Actualidad Sanitaria

“Nadie es profeta en su tierra”

De cómo la sensatez llega a las sociedades de AP   Hoy es un día de alegría para mí y también, por qué no decirlo, de gran satisfacción, pues el esfuerzo de muchos años al frente como Presidente de una sociedad científica de Atención Primaria, se ha visto recompensado, con la manifestación de sus dirigentes, recientemente verbalizada y escenificada en el Congreso Nacional de una de ellas  (Redacción médica 28 de mayo 2012, bisturí) Cuando el que esto escribe era Presidente de otra, avanzaba ciertas ideas en torno a la Atención Primaria y a la situación del primer nivel, se producía una convulsión en el sector político-sanitario. Era bastante frecuente que con gran osadía y a la vez  convencimiento, mis reflexiones y apuntes sobre lo que debería y debe de hacer la AP, fueran tomadas como anatema por la propia AP y por el “establishment” de la profesión, sobre todo por los colegios profesionales y las centrales sindicales. Mi intención y objetivo era despertar conciencias, las conciencias de los profesionales que dormitando en sus consultas, no eran conscientes de que el verdadero cambio está en ellos, en su gran capacidad y flexibilidad, para afrontar los problemas del primer nivel.  Nada más alejado de mi intención, que herir la sensibilidad de personas o instituciones, sino más bien al contrario, desde el respeto y la tolerancia, buscar soluciones atrevidas e imaginativas al primer nivel. Durante muchos años he denunciado y sigo haciéndolo, la manipulación torticera de algunas instituciones, que en nombre de la profesión y atribuyéndose la representación de la misma, lo único que hacen es buscar protagonismo a cualquier precio y medrar en la búsqueda de intereses personales y no profesionales. Esto, lamentablemente sigue ocurriendo y me temo que seguirá aconteciendo en este país de pandereta que tanto queremos. En mi etapa como responsable de un colectivo de médicos de familia de este país, he defendido con uñas y dientes, la grandeza del médico, el orgullo de pertenecer a una profesión bella y de enorme trascendencia social, he defendido nuestra independencia y también nuestro protagonismo en el SNS. Esta defensa me ha costado tanto a mí como a mi familia, grandes sinsabores, amargos tragos, que fueron sublimados y trascendidos, por el sentido de la responsabilidad, por el amor a lo que hacía y por compromiso conmigo mismo y con mis compañeros.    En aquel entonces, yo avanzaba ante una pregunta de un periodista incisivo sobre el futuro del recién nacido FORO DE ATENCION PRIMARIA, que nosotros compartíamos su filosofía y estructura, sin embargo ponía en tela de juicio, que debiera estar también la OMC y el Sindicato Médico. Esta reflexión se argumentaba en que las SSCC necesitábamos nuestro propio espacio para la reflexión, sin estar condicionados por otras instituciones. No era excluirlas, sino potenciar otros espacios de encuentro, para poder vertebrar y cohesionar la AP de este país. Aquellas declaraciones motivaron un ataque furibundo en las redes sociales y a través de una carta de algunos vocales de estas instituciones, que alegaban que mis declaraciones eran reaccionarias y que yo dirigía un “barco a la deriva” que no llegaría a ningún puerto. Además alegaban que mi “exceso de protagonismo”, me hacia ser un personaje poco más que “indeseable”. A nadie le gustan estas descalificaciones, pero había que tragarse la ira y la indignación y seguir trabajando por el sector según tus propias convicciones. Por eso ahora me congratulo de ver unas declaraciones de los líderes de las sociedades científicas de AP en el mismo sentido y dirección que aquellas que hace años yo lanzaba y contemplo con satisfacción y agradable beneplácito, como todo el sector asiente y dice: ”pues claro, ya era hora de que os entendierais”. Por otro lado se avanza la posibilidad de realizar un Congreso Nacional Único, amparándose en la situación