Julio Zarco

«Peregrino 2.0»: Encuentra tu camino

Hace unos días en este blog hablaba acerca de un libro emblemático del escritor americano Henry David Thoreau, “El arte de caminar”. En este libro se aborda el caminar, el deambular o bien el vagabundear como un arte; hablando también especialmente del “peregrinar”. Y es que en este mismo instante, mientras escribo estas líneas, soy un peregrino haciendo el Camino de Santiago. Después de recorrer 30 kms diarios por los caminos de Castilla y León, de haber soportado las inclemencias del tiempo, el viento, la lluvia e incluso el granizo, libero mis pies del férreo calzado, tomo una ducha y, antes de cenar, me dispongo a escribir una reflexiones entorno al peregrinar, dentro del marco conceptual de Thoreau; es decir, sintiéndome miembro de la antigua y noble Orden de los Caballeros Andantes. Los motivos para hacer una peregrinación pueden ser muy diversos, aunque ancestralmente han sido de tipo religioso o espiritual. Pero también pueden ser con ánimo aventurero, con afán artístico, con interés histórico, o incluso por motivos gastronómicos. Si tuviéramos que escoger un denominador común de todos los peregrinos, sería el de la necesidad de “encontrarse consigo mismos”. Aunque parezca algo paradójico, el deambular para buscar la esencia más íntima de uno mismo, ha sido durante milenios el motor del peregrinaje. Si me lo permitís, y tratando de evitar los desvaríos propios del agotamiento físico y del quebrantamiento general, voy a tratar de explicar esta situación, desde una zona de introspección máxima. Estos últimos días he atravesado los eternos campos del Mar de Castilla. La jornada comienza al alba, cuando aún no clarea el sol por el horizonte. Si todo va bien, ésta concluye en el atardecer, llegando a recorrer entre 30 y 40 km diarios, donde escasamente se atraviesan 2 o 3 poblaciones de casas de adobe, desiertas de habitantes, y donde sólo salen al encuentro los curiosos gatos y perros solitarios. A mis espaldas una mochila y acompañando el equipo, mis inseparables botas y mi seguro báculo, con el que marco el acompasado paso. Comida frugal, descanso escaso. Sólo algunos peregrinos te adelantan a toda prisa, apretando el paso como si los persiguiera el diablo lanzando el consabido saludo del peregrino: “¡Buen camino!”. El paso es firme y regular. El caminante amolda todo su cuerpo, todo su ser, a las ondulaciones del terreno, hasta el punto de llegar a mimetizarse con el paisaje. La cabeza ligeramente agachada, los ojos entreabiertos, viendo pasar las piedras del camino como una sucesión eterna. De vez en cuando se levanta la mirada, se otea el horizonte, se realiza un barrido gran angular y se prosigue. No se habla, no se canta, no se silva, solo se camina. Al comienzo el peregrino trata de ordenar sus pensamientos, en un intento de organizar su vida interior. Antes de iniciar el camino, traemos una larga lista de temas para la reflexión: los hijos, el nuevo trabajo, la relación de pareja…. Según avanzamos en nuestro peregrinar, la mente en vez de clarificarse se desestructura. Los pensamientos se fragmentan, las imágenes acuden a la mente a una velocidad vertiginosa. Apenas nos da tiempo a fijarlas cuando éstas son desplazadas por otras de mayor intensidad, y así una y otra vez. Súbitamente, sin darnos cuenta, de manera insospechada, no hay imágenes, no hay pensamientos, solo soy yo y mi caminar. En la pantalla de mi conciencia, en ocasiones una idea o una imagen cruzan mi espacio como una estrella errante, la contemplo con serenidad y desaparece. Sólo hay silencio, sólo vacío, sólo yo. Solo por esto, sólo por experimentar de manera súbita cómo la mente puede funcionar de otra manera, merece la pena peregrinar. Me impulsará mi fe, mi afán de aventura, mi idealismo romántico, pero en el fondo, solo es la necesidad tan humana y tan desgarradora de estar conmigo mismo. Busca tú tu forma de hacerlo, encuentra tu camino.  

