Sociedad

Cuando James Bond tenía licencia para pensar

Cuando mencionamos el nombre de James Bond, nos viene a la memoria el célebre personaje de espía creado por el escritor británico Ian Fleming, que ha sido interpretado para la gran pantalla con más o menos éxito por galanes de turno, desde Sean Connery, hasta Daniel Craig, pasando por Roger Moore y Pierce Brosnan. Un personaje icono de la masculinidad, vividor y mujeriego empedernido que salva a la Gran Bretaña de múltiples villanos entre Martini y Martini. Pero si yo les pregunto cuál era la verdadera identidad de Bond y cuál era su segundo apellido, la mayoría no sabría responder. El verdadero James Bond no era británico, sino americano, se apellidaba Stockdale y servía en la aviación americana durante la guerra de Vietnam, fue héroe de guerra y se presentó sin éxito como vicepresidente de los EEUU en 1992. ¡Todo un descubrimiento!, ¿verdad? Me gustaría glosar la figura de este desconocido militar, no solo por sus éxitos bélicos, sino por su sentido filosófico de la vida, de echo él se autodenomina militar y filósofo, como queda palpable en su excelente ensayo: “Valor bajo el fuego: probando las doctrinas de Epicteto en un laboratorio de conducta humana”. Bond acudió a estudiar relaciones internacionales a la universidad de Stanford donde quedó cautivado por la filosofía y especialmente por la escuela estoica representada por Epicteto y Marco Aurelio. Memorizó sus pensamientos y código de conducta, pues pensó que el buen militar debía inspirarse en esta antigua escuela que reza que el hombre ha de tomar el mando sobre sí mismo y como el mismo escribió: “las dificultades son lo que muestra el carácter de un hombre. Cuando te encuentras con una piensa que eres un joven atleta al que el entrenador envía un ejercicio.” Corría el año 1965, durante la cruel guerra de Vietnam, cuando Bond fue derribado en Hanói. Pudo saltar en paracaídas y fue apresado con otros compatriotas suyos en un campo de concentración que terminó convirtiéndose en su laboratorio de conducta. Era el momento de pasar del conocimiento académico a la aplicación práctica de lo memorizado. Su primer pensamiento fue: “Cómo se comportaría Epicteto, Marco Aurelio o Cicerón, para mantener la dignidad frente a la adversidad”. En aquel inmundo campo permaneció ocho años de los cuales dos años permaneció encadenado y soportando numerosas torturas y cuatro años en aislamiento total, cuando se descubrió que clandestinamente lideraba a 75 pilotos presos como él y que había inventado un sistema de comunicación mediante golpes. Jimmy Bond sobrevivió gracias a la aplicación de las ideas estoicas a la rutina diaria, a su gran fortaleza mental, producto de su entrenamiento en estas ideas y a la libertad interior que consiguió plasmar en lo que el denominó “La Triada Guerrera Estoica”, es decir conseguir la calma, superar el miedo, conseguir la libertad interior y el desapego estoico. Entre tortura y tortura, él con gran disciplina, repasaba en su interior el cómo pensar, cómo reaccionar emocionalmente y cómo actuar en consecuencia. No solo sobrevivió Jimmy, sino que ayudó a muchos compañeros a que sus días fueran más livianos y a buscar la entereza cuando toda esperanza estaba perdida. Acabada la guerra y liberado de su cautiverio nuestro protagonista prosiguió su carrera militar colmado de grandes honores y como hemos comentado participó activamente de la vida política americana, aunque su gran misión fue enseñar en múltiples universidades y escuelas militares, cómo las ideas estoicas pueden ponerse en práctica en nuestras vidas cotidianas, lo cual nos hace más libres y por lo tanto más felices. Y es que queridos amigos, la filosofía esta para ser una herramienta que nos enseñe a cómo bien vivir y no para discusiones de salón. Por ello cada día que pasa, mi sensibilidad está más cerca de los ideales estoicos y del señor James Bond y más lejos de las tertulias culturales.      

