Investigar en bienestar, es vital.

En este último medio siglo, hemos observado el gran esfuerzo realizado para llevar a la práctica los grandes avances del conocimiento. Las llamadas ciencias básicas, como la biología molecular, la genética o la inmunología, deben ser capaces de traducir sus conocimientos en avances prácticos que resuelvan los problemas del ser humano. Sin embargo, de nada servirá por el puro placer del conocimiento, saber cómo un gen sintetiza una proteína que forma parte de la membrana celular de una célula tumoral, si no avanzamos en que dicha proteína puede ser una diana terapéutica para fabricar fármacos que, uniéndose a la misma, puedan destruir la citada célula tumoral. Los avances en las ciencias básicas deben ser llevados al terreno aplicado y práctico, para la resolución de los problemas del ser humano.  Esta es la investigación aplicada. Pero en el terreno biomédico queda mucho por hacer, y es que apenas una década después de que se descodificó el material genético humano, somos capaces de detectar determinados oncogenes, o genes productores de tumores, como el implicado en el cáncer de mama, los que posibilitan las metástasis pulmonares de otros tumores, o el melanoma…, pero falta un amplio camino para que la traducción de ese conocimiento se plasme en el bienestar de la población, de forma que existan medicamentos cada vez más eficaces en erradicar el cáncer ya desencadenado, con los mínimos efectos secundarios. Este camino de desarrollo en la investigación biomédica es crucial, pues no sólo las enfermedades genéticas se verán beneficiadas de estos avances, sino cualquier enfermedad que conlleve una alteración molecular. El somero conocimiento de cómo se expresa el material genético humano, nos llevará de manera ineludible, al conocimiento, prevención y  correcto manejo de múltiples enfermedades que hoy en día aún no tienen solución. Pasaremos de soluciones paliativas, que llevan a la cronificación de la enfermedad, o al enlentecimiento de su desarrollo y evolución, a encontrar soluciones definitivas, desde la prevención a la terapéutica, o tratamiento definitivo.

El misticismo en la escultura: pasión, amor y éxtasis

Cuando leemos detenidamente algún texto de la mística universal, nos percatamos de que el autor, incapaz de utilizar un lenguaje vulgar para expresar sus experiencias, recurre a la poesía o bien a la prosa exaltada, tratando de llevar nuestra conciencia hasta el mismo borde de lo cotidiano y a tiro de piedra de lo numinoso y sobrenatural. Además los textos místicos utilizan un lenguaje poético, embelesado de amor y erotismo por los cuatro costados. Como ejemplos véase la obra de San Juan de la Cruz o la prosa de Santa Teresa de Jesús, e incluso muchos Salmos. La frontera entre la erótica y la mística es un fino borde, o mejor dicho, una moneda con dos caras que están intrínsecamente unidas. Para la mística, el AMOR lo cubre todo; sin amor, no hay encuentro con Dios. El amor desbordado impregna el corazón del místico y le hace fusionarse con el Ser amado en un abrazo integrador, en un abrazo de entrega pura e incondicional, sin la cual no puede darse el éxtasis. Alcanzar el Reino de los Cielos, el Nirvana, la Iluminación, es una explosión de las emociones y los sentimientos, que asemeja un orgasmo metafísico. Mientras que la literatura mística universal es enorme en todas las tradiciones y tiempos, es menos frecuente observarla en otras artes plásticas, como la pintura y la escultura, pero quiero llamaros la atención de esta pequeña escultura escondida en un rincón del museo Thissen y que pasa desapercibida para la mayoría de los visitantes. Su título “Jesus y María Magdalena”; su autor, un coloso de la escultura de todos los tiempos, Auguste Rodin. De una roca informe, con cierto aspecto que remeda una cruz, surgen los cuerpos entrelazados de Cristo crucificado y Maria Magdalena abrazada a Él, con amor, con pasión, con erotismo y también con sexualidad. Es probable, que para algunos católicos ortodoxos esta representación de Cristo en la cruz, sea un sacrilegio y una blasfemia, un insulto a las Sagradas Escrituras y a la figura del Hijo de Dios, pero desde mi punto de vista, se trata de una escultura mística sobre Cristo, con gran fuerza primigenia que muestra cómo Cristo está crucificado, pero se entrega sin esfuerzo a los brazos de María, en un acto de confianza, de amor, de pasión, en una culminación de EROS. María, desnuda, se pierde en e l cuerpo de Cristo, se aferra a Él con pasión y ardor, pues sólo de la Unión Mística, del Hieros gamos, puede iniciarse la creación. El germen de la vida, de la creación, es un acto mágico, un encuentro de contrarios, de cuyo enlace emerge el todo, el universo y por ello Dios. Desconozco la fecha de esta reveladora escultura, pero no me extrañaría que fuera esculpida durante el tórrido amor entre el escultor y su ayudante, pues la tensión dialéctica que muestra la obra, solo es posible desde la experiencia más honda del amor profundo, pasional y reverencial. Te dejo con Rodin y un paseo por sus esculturas:

¡Ya toca hablar sobre el espacio sociosanitario!

