Julio Zarco

La Experiencia de Envejecer, por Pedro Gil Gregorio

A mí particularmente el término «abuelo», me gusta. Ya sé que es políticamente incorrecto, y que lo adecuado seria hablar de “mayores”, pero para mí, y como declaración de principios, el concepto abuelo, conlleva una connotación cariñosa, cálida, familiar. Los médicos estamos muy habituados a los abuelos, es normal, los grandes avances de la medicina y de la ciencia contemporánea, han incrementado la expectativa de vida y hemos pasado a superar los 80 años. Esto es así, de tal manera que cuando un paciente fallece con menos de 80 años, nos atrevemos a decir que falleció cuando aún era joven. . Aunque legalmente la frontera de los 65 años marca el periodo entendido por tercera edad o fase de mayores, nuestra percepción y vivencia es que, este límite está más próximo de los 80 años que de los 70. En esta connotación legal o administrativa tenemos una de las mayores falacias que se pueden argumentar para con los mayores. Desde los albores del siglo XX, hasta la actualidad, la connotación de mayor tenía una serie de atributos de características negativas. Tal es así, que el paso de esta frontera se establece, al menos hasta ahora, en los 65 años, porque es la edad de la jubilación y por lo tanto, la época de la vida no productiva desde el punto de vista materialista y laboral. Parece como si el individuo se jubilara a los 65 años y ya fuera un trasto inservible, que es apartado por la sociedad y que ya tan sólo debe de estar esperando pacientemente la muerte, lleno de achaques, dolores y pérdidas irreparables. Tal concepto es producto de una sociedad materialista, centrada en la producción y el consumo. Sin lugar a dudas, la filosofía materialista y  el materialismo dialéctico, que eclosionó en plena revolución industrial, ha sido uno de los orígenes de esta situación. Hace dos días se presentó un libro que nos acerca a la experiencia de envejecer, desde la vivencia individual y real. Sin duda, aunque aún no he tenido la ocasión de leerlo, nos aproximará a la vida de los abuelos. Su título “La Experiencia de Envejecer”. Una obra  de D. Pedro Gil Gregorio, presidente de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología, que recoge el testimonio de 44 personas mayores que desarrollan un estilo de vida activo y saludable. Estoy seguro que desterrará tópicos y nos hará reflexionar sobre el concepto de persona mayor, anciano y abuelo.

Apuesta por la responsabilidad: paciente experto

Los sistemas sanitarios paternalistas e hiperprotectores han demostrado ser más ineficaces e ineficientes, generando situaciones contradictorias para los pacientes, fundamentalmente en lo referente a su autonomía y responsabilidad. Aquellas sociedades que poseen sistemas sanitarios vertebrados en torno a sociedades civiles bien constituidas y que fomentan la cultura de la salud y la autoresponsabilidad, son  más maduras y por ello más eficientes. Ejemplos de estas últimas, se encuentran en países de tradición liberal y socialdemócrata como Reino Unido, Suecia o Canadá. España está a años luz de la situación idílica de estos países, ejerciendo todavía una influencia paternalista por parte de los profesionales y del propio sistema sanitario. Pese a ello, seguimos tratando de poner en marcha propuestas innovadoras, fundamentalmente en el ámbito de la Atención Primaria, para tratar de que el ciudadano, tenga más y mejor información y formación y lo que aún es más importante, que se responsabilice de su propia salud, para tomar sus propias decisiones. En este sentido las propuestas e iniciativas de “paciente experto”, han demostrado mediante evidencia científica, que obtienen mejores resultados, además de redundar en  la propia morbimortalidad de la patología. Los profesionales sanitarios debemos desplazar la responsabilidad y toma de decisiones directamente a los pacientes y/o sus familiares, para que ellos, desde su conocimiento y vivencia interna, sean capaces de movilizar recursos personales y grupales. Pero para ello es necesario asegurarse de que el “conocimiento” del paciente sea riguroso. El mayor “experto” en el devenir de una enfermedad determinada es el que la padece, y éste a su vez debe de ser capaz de facilitar los procesos de aprendizaje y educación para la salud de otros pacientes con su misma problemática. Las autoridades sanitarias y fundamentalmente el sector profesional, en especial los médicos y personal de enfermería, debemos facilitar los procesos de autocuidado y paciente experto, para que sean los propios pacientes, los que realicen la labor de información, formación y manejo de sus patologías desde la vivencia personal, irrepetible y única, del que tiene sus mismos problemas. Los médicos debemos de ser cada vez más conscientes de nuestro papel de “formador de formadores”, de facilitadores y comunicadores con nuestros pacientes. Pienso que la labor médica de los próximos años debe de orientarse hacia el rol de “coaching” terapéutico, en beneficio de tener más ciudadanos responsables y capacitados y menos pacientes sumisos e ignorantes. Informémonos cómo, porque nosotros también somos enfermos: paciente experto: una sesión sobre obesidad:

