqueos provocan en nosotros tensión, rigidez, angustia, miedo y stress, cuyos efectos se dejan sentir tanto a nivel muscular y articular como en el plano del funcionamiento fisiológico del organismo. Atender a nuestro mundo interior es un asunto crucial en el cuidado de nuestra salud. Pero en la atención a nuestro mundo interior no nos jugamos “sólo” la salud, sino todas nuestras posibilidades de afrontar un camino de desarrollo humano integral. A lo largo de la historia, el ser humano ha conocido muchos caminos de profundización en su propia interioridad, que han cristalizado en múltiples corrientes de espiritualidad y sabiduría. Pero casi todos tienen en común un aspecto crucial: el Silencio. En el Silencio, el ser humano puede volver su mirada al interior para encontrarse con quien es. Con quien es DE VERDAD, desnudo de todos los ropajes, preocupaciones, aspiraciones y expectativas que ocultan nuestra auténtica identidad. Mientras vamos profundizando en este camino de reencuentro con nuestra identidad más cierta, van aflorando todos los bloqueos y situaciones no resueltas que hemos arrastrado durante gran parte de nuestra vida. De alguna manera, en el camino del Silencio podemos reencontrarnos con ellos, permitir que afloren e, igual que las nubes expuestas al viento y al sol, dejar que se vayan deshaciendo ante nuestra mirada atenta. Se trata de un proceso profundamente terapéutico. El dominico José Moratiel, maestro en el arte del Silencio, comparaba esta práctica con un drenaje: sucede gota a gota, de forma gradual, casi imperceptible, pero es muy efectiva. Estoy profundamente convencido de los beneficios del Silencio para la salud, pero no acaban aquí sus posibilidades. A través de ese camino interior, de ese afloramiento de nuestros bloqueos, vamos acercándonos cada vez más a nuestra identidad última, a esa dimensión trascendente que habita en el hondón del alma humana. Contemplar nuestra profundidad en el Silencio nos habla de trascendencia, del encuentro con la presencia infinita que nos habita, que nos sobrepasa pero en la que, paradójicamente, reconocemos nuestra más genuina identidad. Con otras palabras, la experiencia del Silencio despliega ante nosotros el misterio humano en toda su amplitud y su profundidad, y nos capacita para contemplarlo desde una mirada atenta y asombrada. Toda nuestra realidad, todo el misterio de nuestra persona y nuestra identidad, aparecen ante nosotros en su expresión más íntima y esencial. Pero aún hay más. La contemplación de nuestra genuina identidad nos abre a una profunda transformación, a una auténtica revolución interior: el desarrollo de la más humanizadora de nuestras capacidades, la capacidad de amar. El amor es el centro, el núcleo de la experiencia del Silencio. Un amor que abre las acequias de nuestro ser y que irriga toda nuestra persona en sus múltiples dimensiones. Un amor que, más allá de sus beneficios terapéuticos, nos invita a una existencia limpia y renovada. Una existencia que brota del abrazo íntimo con lo infinito que nos habita.  Manuel López Casquete de Prado.

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Kazantzakis: “La fuerza del espíritu y el pobre de Asís”

