¿Somos iguales?, queremos parecerlo: ASHUA

Hace un mes asistí como ponente al 25 Congreso Nacional de ALCER, pacientes renales. La experiencia fue fantástica, un sábado y un domingo, posteriores al puente madrileño de la Almudena y no había asientos libres en el anfiteatro Ernest Lluch del Ministerio de Sanidad. Allí, entre ponencia y exposiciones, conocí al presidente y algunos miembros de ASHUA. Debo confesar mi desconocimiento sobre esta asociación y lo que aún es peor y que me produce cierto sonrojo como médico, acerca de sus representados, los pacientes con Síndrome Hemolítico Urémico Atípico. Una patología considerada rara, por su escasa prevalencia, pero con una alta morbimortalidad. Desde aquel momento, nos propusimos conocernos mutuamente, y aquí está el testimonio de su Presidente, Francisco Monfort, que sirve de altavoz a la voz callada y no escuchada de estos cientos de pacientes.                               Somos iguales, queremos parecerlo, por Fernando Monfort … somos todos los pacientes iguales? … tenemos los mismos derechos? … debemos ser tratados por igual? Pues si, somos todos iguales, es decir, somos enfermos y necesitamos de la ayuda de los profesionales, necesitamos un tratamiento, el tratamiento correcto, bien sea un tratamiento común o un tratamiento poco conocido, porque el objetivo y como he dicho, somos iguales, por lo que el objetivo es el mismo, aunque el tratamiento sea diferente. Todos tenemos el mismo derecho, el derecho al tratamiento adecuado a cada enfermedad, ¿aunque sea una enfermedad rara, poco frecuente además de poco conocida? Pues claro, y ¿por qué no? La diferencia entre enfermos solo la debe marcar la enfermedad, ya que como personas, somos iguales. Claro que debemos ser tratados por igual, el trato debe ser el correcto en ambos casos, tanto para el paciente agudo, como para el paciente crónico. El paciente con enfermedad aguda, recibirá el trato adecuado a su corta estancia en el hospital, mientras que el paciente con enfermedad crónica, necesitará un trato que facilite sus largas estancias en los hospitales… y ¿el trato por los doctores?  Pues muy fácil, ante una enfermedad rara, lo más fácil, lo más simple y lo más humano, por parte del doctor, es hacer colaborar al mismo paciente, porque el paciente lo necesita, porque el doctor le ayudará emocionalmente, porque el doctor quizás tenga dudas, y porque estas dudas no deben generar desconfianza al paciente. Estas son reflexiones, vivencias y necesidades de los enfermos con enfermedades raras, perdón, poco frecuentes, además de ser poco estudiadas y por tanto, que discriminan a los pacientes por no tener el mismo tratamiento eficaz, que otros. Ayúdanos a ser iguales, ayúdanos a estar integrados en el mercado laboral, ayúdanos y seguro que algún día podrás disfrutar de esta igualdad.

Mente integrada, mente privilegiada: Psicología Integral

De todos es conocido que en momentos de cambios y de crisis, surgen movimientos y corrientes de pensamiento, cuyo objetivo es tratar de explicar el mundo que se avecina, intentar generar nuevos patrones y visiones del mundo en el que estamos, con el objetivo de poder llegar a sistematizar el conocimiento, el pensamiento y el sentimiento. La historia nos arroja múltiples ejemplos de lo que acabo de comentar. Desde las profecías milenaristas del apocalipsis del mundo, hasta los movimientos contraculturales, pasando por el movimiento hippy y la new age. Este último movimiento, la “nueva era”, supuso a principios de los años 80 un intento de resurgir del espiritualismo, en contraposición al materialismo creciente, apareciendo libros emblemáticos como la saga de Don Juan de Carlos Castañeda, música, arte, etc. Pero si existió un gurú de la new age, este fue el norteamericano Ken Wilber, un doctor en bioquímica, que sustituyó las moléculas por la espiritualidad. Wilber lleva más de 3 décadas consolidando una compleja teoría de la mente humana, que pretende explicar la evolución y desarrollo del Ser humano y entender los fenómenos espirituales. Apoyado en un profundo conocimiento de las tradiciones espirituales, desde el budismo hasta el cristianismo, pasando por el judaísmo y el sufismo y con un gran armazón teórico de las teorías filosóficas y psicológicas de la mente humana, ha generado una abundante bibliografía acerca del SER. En sus teorías trata de explicar el desarrollo y evolución de la mente, basándose en las fundamentales teorías de Piaget, mezclando sin ningún pudor y de forma eclíptica, el psicoanálisis, las teorías analíticas, el conductismo … Nada se queda al margen del interés de Wilber, él es el gran sintetizador de la mente y el espíritu humano. El libro que reseño, “Psicología integral”, como su nombre bien indica, hace referencia a crear un mapa de la estructura y funcionamiento de la mente. Wilber, pese a ser el gran teórico de la psicología y el espiritualismo, es el gran sistematizador, tratando de buscar una aplicación práctica a sus teorías. De aquí que el autor haya creado un sistema propio de terapia integral, que trata de ayudar al ser humano en su evolución y desarrollo personal. Este intento de Wilber es posiblemente de los últimos intentos por generar una técnica integral, en la que, utilizando varias técnicas y métodos (algunos tan ancestrales como la meditación y otros tan novedosos como la psicología cognitiva), se pueda facilitar la evolución del ser humano y de la humanidad en general. Este intento debe ser rastreado profundamente en la historia de la humanidad y nos retrotraería a experiencias tan ancestrales como la escuela pitagórica (que fue el germen del monacato cristiano), la escuela de los “terapeutas” (con Filón de Alejandría a la cabeza), e incluso la llamada terapia iniciática, del psicólogo alemán Durkeim, en su centro de la selva negra. Wilber en este texto, nos desglosa la mente, su desarrollo y cómo abordarla en determinados niveles. Si una crítica hay que hacer al autor, es que su gran erudición, pueden retrotraer al lector medio, pues maneja múltiples términos que exigen un conocimiento previo de antropología y psicología. Por otro lado, si yo pudiera tener a Wilber ante mí, hecho este que estuvo a punto de acontecer en una ocasión, le diría: “Sr. Wilber, gracias por tener una mente tan privilegiada, por ayudarnos a sistematizar el mundo y comprenderlo mejor, pero no sufra, hay fenómenos en el espíritu humano que no pueden sistematizarse, ni incluso explicarse a través de una gran teoría. Las teorías solo son teorías, hipótesis, aproximaciones de la realidad, y como Ud. tan bien dice, nunca debemos confundir el mapa con la realidad”.