Adherencia al Tratamiento, un bien necesario

Hace no demasiado tiempo, una periodista  especializada en el área de salud me preguntaba con insistencia cuáles eran los datos de que disponíamos sobre el número y porcentaje de tratamientos médicos que eran abandonados, y sobre qué tipo de impacto tenían en la salud de los individuos y en la sostenibilidad del Sistema Sanitario español. No pude contestarle, pues no conocía estadísticas ni estudios españoles que avalaran, desde la certidumbre y rigor científico, tales datos. Lo que en un principio pensé que era un desconocimiento personal, se vio acrecentado en mi preocupación cuando, hablándolo con otros compañeros de profesión, profesores universitarios y Académicos, todos sin excepción hablaban de cuál era su percepción sobre el tema, sin poder darme una referencia explícita y clara sobre el problema. Como suele ser habitual, me propuse hacer una consulta y búsqueda bibliográfica al respecto, obteniendo interesantes y jugosos datos de la sanidad canadiense, la sueca, inglesa y, por supuesto, norteamericana. Una cifra me impactó de manera severa: casi el 45% de las indicaciones terapéuticas de los profesionales de la salud, no eran seguidas por sus pacientes. Existen muchos estudios que tratan de cuantificar el número de reingresos hospitalarios y la aparición de efectos secundarios en los enfermos que no siguen las indicaciones profesionales y se han llegado a cuantificar de forma aproximada sus costes económicos, en términos absolutos. Esta situación se ve potenciada por la enorme sensibilización que existe ante el abordaje integral y por ello multidisciplinar del paciente crónico y por la clara reorientación que debe de producirse hacia los procesos de cultura de la salud, centrando el eje de las actuaciones en el autocuidado y responsabilidad del ciudadano con su propia salud. Este fue el germen y sustrato por el cual en el mes de junio pasado nació el Observatorio de la Adherencia al Tratamiento (OAT), de la mano de prestigiosos profesionales médicos, enfermeros y farmacéuticos y apoyado por la Federación Española de Empresarios de la farmacia (FEFE) y por el Consejo de Enfermería. El OAT,  presidido por el profesor José Manuel Ribera, Catedrático de Geriatría de la Universidad Complutense y Académico de número de la Real Academia Nacional de Medicina (RANM), celebrará entre los días 3 y 4 de octubre sus primeras Jornadas acerca de la adherencia al tratamiento, con dos actos: el primero científico, en la RANM y el segundo, con una actividad educativa a la población, en la Plaza de Felipe II de Madrid. La corta vida del OAT ha puesto de manifiesto varias cuestiones, la primera de ellas es que la capacidad de liderazgo de profesionales de prestigio independiente es lo que hace progresar los proyectos y llevarlos a buen término; por otro lado, la importancia en cuanto a la colaboración multidisciplinar de todos los agentes involucrados en el proceso terapéutico; y por último, lo más importante a mi modo de ver, y es que pese a crisis económicas, intervenciones financieras y escenarios políticos inciertos, lo importante siguen siendo los ciudadanos y los profesionales, que somos capaces de darles servicio. Accede al programa de las I Jornadas de Adherencia al Tratamiento Publicado en Gaceta Médica

Imágenes hechas palabras: «Escritos» de Hopper

Nada hay que odie mas que los textos de críticos de arte, que desmenuzan y diseccionan las obras plásticas, normalmente sin tener la menor idea de cómo pintar un cuadro o realizar una escultura. En realidad son artistas “de salón”, que desbordan erudición a raudales, para impresionar al lector sobre sus magníficos conocimientos del arte, la época, la técnica, etc. Los críticos literarios son bastante parecidos, salvo honrosas excepciones. Todos ellos, suelen ser individuos carentes de la chispa de la creación, de la imaginación creadora y debido a esa “minusvalía creativa”, se dedican a desguazar las creaciones de los demás, haciendo creer que conocen, comprenden y perciben el mundo imaginal y psicológico del creador. Dicho esto, debo de argumentar, que existen excepciones que se alejan de este patrón y suelen ser los grandes artistas, que son capaces de penetrar en el mundo interno de sus compañeros, para poder contrastar la experiencia estética del otro con la suya propia. Han existido grandes artistas que han escrito bellas páginas de crítica, desde lo profundo de su experiencia, véase el ejemplo de Thomas Mann, Aldous Huxley o Chesterton. En este caso concreto, tenemos un magnifico libro titulado sencillamente “ESCRITOS” y que es una recopilación de Edward Hopper, hablando se su propia pintura y de la de sus coetáneos.Lo primero que llama la atención del texto, es su sencillez y su honestidad. Hopper reivindica una pintura auténtica y con rasgos de identidad de la América de principios de los años 20. Él se siente deudor del espíritu libre y “natural” de los grandes artistas y pensadores americanos como Whitman, Emerson, Durand, etc. y reivindica la búsqueda de lo auténtico, resaltando que el autor debe de plasmar su verdadera visión del mundo. Esta postura le lleva a luchar contra las modas imperantes, denunciando a los artistas americanos que siguen la moda europeista, de exportar estilo de los salones y museos franceses a la  América indómita. Me ha gustado mucho su visión sencilla del acto artístico y me ha recordado, por su honestidad a un gran artista nuestro, Antonio López, por su reivindicación de la simplicidad, la autenticidad y la ausencia de adornos barrocos. La profundidad psicológica de la comprensión de la realidad, hacen a Hopper un sabio contemplativo que penetra la realidad de lo que le rodea y como avanza en su texto: “La única cualidad que perdura en el arte es una visión propia del mundo.Los métodos son pasajeros: la personalidad es imperecedera”. Si deseas adquirirlo pincha en la portada del libro o en este enlace