Nikos Kazantzakis, uno de los más importantes escritores griegos del siglo XX, relata con una belleza inusitada y una gran fuerza de espíritu, la vida de Francisco de Asís en el libro» El pobre de Asís». Si Francisco lo pudiera leer, quedaría absorto con su lirismo y la fuerza que desprende sus páginas, pero también es bastante probable que nuestro querido Fratello, se sonrojara ante algunas manifestaciones del escritor cretense. Francisco de Asís es quizás uno de los personajes históricos de la hagiografía católica sobre el que más se  ha escrito, tal vez debido a la ternura, simpatía y devoción que despiertan su humildad, su imitación de Cristo, su gran bondad y amor a «lo pequeño», a las cosas sencillas. De ahí que se le haya denominado: «alter Christus», el «otro Cristo». No es mi intención glosar aquí la figura del que sin lugar a dudas es un hombre de los que más despiertan mi interés, por lo que no descarto hacerlo en otro lugar y momento, pero lo que sí quiero es glosar esta interesante novela del griego Nikos Kazantzakis (1883-1957). Aunque entre todos los textos y relatos publicados sobre la vida, obra y figura de Francisco, quizás el más conocido y por supuesto muy recomendable es el «San Francisco de Asís» de G.K. Chesterton, tal vez uno de los mejores relatos del británico, no le queda a la zaga el texto del griego. Llama poderosamente la atención que el autor griego más importante del siglo XX, que perdió por un voto el Nobel de literatura de manos de Camus y que tiene una extensa e impresionante producción literaria, sea tan poco conocido. Si a nuestros lectores les decimos que Kazantzakis es el autor de la famosa novela «Alexis Zorba, el griego», que fue llevada a la pantalla en 1964 por Anthony Quinn y de la impresionante «La última tentación de Cristo», que también llevó a la pantalla en los años 80 Martin Scorsese, quizás ahora empiecen a situar la verdadera dimensión de Nikos, un buen hombre que fue un eterno buscador. Si yo tuviera que clasificar a Kazantzakis como escritor, lo situaría dentro de los llamados «escritores espirituales», es decir, autores cuyas obras están impregnadas de la búsqueda del Ser, de Dios, y en definitiva, que realizan obras para y por la transformación del individuo, obras para el crecimiento y desarrollo del Ser. No significa que sean escritores «religiosos», sino más bien «escritores del Ser». En los libros de Kazantzakis, llenos de poesía y deudor del espíritu Homérico, se narran la angustia metafísica y existencial, la búsqueda de nuestros orígenes, la lucha interna del hombre para llegar a ser mejor, para encontrar la verdadera fuente de la felicidad. Por ello quizás Kazantzakis esté en la estela de autores como el propio Tolstoi, Hesse, Mishima o Chesterton. En el panorama actual observo pocos autores que pudieran etiquetarse con este calificativo. Me viene pronto a la mente el nombre de Paolo Coello, pero pienso que tiene una mayor dimensión literaria la italiana Susanna Tamaro y nuestro querido Jose Luis Sampedro, cuya literatura pertenece al “Olimpo de los grandes”. Hay algo en la literatura de Kazantzakis que me recuerda y evoca lejanamente a Sampedro y quizás sea esa preocupación por lo humano y su tremenda sensibilidad, lo que en otros lugares hemos descrito como «el conocimiento por los sentimientos». Por otro lado, tanto el español como el griego, son dos autores que buscan el conocimiento de lo más profundo del Ser, la búsqueda de la eterna fuente de la vida. Para mi los dos son dos místicos visionarios. La vida de Kazantzakis fue una vida de compromiso personal y social. Apasionado del comunismo predicado por Lenin, pronto fue consciente de la manipulación a la que sometió esta doctrina al «hombre libre» y si algo era Nikos, era un apasionado de la libertad. Si hubo un personaje que influyera de una manera nuclear en su obra, este es Cristo, pero un Cristo no místico ni teológico, sino un Cristo-Hombre, con su angustia existencial, sus dudas, sus sentimientos y su eterna búsqueda. Un Cristo magníficamente retratado en «La última tentación» y un «Cristo de nuevo crucificado». Esta misma ansiedad metafísica la lleva a la vida del Santo de Asís. En su eterna búsqueda, Niko buceó en las fuentes del Budismo (escribió una novela sobre Buda) y pasó algún tiempo retirado en el Sagrado Monte Athos. Es curioso que la Iglesia Ortodoxa y la Católica censuraran sus obras, por pensar que lo allí relatado tenia un tufo demasiado humano, cuando es de lo humano, de la carne, de donde emana el espíritu. «El pobre de Asís« es una alegoría al “amor universal”, es una bella historia de cómo un sencillo hombre, alcanza el corazón del mundo a través del corazón de sus semejantes. Lo sencillo, lo débil, lo pequeño, lo que pasa desapercibido, es el foco de atención de Francisco, pues es aquí donde mejor se percibe el Espíritu, Dios y si preferimos el Anima Mundi Platónico. Kazantzakis entroncó con el espíritu franciscano mejor que ningún otro autor, ahí queda su obra, una obra eterna, que siempre es un reencuentro con el Alma eterna. Accede a la compra del libro: pincha en la portada o aquí.

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La red de centros de salud rurales de nuestra España

Hace unas semanas finalicé mi penúltima etapa del camino de Santiago, como habréis podido leer en nuestro blog, en “peregrino2.0”, y aunque después de sedimentar experiencias y vivencias me asaltan muchas ideas a la mente, no quiero dejar de pasar por alto, una cuestión que por deformidad personal, me ha estado acompañando todos los días del camino, y que quiero compartir con vosotros. Pateando los más recónditos caminos de esta España rural nuestra, desde el Pirineo hasta Galicia, pasando por grandes ciudades y pequeños pueblos y aldeas, siempre nos acompaña una tónica general, algo que no suele faltar por pequeño que sea el municipio: el centro de salud o el consultorio local. Es sorprendente que, incluso en las más inhóspitas y diminutas aldeas de España, siempre nos sale al encuentro un consultorio o centro de salud. La mayor de la veces están situados en la propia plaza del pueblo, acompañando a la Iglesia y al Ayuntamiento, símbolo del poder en la tierra de los sanadores (el poder social, el poder religioso y el poder de la salud). Es más, no creo que sea gratuita, ni mucho menos anecdótica esta situación privilegiada y preponderante. Alguien podría especular que “el ladrillo también pasó por la sanidad”. Y no lo dudo, pues así ha sido lo podemos deducir. Pero también creo que esta inmensa red de centros de atención primaria se debe al importante esfuerzo de las leyes estructurales y orgánicas que fundamentaron la Ley General de Sanidad del año 1986 y a todos los decretos que la hicieron posible: llevar la salud, hasta el más recóndito pueblo de España. Esta es una acción noble y loable, aunque ahora en un periodo de recesión económica y donde debemos mirar con lupa los recursos y el coste efectividad, es fácil caer en la tentación, de que es bastante probable que hayamos sobredimensionado esta magnifica red y deban realizarse reajustes organizativos. Sin ser mentira lo anterior y para hacer justicia histórica, deberíamos retrotraernos entre los años 1812-1900, cuando el impulso liberal español, fue capaz de conseguir grandes empresas sociales, por ejemplo la salud rural, las escuelas y la educación y pasando también por la creación de la peseta y el cuerpo de la Guardia Civil. En esta época de crisis, ¿seguirá imperando el espíritu y mirada de grandes hombres liberales capaces de impulsar nuestra Nación?. Está por ver; de momento, aconsejo a los peregrinos del camino que visiten las plazas de los pueblos con sus iglesias y sus centros de salud, la mayoría perfectamente integrados en la arquitectura de sus pueblos; aunque eso sí, vacíos, sin profesionales. Será que, como me decía un paciente: “con solo venir a consultorio, se me pasa el dolor”.

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