Espacio cultural

El cielo también necesita quien le defienda: Rafael de Sanzio

Ya he comentado en varios apartados de este blog que soy un auténtico enamorado de la obra y vida de Leonardo y de Miguel Ángel, por su originalidad y fuerza expresiva, quedando otro gran artista como Rafael de Sanzio, relegado al tercer lugar en mi humilde escala de grandes protagonistas del arte. No es una cuestión de valoración artística o técnica, sino simplemente una cuestión de gustos. No obstante, me acerque a disfrutar este verano de la exposición titulada “el último Rafael” en el museo del Prado y pude comprobar de primera mano la originalidad y fuerza creadora del maestro italiano. Pese a que en el imaginario colectivo o al menos en el mío propio, asocio Rafael a sus madonnas, mi interés se centro en otro tema.No hay lugar a dudas que las maravillosas Vírgenes y Sagradas Familias de Rafael están llenas de ternura y sutileza expresiva, solo tienen que contemplarse con arrobo “la Virgen de la rosa”,”la perla”y tantas otras realizadas por él, como por sus alumnos más directos, tal es el caso de Giulio Romano. Rafael, es quizás el artista del Renacimiento que, muy al contrario de la soledad e individualismo del maestro Leonardo o de Miguel Ángel, tenía un taller activo que daba cumplida cuenta de múltiples encargos. El maestro supervisaba todas las obras, pero sus discípulos participaban de una manera muy activa en el proceso creador. Como digo mi interés se centra lejos de las Sagradas familias, las Vírgenes, los retratos, etc. Lo motiva, la percepción de una gran fuerza plástica unida a la simbología poderosa de un gran mito de la tradición judeo-cristiana. El cuadro se pintó en el año 1518 y se titula “San Miguel”. Es un cuadro de unas grandes dimensiones, que se expone de manera permanente en  el museo del Louvre. La escena es sencilla, San Miguel Arcángel, pisotea al diablo y alza su lanza para ensartarle en el suelo. Esta es, en la iconografía cristiana, la imagen más simbólica y constante en todas las imágenes y representaciones del guardián de los cielos. Lo que me llama la atención de este cuadro no es la composición temática, sino la expresividad de los protagonistas y su aptitud corporal. Miguel ocupa en la jerarquía celestial, la máxima representatividad, pues es el que vela por la ley y el orden e impide que los asuntos del cielo (es decir el mundo espiritual) irrumpan en el mundo material  y físico. En cierto modo el Arcángel San Miguel, es el “jefe de los  Ángeles”, la mano ejecutora de Dios, su “guardaespaldas  celestial”, él ejerce el control sobre el resto de las huestes celestiales. Cualquier distracción de Miguel lleva a las fuerzas del mal a eclosionar en el mundo, a sembrar el mal, a adueñarse de la tierra y de los humanos. Dios confía en Miguel y éste pastorea los planos espirituales, generando orden. En la escena referida, Rafael, nos muestra a un Miguel, que llega volando enérgicamente desde los cielos superiores, desplegando sus amplias alas, alas que tiene la curiosidad de pertenecer al género aéreo (de ahí las plumas aladas de los Ángeles) y  a la categoría acuática (en los bordes superiores de las alas aparecen escamas como los peces). Miguel  vislumbra desde las alturas al diablo y se lanza en picado sobre él. El desplegar de sus alas es tan potente que el aire al desplazarse, lanza un fuerte zumbido que alerta al demonio. Cuando este mira hacia las alturas, ve la imponente figura de Miguel, lanzándose sobre él, con inusitada fuerza. Está tan cerca, que el propio Arcángel le impide ver el cielo, el diablo tropieza y cae. Ese tropiezo del señor de los infiernos, hace que Miguel tenga que rectificar en el aire y torsionar su cuerpo, en una descomposición de gran dificultad. Miguel, alza su lanza con fuerza, lanza su pierna derecha con el ánimo de aplastar al diablo y retuerce su figura para rectificar en el aire su posición, para ensartar con energía a su eterno enemigo. Esta es la escena y suponemos el final…, aunque éste es un pequeño diablo y no Belcebú, su dueño, pues de haberse producido esta escena entre Miguel y el príncipe  de las tinieblas, ahora el mal estaría erradicado. Miguel ha acabado ensartando a un diablo más a las órdenes de Lucifer y continúa eternamente una y otra vez, hasta la eternidad, repitiendo esta escena, sin principio ni fin.  Os quedan pocos días para apreciarlo en directo (hasta el 16 de septiembre), aunque os dejo con un aperitivo que os haga levantar de la silla para no perdéroslo.

