Desarrollo Personal

Piranesi y los laberintos de la mente.

Muchos artistas reflejan en sus obras su mundo interno. Muchos de ellos a través del arte dan rienda suelta a sus inquietantes vivencias y a su inconsciente, de tal manera que sus obras se convierten en acertijos y códigos para los investigadores de lo interno. Siempre me ha apasionado esta exploración interna del mundo imaginal de los creadores artísticos, de tal suerte que mi tesis doctoral versó sobre la interpretación arquetipal de la obra narrativa del sevillano Gustavo Adolfo Bécquer. Mi herramienta interpretativa fue la psicología profunda de C.G.Jung y de James Hillman. Espero que algún día pueda publicar mi trabajo para darlo a conocer al público general y a los especialistas en literatura. Mientras tanto, y como ésta es una afición que me apasiona, me entretengo y me zambullo en el imaginal del grabador, arqueólogo, diseñador y anticuario veneciano Giambattista Piranesi (1720-1778). Concretamente me quedo atónito con sus «Carceri d´Invenzione o “cárceles imaginarias”. Este es un conjunto de grabados, con gran similitud con las pinturas negras de nuestro Goya y donde el autor recrea espacios imposibles, cárceles oscuras y tenebrosas que anticipan los movimientos de la pintura metafísica de Giorgio de Chirico o de Dalí y, por supuesto, inspiran la poesía romántica y la novela gótica. Me parece increíble que un artista de la categoría de Piranesi, sea un auténtico desconocido para el público actual y animo a que se recreen en su mundo inconsciente e imaginario. Cuando el lector atento vea sus grabados, enseguida le vendrán a la mente los cuadros de Dalí, las novelas de Lovecraft, la obra de Blake, e incluso las geometrías imposibles de Escher. Estas intrigantes pinturas han servido de reflexión intelectual a grandes autores, desde Aldoux Huxley, pasando por Marguerite Yourcenar, y llegando al gran Harold Bloom. Y es que en ella hay algo hipnótico, algo que atrae el alma humana y nos fija la mirada en cada rincón, en cada escalera, en cada arco. Creo que cuando tenga un poco más de tiempo le voy a dedicar mi análisis y reflexión particular a estos grabados, intuyo que en su interior hay algo que me atrae, quizás sea algo que tiene que ver con mi propio interior. Trataré de descubrirlo, pero si tú ya lo has hecho, te agradecería que lo compartieras conmigo. De momento, os aproximo a conocerlo un poco más mediante este vídeo en 3D, o el siguiente en 2D [/video]