Actuar como un ser humano no es una enfermedad

Muchos somos los profesionales sanitarios que llevamos décadas denunciando la creciente medicalizacion de la sociedad. Es un fenómeno que se está generalizando, quizás por el intento racionalizador del ser humano: todo debe de explicarse científicamente, todo tiene una causa y por ello, todo tiene un remedio, una pastilla milagrosa que cura nuestras anomalías. Llegamos a medicalizar asuntos humanos, que por el hecho de ser humanos, son inherentes a nuestra condición en el universo:  A la pérdida de un ser querido que desencadena un duelo, necesitamos ponerle nombre y remedio para huir del dolor, queremos un antidepresivo que nos evite la angustia y la desesperación. Cuando estamos en el declive hormonal de la menopausia, tratamos por todos los medios de compensar los niveles químicos, de forma que se impida la aparición de trastornos como la osteoporosis y las enfermedades cardiovasculares. Cuando la revolución hormonal y existencial de la adolescencia alteran el comportamiento de nuestros hijos, pretendemos medicalizar y psicologizar nuestras conductas como educadores y padres. Y como no, también le llega el turno a los trastornos psiquiátricos. Recientemente, la Asociación Psiquiátrica Americana (APA) está revisando su famoso manual de diagnostico DSM, cuya utilidad consiste en fijar y homogeneizar los diagnósticos de las enfermedades mentales, de forma que el diagnostico de una depresión o de una esquizofrenia debería ser idéntica en Bombay que en Berlín. Hace varios lustros, este trabajo conllevó la eliminación de la homosexualidad del catalogo de enfermedades mentales, gran logro de la sociedad contemporánea. Sin embargo, hace unos días se ha comunicado a la comunidad científica que esta quinta revisión, que finalizara en mayo del 2013, introduce algunos comportamientos humanos, como los berrinches y llantos incontrolados de los bebes, como una patología encuadrada en los trastornos del ánimo infantil. Así que ya lo saben, cuando su bebe le de malas noches y no concilie el sueño, vaya usted a saber porqué, o su hijo de 4 años se enrabiete porque no le compra un bollo para el recreo, su psiquiatra de cabecera le podrá diagnosticar la alteración mental que posee, y por supuesto, le pautará la medicación aconsejada. También otras alteraciones como la adicción a la comida, se diagnosticarán mediante criterios objetivos y se pautará su fármaco correspondiente. Es posible que a los profanos en la materia les resulte fascinante e increíble este avance de la medicina, pero a los profesionales con sentido común nos preocupa las concesiones que la ciencia médica, está haciendo a una sociedad cada día mas hedonista. Ya es hora de que la psiquiatría europea vuelva a recuperar su puesto de privilegio sobre la psiquiatría americana, pues sino, a este paso, ser persona será una enfermedad.

