Sociedad

Una cura de humildad, nunca viene mal

Durante los últimos años de mi vida, sobretodo en la última década, he venido ejerciendo papeles de cierto liderazgo en la política sanitaria estatal, siendo una persona, considero, conocida en el sector sanitario. Mi juventud, unida a mis habilidades y capacidad dialécticas, me hicieron pronto granjearme el interés de algunos políticos del país, de tal suerte que algunos líderes de opinión del sector sociosanitario me auguraban “una gran carrera política”, con aspiraciones a responsabilidades del más alto nivel en la Administración Sanitaria, o incluso en la política nacional. La prensa escrita, radio y televisión solicitaban a menudo mis opiniones y ensalzaban mis críticas y mis reflexiones. Desde luego, nunca me dio por pensar que yo era un hombre de éxito, escritor de libros y ensayos, respetado por todos y por ello presa de la prensa sensacionalista, que en sus dimes y diretes, día sí y otro también, durante años, se alimentó de mi esfuerzo y el de los míos. Y como sigo pecando de ingenuo, pero sobre todo de optimismo, tengo plena confianza en que se hará justicia, que no es lo mismo que pensar que los responsables de la misma dictaminen justamente. Sin embargo, he de reconocer que de alguna forma, muchas de las situaciones que se generaban, tendían a insuflar mi ego, de forma que me hizo sentir y pensar que “era una persona referente en el sector de la salud” y que gozaba de “muchos amigos” dispuestos a trabajar “hombro con hombro”. Releyendo a los filósofos estoicos fui capaz de mitigar rápidamente esta sensación, sobre todo al toparme con la crudeza de la realidad, que siempre es muy tozuda. Esta realidad me ha situado en poco más de un mes, a pasar de ser un personaje conocido, a uno anónimo; de creerme un reputado profesional, a un sencillo administrativo; de mandar, a ser mandado; de ser escuchado con arrobo, a no ser tenido en cuenta. He de confesar que esta implosiva cura de humildad me ha generado grandes desajustes, insomnio, anhedonía, tristeza, depresión, falta de control de los impulsos…, pero con toda su crudeza, me ha traído de nuevo a la vida, me ha puesto en la realidad que nunca debí arrinconar,  en el día a día, en el aquí y en el ahora, “condición sine qua non” para vivir plenamente. Y es que ahora me considero importante por lo que realmente soy y siempre fui, un referente para mis hijos, un marido al que se le espera al final del día, un amigo al que se le pide opinión (no son tantos, pero son los de verdad), un compañero con el que se comparte impresiones y pareceres… No obedece a una transformación en otro ser distinto, siempre fui el mismo, aunque según el que te mira puedes “ser pájaro o pez”. Nada ocurre porque sí, todo guarda un plan. La realidad es tozuda y nosotros nos empeñamos en ser más tozudos aún y no reparar en que somos pequeñas briznas de hierba, agitadas por el viento y las mareas. Todo pasa, poco queda. Tan solo dejamos a la posteridad nuestra humilde huella en los demás.