Una pastilla de risa: el humor inteligente de Julius Marx

Si le decimos a alguien que nos ha gustado mucho un libro o una película del humorista Julius Marx, es bastante probable que apenas unos pocos sepan a quien nos estamos refiriendo. Ello nos llevará a explicarle que de quien estamos hablando es de Groucho Marx, con lo que a la imaginación de nuestro interlocutor acudirán la hilarantes y disparatadas comedias de «los  hermanos Marx», Groucho, Chico y Harpo. Aunque eran cinco hermanos, tres fueron los que alcanzaron la fama y uno, Groucho, ha sido y será, el máximo exponente del humor inteligente. El auténtico humor se viste con el ropaje de la inteligencia y la sensibilidad. De todo el mundo es bien sabido que en toda representación teatral, novela o film, es más fácil hacer llorar que reír. Cualquier  trama narrativa donde se desnuden las miserias y dramas del ser humano, es fácil que toquen la fibra sensible y el corazón del espectador o del lector, creando una situación de simpatía, que nos lleva a la congoja, a la tristeza y, en definitiva, a que nuestros sentimientos afloren. Esta situación se denomina «sintonía» y se produce de manera espontánea en el ser humano. Esta cualidad tan humana es la base de la solidaridad, la compasión y el altruismo. Pese a ser una cualidad muy humana, no es estrictamente del hombre, pues como han puesto de manifiesto algunos famosos etólogos, forman parte también, aunque en una escala menos desarrollada, de grandes mamíferos que viven en comunidad, como por ejemplo los grandes primates o incluso los delfines. Podríamos aventurarnos a que esta «sintonía», genera cohesión en el grupo, nos hace identificarnos con los demás y, por lo tanto, es una seña de identificación grupal. Por el contrario, el humor es una cuestión más escurridiza y compleja de explicar, pues intervienen más factores inconscientes, elementos que quizás tengan que ver menos con el mundo de los afectos y mucho más con el entramado interno de la personalidad. En primer lugar existen muchos tipos de humor, pero el verdadero es aquel humor inteligente, sutil, que como una chispa enciende nuestra conciencia y nos hace tener un rápido «despertar». Es darse  cuenta de una cuestión de una manera inmediata, algo que toca nuestra realidad y nos desencadena un cortejo súbito de reacciones: la risa, los movimientos espontáneos, la toma de conciencia de una realidad antes no contemplada… En realidad, es como un orgasmo, es una cuestión donde cuerpo y mente se entrelazan en un nudo inseparable, elevando al ser humano a un nuevo estado placentero que tiene que ver con la felicidad. El humor pasa por el inconsciente, es decir, por los estratos profundos del Ser y nunca por la razón, por eso un chiste no puede explicarse, pues pierde todo su encanto. Cuando narramos una situación cómica, es bastante complicado llevar a nuestro interlocutor a una situación de éxtasis. Hace unos días leí el famoso libro de Groucho Marx «Memorias de un amante sarnoso«, publicado en 1963, donde el célebre cómico nos narra sus múltiples aventuras amorosas y situaciones cotidianas de la vida, como por ejemplo estar invitado a una cena con unos amigos, jugar a las cartas, etc. Este libro es de una inteligencia mordaz e intrépida, y como todo lo que tocaba Julius, delirante hasta el absurdo. Desde la página numero uno, con un ritmo trepidante, se suceden situaciones en las que es imposible no reír, lo cual demuestra una vez mas, la genialidad de este gran filosofo de lo cotidiano que era Groucho-Julius. Las situaciones cotidianas y absurdas que se suceden en el libro, se convierten en una suerte de estudio antropológico de la vivencia  humana, que en múltiples ocasiones nos hace reflexionar y adoptar otro punto de vista que nunca antes habíamos contemplado. Aunque el humor, por lo dicho anteriormente, es muy especial y cada uno tiene el suyo propio, recomiendo encarecidamente este tipo de medicina, es barata, inocua y además suele ser contagiosa, generando una gran situación de felicidad personal y ajena. Con más humor, el mundo iría mejor, reírse de uno mismo es muy sano y tomar la medicina de nuestro médico favorito Groucho-Julius, se hace inevitable. Así que tómese cada 12 horas todos los días a lo largo de toda la existencia, es la mejor manera de combatir esta enfermedad crónica llamada monotonía. Acceso a compra: pincha en la portada del libro o aquí

Kazantzakis: “La fuerza del espíritu y el pobre de Asís”

