Desarrollo Profesional

Reflexiones entorno a la Troncalidad en medicina

Una de las premisas fundamentales del conocimiento científico es que éste debe compartirse. La ciencia siempre se encuentra en un continuo afán de simplificar, aglutinar y generar lazos entre el conocimiento, para facilitar la creación de teorías, hipótesis o estructuras estables que sirven de la mejor manera al conocimiento de la realidad. En este sentido, la propuesta de Ley de Troncalidad para la formación médica posgrado, es un claro ejemplo que ratifica lo anteriormente expuesto. La Ley de Ordenación de Profesiones Sanitarias (LOPS), en el año 2003, establece en su sección segunda, artículo 19, punto 2, que las especialidades en Ciencias de la Salud se agruparán cuando proceda, y siguiendo un criterio de troncalidad; es decir, buscando nexos comunes. En este sentido, la troncalidad puede definirse como el conjunto de competencias comunes a varias especialidades médicas, que permite la agrupación de éstas,  y de un proceso formativo durante un tiempo determinado. Este hecho inaudito en España, no lo es así en otros lugares, como EEUU, Reino Unido, Norte de Europa, etc. Por lo tanto, es un proceso ya vigente en otros países. Este proceso de aglutinación tiene varias ventajas: Diversifica la formación, para favorecer el aprendizaje en la resolución de problemas, desde diferentes perspectivas, según el grado de evolución o gravedad de un mismo problema de salud. Contribuye a la mejora de la continuidad de los cuidados en salud y en la coordinación interna y externa de los diferentes hábitos y equipos sanitarios. Facilita el desarrollo vocaciones, mediante la elección informada de la especialidad. Facilita las perspectivas del Desarrollo Profesional Facilita el trabajo en equipo, evitando luchas de competencias y mejora la cooperación Facilita la adaptación del especialista a los diversos ámbitos asistenciales. En definitiva, la formación se orienta más a la atención del paciente que a la enfermedad. Estas ventajas objetivas, no están exentas de grandes dificultades que pueden repercutir negativamente en dicho proceso. Algunas de estas amenazas son: Resistencia profesional Número elevado de especialidades Mapas de competencia heterogéneos Imposibilidad de agrupar en troncos a todas las especialidades Choque con el concepto clásico de especialidades procedimentales, quirúrgicas y médicas Orientación medicalizada de la troncalidad, lo que despierta susceptibilidades Complejidades organizativas de la formación y la acreditación Compartimentos estanco entre grado, formación especializada y Desarrollo Profesional Continuo (DPC). Riesgo de prolongación de los tiempos de formación de forma injustificada… Es una evidencia que el sistema de troncalidad adecua el sistema formativo a las actuales tendencias de empleo, a la tecnología sanitaria, al itinerario de los pacientes, y a la organización de la prestación de servicios.El sistema de troncalidad flexibiliza el sistema formativo favoreciendo la multidisciplinariedad, y la gestión de recursos humanos, en función de las necesidades. Para que esto sea así, se debe fortalecer el proceso formativo y las competencias finales, sin prolongar el tiempo final de formación. Sin lugar a dudas, deben existir competencias comunes, estancias comunes y compartir áreas en que el trabajo en común mejora la eficacia y eficiencia del sistema. Un punto fundamental a tratar es el que hace referencia al acceso a la formación especializada (MIR), donde se establece que, aparte de méritos académicos y profesionales, se establezca una prueba anual, de carácter nacional, donde se evaluarán conocimientos teóricos, prácticos, habilidades clínicas y comunicativas. Interesante es que se puedan establecer pruebas específicas por especialidades troncales. Además, tras obtener una puntuación determinada, se accederá a la formación troncal en un centro concreto; siendo posterior la elección de la especialidad. Derivado de todo ello surgen las Unidades Docentes Troncales, que pueden serlo para cursar la troncalidad, o también para cursar algunas de las especialidades del tronco. La elección de la especialidad se realizará al final de la formación troncal, valorando un 70% la puntuación mir, y un 30% la evaluación del período troncal. Dentro de la flexibilidad de la LOPS, en el artículo 23, se establece que los especialistas con, al menos 5 años de ejercicio profesional, podrán obtener un nuevo título en especialidades del mismo tronco, a través de una prueba que evalúe la competencia. La duración del período formativo y su programa, se adaptarán al currículo del aspirante, y será la Administración quien, ante la falta de alguna especialidad, convoque pruebas de acceso mediante “pasarelas”. Sin lugar a dudas, el proyecto de troncalidad es el futuro en la formación de especialidades, favoreciendo el conocimiento y comunicación entre todos los médicos del sistema. Ahora solo falta pasar de la reflexión a la acción; todos estamos comprometidos en ello. Enlace a informe troncalidad del CNE: http://ebookbrowse.com/documento-troncalidad-cne-pdf-d94762721  

“Todos los médicos iguales ante la validación periódica”

En estos días la  Organización Médica Colegial (OMC) ha anunciado a “bombo y platillo” la puesta en marcha de su proceso de validación periódica para los médicos españoles. Este proceso significa que todo médico debe, de manera voluntaria, acreditar una serie de capacidades que se estiman necesarias para realizar su ejercicio profesional, y que van, desde un informe médico sobre sus facultades mentales, al desempeño de su trabajo, pasando por un informe ético de su “impecabilidad profesional”, y la acreditación de sus competencias profesionales. En principio aplaudo este proceso, pues los médicos tenemos la obligación ética y profesional de demostrarnos a nosotros mismos y al resto de nuestros conciudadanos, que somos los mejores profesionales para cuidar de su salud. Sin embargo, tengo algunas dudas respecto al “órgano validador” de esta iniciativa. La Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria desarrolló en el año 2008 un ambicioso proyecto de Desarrollo Profesional Continuo (DPC-AP) que facilitaba, de manera voluntaria, que los médicos de familia españoles accedieran a un proceso mentorizado de actualización y mejora de su perfil competencial. Esto conllevaría una recertificación quinquenal, y para ello se establecieron acuerdos con varios colegios profesionales, como el de Córdoba, Pontevedra y Salamanca, existiendo actualmente más de 4000 profesionales que han iniciado su DPC. Este modelo de desarrollo profesional es el imperante en el mundo anglosajón, donde colegios profesionales y sociedades científicas son  los garantes del procedimiento. El proyecto de DPC-AP es el complemento y nucleo fundamental de un proceso de validación periódica de los médicos, como así lo avalan FACME (Federación de Asociaciones Científico Médicas), la Conferenciade Decanos y algunos colegios de médicos de nuestro país. Ha sido financiado por el Ministerio de Sanidad y premiado en numerosas ocasiones, por instituciones de incuestionable rigor como la Fundación Avedis Donabedian. Por eso, no deja de ser curioso y sorprendente que haya sido la OMC la única institución que hizo oídos sordos a este proyecto, pese a habérsele ofrecido de manera gratuita y altruista; que en los tiempos que corren no es un aspecto vanal.  El motivo oculto de este sinsentido lo desconozco, aunque puedo atisbar alguna pista. Dicho lo cual, reitero mi enhorabuena a la OMC por esta iniciativa que contribuirá, sin lugar a dudas, a la mejora del ejercicio profesional de todos los médicos españoles, pues “nuestros pacientes se merecen a los mejores médicos”; y siguiendo las palabras de su Presidente, estoy convencido de que, al igual que propone que todos los que hemos pasado un tiempo fuera del ejercicio asistencial, seamos los primeros en validarnos, ellos mismos den ejemplo siendo pioneros de esta iniciativa, pues “los médicos españoles nos merecemos a los mejores representantes” de nuestra profesión.