Muchas han sido las voces autorizadas que llevan reclamando, desde hace más de una década, que debe de hacerse un aproximación y vertebración del llamado espacio sociosanitario, entendiendo al mismo como la integración de la asistencia y de los dispositivos sanitarios con los sociales, en perfecta coordinación, y basándose en la premisa de que no hay problema sanitario que no entrañe connotaciones sociales, ni tampoco a la inversa. Durante todo el desarrollo de la Ley General de Sanidad y la última reforma sanitaria, se ha hecho un caso omiso a esta cuestión, parapetándose en la idea de la gran complejidad de lo social y al establecimiento de compartimentos estancos en lo sanitario. La realidad es que existen muchas estructuras y aún más funciones comunes y gran multiplicidad de tareas. Pero al igual que existe duplicidad de funciones semejantes, también hay áreas descubiertas y desprotegidas de competencias, lo que lleva a aparentar una total descoordinación de los dispositivos asistenciales. De todos es sabido que una mayor coordinación impactará en una mayor eficacia y eficiencia en el manejo de los problemas y, lo que es más importante, una mayor satisfacción del ciudadano y de los profesionales, así como un marco más estable y sostenible. En estos días, el Comité Asesor de la ministra de sanidad se estrenará dando cumplida cuenta de dos procesos: generar el marco conceptual del espacio sociosanitario y abordar la política de recursos humanos; es decir, dos de las muchas cuestiones pendientes que tiene el Gobierno de Ana Mato. Con respecto al marco sociosanitario, es alentador comprobar cómo el vicepresidente de la Comisión Julio Sánchez Fierro, es uno de los mayores expertos en esta materia lo que sin duda es una garantía para que el proceso de análisis se desarrolle de manera adecuada. Pero es evidente que hay que dar un mayor paso hacia adelante que el dado hasta ahora, pues muchos profesionales, instituciones y el propio Sánchez Fierro tiene claros modelos sociosanitarios sobre el papel, es decir teóricos. Y es que, a mi modo de ver, para poder generar un modelo pragmático, eficiente y realista, hay que generar reformas estructurales previas que acondicionen las posibilidades al cambio. Poniendo un ejemplo, no podemos abordar el marco sociosanitario sin generar un cambio estructural en la Atención Primaria de nuestro país, reorientándola hacia un modelo más liberal, donde primen la prevención, la promoción de la salud y la integración de cuidados. Igualmente es difícil contemplar un marco socioeconómico, si la enfermería no adopta un rol más activo en la gestión de casos, o bien se generen acuerdos y consorcios entre la sanidad pública y la privada, o se implementan estudios de corte sanitario en las materias sociales y aspectos sociológicos en los estudios de las profesiones sanitarias. Además, esta situación no podrá llevarse acabo sino existe un intercambio de información a través de la integración de las plataformas informáticas, que faciliten la coordinación en red de todos los dispositivos sociales y sanitarios. Para concluir, es muy necesario hablar del espacio sociosanitario, tenemos el diagnóstico de los problemas, debilidades y fortalezas, pero una vez más, no podemos generar el enésimo informe sobre el tema, pues lo que se espera de los gobernantes es que asuman con determinación y coherencia los cambios estructurales previos que son fundamentales para poder llevar acabo el tan ansiado proyecto.

La palabra de fuego

Acaba de aparecer en la editorial Grijalbo una extraña novela del autor francés Frédéric Lenoir, titulada «La palabra de fuego«, que no dejará indiferente, por la combinación de géneros, por su trama argumental y por su amenidad. Hace un par de años este mismo autor ya nos sorprendió con una novela de iniciación de marco histórico: «El oráculo de la luna», que me pareció una novela muy bien trabajada, con oficio y sobretodo con gran conocimiento de la materia a tratar, en este caso concreto las tradiciones religiosas. Lenoir es filósofo y experto en tradiciones religiosas y por ello, los temas elegidos para sus novelas suelen ser de corte histórico,tratando temas relacionados con la Fe y la espiritualidad. En el caso que nos ocupa de «La palabra de fuego», no se desvía el autor de sus principios y traza una novela sinfónica, articulada en tres tramas, separadas en el tiempo y que confluyen en el núcleo central de su novela. Una de las tramas se desarrolla en la Pompeya de la época de Vespasiano y Tito, y por lo tanto sitúa la trama en los momentos precedentes a la erupción del Vesubio que destruyó la ciudad. La segunda trama la sitúa en la Francia que vio nacer el esplendor monástico de Cluny, y la tercera en la vida de una arqueóloga francesa contemporánea. Aunque las tramas están temporalmente separadas en tiempo y espacio, de una manera magistral, el autor nos va conduciendo sutilmente de la mano, para llevarnos a un punto de confluencia, no solo de la trama, sino incluso de los personajes, donde podemos adivinar que todo en la existencia está intensamente unido por lazos difíciles de vislumbrar. Esta novela es extraña de clasificar en su género, pues es una novela histórica, a la vez que presenta intriga y bebe del género policiaco, sin dejar de abordar temas de gran importancia como la reencarnación, la fuerza de la fe o la organización administrativa de los monasterios medievales. Leloir deja un final abierto, que sospecho inaugurará una saga de títulos y que dará contenidos a esas palabras de fuego. El autor escribe con una prosa clara, sencilla y crea una trama sustentada en unos hallazgos arqueológicos de trascendente interés para la humanidad. Leyendo este libro, mi imaginación ha volado a mi visita hace dos años a la ciudad de Pompeya y Herculano y me ha llevado a volver a vislumbrar las calles, los lupanares, las tiendas de los comerciantes y a las pétreas figuras yacentes de sus habitantes que vieron aniquiladas sus vidas de manera súbita por la fuerza del volcán. Libro ameno, entretenido y que deja la miel en los labios. No quiero pasar la ocasión de mencionar algunos ensayos filosóficos de nuestro autor, que han hecho de él, una de las figuras más reputadas de la intelectualidad francesa, como es «Breve tratado de la vida interior» o un profundo estudio sobre la masonería, titulado «La saga de los Masones». En su vertiente literaria, me sigo quedando con «El oráculo de la luna». Si quieres adquirírlo puedes hacerlo a través del enlace de la portada o aquí

