Desarrollo Personal

“Y que se duerma el mar”. “El mito, vestido de fiesta del misterio”

Hace meses me sorprendía el manuscrito mágico del escritor castellano Gustavo Martín Garzo, en su obra “El lenguaje de las fuentes”. Aquella era una historia sobre la paternidad, sobre la soledad del padre, encarnado en la figura de José, el padre por antonomasia, el arquetipo del padre silencioso, que está en segundo plano, al ser el protagonismo principal el de la madre, como engendradora,  germinadora de vida. En este texto, Gustavo relata los últimos días de vida de José, las visitas mágicas y sobrenaturales de los Ángeles, que son una Epifanía de lo sobrenatural y los bellos recuerdos de la joven María. Acabo de cerrar la última página de otro texto de Gustavo: “Y que el mar se duerma”, que narra la niñez y juventud de María, desde los tiernos juegos y pasiones de su niñez, hasta su avanzado embarazo sobrenatural, pasando por su compromiso con José. Todo el texto es una bella metáfora, plagada de poesía y misterio. Leyendo este libro, me ha venido a la mente, la multitud de simbología imaginal que llenan sus páginas. Los encuentros terribles y sobrenaturales de los Ángeles, que detienen las leyes físicas del mundo, los objetos que se animan, cargados de vida y los animales que establecen vínculos humanos con las personas. Nunca habría imaginado a una Virgen María, manca, a la que le falta la mano derecha; eso la dota de un aire misterioso. Ella no es como las demás chicas, Dios la ha hecho distinta, al igual que los grandes profetas poseían algún defecto físico que los hacia especiales. Recordemos que Noé era cojo. La magia que impregna todo el texto, solo es comparable a la trilogía de “José y sus hermanos”, de Thomas Mann, de donde Gustavo entresaca esas bellas palabras que cierran su texto: “El mito es el vestido de fiesta del misterio”. Y es que su libro permite vislumbrar otro mundo, ese mundo oculto, mágico y poético, que sólo algunos privilegiados son capaces de percibir. La poesía que encierra la realidad, pretende abrirse paso por cualquier fisura del universo, nosotros solo tenemos que estar receptivos y preparados para la visión.

Un ángel asustado: Susanna Tamaro

Es inevitable que muchos escritores a lo largo de su vida literaria plasmen situaciones biográficas propias en sus textos. Mi buen amigo Luis Mateo siempre dice que la narrativa es memoria fermentada y no le falta razón. No conozco ni un solo literato que no deslice anécdotas, situaciones vividas y hechos propios en sus trabajos, ellos se alimentan de su propia vida y como decía Ernesto  Hemingway, no se puede ser un buen escritor si no se ha vivido con intensidad. Aún así reconocemos que existen autores que se alimentan más de su mundo vivencial y otros más de su mundo imaginal. Lo que no es tan frecuente es que los autores, que por norma viven parapetados detrás de la máscara de sus personajes y de sus obras, hagan un alarde de estriptis personal y publiquen obras biográficas donde nos encontramos con el humus de urdimbre humana que  genera la obra literaria. Estos textos son la extraña especie de género que bucea en las pasiones y en los afectos del autor y nos impulsa a conocer, no sólo a la persona, sino los impulsos emocionales e inconscientes que van implícitas en sus obras. A este peculiar género pertenece la última obra de la escritora italiana Susanna  Tamaro “Todo Ángel  es terrible”. Tamaro es una escritora de las emociones, de los afectos, que es capaz de conmovernos moviendo los sutiles hilos del corazón. Muchas obras literarias deberían estudiarse en las Universidades de medicina, psicología y antropología, para arribar a los lugares más oscuros y recónditos del alma humana. Si fuese así,  los textos de Tolstoi, Hesse, Mishima… y otros muchos, adquirirían un significado y dimensiones nuevas. En esta línea se encuentran los textos de la autora Italiana, que con su gran profundidad humana amplia el zoom de la percepción para sentir lo humano. Y es aquí en este texto donde nos reencontramos con Susana niña, sus ilusiones y sueños y también sus fantasmas. Esta obra es una generosa invitación a penetrar en su vida, es una confesión sincera, ajena a las interpretaciones personales y, donde ella solo plasma su sentimiento y percepción. Me ha emocionado esta penetración en su mundo íntimo y personal y he podido contemplar cómo ese ser humano débil y asustadizo se ha convertido en una mujer sabia, generosa y tierna. ¡Gracias Susanna por tu generosidad!.

Mirada y sentimiento

Algunas culturas y religiones acusan a la Católica de estar plagada de la crueldad de la Pasión de Cristo. Los signos de la  Pasión son vividos por algunos individuos, como elementos de gran crueldad y sadismo, donde la sangre y el sufrimiento desgarran la percepción y convierten el espectáculo de la flagelación o crucifixión de Cristo en un espectáculo cruel. Un amigo mío budista me recriminaba diciendo que no entendía cómo podíamos orar ante una imagen que representa dolor, sufrimiento, crueldad y sobretodo resignación. La imagen de Cristo en la Cruz o durante su largo calvario, ha sido una de las temáticas más representadas en la historia del arte en todas las épocas, culturas y estilos. En cierta manera, el rostro de Cristo siempre muestra dolor, tristeza, perdón y resignación…; pero, ¿alguien es capaz de perdonar con todo su alma a su verdugo y además es capaz de amarle como si su flagelo y sus clavos fueran caricias o signos de amor?. Me parece casi mágico poder reflejar tanto sentimiento en un rostro: humildad, valor, coraje, fuerza y un impulso más allá de lo cotidiano Y por ello me resulta aún más inquietante el rostro de esta maravillosa talla del escultor murciano, Francisco Salzillo. Mira detenidamente la mirada de este joven y  dime tu qué ves.

