Filosofía

EL ESTOICISMO, LA PSICOTERAPIA MAS ANTIGUA

Me resulta curioso a la par que sorprendente, el enorme éxito en la actualidad, de la filosofía y más concretamente, el gran auge de la filosofía estoica, en la producción literaria. Yo mismo he escrito un libro: “El estoicismo como filosofía de vida”, que da cumplida cuenta de la enorme necesidad de adaptar esta corriente de pensamiento clásico a la actualidad. A lo largo de este blog, hemos reseñado en múltiples ocasiones, la importancia de los escritos y producción intelectual del filólogo Pierre Hadot, que fue el primero que, en los años 60 del siglo pasado, comenzó a definir esa dimensión práctica de la filosofía estoica, aplicada a la vida cotidiana. Hadot nos hablaba de que la dimensión practica del estoicismo era enseñarnos a tener una vida plena y buena, alcanzar la eudamonia a través de la práctica del arete, las virtudes estoicas y fundamentalmente  trabajar la lógica y el pensamiento racional. Dependiendo de cómo pensemos, de cómo estructuremos nuestro mundo interno, así percibiremos la realidad. Una inadecuada respuesta a nuestro mundo y sus requerimientos, está sustentada en un inadecuado planteamiento de nuestro discurso lógico-racional. Por ello, pensar de manera adecuada se hace inevitable para tratar de estructurar nuestra visión del mundo (la física de los estoicos) y nuestra conducta (la ética de los estoicos). Es por ello, que lo primero que hacían los pensadores estoicos era enseñar a sus pupilos a pensar de manera adecuada. Dos mil años después, un gran psicoterapeuta llamado Aarón Beck, estructura su terapia cognitivo- conductual, en los mismos principios del estoicismo e inaugura una corriente psicoterápica muy demandada y eficaz. En el libro: “Piensa como un filósofo griego”, del estoico moderno y psicoterapeuta Donald Robertson se pone de manifiesto el origen de la terapia cognitivo-conductual en los albores del pensamiento clásico y muy especialmente en el método socrático de raciocinio y que fue tan característico del filósofo griego. La mayéutica, el pensamiento lógico-racional, la indagación de la verdad mediante el interrogatorio adecuado y las preguntas pertinentes, fueron el método característico de Sócrates, que influyeron de manera decisiva en el estoicismo y dos mil años después llevaron a Aarón Beck a fundar su moderno método terapéutico. Este hecho y otras cuestiones más, hacen que el estoicismo sea la corriente de pensamiento actual más emergente y lo convierten en la psicoterapia más antigua.