Una habitación en Nueva York: ¿cuál es tu historia?

En estos días se está exponiendo una interesante colección pictórica del artista americano Edward Hopper en el museo Thyssen y esto siempre es una buena ocasión para acercarnos al alma de este increíble artista, que como nadie en la época contemporánea, supo reflejar la vida cotidiana de los americanos del siglo XX. Edward Hopper. Óleo sobre lienzo Además esta retrospectiva hace un guiño al mundo del cine y a la estrecha relación entre el artista y el mundo del celuloide, pues no sólo muchos grandes cineastas se han inspirado en la producción artística de Hopper, sino que muchos de ellos, como Alfred Hitchcock basaron su estética en los planos y ambientes de Hopper. Por ejemplo, la que fuera famosa casa de Norman Bates en “Psicosis”, es un lienzo de nuestro artista, denominada “Casa al lado de la via”; o el film “La ventana indiscreta” esta inspirado en las numerosas pinturas del artista. Y es que el mundo visto a través de una ventana, sitúa al observador en una posición interesante, donde somos participes de una acción, pero al mismo tiempo, nos convertimos en observadores fortuitos que espiamos las interioridades de los otros. La perspectiva de observador “indiscreto”, nos genera un sentimiento de morbo, acompañado de curiosidad de intruso antropólogo. Compruébalo tú mismo en este vídeo sobre su obra, pero conecta el altavoz: Por ello, y aunque la producción pictórica de Hopper es increíblemente vasta y sus óleos y grabados son magníficos, me gustaría poner la atención a un lienzo, no extremadamente conocido del pintor, pero que estimo puede resumir la filosofía conceptual del artista; es decir, nos acerca a su mirada, a la forma en la que Hopper mira, contempla y observa la realidad que le rodea. El lienzo fue pintado en 1932, se titula “La habitación de Nueva York” y la escena que refleja es una sencilla y doméstica imagen cotidiana, donde a través de una ventana abierta a la noche de Nueva York, contemplamos a una pareja, que aparentemente no tiene nada de peculiar. Él lee el periódico y ella teclea desganadamente el piano, aparentemente todo es anodino y sencillo. Pero observemos con más detalle la escena. Es un matrimonio, él expresa una gran tensión leyendo la prensa, literalmente se vuelca en el periódico que tiene entre manos, no está en este mundo, lee con atención algo que centra su interés, y hace caso omiso a su esposa. Su mujer, se siente abandonada, está acostumbrada a estar aburrida, teclea con desgana el piano y es poseedora de un secreto. De un  momento a otro le dará una noticia a su esposo, solo está esperando el mejor momento. El cuerpo de la esposa está relajado, por lo que suponemos que la noticia no será negativa, es posible que sea una buena nueva, quizás un posible embarazo. El marido, lee con avidez una página de deportes o quizás sea el estado de la bolsa después del  descalabro del año 1929. Es un matrimonio acomodado, tienen  hasta  un piano y la decoración denota cierto gusto y sofisticación, es decir se trata de un matrimonio burgués, de clase media alta, por lo que me inclino a pensar que nuestro ávido lector es un empedernido jugador de bolsa que contempla  expectante los movimientos bursátiles, que condicionaran los movimientos suyos en la próxima mañana. Casi puedo palpar la situación: ella le confiesa su embarazo, él casi no la  mira y no se percata de la situación, apenas le hace caso, ella se enfada y dando un portazo sale de la habitación para dar un paseo y sofocar su rabia contenida. Este es Hopper, un artista capaz de crear escenas, capaz de crear ambientes, historias y capaz de estimular nuestra imaginación, dotando a sus personajes de un escenario, que casi siempre tiene una fuerza expresiva que nos arrastra a una imaginación desenfrenada, es más, este cuadro podría servir de comienzo para la base de un guión cinematográfico. Y, tú ¿cómo te lo imaginas?, ¿podría ser ésta una continuación de la historia del cuadro?