Maneja los hilos de tu cuerpo: una historia de esclerosis

Son muchas las cosas que se mueven cuando una persona enferma. Toda enfermedad es una ruptura del equilibrio establecido; es decir, una ruptura de la homeostasis, como dirían los fisiólogos clásicos. El paradigma clásico de la enfermedad establece que el equilibrio fisiológico; es decir, la estructura y la función se alteran, porque alguna causa externa o interna al organismo, ha producido una convulsión o terremoto, que facilita la disfunción. En esta visión tan mecanicista del enfermar, la tarea del médico parece estar clara y perfectamente definida. El médico tendrá que averiguar si la causa es externa o interna y, una vez hecho esto, tendrá que establecer una solución para reestablecer el equilibrio. La pregunta es: ¿toda la realidad se establece y estructura entorno al principio acción-reacción, o causa-efecto? ¿Hay otras realidades fuera de las meramente científicas que los médicos debemos conocer para, ya no solo curar, sino aliviar y cuidar?  Parece que la respuesta es obvia. El mundo del enfermar es complejo y son muchos los factores que desencadenan el desequilibrio, pero son tantos como los factores que normalmente condicionan al ser humano. En este punto, sí podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que el microcosmos del individuo es una réplica del macrocosmos del universo. Aún en los casos en los que el enfermar se deba a acontecimientos físicos externos, los condicionantes internos, psicológicos, existenciales, familiares y sociales, condicionan la disfunción. En una frase “no existen enfermedades, sino enfermos”. Esto se hace más evidente en las enfermedades crónicas, y sobre todo en aquellas que van apareciendo de forma insidiosa, y desgastando al ser que las padece poco a poco, obligándolo a tomar las riendas de los hilos que mueven su cuerpo, sin que  éstos le obedezcan. Es el caso de la Esclerosis Múltiple (EM). El acercarnos al mundo de estos enfermos, es vital para el médico, pues podemos conocer mucho la enfermedad, pero sin duda, las necesidades nos las ensañan los propios enfermos. Acerquémonos a dos microscosmos distintos para aproximarnos al macrocosmos de la EM Y esta es su asociación más próxima: http://www.ademmadrid.com/

Cuando el cine hace historia: «Argo»

Siempre me he confesado un gran cinéfilo, omnívoro de la gran pantalla, pero con una gran exigencia en cuanto a los gustos, al menos en cuanto a pretensiones personales. Por eso me hubiera gustado que el cine tuviera más cabida en nuestro blog, pero por desgracia la cartelera cinematográfica actual, a mi criterio, deja bastante que desear. Es bastante frecuente que todas las semanas visionar 2 ó 4 films, según el tiempo me permita, y por ello, sobre todo en el fin de semana. Me gusta volver a ver algunos clásicos y trato de seleccionar de la actualidad, aquello que creo pueda merecer la pena. Es frustrante contemplar cómo pasan semanas y semanas sin que apenas logre encontrar, en el panorama actual, algún film que pueda merezca ser clasificado dentro del “séptimo arte”. Pero hoy me siento afortunado, pues he encontrado una pequeña pepita de oro entre las areniscas del celuloide. No creáis que voy a hablar de una cinta española, basada en la historia real de una tragedia natural, film muy meritorio, con buen oficio y manejando a la perfección las claves emocionales que la describen como “tsunami de emociones”. Y es que, pese a su gran facturación técnica, creo que se está ahogando, nunca mejor traída la metáfora, en su gran mercadotecnia marquetiniana. En este caso, voy a hablar de un aparente y discreto film, dirigido e interpretado por el actor Ben Affleck, “ARGO”. Argo, está basada también en una historia verídica, acontecida durante la revolución Iraní del Ayatollah Jomeini, en la convulsa Persia de los años 80. Este hecho conmocionó al mundo entero: el personal de la embajada americana en Teherán, es secuestrado por la guardia republicana del Ayatollah y seis funcionarios se escapan y refugian en la casa del embajador canadiense. Los servicios de inteligencia americanos mandan a un agente secreto, Toni Mendes (de origen hispano), para tratar de rescatar a estas seis personas, que ponen en peligro su vida y la de la familia del embajador de Canadá. Aunque la historia acontece durante la administración de Jimmy Carter, estuvo clasificado hasta finales de los años 90. El film está rodado con ritmo, de una manera muy inteligente, con gran proyección y lectura política e histórica y nos muestra una faceta de Affleck ya destapada en otros films en los que ha actuado como regidor. Creo sinceramente que el séptimo arte está desaprovechando un gran creador, en detrimento de un mediano actor. Ben rescata el cine-denuncia social y política de Alan Pakula o Costa Gavras, que durante muchas décadas nos mostraron verdaderas tesis doctorales de crónica social y política.  ¿Quién no recuerda “Todos los hombres del Presidente”, sobre el caso Watergate o “Missing”, sobre la dictadura de Pinochet? Me sorprendo ver en los títulos de crédito que la coproducción está realizada por George Clooney, que también ha abierto su tarro de las esencias con un cine muy similar, como demostró en su último título “Los Idus de Marzo”, también referida en este blog. En definitiva, no puedo más que recomendar este film a los amantes del cine denuncia, porque nos muestra, nos enseña y ante todo, nos viene a recordar, que el cine es algo más que efectos especiales, que también sirve para reflexionar y aprender… y a veces incluso para ¡salvar vidas humanas!, como es el caso.