Hacia una arquitectura humanizada: arquitectura terapéutica

En las últimas décadas el término “Humanizacion”, vinculado a los servicios de salud se ha puesto de “moda”, convirtiéndose en un nuevo paradigma incomprensiblemente actual, cuando la atención prestada en los dispositivos sanitarios se produce de humanos a humanos en un clima deontológico y ético que podríamos considerar y definir de HUMANO. Es bastante probable que esta insistencia en definir la atención como humanizada, se deba al gran avance de lo científico-técnico, y en definitiva de la tecnología que previene al ser humano de que no debe de perder sus características más humanas, sus rasgos más personales. Los nuevos paradigmas tecnológicos y el gran avance que se está produciendo en áreas como la IA, el internet de las cosas o el metaverso, nos configuran un paradigma trashumanista que pone en guardia la dimensión más humanística de los cuidados y nos hace focalizar nuestra atención en las personas en búsqueda de una cierta distancia de la máquina. Dentro de este nuevo paradigma emergente, cada vez cobra más fuerza, la importancia de las infraestructuras, la arquitectura y en general, los espacios asistenciales, como uno de los elementos fundamentales, que influyen en la experiencia del paciente. Durante muchos siglos, el espacio donde los profesionales sanitarios, especialmente los médicos, han tratado a los pacientes, se ha denominado “espacio terapéutico”, queriendo significar la importancia del espacio para facilitar la sanación y recuperación de los pacientes. Siguiendo con este símil y escalándolo, a todo el edificio y estructura que alberga pacientes, familiares, profesionales, etc., ya sean hospitales, centros de salud o centros socio sanitarios, podemos hablar de arquitectura sanitaria humanizada. Y es que el espacio, como ha quedado demostrado en múltiples estudios psiquiátricos, neuropsicológicos y comportamentales, puede ser sanador o yatrogenico, por afectar de manera directa a la experiencia que tienen las personas de dichos espacios. Debemos tener en cuenta que los centros sanitarios, son lugares donde acuden enfermos, generalmente con una experiencia negativa por su propio proceso y donde múltiples emociones como la ansiedad, el miedo y la incertidumbre están presentes de una manera muy definitoria. Generalmente los centros sanitarios, suelen ser lugares des-humanizados, grandes, incomodos, estresantes y hostiles a sus visitantes y a los profesionales que trabajan en ellos y generalmente es bastante frecuente que apenas se recoja la experiencia de los pacientes y de los profesionales que habitan en el mismo, cara al diseño de estos espacios y lugares. La arquitectura de los espacios asistenciales debería estar pensada, creada y diseñada para personas que están sometidas a una gran intensidad emocional y tratando de fomentar el conform, el acogimiento, el respeto y la dignidad. Un paciente que acude a un centro donde la arquitectura es yatrogenica, puede trasformar su experiencia en peor aún y tener un sentimiento de mayor soledad y ansiedad. Esa misma persona, si acude a un centro donde la arquitectura es humanizada y agradable, trasforma su experiencia, convirtiéndola en más llevadera, más amable y humana. Ni que decir tiene, que la arquitectura humanizada no solo está pensada para los pacientes y sus familias, sino también para los profesionales que deben de pasar largas jornadas de trabajo sometidos a un intenso estrés y a situaciones de gran tensión emocional. Desde la Fundacion Humans para la promoción de la Humanizacion de la atención socio-sanitaria, hemos realizado un proyecto sobre Humanizacion de la arquitectura y la ingeniería sanitaria que pretende ser una guía práctica, sobre cómo abordar el diseño, planificación y creación de estructuras sanitarias bajo unos parámetros y estándares de Humanizacion. Esta guía se basa fundamentalmente en los principios fundamentales del humanismo socio-sanitario, que tan bien recogieron autores como Laín Entralgo, Roff Carballo o Diego Gracia. Estos principios Humanísticos aplicados al servicio de la persona enferma y vulnerable, es lo que se denomina Humanizacion. Estos principios están anclados en valores fundamentales como la dignidad, la empatía, la compasión, la tolerancia, la libertad y la eudamonia. Según ello, podríamos hablar de un “Humanismo arquitectónico”, que vendría a ser la aplicación de estos principios en la creación arquitectónica de espacios sanitarios. Entendiendo estos principios desde la perspectiva de la Humanizacion de la arquitectura ya desarrollada en el siglo pasado por arquitectos como Alvar Aalto y otros, podemos entender el espacio arquitectónico, como un ecosistema sanador que acoge a los que trabajan en él y a los que lo visitan y están enfermos. Estos principios que han sido asumidos por múltiples autores desde entonces, se ponen en relación con lo que algunos denominan “TRIADA DE LA HUMANIZACION ARQUITECTONICA”, que consiste en la conexión, la empatía y la dignidad, y como el diseño tiene que orientarse a estos tres principios. Garantizar la dignidad cuando se es más vulnerable, es el objetivo principal de una atención humanizada. Para ello tenemos que incluir a todas las personas de una manera clara, determinante y valga la redundancia, inclusiva. Para ello es fundamental garantizar la privacidad, dado que en múltiples ocasiones la persona se encuentra desnuda y expuesta a la vista de profesionales y desconocidos que vulneran esta privacidad. Garantizar una adecuada comunicación con una señalética inclusiva y una buena visibilidad son fundamentales. En cualquier lugar, lo fundamental es tener en cuenta la diversidad humana y la existencia de grupos minoritarios garantizando la igualdad de las personas en los espacios. Para ello, se hace indispensable tener en cuenta la diversidad funcional y cognitiva y garantizar una accesibilidad universal. Si el trato de los profesionales debe de ser empático, también lo debe de ser la arquitectura para diseñar espacios que influyan positivamente en las personas. Todo lo que sea disimular y “maquillar” la tecnología, generara tranquilidad. El tamaño de los equipamientos sanitarios hay que tratar de minimizarlo con la utilización del color y los revestimientos, huyendo de la frialdad a través de materiales rugosos que trasmitan calidez. De igual manera hay que huir del exceso de equipamientos médicos tratando de integrarlos en el diseño y combatir la soledad, la tristeza y el aburrimiento a través de la utilización del color, huir de diseños monótonos y fomentar el acompañamiento y las

La filosofía como aprendizaje de los adultos

Nos encontramos en la época de la tecnología, la IA, el metaverso y el mundo distópico imperio de las maquinas. Nuestro futuro nos ha alcanzado y muchos de los pensamientos de nuestros autores favoritos de ciencia ficción, como Asimov, Lem, Dick y tantos otros, están en nuestro presente y en nuestro día cotidiano. La máquina ha vencido al espíritu y en este paradigma científico de lo mensurable, lo que no es ciencia no interesa, lo que no se puede medir y no es cualitativo, no forma parte de nuestros planes. Es por ello que las denominadas HUMANIDADES, han ido desapareciendo de nuestros planes de estudio. La importancia de la literatura, la filosofía, la sociología y tantas materias producto de nuestro desarrollo cultural, han perdido peso a favor de la tecnología, la física, la bioquímica y la biología. Siempre me he opuesto y me opondré a esta desaparición de las humanidades, por estar convencido que las materias que la representan, son lo más genuino del espíritu humano y representan lo que más radicalmente nos hace humanos. Un científico, un tecnólogo sin historia, filosofía, literatura o arte, tan solo será un frio oficiante de cálculo sin alma. En muchas ocasiones hay que recordar que Einstein llegó a su teoría de la relatividad porque laimaginó y recreó en su mundo imaginario, luego la vistió matemáticamente. Darwin imaginó su teoría evolutiva y luego la probó con sus hallazgos y observaciones. La imaginación y la creatividad forman parte nuclear de la ciencia y estas cualidades tan humanas son sustentadas por las materias humanísticas. Por todo ello y por muchas más cuestiones que trascienden este pequeño comentario, hago una defensa de la filosofía como forma de educación a la manera que el filósofo francés Pierre Hadot hizo en su famoso libro del mismo título. Para Hadot, así como tantos otros entre los que me encuentro yo mismo, pensamos que la filosofía nos enseña a pensar y razonar con nitidez, así como nos enseña a vivir bien nuestras vidas. Porque la filosofía no es un galimatías conceptual, sesudo de extrañas teorías del lenguaje solo al alcance de los académicos, sino que la filosofía es la guía que nos cambia la percepción del mundo, para ser mejores seres humanos y con ello, construir un mundo mejor. Decía Platón que la filosofía es un aprendizaje del buen morir y por ello, morimos como hemos vivido. Por ello, debemos volver en un eterno retorno a nuestras fuentes, la fuente del conocimiento amparada en un adecuado pensamiento y una nítida percepción de la realidad.

