Un toque personal

A mi edad, espero y tengo mucho que dar en la vida

El psiquiatra suizo Carl Gustav Jung afirmaba que en el desarrollo y discurrir normal del ser humano, es muy habitual que, en la edad media de la vida, se presente una crisis existencial, una «neurosis noógena». El ser humano, dedicado en la primera mitad de la vida a consolidar una biografía, apuntalar una profesión y, en definitiva, buscar el éxito, la solvencia económica…. se enfrenta a un vacío existencial cuando se contempla el otoño de la existencia y nuestro horizonte mortal. Según Jung, es aquí, en esta fase de la vida, donde el ser humano potencia sus cualidades más humanas y espirituales, aquí se producen las trasformaciones, las metamorfosis. Yo estoy en el ecuador de mi vida (al menos por probabilidad estadística), contemplo mis éxitos y mis fracasos, contemplo mi vida como una película donde los protagonistas van desapareciendo de escena, donde una vez más y con mayor nitidez que nunca, contemplo mi “YO” ramplón, mísero y convencional. Mi existencia se convierte en una gran cebolla repleta de capas superpuestas, pero en el fondo sigue estando el niño asustadizo, travieso y creativo. No tengo nada que perder, hay que zambullirse en la vida, hay que dejar atrás temores infundados y vivir, porque aún espero mucho de la vida, pero desde luego, lo que espero es saborear cada momento como si fuera el último, deambular sin rumbo por calles y campos, sentir la caricia de mi compañera, vivir la pasión de mis hijos piel con piel y sentir los latidos de mi corazón, como si una galaxia estallara en mi interior. ¿De qué sirve el éxito, el reconocimiento y la adulación?. Solo quiero SER, y agradezco y quiero a los que me permiten SER cada día. Nadie puede impedírmelo, el que lo intentara es porque No ES, y nada representa en mi SER.

Innovar no cuesta dinero

Sobre las declaraciones de Carmen Vela, secretaria de Estado en Investigación  Está claro que “todo depende del perfil desde el que lo mires”               Y que la «necesidad agudiza el ingenio»             Pero para innovar, la mayoría de las veces se necesita más a los que lo hacen, que al dinero Decía mi abuela que «sabe más un hambriento que 100 letrados», y ¡qué verdad encierra el refranero español!. Las últimas declaraciones a una prestigiosa revista internacional de la responsable de la investigación en España demuestran, además de poca sensibilidad, una falta de respeto irreverente a la ciencia que ella debe proteger, defender y promocionar. Dice que “sobran investigadores en España”, debe ser que por eso se van fuera de nuestras fronteras a investigar. Es momento de crisis y en estas situaciones se demuestra la grandeza de espíritu, la globalidad de la visión y lo creativo de la imaginación. Obligado te veas para creerlo, pero la imaginación humana no tiene limites.