Un maestro sabio…Claudio Naranjo

Hace un cuarto de siglo (¡me produce pavor pensarlo!), mi interés por la psiquiatría era importante. Quería consagrar mi vida profesional a esta disciplina, como decía Ortega y Gasset, la menos medica de la medicina. Por ello comencé mi doctorado en psiquiatría y mi formación terapéutica  en sofrología y en terapia gestáltica. Tuve una enorme suerte de encontrar a los mejores, en un centro madrileño, que me abrieron los ojos hacia dos maestros del arte terapéutico Fritz Perls y su discípulo Claudio Naranjo. Los dos médicos, el primero centroeuropeo, heredero del psicoanálisis y reaccionario ante él, y el segundo chileno y amante de lo transpersonal y las antiguas tradiciones. Curiosamente, desde el principio, me sentí mas atraído por mi colega latinoamericano, le viví mas integrador y a la vez mas trasgresor. Acabo de leer un buen libro suyo: “Entre meditación y psicoterapia”, donde recoge, con una asombrosa facilidad y erudición, las bases fundacionales de las grandes tradiciones y religiones para aplicar sus  principios al arte de acompañar a las personas para que crezcan personal y  transpersonalmente. Lo que hace Claudio no es nuevo, al contrario, es tan antiguo como nuestra propia civilización y podemos verlo en la forma mediterránea de la Escuela Pitagórica o en la versión de los Terapeutas del desierto, con Filón de Alejandría a la cabeza. Mucho es lo que tenemos que aprender de este gran sabio posmoderno, pero sobretodo cabe destacar su gran capacidad humana, por haber  sintetizado e integrado lo mejor de Occidente y Oriente. Hace muchos años tuve el privilegio de asistir a un seminario que impartía el maestro y aún recuerdo cómo me atreví a  acercarme a él con respeto y cierto temor, como el discípulo que se acerca al sabio, para encontrar la clave de su existencia. De manera atropellada le relaté que era médico como él, que estudiaba psiquiatría y que estaba formándome en terapia gestáltica…, y además había iniciado mi formación en meditación y me aburría como una ostra. Cada vez que me sentaba para respirar y mantener mi postura corporal y mi distancia sobre mi bulliciosa cabeza, era un suplicio. Me escuchó y con su gran humanidad y tras una gran carcajada me respondió “No sufra hombre….,pruebe como he hecho yo con la meditación tibetana, es mas colorista y divertida”.      

¡Felicidades, padre¡

Escribo este texto con motivo del día del padre, 37 años después del fallecimiento de mi querido padre. Pero no puedo resistirme a decir: ¡Felicidades, papá! Curiosamente también en estos días he terminado de leer un fantástico libro de un gran autor de las letras españolas, Gustavo Martin Garzo, dedicado a su padre y en honor del padre de los padres, San José, titulado: “El lenguaje de las fuentes”. En este texto Gustavo Martin Garzo narra la vida, sentimientos y recuerdos del viejo José, ese carpintero mayor, que se desposó con la joven María y que ha pasado de puntillas por la historia evangélica, sin hacer ruido ni buscar protagonismo. Ese hombre maduro, que luchaba con sus dudas e incertidumbres, ese hombre habituado al contacto de la materia y que luchaba con lo sobrenatural. Curiosa coincidencia, no buscada, que finalizara este maravilloso libro en un día tan señalado. Dicen los psicólogos, que de eso saben mucho, que los padres reproducimos los hábitos, educación y costumbres de los nuestros. A mí por desgracia mi padre no me pudo enseñar a ser padre, pues lo perdí muy pronto, quizás demasiado pronto en la vida, aunque vislumbro que esto no es tan cierto porque él sigue vivo en mí. Ahora yo soy padre de dos maravillosos hijos y ellos me han enseñado a ser padre. No sé si soy buen padre, ni lo que se considera ser buen padre, pero lo que sé es que les quiero con locura y me deleito abrazándoles y besándoles, cuando ellos se dejan. Ellos me han ayudado a ser hombre, a ser padre, pues como decía Romain Rolland, “se necesita un instante para hacer un héroe y toda una vida para hacer un hombre”. En este instante aún puedo sentir las caricias de mi padre, su cálida mano, su sarcástico humor y su sabiduría práctica de la vida. Aún recuerdo, con viva intensidad, nuestros paseos por el campo, nuestras conversaciones sobre la vida, lo divino y lo humano. Mi héroe, mi amigo, mi guía, me dejó muy pronto, pero puedo ver que su desaparición no fue en vano, su ausencia es relativa, su germen está en mi interior, mi padre vive en mí. Y es que quizás esta complicada vida, pueda entenderse como una eterna continuación de unos a otros y cuando me miro en el espejo, es a él a quien veo, cuando gasto una broma, le siento a él y cuando le recuerdo, le traigo y materializo al aquí y al ahora. ¡Padre, cuántas cosas que decirte, cuántas que contarte, cuántos sentimientos y vivencias!. Recuerdo aquellos consejos tuyos sobre las mujeres, sobre la amistad, sobre el honor y la valentía de un hombre, sobre mi futuro. Soy lo que tú hiciste de mí en aquellos años, soy tu querido hijo que aun te llora en la noche oscura, perdido en la vida, buscando tu mano firme y tu abrazo universal. ¡Gracias y felicidades papá!.