Nikos Kazantzakis, uno de los más importantes escritores griegos del siglo XX, relata con una belleza inusitada y una gran fuerza de espíritu, la vida de Francisco de Asís en el libro» El pobre de Asís». Si Francisco lo pudiera leer, quedaría absorto con su lirismo y la fuerza que desprende sus páginas, pero también es bastante probable que nuestro querido Fratello, se sonrojara ante algunas manifestaciones del escritor cretense. Francisco de Asís es quizás uno de los personajes históricos de la hagiografía católica sobre el que más se  ha escrito, tal vez debido a la ternura, simpatía y devoción que despiertan su humildad, su imitación de Cristo, su gran bondad y amor a «lo pequeño», a las cosas sencillas. De ahí que se le haya denominado: «alter Christus», el «otro Cristo». No es mi intención glosar aquí la figura del que sin lugar a dudas es un hombre de los que más despiertan mi interés, por lo que no descarto hacerlo en otro lugar y momento, pero lo que sí quiero es glosar esta interesante novela del griego Nikos Kazantzakis (1883-1957). Aunque entre todos los textos y relatos publicados sobre la vida, obra y figura de Francisco, quizás el más conocido y por supuesto muy recomendable es el «San Francisco de Asís» de G.K. Chesterton, tal vez uno de los mejores relatos del británico, no le queda a la zaga el texto del griego. Llama poderosamente la atención que el autor griego más importante del siglo XX, que perdió por un voto el Nobel de literatura de manos de Camus y que tiene una extensa e impresionante producción literaria, sea tan poco conocido. Si a nuestros lectores les decimos que Kazantzakis es el autor de la famosa novela «Alexis Zorba, el griego», que fue llevada a la pantalla en 1964 por Anthony Quinn y de la impresionante «La última tentación de Cristo», que también llevó a la pantalla en los años 80 Martin Scorsese, quizás ahora empiecen a situar la verdadera dimensión de Nikos, un buen hombre que fue un eterno buscador. Si yo tuviera que clasificar a Kazantzakis como escritor, lo situaría dentro de los llamados «escritores espirituales», es decir, autores cuyas obras están impregnadas de la búsqueda del Ser, de Dios, y en definitiva, que realizan obras para y por la transformación del individuo, obras para el crecimiento y desarrollo del Ser. No significa que sean escritores «religiosos», sino más bien «escritores del Ser». En los libros de Kazantzakis, llenos de poesía y deudor del espíritu Homérico, se narran la angustia metafísica y existencial, la búsqueda de nuestros orígenes, la lucha interna del hombre para llegar a ser mejor, para encontrar la verdadera fuente de la felicidad. Por ello quizás Kazantzakis esté en la estela de autores como el propio Tolstoi, Hesse, Mishima o Chesterton. En el panorama actual observo pocos autores que pudieran etiquetarse con este calificativo. Me viene pronto a la mente el nombre de Paolo Coello, pero pienso que tiene una mayor dimensión literaria la italiana Susanna Tamaro y nuestro querido Jose Luis Sampedro, cuya literatura pertenece al “Olimpo de los grandes”. Hay algo en la literatura de Kazantzakis que me recuerda y evoca lejanamente a Sampedro y quizás sea esa preocupación por lo humano y su tremenda sensibilidad, lo que en otros lugares hemos descrito como «el conocimiento por los sentimientos». Por otro lado, tanto el español como el griego, son dos autores que buscan el conocimiento de lo más profundo del Ser, la búsqueda de la eterna fuente de la vida. Para mi los dos son dos místicos visionarios. La vida de Kazantzakis fue una vida de compromiso personal y social. Apasionado del comunismo predicado por Lenin, pronto fue consciente de la manipulación a la que sometió esta doctrina al «hombre libre» y si algo era Nikos, era un apasionado de la libertad. Si hubo un personaje que influyera de una manera nuclear en su obra, este es Cristo, pero un Cristo no místico ni teológico, sino un Cristo-Hombre, con su angustia existencial, sus dudas, sus sentimientos y su eterna búsqueda. Un Cristo magníficamente retratado en «La última tentación» y un «Cristo de nuevo crucificado». Esta misma ansiedad metafísica la lleva a la vida del Santo de Asís. En su eterna búsqueda, Niko buceó en las fuentes del Budismo (escribió una novela sobre Buda) y pasó algún tiempo retirado en el Sagrado Monte Athos. Es curioso que la Iglesia Ortodoxa y la Católica censuraran sus obras, por pensar que lo allí relatado tenia un tufo demasiado humano, cuando es de lo humano, de la carne, de donde emana el espíritu. «El pobre de Asís« es una alegoría al “amor universal”, es una bella historia de cómo un sencillo hombre, alcanza el corazón del mundo a través del corazón de sus semejantes. Lo sencillo, lo débil, lo pequeño, lo que pasa desapercibido, es el foco de atención de Francisco, pues es aquí donde mejor se percibe el Espíritu, Dios y si preferimos el Anima Mundi Platónico. Kazantzakis entroncó con el espíritu franciscano mejor que ningún otro autor, ahí queda su obra, una obra eterna, que siempre es un reencuentro con el Alma eterna. Accede a la compra del libro: pincha en la portada o aquí.