Mirada y sentimiento

Algunas culturas y religiones acusan a la Católica de estar plagada de la crueldad de la Pasión de Cristo. Los signos de la  Pasión son vividos por algunos individuos, como elementos de gran crueldad y sadismo, donde la sangre y el sufrimiento desgarran la percepción y convierten el espectáculo de la flagelación o crucifixión de Cristo en un espectáculo cruel. Un amigo mío budista me recriminaba diciendo que no entendía cómo podíamos orar ante una imagen que representa dolor, sufrimiento, crueldad y sobretodo resignación. La imagen de Cristo en la Cruz o durante su largo calvario, ha sido una de las temáticas más representadas en la historia del arte en todas las épocas, culturas y estilos. En cierta manera, el rostro de Cristo siempre muestra dolor, tristeza, perdón y resignación…; pero, ¿alguien es capaz de perdonar con todo su alma a su verdugo y además es capaz de amarle como si su flagelo y sus clavos fueran caricias o signos de amor?. Me parece casi mágico poder reflejar tanto sentimiento en un rostro: humildad, valor, coraje, fuerza y un impulso más allá de lo cotidiano Y por ello me resulta aún más inquietante el rostro de esta maravillosa talla del escultor murciano, Francisco Salzillo. Mira detenidamente la mirada de este joven y  dime tu qué ves.

¡Felicidades, padre¡

Escribo este texto con motivo del día del padre, 37 años después del fallecimiento de mi querido padre. Pero no puedo resistirme a decir: ¡Felicidades, papá! Curiosamente también en estos días he terminado de leer un fantástico libro de un gran autor de las letras españolas, Gustavo Martin Garzo, dedicado a su padre y en honor del padre de los padres, San José, titulado: “El lenguaje de las fuentes”. En este texto Gustavo Martin Garzo narra la vida, sentimientos y recuerdos del viejo José, ese carpintero mayor, que se desposó con la joven María y que ha pasado de puntillas por la historia evangélica, sin hacer ruido ni buscar protagonismo. Ese hombre maduro, que luchaba con sus dudas e incertidumbres, ese hombre habituado al contacto de la materia y que luchaba con lo sobrenatural. Curiosa coincidencia, no buscada, que finalizara este maravilloso libro en un día tan señalado. Dicen los psicólogos, que de eso saben mucho, que los padres reproducimos los hábitos, educación y costumbres de los nuestros. A mí por desgracia mi padre no me pudo enseñar a ser padre, pues lo perdí muy pronto, quizás demasiado pronto en la vida, aunque vislumbro que esto no es tan cierto porque él sigue vivo en mí. Ahora yo soy padre de dos maravillosos hijos y ellos me han enseñado a ser padre. No sé si soy buen padre, ni lo que se considera ser buen padre, pero lo que sé es que les quiero con locura y me deleito abrazándoles y besándoles, cuando ellos se dejan. Ellos me han ayudado a ser hombre, a ser padre, pues como decía Romain Rolland, “se necesita un instante para hacer un héroe y toda una vida para hacer un hombre”. En este instante aún puedo sentir las caricias de mi padre, su cálida mano, su sarcástico humor y su sabiduría práctica de la vida. Aún recuerdo, con viva intensidad, nuestros paseos por el campo, nuestras conversaciones sobre la vida, lo divino y lo humano. Mi héroe, mi amigo, mi guía, me dejó muy pronto, pero puedo ver que su desaparición no fue en vano, su ausencia es relativa, su germen está en mi interior, mi padre vive en mí. Y es que quizás esta complicada vida, pueda entenderse como una eterna continuación de unos a otros y cuando me miro en el espejo, es a él a quien veo, cuando gasto una broma, le siento a él y cuando le recuerdo, le traigo y materializo al aquí y al ahora. ¡Padre, cuántas cosas que decirte, cuántas que contarte, cuántos sentimientos y vivencias!. Recuerdo aquellos consejos tuyos sobre las mujeres, sobre la amistad, sobre el honor y la valentía de un hombre, sobre mi futuro. Soy lo que tú hiciste de mí en aquellos años, soy tu querido hijo que aun te llora en la noche oscura, perdido en la vida, buscando tu mano firme y tu abrazo universal. ¡Gracias y felicidades papá!.  

¿Cuándo la ficción es ciencia… y la ciencia, ficción?

Como ya he reflejado en otros lugares de este blog, me encanta la ciencia ficción. Es posible que sea una reminiscencia de mi infancia, tanto de mis lecturas de Julio Verne, que cimentaron mi afición por la literatura, como de algunas series televisivas de la entonces incipiente televisión,  tales como  “Viaje al fondo del mar” o “Planeta prohibido”. Aquellas series motivaron todo un mundo de posibilidades,… todo era posible en la existencia, porque la existencia es tan prolija, que es imposible de aprisionar a golpe de los sentidos convencionales. Mis lecturas de la juventud se centraron en los llamados maestros de la ciencia ficción, los clásicos, a saber: Isaac Asimov, Stalislav Lem y Arthur C. Clark. Este trió de ases presenta una tónica común que les avala y es que los tres son científicos y ponen a disposición del lector sus profundos conocimientos en física, bioquímica u otras materias. El ruso-americano Asimov era bioquímico, el polaco Lem era médico (creo que no llego a terminar la carrera) y Clark era ingeniero. Ellos eran inigualables, su ciencia era ficción o mejor dicho “su ficción era ciencia” y los mundos que habitaban eran productos del enorme desarrollo científico y tecnológico del siglo XX. Pero  este trió no podría estar del todo completo, sin un cuarto escritor, un escritor atípico, no científico, que mas que la ciencia le preocupaba lo ontológico, la filosofía, la religión y en definitiva, la existencia. Podríamos llamarle, el más metafísico de los escritores de ciencia ficción. Si hablamos de uno de sus libros más conocidos “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?”, casi nadie sabrá a quién me estoy refiriendo. Si decimos que este libro inspira el gran film de Rydley Scott  “Blade Runner” o inspira otros films de culto como “Matrix”, podremos tener más pistas.  Estamos hablando del americano Philip K. Dick, uno de los grandes de la literatura, que elevó  el género de la ciencia ficción a género literario con mayúsculas. Tengo este recuerdo de él, porque leí el otro día un texto suyo, quizás de los más enigmáticos y filosóficos:  “La transfiguración de Timothy Archer” y eso me llevó a releer “Los androides sueñan con ovejas mecánicas”. Dick, que murió en la más absoluta de las indigencias, olvidado y denostado por los suyos en la California del movimiento hippy, las drogas y la ruptura de valores tradicionales, siempre se pensó que podía ser un esquizofrénico. Cuando yo oigo tales sandeces, solo puedo imaginarme a Dick, con su risa de niño terrible y murmurando “pobres seres insignificantes”.

Intolerancia y fanatismo… por la convergencia ideológica en el s.XXI

Suponemos que en pleno siglo  XXI, hemos avanzado tanto desde el punto de vista de la tecnología, la ciencia y los derechos humanos, que deberíamos estar a años luz de la intransigencia, la intolerancia y el vandalismo que arrasaron culturas enteras en el pasado. Es una afirmación que no me creo, porque soy de los que opinan que el ser humano y sus viejas pulsiones poco han evolucionado, por mucho que hayamos ido a la luna y hayamos descifrado el código genético. Esa espantosa caja de los horrores, que cuando estamos  comiendo o cenando, nos devuelve a la realidad a través de los noticiarios y telediarios, la otra noche me ofreció unas imágenes perturbadoras. Era la crucifixión que se había realizado a varios fieles iraquíes, por no renunciar a su fe católica.…. O, salvando las diferencias, que las hay, con el acribillamiento de unos periodistas que ofenden a fanáticos religiosos, aludiendo a la libertad de expresión…. O los miles de africanos quemados por sus creencias religiosas. Estos espectáculos dantescos, en pleno siglo XXI, de turbas enloquecidas linchando a sus iguales, por más que sean de diferente raza, religión, país, ideología…. o cuantas diferencias se quieran buscar, me revuelven las tripas y la conciencia. ¿Cómo es posible que las ramas más radicales del Islán desconozcan los  Suras del Corán y del propio profeta que llaman al amor a los semejantes, la tolerancia y la armonía en los seres humanos? Entre las persecuciones de Diocleciano a los Cristianos y los sacrificios salvajes de Nerón y estas imágenes, distan casi 2000 años. La única diferencia es que ahora las imágenes recorren el mundo en apenas unos segundos. La persecución a la que están siendo sometidas las comunidades Cristianas en el Oriente medio, solo puede ser comparada por las escenas más crueles del campo bélico de las guerras más recientes. Ahora más que nunca la Iglesia Católica y la Ortodoxa deben de confluir para aunarse en la esencia de su mismo tronco y junto al resto de las confesiones, Budista, Judía, etc., instar a las autoridades religiosas Islámicas a que recuperen la esencia de amor y convivencia del Islán.