¿Quien mató a Bin Laden?: El origen del mito

Cada vez es más frecuente ver cómo el ciudadano americano lucha contra sus propios miedos y los saca a la luz  de una forma terapéutica, podríamos considerar, para superar su propia crisis de valores y no repetir errores antaño cometidos, que lastraron a generaciones enteras, como la guerra de Vietnam, los asesinatos de Kennedy y Martín Luther King, e incluso la intervención americana en el derrocamiento del gobierno chileno de Allende. Por eso, los nuevos directores y guionistas americanos, se están empezando a interesar por la historia reciente del pueblo americano y están creando cine social y político al estilo Pakula, Costa Gavras, etc. Ya lo comentamos no hace mucho con el film “Argo” y volvemos a repetirlo con el reciente titulo estrenado «La noche más oscura”, que narra los más de 10 años quela CIA investigó el paradero de Bin Laden y el definitivo asalto y asesinato del cerebro de los atentados suicidas del 11S. El film, extrañamente largo en metraje, se hace ligero, en un montaje liviano que recoge toda la densidad del entramado de Al-Qaeda en Pakistán y las minuciosas investigaciones de los agentes secretos americanos en los países islámicos. Aparte de las virtudes cinematográficas y técnicas, a mi juicio este film, pone de manifiesto dos cuestiones muy importantes. Por un lado, la evidencia, en toda su crueldad, de las torturas de los presos musulmanes en las cárceles americanas y en segundo lugar, deja veladamente en suspenso, si la operación final culmina exitosamente con el asesinato del líder, o de otro personaje. Los maltratos y torturas a sanguinarios presos musulmanes, repletas de humillaciones y todo tipo de vejaciones, nos hace reflexionar sobre el delicado asunto de la pertinencia de tales prácticas en aras de salvar más vidas. Mi respuesta es que la condición humana, no permite aceptar, ni tolerar este tipo de actos, ni siquiera en aras de la seguridad del propio Estado. La animalización del ser humano me recuerda prácticas de nuestra historia reciente y, desde mi punto de vista, es del todo intolerable. Con respecto a la segunda cuestión, debo confesar que, desde que saltó la noticia del asesinato de Bin Laden, he sido bastante incrédulo con su veracidad. Para justificar dicho razonamiento me baso en el hecho de la poca o escasa propaganda política del propio asesinato, la inexistencia de imágenes, fotografías…, documentos gráficos en definitiva. Debemos recordar que asesinatos de otros tiranos como Saddan Hussein o Gaddafi, fueron documentados con teléfonos móviles y videos caseros. La historia, nos dice que cuando el cuerpo no se identifica, o no se documenta la muerte, nace el mito….y, si no, que se lo pregunten a los alemanes con Hitler. Película interesante y para la reflexión y fundamentalmente terapéutica para el pueblo americano.

Nuevas adicciones: «la enfermedad del juego»

La prensa nos sigue sorprendiendo a menudo con nuevas adicciones que hace unos años eran insospechadas. A las clásicas, como el tabaco, el alcohol y otras drogas, se añade una larga lista de dependencias, que van desde la adicción al sexo, pasando por la ludopatía y la adicción a las nuevas tecnologías. Aunque las adicciones se vistan con nuevos ropajes, los fundamentos siempre son los mismos: una falta de control de los impulsos y una alteración en los neurotrasmisores cerebrales, como la dopamina. Pese a este planteamiento, en principio simplista, en las adicciones, en las dependencias existen importantes factores que condicionan su morfología. En el siguiente y apasionante relato José, un individuo normal, como tú y como yo, que presenta una ludopatía, lucha contra su adicción y su familia, como suele pasar en estos casos, se convierte en un factor determinante en la solución del problema. Una vez mas, el entorno, los enfermos que han pasado por el mismo problema, mediante asociaciones de pacientes,  y la familia en especial, se convierten en la mejor «medicina».    