“Las dos puertas”: Desarrolla tu conciencia

Querido bloguero, a lo largo de este blog ya te habrás dado cuenta, sin gran esfuerzo, que tengo ciertas manías, temas recurrentes y hábitos adquiridos, que creo que, a estas alturas, son de difícil modificación. No hace mucho os comentaba que una de mis distracciones preferidas era ser “caballero andante”, según la expresión acuñada por Thoreau y que a mi me gusta más calificar que «vagabundear». Pues bien, hay otro tema que es recurrente en mi existencia, y este es el del «silencio». Habréis leído no hace mucho, mi experiencia con el silencio realizando el Camino de Santiago o tras la lectura del místico Thomas Merton. Por «silencio» entiendo la profunda experiencia de la interiorización, del replegarse hacia adentro. Esta experiencia de silencio es un estado. El individuo vuelca su mirada hacia su interior; como definían algunos místicos como Merton y San Juan de la Cruz, hacia el “hondon», hacia las profundidades de su propio Ser. El silencio y la quietud, son dos condiciones imprescindibles para alcanzar el núcleo más íntimo del Ser. Esta situación se puede generar por muchos métodos que desde hace siglos el ser humano ha empleado, con la intuición de que era la manera adecuada de llegar a conocerse a si mismo, contemplar nuestro verdadero «yo», rasgar las falsas apariencias. Estos métodos fueron empleados por los meditadores de todas las épocas, por los místicos, en definitiva, por los buscadores de lo auténtico y lo verdadero. Buceando en nuestro interior, hay quien encuentra su verdadero «yo»(Fritz Perls), o quien encuentra vacío (Buda) y quien encuentra la divinidad (San Juan de la Cruz), pero todos ellos sin excepción incrementan el nivel de su conciencia, de su atención, viven mas intensamente su ahora, son más auténticos y más felices en la alegría y en la desgracia, en el dolor y en el placer. El silencio es la tónica dominante de todos los buscadores espirituales, ateos o creyentes, budistas o cristianos, orientales u occidentales. Silencio, silencio y más silencio. Al hombre contemporáneo le espanta el silencio, pues vivimos hacia el exterior, hacia los logros externos, hacia la acción, hacia la retórica, el barroquismo y el mundo de las apariencias. Nuestro «YO», está fabricando y genera, de manera continua imágenes, ideas, emociones, ruido, etc. Somos como un barco a la deriva en un mar embravecido por las olas y azotado por el viento contra las rocas, pero en el interior del océano, mas allá de la superficie, todo es silencio, calma y tranquilidad. Acceder al silencio no sólo hace que nos conozcamos mejor, sino que limpia de impurezas adquiridas tras años de educación, nuestro falso «yo», nos hace ser mas auténticos, vivir en el aquí y el ahora, ser más felices, y lo que es más importante, encontrar en nuestro interior algo que…………………, (esta parte querido lector la tienes que poner tú). Manuel López Casquete es un joven sabio, no por sus conocimientos, sino “por su conocimiento”; no por su retórica, sino “por su silencio”; no por sus éxitos, sino “por sus vivencias”. Su libro «Las dos puertas«, es algo más que un libro, es una experiencia de alguien preocupado por el Ser humano, que quiere ayudarle a alcanzar su silencio preciado, que le llevará de vuelta a casa, a su verdadera casa. Hacía mucho tiempo que no me abstraía con la lectura de un texto tan profundo, tan sencillo y la vez tan sabio en  sus propuestas. Creo que la capacidad de Manuel para trasmitir su experiencia interna, le hace ser acreedor de ser un verdadero maestro, “un maestro de la VIDA”. No solo te invito a la lectura atenta de este libro, sino a experimentar lo que su autor nos anuncia en él, aprender a vivir, ¡ahí es nada!, el arte más supremo y el más difícil, la obra de arte maestra de nuestra existencia, la obra de nuestra propia vida, una vida colmada, plena, llena de luces y de sombras, de puertas que se cierran y de puertas que se abren. Gracias Manuel, espero y deseo que nos sigas trasmitiendo tu autentica experiencia del vivir, para ayudarnos en nuestras tinieblas, como la luz de un faro en la niebla. Si quieres acceder a su compra: pincha en la foto de portada, o aquí.