Cuando James Bond tenía licencia para pensar

Cuando mencionamos el nombre de James Bond, nos viene a la memoria el célebre personaje de espía creado por el escritor británico Ian Fleming, que ha sido interpretado para la gran pantalla con más o menos éxito por galanes de turno, desde Sean Connery, hasta Daniel Craig, pasando por Roger Moore y Pierce Brosnan. Un personaje icono de la masculinidad, vividor y mujeriego empedernido que salva a la Gran Bretaña de múltiples villanos entre Martini y Martini. Pero si yo les pregunto cuál era la verdadera identidad de Bond y cuál era su segundo apellido, la mayoría no sabría responder. El verdadero James Bond no era británico, sino americano, se apellidaba Stockdale y servía en la aviación americana durante la guerra de Vietnam, fue héroe de guerra y se presentó sin éxito como vicepresidente de los EEUU en 1992. ¡Todo un descubrimiento!, ¿verdad? Me gustaría glosar la figura de este desconocido militar, no solo por sus éxitos bélicos, sino por su sentido filosófico de la vida, de echo él se autodenomina militar y filósofo, como queda palpable en su excelente ensayo: “Valor bajo el fuego: probando las doctrinas de Epicteto en un laboratorio de conducta humana”. Bond acudió a estudiar relaciones internacionales a la universidad de Stanford donde quedó cautivado por la filosofía y especialmente por la escuela estoica representada por Epicteto y Marco Aurelio. Memorizó sus pensamientos y código de conducta, pues pensó que el buen militar debía inspirarse en esta antigua escuela que reza que el hombre ha de tomar el mando sobre sí mismo y como el mismo escribió: “las dificultades son lo que muestra el carácter de un hombre. Cuando te encuentras con una piensa que eres un joven atleta al que el entrenador envía un ejercicio.” Corría el año 1965, durante la cruel guerra de Vietnam, cuando Bond fue derribado en Hanói. Pudo saltar en paracaídas y fue apresado con otros compatriotas suyos en un campo de concentración que terminó convirtiéndose en su laboratorio de conducta. Era el momento de pasar del conocimiento académico a la aplicación práctica de lo memorizado. Su primer pensamiento fue: “Cómo se comportaría Epicteto, Marco Aurelio o Cicerón, para mantener la dignidad frente a la adversidad”. En aquel inmundo campo permaneció ocho años de los cuales dos años permaneció encadenado y soportando numerosas torturas y cuatro años en aislamiento total, cuando se descubrió que clandestinamente lideraba a 75 pilotos presos como él y que había inventado un sistema de comunicación mediante golpes. Jimmy Bond sobrevivió gracias a la aplicación de las ideas estoicas a la rutina diaria, a su gran fortaleza mental, producto de su entrenamiento en estas ideas y a la libertad interior que consiguió plasmar en lo que el denominó “La Triada Guerrera Estoica”, es decir conseguir la calma, superar el miedo, conseguir la libertad interior y el desapego estoico. Entre tortura y tortura, él con gran disciplina, repasaba en su interior el cómo pensar, cómo reaccionar emocionalmente y cómo actuar en consecuencia. No solo sobrevivió Jimmy, sino que ayudó a muchos compañeros a que sus días fueran más livianos y a buscar la entereza cuando toda esperanza estaba perdida. Acabada la guerra y liberado de su cautiverio nuestro protagonista prosiguió su carrera militar colmado de grandes honores y como hemos comentado participó activamente de la vida política americana, aunque su gran misión fue enseñar en múltiples universidades y escuelas militares, cómo las ideas estoicas pueden ponerse en práctica en nuestras vidas cotidianas, lo cual nos hace más libres y por lo tanto más felices. Y es que queridos amigos, la filosofía esta para ser una herramienta que nos enseñe a cómo bien vivir y no para discusiones de salón. Por ello cada día que pasa, mi sensibilidad está más cerca de los ideales estoicos y del señor James Bond y más lejos de las tertulias culturales.