Una imagen para la esperanza: Jesús nació en Cisjordania

Hace un año acudimos en viaje turístico, junto a unos amigos, a Israel. El viaje fue problemático en su decisión, pues la mayoría del grupo tenía resistencias y miedo a la inestabilidad de un país que alberga a una población musulmana, atrapada en guettos  y con vigilancia militar continua. Al final, el grupo admitió organizar el viaje y no se arrepintió, pues los 10 días que vivimos en suelo israelí fueron tranquilos y apacibles, …..eso sí, con importante presencia militar. Este recuerdo se ha avivado tras la reciente lectura en periódicos y noticiarios sobre la misa del Gallo, que tradicionalmente se celebra en la Nochebuena, y que por primera vez se ha llevado a acabo, presidiéndola el Presidente de la autoridad Palestina y la alcaldesa de Belén. Este hecho no es anecdótico, ni baladí, pues la misa realizada en la Iglesia de la Natividad, la han presidido un musulmán y una mujer, como autoridades del lugar. ¿Significará esto el principio de los cambios? Sin duda somos muchos los que desearíamos que así fuera, pues el pueblo israelí y el palestino están abocados a encontrarse, entenderse y armonizarse. Durante mi breve estancia en Israel percibí el odio de los israelíes hacia el pueblo palestino y recíprocamente, el miedo y odio de los palestinos hacia un país entregado a las manos de los Estados Unidos. La situación no es nada sencilla, pues se entremezclan historia, demografía, sociología, religión,… y mucha, mucha intolerancia; es decir, temas de difícil manejo. Cuando descendí a la gruta donde se data el nacimiento de Jesús, me acompañó un soldado israelí, mientras me apuntaba con su fusil. Cuando quise bajar a la gruta donde, según nos indicaron San Jerónimo realizó sus múltiples escritos, como la biblia Vulgata, no fue posible por la lluvia y el cordón militar. Jesús y el espíritu de Cristo, brillan por su ausencia en Belén y en el resto de los territorios. Este joven judío hábil en las manualidades y de inteligencia brillante y auténticamente mediterráneo, capaz de trasmitir un mensaje de paz y amor a lo largo de mas de 2000 años a toda la humanidad, preferiría volver a ser crucificado, viendo que los romanos han dado paso a las tropas israelitamericanas. De momento, esperemos que estos pequeños atisbos de normalidad, fomenten otros cambios. La esperanza es lo último que debemos perder.

Que no roben tu vida: “El ladrón de palabras”

Como en otras ocasiones he expresado, no me prodigo mucho en el séptimo arte, entre otras cosas, porque lo que veo en las grandes pantallas no merece la pena a mi corto entender, ni me resulta interesante. El arte cinematográfico ha sido invadido por los efectos especiales, los ordenadores y el 3D, y es incapaz de relatar una simple historia, con sus sencillos, pero a la vez profundos personajes, sus diálogos sustanciales y su fotografía limpia y diáfana. Pero como alguna vez he relatado, de vez en cuando uno encuentra alguna pequeñita “joya”, que dada su rareza, es digna de mención y por eso voy a hablaros de un film que está pasando de puntillas por las pantallas y se ha marchado de muchas de ellas sin hacer nada de ruido, aunque desde mi punto de vista aúna lo anteriormente referido para ser una buena película: historia, personajes y moraleja. Estoy hablando de “El ladrón de palabras”. Esta sencilla y nada comercial cinta narra una historia dentro de otra, que a su vez forma parte de una tercera historia, por tanto, guión no le falta. Un escritor de éxito narra a su joven y bella pupila los entresijos literarios de su última novela. La joven seducida por el autor de éxito escucha la narración, mientras él le desvela la trama y las vicisitudes de sus personajes. La historia refiere cómo un joven escritor aficionado, que trata de hacerse hueco en el difícil mundo editorial americano, encuentra por casualidad un texto escrito por un desconocido durante la Segunda Guerra Mundial. Se trata del hallazgo de un relato olvidado en una vieja cartera que su joven esposa le compra en una tienda de anticuario. Allí el texto pasa más de 70 años sin ver la luz. Nuestro joven escritor queda seducido por su lectura y tal es su impacto, que decide reproducirlo y “colocarlo” en una editorial, como si hubiera sido él su creador. El éxito no se hace esperar, se convierte en un gran best seller y el joven y desconocido autor es aclamado y premiado como un gran maestro de la literatura, pero dos hechos inevitables van a cambiar y torcer su suerte inesperada: Por un lado, la carga de su conciencia, de no ser el verdadero creador del texto y por otra, el encuentro con su autor original. Esta cinta reflexiona de manera interesante sobre la relación entre la ficción y la realidad, y analiza el valor de nuestros actos. Son muchos los escritores que han reflexionado sobre la creación del metamundo literario, pues lo verdadero es aquello que sentimos y, en muchas ocasiones, el mundo de la ficción es más auténtica que la propia realidad. Y es que a veces, los personajes de ficción se apoderan de los genuinos, sin que siquiera éstos sean conscientes de ello