Nuestra antropomorfizacion de la existencia, solo consigue que todo guire entorno al ser humano. Los humanos hemos creado un planeta para humanos, poblado solo por humanos y hemos encerrado la vida en nuestras pequeñas existencias humanas, como si toda la vida, la existencia y el cosmos, se redujera solo a la existencia humana.
Que somos el increíble producto de un proceso activo, dinámico y creativo de la evolución, es una realidad evidente. La evolución es un proceso inherente a la vida, es más, como acto creativo, es el sustrato donde la existencia despliega todo su potencial, es por ello, que el ser humano, aun es un ser en tránsito, un ser que aún no ha parado de evolucionar y que esta llamado como decía Rumi a convertirse en angel, está llamado a las estrellas. Pero no nos hemos puesto a observar que en nosotros yace todo el proceso evolutivo, la filogenia y la ontogenia. Estamos animados por una chispa divina como proponía Plotino y tantos antes o después que el, pero estamos construidos en base a las rocas, plantas y animales que nos han precedida en este deambular cósmico. En las actuales teorías Holobionticas, nos hacemos conscientes de que somos organismos compuestos de millones de otros organismos, bacterias, microbios y hongos que viven de nosotros y que nos hacen vivir y sentir, pues sus genes se mezclan y entrecruzan con los nuestros mostrando que el concepto de INTERSER budista es una realidad y todo está interconectado en una red oculta de la vida. Las investigaciones más actuales ponen de manifiesto, la gran importancia del microbioma humano en el propio comportamiento y conducta, sentimientos y percepciones de los individuos. Cantaba el poeta Whitman que somos mundos y la ciencia demuestra que somos mundos interactuando y creando un complejo tejido llamado vida.
El otro día leía el interesante libro del botánico Merlín Sheldrake titulado “La red oculta de la vida”, sobre la enorme importancia de los hongos en la vida de la tierra, como cooperadores necesarios de la evolución y la vida sobre nuestro planeta. Esos millones de hongos que habitan nuestro organismo y que generan una tupida red de interconexiones en el subsuelo que es capaz de cuidar árboles y comunicar bosques enteros, que es capaz de hacer que las plantas puedan alimentarse deshaciendo los materiales rocosos o que es capaz de curar y proteger a las plantas y árboles de parásitos y enfermedades. Ante tal espectáculo, solo podemos demostrar veneración, sorpresa y sobretodo reverencia por la vida. La vida es una tupida red de relaciones armónicas que interactúan para hacerse más complejas y llevar nuestras existencias más allá de las estrellas.