La voz de Anna Frank, más actual que nunca

Durante estas últimas vacaciones he pasado unos días con mi familia en los Países Bajos, disfrutando del fresquito de los “polders”, sus extensos paisajes verdes y alguna buena, nutritiva y atrevida cerveza. En Ámsterdam tenía planificado, dentro de mi calendario de visitas disfrutar de pintores como Rembrandt, Vermeer y Van Gogh y acudir a la casa donde vivió Anna Frank, y así se cumplió. Cuando era niño leí por primera vez el “Diario de Anna Frank” y me impresionó que una niña de la misma edad que yo tenía por entonces, (unos 13 años), contara con tanta madurez su experiencia de vivir durante 2 años y 2 meses oculta en unas habitaciones-zulo, detrás de un armario de su casa. Anna, alemana huida a Holanda por ser judía, vive durante dos interminables años con su familia y otros 4 amigos durante la invasión nazi de Amsterdan. Desgraciadamente, fueron atrapados y todos murieron en los campos de exterminio, salvo su padre, que fue quien rescató el diario que su hija escribía día a día en la eterna oscuridad de su cárcel. El libro me impresionó tanto, que cuando mi hija cumplió 13 años, le regalé este mismo libro y a ella también le impacto la vivencia y el texto, que rezuma sensibilidad, imaginación, esperanza y también miedo y dolor. Ahora he podido visitar con mi familia, la casa de Anna Frank en Ámsterdam y mi impacto ha sido si cabe, aún mayor. Durante mi visita he recorrido en silencio sus aposentos, he respirado su aire y he visto con su luz. Me ha parecido ver las sombras de Anna andar en silencio por las habitaciones y susurrarme al oído alguna broma de una adolescente inteligente y con gran imaginación. En su cuarto, múltiples dibujos y fotografías la decoran. Es la habitación de una adolescente donde se pone de manifiesto sus pasiones, sus ilusiones. En el caso de Anna, su pasión, el arte y el cine. Fotografías de actores y actrices de la época decoran las tristes paredes junto a dibujos y esculturas de Leonardo y Miguel Angel. Anna, estaba enterrada en vida y su pasión por la literatura y el arte mantuvo viva su ilusión, sus esperanzas y sus ganas de vivir. Anna además de su diario, escribió muchos relatos, cuentos y hasta una novela, y la madurez y estructura de los mismos, son dignos de una experimentada y madura escritora. Salimos de su casa, con el alma sobrecogida, con un poso de tristeza y a la vez con el sentimiento de que Anna era un alma grande y que el ser humano es capaz de superar cualquier adversidad. Los psicólogos modernos lo llaman “resiliencia”. La prensa local de Holanda anuncia las elecciones en una semana y habla sobre el crecimiento de los movimientos nazis, el auge de la extrema derecha, que persigue a cualquier ser humano, animalizando a las personas y los múltiples atentados a la libertad de expresión y de conciencia. ¿Qué está pasando en el mundo?, cómo es posible que miles de personas nieguen el Holocausto, o lo que aun es peor, lo justifiquen. Cómo es posible que se atente con violencia contra los que no son de tu país, tu religión o tu pensamiento, ¿no hemos aprendido nada en tantos años de dolor y sufrimiento?. Pienso que la voz de Anna debe de ser más escuchada que nunca, pero sobretodo, debemos hacer un profundo examen de conciencia, pues la sombra oscura y ponzoñosa de la intolerancia y la violencia se están apoderando de nuestra sociedad. Ahora, más que nunca, hay que luchar contra lo inmoral, lo éticamente deplorable y lo inhumano. El cinismo del ser humano ha llegado a sus más altas cotas y mientras podamos marchar de vacaciones, merendar en la pizzería, comprar nuestra ropa de marca y jugar a la play…, ¿qué más nos  da lo que ocurra en el mundo?. Afortunadamente siempre habrá una Anna Frank para enseñarnos el camino. Acércate a su historia: