GORRIÓN ENTRE LAS FLORES DEL CEREZO

Sobre el cielo azul resalta una nube rosa-morada con tonos verdes. Un hermoso cerezo en flor brota con rabia y me golpea la atención como si recibiera una bofetada de belleza. Mi atención hasta entonces dispersa centra su foco en aquel fenómeno lleno de colores y formas. Mis sentidos son solo uno, todo lo que veo, olfateo, toco y oigo es el rosa-morado. Los colores se pueden oler, tocar y gustar. Huelo rosa-morado, toco rosa-morado y siento algo complejo que me resisto a llamar por ningún nombre. Cuando percibo que mi cerebro recupera el control y busca definiciones y conceptos, corto radicalmente y me quedo con la sensación, me quedo con el fenómeno. Curiosamente, no me es complicado quedarme en la sensación, pues esta me atrapa como en una tela de araña y aquel cerezo en flor me penetra como si fuera trasparente. Respiro color y en aquel momento soy cerezo en flor, soy color. Mi identidad ha desaparecido para convertirse en color rosa-morado, flores pequeñas con suave fragancia y verdes hojas carnosas que rompen la monotonía del rosa-morado. Una nube de color morado me invade y mi mundo se detiene. No existe nada más, solo sentir belleza, solo sentir morado y verde, yo soy morado y verde. Algo emana de mí y es silencio, alegría, una suave felicidad morada recortada por verdes esperanza. Desconozco cuanto tiempo trascurre en ese ensimismamiento, en ese estado paradisiaco que a posteriori me hace reconocer el estado virginal que Adán sintió antes de poner nombre al mundo, antes de parcelarlo y clasificarlo. Es posible volver a nuestro estado inicial sin huella del pecado original, es posible solo Ser y sentir, parar la cháchara mental y dejarse invadir por una belleza eterna que por su naturaleza es efímera, pero solo es, ser en el tiempo y en el espacio y dejarme ser cerezo en flor. Hace muchos milenios ya fui cerezo y mis simientes siguen germinando en el suelo de mi alma hasta que la imagen toca las semillas y despierta mi naturaleza latente. Entonces siento cerezo, siento color y aroma y soy belleza.

Un pequeño movimiento me saca del éxtasis sentido. Es un pequeño gorrión jugueteando entre las flores y sintiendo también igual que yo, que él, también es morado y fragante, pues los tres compartimos la misma naturaleza.