Ver y leer: la voz dormida

Si quieres experimentar la visión y percepción de la guerra civil con ojos femeninos sólo tienes que ir a ver la película “la voz dormida”, una fantástica recreación de la novela de la fallecida Dulce Chacon, en la cual se relata la intensa vida de dos hermanas atrapadas en el conflicto bélico. De factura intachable, desde el punto de vista cinematográfico, es una intensa y emocionante película donde destaca la interpretación de sus actores. Ganadora del último Goya a mejor actriz secundaria, la actriz María León, destaca con una sólida interpretación cargada de intensidad dramática, no exenta de un toque tragicómico. Sin lugar a dudas es una actriz con una clara vena cómica, quizás heredada de su hermano Paco León, pero que en este personaje ingenuo y resignado, da lo mejor de sí misma. Excelente pues y más que recomendable ver la película, pero sin dejar de leer la novela. Fuera de lo estrictamente cinematográfico, sigue brillando por su ausencia la visión de los conflictos bélicos desde el lado de los vencedores, de tal suerte que en novela y cine seguimos teniendo casi siempre la visión del otro, con lo que es fácil caer en la simplicidad de los bandos, los buenos y los malos, los horrores y tragedias del fuerte al débil. Todas las guerras son malas para todos, es la mayor degeneración y embrutecimiento del ser humano.

La noche de Guy de Maupassant

Cuando las palabras se densifican y vertebran en acción, los grandes narradores son capaces de trasmitirnos emoción, sentimientos, y lo que es mas importante, crear un “mundo imaginalis”, paralelo al cotidiano, pero que no por ser imaginal es mas ficticio que el real, sino que en muchas ocasiones es mas real que la propia vida. Esto es lo que hace de Guy de Maupassant, uno de los mejores narradores universales del cuento o narración breve de todos los tiempos, junto a A. Poe o a Chejov. Aunque la obra narrativa de Maupassant es amplísima, quizás destacaría los relataos de terror que están al mismo nivel que los de A. Poe. Nuestro autor falleció joven, tan sólo tenia 43 años y lo hizo en un manicomio de París, tras un intento de suicidio y una gran depresión que le llevó hasta el borde de la locura. Recomiendo leer todo lo que puedan de Maupassant, pues si alguien quiere degustar el verdadero sabor del relato breve, este es un clásico. Dentro de sus obras y sin tener en cuenta su gran clásico “Bola de sebo, les recomiendo “La noche”, un solitario, oscuro y desgarrador relato, donde la protagonista es la noche densa, opaca y silenciosa de París. Si pueden les recomendaría que la leyeran en la edición bilingüe de la editorial Nórdica libros, pues viene acompañada de unas  magnificas ilustraciones en blanco y negro de Toño Benavides, un ilustrador español que ha frecuentado el cómic y la prensa, sobre todo el periódico El Mundo.  Les aseguro que cuando lean este relato, no verán  ni vivirán la noche de la misma manera. ¡Gracias Guy!. Enlace: http://www.melibro.com/la-noche-guy-de-maupassant-nordica-libros/

Otro abordaje de la obesidad: técnicas endoscópicas

Una de las consultas más frecuentes en Atención Primaria es la consulta sobre la dieta para la pérdida de peso en pacientes de todas las edades y condiciones. Independientemente de la consulta específica de pérdida de peso, que es mucho más frecuente en mujeres, nos encontramos con múltiples pacientes que, aunque su consulta no sea específicamente ésta, requieren un abordaje de su exceso de peso para reducir la comorbilidad de patologías tan importantes como la diabetes, la hiperlipemia o sus complicaciones como las cardiopatías, EPOC y un largo etc de enfermedades crónicas secundarias a la obesidad. El abordaje de la obesidad en el ámbito de la Atención Primaria no se realiza de una manera integral y con la suficiente eficacia, destacando una gran tasa de abandonos y escasa eficacia de los tratamientos. Aunque debe ser siempre un abordaje multidisciplinar, suele recaer fundamentalmente en el personal de enfermería y para el médico de familia, estos suelen ser pacientes a los que no dedicamos el tiempo suficiente. El cambio de hábitos, el abordaje de prácticas saludables, trabajar con herramientas cognitivas y ajustar dietas individualizadas, brillan por su ausencia. Deberíamos plantearnos si en el ámbito de la AP de nuestro maravilloso SNS no serían necesarios otros profesionales de gran interés y necesidad para el abordaje de estos y otros tipos de pacientes, como dietistas y psicólogos. Por otro lado, los médicos de familia desconocemos por lo general los múltiples métodos poco cruentos, como los endoscópicos, o más como los quirúrgicos, existentes para el tratamiento de la obesidad. Por eso me ha parecido interesante resaltaros este artículo, que aborda estas técnicas en toda su amplitud, con el fin de aproximarnos a la información y conocimiento de las mismas, para poder asesorar, aconsejar y orientar a nuestros pacientes hacia técnicas que pueden ser complementarias con nuestras indicaciones. Es bastante probable que el establecimiento de “unidades de obesidad”, con cirujanos y endoscopistas especializados, trabajando en equipo con nutricionistas, psicólogos, asesores deportivos y resto de personal sanitario de Atención Primaria, ofreciera unos mejores resultados ante este problema de salud que se ha convertido en la epidemia del siglo XX y XXI. Referencia del artículo: Espinet Coll E y cols. Técnicas endoscópicas actuales en el tratamiento de la obesidad. REV ESP ENFERM DIG Vol. 104. N.° 2, pp. 72-87, 2012 Consúltalo íntegro en: www.reed.es/numero_actual.php

Caminar hacia nosotros mismos: el caminar como arte

Si existe un libro emblemático es el de “Caminar”, por muy diversos motivos, del filósofo Henry David Thoreau, icono de la rebeldía civil y de la libertad del hombre. Aquí nos enseña como caminar, es todo un arte.   Cuando tengo algo de tiempo, trato por todos los medios de emplearlo en una de las aficiones que más me gratifican: vagabundear por el campo o la ciudad. Cuando utilizo el termino “vagabundear”, me estoy refiriendo a caminar sin rumbo fijo, perderme distraídamente, dejar vagar los pensamientos, no pensar en nada, disfrutar del aire, el paisaje, el mundo que me rodea. Durante mucho tiempo llegue a pensar que era un tipo raro, un ocioso parásito de la sociedad, que relegaba temas de importancia, por una cuestión tan trivial como es la de hacer de vagabundo durante unas horas. Pero este sentimiento de culpa, se desvaneció por completo cuando cayó en mis manos hace ya muchos años un maravilloso libro titulado  “Caminar” o también “El arte de caminar”.  Es una pequeña joya, que llegó a mí de una forma casual. En aquellos jóvenes años me interesaba profundamente por el movimiento pacifista de Gandhi y descubrí que dos de sus autores de  referencia eran Leo Tolstói y un americano llamado Henry David Thoreau. Así que me puse manos a la obra y me empape de atentas lecturas de ambos. Thoreau fue un topógrafo y ensayista americano que vivió entre 1817 y 1862, que él mismo se denominaba “inspector de ventiscas y diluvios”, pues era un enamorado del “vagabundear” y ese es el tema del libro que nos ocupa. La importancia de Thoreau en el pensamiento americano fue tremenda, pues inspiró los valores democráticos y el culto a la libertad de la sociedad americana y su libro “Ensayo  sobre la desobediencia civil” o “Walden o la vida en los bosques”, que han inspirado a generaciones y generaciones de pensadores, poetas y narradores. Podríamos hablar también de Emerson, Whitman, etc. Thoreau nos afirma que caminar es un arte, un arte para el que todo el mundo no está dotado, sólo aquellos tocados por la gracia de este don son los llamados a disfrutar de este placer dinámico, que nos hace perdernos, para ser mas auténticos y, en definitiva para estar mas centrados. El caminar en Thoreau es un arte del mismo nivel que la meditación. Esto me recuerda a la meditación que se realiza andando en los templos Zen de Japón. Otros, después de Thoreau, nos han mostrado el mismo camino, como el Premio Nóbel de literatura Hermann Hesse, que nos narra con brillante lirismo sus caminatas por lo Alpes, los valles y los lagos, hasta el punto de escribir un libro titulado “Caminante”. Gracias a Thoreau y a otros como Hesse, he descubierto que además de no ser un vago ocioso, pertenezco a la “antigua orden caballeresca de los caminantes andantes” Enlace: http://thoreaucastellano.blogspot.com.es/2009/11/el-arte-caminar-caminando-walking.html