El rumor del oleaje o la pureza del amor

Debo realizar una declaración de intenciones, uno de mis autores favoritos es el japonés Yukio Mishima y en las siguientes líneas trataré de explicar algo que sólo desde el sentido estético puedo llegar a esbozar. Todos tenemos autores preferidos o si se quiere «fetiches», por sus temáticas, por su dinamismo y forma de escribir, por lo que representaron, porque nos emocionan, porque tocan nuestra alma, o simplemente porque están de moda. En mi caso, hay tres autores no españoles que tocan mi alma cada vez que abro sus páginas y para mí son guías en la oscuridad, los considero sabios, pues son conocedores del alma humana, son sabios en su conocimiento del mundo y me aportan un sentido estético de la vida que acompaña mi existencia, Estos tres autores son  Hermann Hesse, Ernest Hemingway y Yukio Mishima. Un alemán, un americano y un japonés, sin aparentes coincidencias, salvo su pulsión hacia la muerte. Fue ésta la que llevo a Hesse al borde de la locura y del suicidio, y lo consiguió en caso de Hemingway y Mishima. En el caso del autor que nos ocupa murió en pleno siglo XX, en el año 1970, suicidándose públicamente, a la auténtica usanza japonesa, mediante el rito del seppuku. Tras leer por radio un manifiesto donde criticaba el modelo de vida artificial del Japón moderno y reivindicaba la autenticidad de los viejos valores del  Japón tradicional, del Japón de los samuráis, de la limpieza de las artes marciales y, en definitiva, del sentido trágico de la vida, clavó su cuchillo ritual en la zona del Hara, mientras su discípulo predilecto le decapitaba. Situación tremenda en pleno siglo XX, para un autor de gran éxito, premio Nóbel de literatura, que nada mas lejos de haber perdido la razón, quería ser coherente con su vida y con su forma de entenderla. Eso me recuerda lo escrito por Tolstoi acerca del sentido último de la vida del ser humano. Al ruso le salvo su fe, su profundo sentido espiritual de la existencia, al japonés no le salvo su fe, pues ésta, estaba depositada en valores que no encontraba, ni a su alrededor, ni lo que es peor, en su interior. Pienso que el legado literario de Mishima es impresionante y su vida apasionante. Por eso me sorprende la moda actual de leer compulsivamente a un excelente escritor nipón contemporáneo, Haruki Murakami, sin tener conocimiento previo del coloso de las letras Yukio. Los textos de Mishima rebosan belleza, intensidad dramática y una sensibilidad que duele en el alma. El más occidental de los escritores japoneses, se creía deudor de la Grecia clásica, su ideal de belleza, sus patrones de vida austeros, el honor y la vida vivida ejemplarmente. Nunca antes se han dado la mano de esta manera tan intensa el Japón de los samuráis con los clásicos griegos; el producto de este entrelazamiento único tiene un nombre, Mishima. El libro, «El rumor del oleaje», es una bella obra de amor, del amor puro de dos adolescentes, que nos emociona y nos hace retrotraernos a nuestro recuerdo del amor platónico y adolescente y a ese punto álgido donde se trasforma en amor carnal. El punto donde lo platónico y lo carnal se dan la mano. Nadie lo ha descrito como Yukio en este libro. Puro sentimiento, un espectáculo de los sentidos que sobrecoge y agarra nuestro corazón, no sólo como médicos, sino como seres humanos. Acceso a compra: El rumos del oleaje