Un gran salto para el hombre, ¿un pequeño paso para la humanidad?

El domingo 14 de octubre las televisiones, medios de comunicación y redes sociales de todo el mundo, estuvieron expectantes por una hazaña heroica que llevó acabo un austriaco de 43 años, experto piloto y paracaidista, llamado Félix  Baumgartner. Este hombre, subió con un globo de helio hasta la estratosfera terrestre, a casi 40 Kms de altura, y desde allí se precipitó en caída libre, rompiendo la barrera del sonido, para aterrizar delicadamente en el desierto de Nuevo México. La semana anterior recibí la llamada de varios medios de comunicación, interesándose por cuales eran los efectos fisiológicos de tal caída y las posibilidades de éxito. Félix saltó con un traje especial presurizado que contenía múltiples sensores que recogían fielmente algunas variables fisiológicas y ambientales. El éxito de esta hazaña, patrocinada por una conocida casa comercial dedicada a los refrescos “que dan alas”, no se hizo esperar y Félix culminó con éxito lo que parecía imposible, batiendo varios récord mundiales y convirtiéndose en el primer hombre que rompe la barrera del sonido en caída libre. Las preguntas de los ávidos periodistas, relacionadas con los aspectos médicos y científicos de  la proeza, me han hecho reflexionar sobre este asunto, y me gustaría compartir con vosotros estos pensamientos. Este tipo de retos, siempre han adornado las páginas gloriosas del deporte extremo, de la aventura e incluso de la historia y también es cierto que muchos de estos hitos han sido el primer paso para conseguir avances en la investigación y el descubrimiento de nuevos retos para el ser humano. Recordemos las míticas inmersiones en las Fosas de las Marianas del primer batiscafo, a mitad del siglo pasado, las inmersiones iniciales con las rústicas escafandras del comandante Cousteau, los viajes a los polos, las travesías por el desierto, los primeros vuelos tripulados supersónicos y un largo etc. Estas hazañas han sido y serán necesarias para poner de manifiesto la increíble capacidad de adaptación del ser humano y sobretodo, su gran capacidad de innovación técnica para resolver cuantos problemas técnicos se le pongan por delante. Sin embargo, tengo mis serias dudas de que los hallazgos que encontremos en los parámetros fisiológicos de Félix sean determinantes para la medicina aeroespacial y, mucho menos que sea una información vital sobre las capacidades del hombre en el espacio. Las verdaderas y consistentes investigaciones sobre la capacidad de adaptación del hombre en el espacio se han realizado en callado silencio a lo largo de décadas, en las estaciones orbitales soviéticas y americanas. Sin duda la gran experticia de esta iniciativa quedará una vez más en el avance tecnológico para mantener las constantes fisiológicas del hombre en  las condiciones más adversas, a través de mecanismos diversos, ya sean máquinas, trajes, sensores… Ahora bien, con lo que no estoy en absoluto de acuerdo es en el afán marketiniano de la hazaña, que es lo que ha dejado pingues beneficios, tanto a la empresa promotora, como al propio Félix y compañía, de forma que se nos ha estado machacando la mente durante mas de dos semanas, con este “colosal salto para la humanidad”. Mientras millones de habitantes del planeta estábamos absortos durante 2 horas y media en el salto de este héroe austriaco, no pensábamos en rescates económicos, primas de riesgo, independientes catalanes, ni otros problemas que nos acucian a nosotros y a millones de habitantes del orbe terrestre. De la misma manera que no podemos comparar a nuestro héroe saltador con los miles de héroes anónimos que luchan contra la pobreza, la guerra y la violencia. Todo un despropósito, producto de una existencia mercantilizada responsable en gran parte de los problemas que nos acucian.