de crisis económica, como certificando que la misma dio su comienzo hace unos días y sin reconocer la realidad de que llevamos desde el año 2007 en esta caída libre hacia la desinversión de la sanidad tanto desde lo público, como de lo privado, pero de nada sirvió las opiniones al respecto en el 2009, ni las anteriores, ni posteriores; ¿o, sí?. Señores, la casa se empieza por los cimientos y no por el tejado, deben de ser Uds honestos consigo mismos y con sus representados y asociados y no escudar sus problemas financieros y de gestión en la crisis económica, sino en la crisis que desde hace muchos años viene sufriendo la Atención Primaria. La situación financiera y la gestión interna de las sociedades científicas siempre ha estado puesta en entredicho y es de todos conocida que en el momento actual no parecen estar pasando por su mejor momento. Enhorabuena por esta iniciativa, la apoyo como no podía ser de otra manera y espero y deseo que fructifique en una autentica vertebración del colectivo, sin protagonismos, desde la honestidad y sin manipulaciones de ninguna institución, con frutos más importantes que Congresos Científicos comunes, sino con líneas de acción conjuntas que den fuerza y fortaleza a nuestro sector. El futuro es nuestro y para ello hay que trabajar el presente, pero también hay que aprender de los errores del pasado. En mí siempre tendrán un aliado fiel en este objetivo, aunque mi sabor es agridulce, pues se vuelve a demostrar una vez más que ¡nadie es profeta en su tierra! y  si la crisis logra lo que años de esfuerzo no han conseguido: ¡no hay mal que por bien no venga¡, pues ¡nunca es tarde si la dicha es buena!.

¿Para cuándo la prevención en las consultas de AP?

Hace unos días en un medio de comunicación sanitario leía con cierto estupor la siguiente sentencia de un  representante de los médicos de AP de nuestro país: “hay que vaciar los centros de salud de personas sanas y los hospitales de enfermos crónicos” (Redacción Médica, 23 de mayo 2012)  Estas palabras las pronunciaba un medico de familia con más de veinticinco años de ejercicio en el ámbito y que representa los intereses de un colectivo muy amplio del sector, que pretende guiar el desarrollo de la Atención Primaria y buscar la excelencia de los profesionales del primer nivel asistencial.  En un minuto pase del estupor a la indignación, dejando al margen a su vez sensaciones y emociones como la incredulidad, la vergüenza y, ante todo, la hilaridad, por el supino desconocimiento de alguien que pretende ser referente y “ líder”, de sus compañeros y que no comprende el sentido y naturaleza del sector y la profesión que desempeña. Porque sin ir más lejos, ¿acaso no vacunamos a las personas «sanas» para que no enfermen?, o quizá ¿es que debemos sacar dicha actividad de los Centros de Salud?,  Todavía mas cuando estas afirmaciones se realizan delante de todos los representantes de la Administración Sanitaria del sector en las distintas CCAA.  ¿Con qué argumento reivindicamos entonces desde AP la homogeneización de los diferentes calendarios de vacunación entre dichas regiones, o un año más en el Programa de la Especialidad de MFyC, o incluso la formación en estas competencias, incluso desde la Universidad?. Como mi pretensión no es descalificar a nadie, centraré este comentario en una reflexión acerca de las actividades preventivas en la consulta de Atención Primaria y la pertinencia de replantearnos si lo que hacemos en el primer nivel es correcto o no lo es. Desde que los cimientos de la Atención Primaria (AP) se pusieron en la conferencia de Alma Atta y se redefinió la orientación biopsicosocial de la asistencia sanitaria, remodelando a su vez la forma de trabajo en equipos multidisciplinares con abordajes individuales, familiares y comunitarios, la «Prevención», siempre ha sido una herramienta fundamental, que por sí sola justifica la eficacia, eficiencia y efectividad de la AP. En pocas palabras, si la AP es interesante para los Estados, es porque los profesionales de la misma, realizamos tareas de prevención, promoción y educación para la salud; en un solo concepto: trabajamos la Cultura de la salud, para evitar que la población enferme. Acontecen, a mi modo de ver, varios asuntos que interfieren en este proceso y que hacen variar el rumbo de la AP, llevándola a una situación PRE-reforma sanitaria del año 1986-1989, de tal suerte que muchos compañeros de cierta experiencia y solera piensen que “los médicos de familia estamos como en la época del consultorio de cupo, pero trabajando más horas”. Para los que no sepan a qué me refiero, esta situación es la que se daba en España antes de la implantación de la Ley General de Sanidad y el Real Decreto de Estructuras Básicas;, es decir, trabajo en solitario en una consulta durante dos horas, a demanda de la población, dando respuesta a los problemas de salud que nos solicitan en cada momento, sin planificación, ni abordajes estratégicos en áreas de salud como la prevención, la promoción, la investigación o la docencia. Nos sentábamos en la consulta y éramos capaces de “atender y ver” a cientos de pacientes con sus demandas diversas. En la actualidad, la hipertrofia de la asistencia clínica se ha agudizado, debido al incremento del volumen de pacientes crónicos, de forma que el médico de familia sigue sentándose en la actualidad de 6 a 8 horas atendiendo los problemas físicos y de manera muy importante los psicosociales, sin hablar de las muchas trabas burocráticas que se derivan de todos ellos. Esta hipertrofia de la asistencia en detrimento de áreas que son el alma nuclear de la AP como son la Prevención, promoción, educación para la salud, atención comunitaria, investigación y docencia, hace que el propio nivel primario desvirtué su propia esencia. Por último y por no extenderme más,  otra de las contrariedades suscitadas con las actividades preventivas en AP, es la incorporación en la cartera de servicios de AP de un listado de actividades de prevención (PAPS), que la mayoría de las veces se traducen, por la falta de tiempo, en un sistema de registro de la propia acción; sin priorizarse y por supuesto sin ajustarse al paciente concreto que tenemos delante (más bien detrás de la pantalla del ordenador). Realizar actividades preventivas en la consulta o con la comunidad, no es hacer un registro, es, entre otras, trabajar los procesos psicológicos y sociales que condicionan los hábitos de salud, a través de herramientas pedagógicas, psicológicas y fundamentalmente sociales….y luego, registrarlas si nos da tiempo. En fin, ojalá tuviéramos a muchos sanos en los centros de salud, significaría que realmente los registros marcados en la historia clínica informatizada han tenido su impacto en nuestra población, y aún así seguiríamos reivindicando un abordaje integral, serio y riguroso, con apoyo político, de los procesos de cultura de la salud. Porque la verdadera labor de los médicos de familia, no está sólo entre las paredes de su centro, tampoco está en realizar ecocardiografias para medir el grosor ventricular sólo, está también en el trabajo para la salud en el mismo tejido social; es decir en el domicilio del enfermo, en su medio laboral, en la escuela de sus hijos…, dejando sello, impronta para que en el futuro sus hábitos de vida sean más saludables. En este momento voy a comenzar una clase a mis alumnos de la Universidad Europea de Madrid sobre “prevención del riego cardiovascular”, espero ser capaz de transmitirles con la mayor sencillez posible, lo que he querido decir con estas líneas, la gran importancia y trascendencia social y profesional de algunos que no hacemos trasplantes, ni salvamos vidas de manera heroica, pero por el contrario, creemos en la grandeza del individuo para el cambio y manejamos resortes psicosociales que la mayoría desconocen. Para facilitar

¿Qué hacemos con la Atención Primaria?

 Bajo esta pregunta genérica y recurrente del sector se esconde una gran parte de las claves organizativas y estructurales de la reorientación del modelo sanitario español. Tras la importante aportación que supuso la Ley General de Sanidad del año 1986 y la reforma sanitaria que aconteció en nuestro país y que lo situó en el top de los modelos socio-asanitarios, la Atención Primaria se encuentra en un momento de reflexión, condicionada por la actual situación económica del país, y de los cambios de paradigma social y demográfico, que está aconteciendo en los países occidentales. El gran colapso presupuestario y la inhibición de la inversión en materia sanitaria, añadido a la crítica reflexiva de los teóricos de la sanidad, al respecto de si el actual modelo socio-sanitario español puede o no ser viable, factible y eficiente, nos lleva a revisar el modelo organizativo y estructural de la sanidad española. El Sistema Nacional de Salud (SNS) tiene importantes ineficiencias que deberíamos tratar de superar, con la vista puesta en tratar de seguir manteniendo el mismo nivel de calidad en la prestación de los servicios públicos. Y es aquí donde la Red de Atención Primaria tiene que dar su “do de pecho”, dando un paso adelante en su rol bio-psico-social, con una atención integral, integrada y longitudinal. Algún lector crítico e impaciente puede aducir que éstas son las características y naturaleza conceptual de la AP, pero yo le repreguntaría: “¿Es realmente la AP que tenemos eficiente en la resolución de los problemas de salud de la sociedad de nuestro tiempo?”. Si la respuesta es negativa, hay que realizar un examen en profundidad, reflexivo, desapasionado y desideologizado. Hace algo más de un año, el gobierno británico de David Cameron anunció una importante reforma estructural y organizativa de la AP británica, elaborando una hoja de ruta de 3 años, donde el viaje estará pilotado por los propios médicos de familia. Esta reforma de la sanidad británica viene presidida, no sólo por la actual crisis económica y por la mejora de la eficiencia de los servicios sanitarios, sino por el claro convencimiento político, desde el pragmatismo más absoluto, de que la clave de los sistemas sanitarios se encuentra en la AP. En países occidentales, donde la cronificación de los procesos morbosos nos hace dar solución a múltiples patologías crónicas, que se llevan el gasto del 80% del presupuesto sanitario, en un marco donde la AP tan sólo puede resolver el 50% de los problemas de salud, cuando de facto podría hacerlo en el 90% de los casos, debemos aventurar soluciones imaginativas y decididas para dar ese cambio y reorientación del modelo, de forma que generen eficiencia y eficacia en el modelo sanitario. Y  créanme, la clave está en la propia Atención Primaria. Siguiendo la estela del pragmatismo británico y nórdico, desde una perspectiva liberal del pensamiento, deberíamos concentrar nuestros esfuerzos políticos en generar las reformas estructurales y organizativas adecuadas en el primer nivel asistencial. Los teóricos de la sanidad nos podrán avanzar cuál es el mejor modelo asistencial a llevar a cabo, aunque parece que las últimas tendencias nos llevan a parar en un modelo de gestión integrada (atención primaria y hospitalaria), de gestión por procesos, donde ambos ámbitos se incardinen. También las organizaciones sindicales nos pueden realizar propuestas razonables, desde la sensatez, del cambio retributivo que debe acontecer, no sólo para nivelar las retribuciones de los facultativos, sino para generar incentivos por objetivos, procesos y resultados en salud.  Y como no puede ser de otra manera, las sociedades científicas y las organizaciones colegiales, deben apuntar hacia cuáles deben ser los niveles de excelencia en el ejercicio y desempeño de nuestras funciones; y parece ser que ello viene presidido por implantar procesos de Desarrollo Profesional Continuo y herramientas de re-certificación profesional, que garanticen el progreso, avance y evolución de los más cualificados. Pero, sin ningún género de dudas, la clave está en el propio sector de la AP. Se debe de producir una clara desideologización del primer nivel asistencial, y ejercer un liderazgo del que hoy estamos carentes, motivos por los que entramos en una espiral de victimismo y condescendencia, que nos lleva a argumentar como una letanía, desde hace 30 años, los mismos problemas: burocratización de las consultas, acceso restringido a pruebas complementarias, mayor autonomía en la gestión… ¿Qué hacemos o podemos hacer con la AP?. Los profesionales sanitarios han mostrado su opinión al respecto en múltiples estudios, siendo él análisis que aquí os enlazo uno de los más recientes de mayor muestra. Desde mi punto de vista parece evidente, desarrollemos la enorme potencialidad del primer nivel asistencial, y tengamos la capacidad de liderazgo y de visión necesarias para resolver los problemas actuales y ser motores del cambio. En este momento es posible, las épocas de crisis y cambio, son oportunidades de mejora. ¿Existen líderes capaces de arrimar el hombro y llevar en la dirección correcta a la AP?.

Más que un Consejo Asesor: una experiencia de liderazgo

El martes día 17 se ha constituido, al amparo de GACETA MÉDICA, el llamado Consejo Asesor de este medio, presidido humildemente por el firmante y compuesto por destacados miembros de la política sanitaria de este país, reputados profesionales de diversas disciplinas sanitarias y elementos de gran importancia en el sector, como representantes de la industria farmacéutica. A todos ellos quiero darles las gracias por poner su prestigio, su buen hacer y su reputación en un grupo heterogéneo y plural de profesionales, donde a todos nos une una pasión: tratar de aportar lo mejor de nosotros mismos al sistema sanitario de nuestro país. En la foto, aparte de un servidor, pueden apreciarse algunos de los miembros de dicho grupo de liderazgo, entre los que cabe destacar: F. Álvarez Guisasola, ex consejero de Sanidad de Castilla y León; J. L. Álvarez Salas, decano de la Facultad de Medicina de la UCM; C. Macaya, jefe de Cardiología del Clínico; C. Amaya, vicepresidente de la FEMS; A. Martín Zurro, AP del Clínico; el catedrático César Nombela; J. Matías-Guiu, presidente de la Comisión Nacional de Neurología; P. Alsina, director de RRII de Sanofi Pasteur MSD; R. Yagüe, dircom de Merck-Serono; J. Abarca, secretario general del IDIS; J. Blanco, presidente de Acoif; O. Espallardo, directora de RRII de J&J; Cr. Nuin, dircom de Cinfa; y J. Díaz, director de RRII de Contenidos. Hace ahora exactamente seis meses en mi discurso de despedida como presidente de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria, en el marco del 31 Congreso Nacional celebrado en Oviedo, ya avancé este planteamiento, que cada vez se afianza más en mi mente y en mi convicción. Lo que allí denuncié y sigo reivindicando desde este espacio, es la necesaria reforma del sector sanitario, la democratización de las estructuras, la cualificación de los representantes del colectivo sanitario, el nivel de compromiso y la responsabilidad para con un sector y para con una sociedad, que cada día necesita más de líderes de opinión, ideas creativas y, sobre todo de independencia de pensamiento. En aquel entonces, al igual que ahora, me sigo afirmando en esta necesidad, viendo que el sector está desvitalizado, y sobre todo atomizado por el victimismo, la desidia y la carencia de ideas. Desde el respecto, la tolerancia y la admiración hacia organizaciones y dirigentes que marcan la distinción en este sentido, observamos sindicatos sin norte en sus reivindicaciones y anclados en la lucha de clases del siglo XIX, organizaciones profesionales que parecen gremios de la edad media, en los que los que sustentan a sus representantes no los eligen y sociedades científicas que se asemejan más a empresas personales dedicadas a la mercadotecnia sanitaria. Por estos y otros motivos, se hacen más necesarios grupos de liderazgo creativos, flexibles, independientes y cuyo único objetivo sea mejorar y aportar valor añadido. Bienvenidos a este nuevo consejo asesor, que es mucho más que eso. Los acuerdos a destacar en esta primera reunión son los siguientes: El grupo tendrá independencia total cara a abordar temas y contenidos. Importancia y trascendencia de convertir el grupo en un lobby de opinión. El grupo debe de realizar informes estratégicos que aporten posicionamientos y datos objetivos Crear la posibilidad de emitir posicionamientos  rápidos sobre temas de interés de todo el grupo. Para ello se realizara un pequeño procedimiento de comunicación interna para facilitar este proceso. Las asociaciones de pacientes, a través de la AGP se utilizaran como órgano consultivo, pero no constitutivo del grupo. Se realizara una priorización de grupos y líneas estratégicas. Los grupos priorizados son: MODELO SANITARIO DESARROLLO PROFESIONAL CULTURA DE LA SALUD  Agradezco a todos los participantes en este Consejo Asesor, su disponibilidad, su participación activa en este nuevo lobby líder, que queda abierto a aquellos participantes que quieran acercarse a nosotros a través de su participación en los diferentes grupos de trabajo. Bienvenidos y gracias. Publicado en: http://www.gacetamedica.com/articulo.aspx?idart=620554&idcat=792&tipo=2 Noticias relacionadas: «El Consejo asesor editorial de GM pretende ser un observatorio nacional de la Sanidad». Accede a la entrevista con Carlos Macaya, Jefe de Servicio de Cardiología y  miembro del Consejo Asesor de GM.

Atención Primaria: ¿alguien da mas?

El día 12 de abril fue señalado hace ahora un año, de manera arbitraria y por consenso, «Día de la Atención Primaria», por todas las organizaciones del primer nivel asistencial, acompañadas de los sindicatos y OMC. La idea original era reivindicar una Atención Primaria (AP) de calidad, reclamar su protagonismo y protegerla de los ataques y erosiones de la clase política, sobre todo en un escenario de recortes presupuestarios. El primer año hubo sendas presentaciones en el Congreso de Diputados y Senado, junto con un manifiesto en defensa del primer nivel. Hace unas semanas, hemos asistido a la celebración del día del a AP por segundo año consecutivo. La dinámica ha sido similar: manifiesto de los integrantes en defensa del primer nivel, rueda de prensa de los protagonistas y, en este caso, celebración de una mesa redonda, donde representantes de los pacientes y expertos en economía sanitaria debatieron acerca de la importancia que tienela AP y lo incontrovertible de su protección y potenciación. Y eso es todo,… hasta el próximo año. Siempre he sido crítico con este tipo de manifestaciones, desde el respeto a las instituciones y desde la tolerancia a la diversidad de posicionamientos: y en estos momentos si cabe lo soy aún más, conocedor de que el primer nivel asistencial necesita de algo más que manifiestos, ruedas de prensa y días del «orgullo de los primaristas». En primer lugar, es necesaria una auténtica re-fundación de la AP, desde la seriedad, el rigor científico y la claridad de sus profesionales. Para ello hay que des-politizarla y suprimir todas las manos de barniz ideológico que durante más de treinta años la han impregnado. Por otro lado, las organizaciones que defienden los intereses del primer nivel deben democratizarse, promocionando la eclosión de líderes profesionales con un alto nivel de excelencia profesional y gran altitud de miras para con los profesionales a los que representan. No pueden estar siempre los mismos, diciendo las mismas cosas. El sector de AP debe vertebrarse, converger de manera real y no de manera ficticia y de cara a la galería, sin complejos y cerrando un pasado que más nos separa que nos une. La participación ciudadana en este movimiento es crucial y fundamental, hay que conseguir que en el foro estén representados todos los intereses y no sólo los de un sindicato y el de un solo colectivo, el de médicos. Existen muchos otros profesionales que, de manera activa, sostienen el primer nivel, véase enfermería e incluso especialistas hospitalarios que trabajan en  AP. El Foro de AP debe realizar una re-lectura crítica de sus posicionamientos, desde la humildad y la generosidad de planteamientos, para que el próximo año, el día 12 de abril, en la «subasta sanitaria» de nuestro país, la voz del político tecnócrata no se oiga exclamando «Atención Primaria, ¿alguien da más? y la respuesta sea “que nadie puje nunca más por la Atención Primaria”.