Humanidades

Mirando con el «Ojo del Corazón»

Me encantan los atardeceres de otoño y primavera, me llenan de recogimiento meditativo y me infunden la vivencia y percepción de lo sobrenatural en lo cotidiano. Después  de muchos años, he llegado a la conclusión de que este efecto metafísico me lo proporciona la luz, la luz crepuscular del atardecer, esa luz naranja que se posa tangencialmente sobre los objetos y les dota de un aire irreal o más bien sobrenatural.  No soy buen fotógrafo y he tratado en múltiples ocasiones de plasmar en una fotografía, esta realidad mágica, aunque  nunca lo que conseguido. Esta luz naranja, tranquila, serena y a la vez profunda, anima los objetos y les da un aire onírico. Esta luz mágica vivifica el espíritu porque vivifica el  Anima Mundi, aquello espiritual que anima todo el mundo.  Desde Platón hasta nuestros tiempos, pasando por Plotino, Ficcino y los psicólogos arquetipales, se reivindica una visión poética de la realidad. Ya decía el poeta británico W. Blake, que donde unos ven al astro sol, él veía ángeles celestiales descendiendo a la tierra. Esta visión poética de la realidad consiste en ver más allá de lo material, para poder llegar a contemplar lo más interno e inmaterial, que es el espíritu que anima la vida. Muchos artistas tienen esa doble visión y son capaces de trascender lo material, para ver con los auténticos ojos del corazón; poetas como Whitman, Blake, Rilke o narradores como Hesse lo poseían. Esta visión poética de la Existencia, este Ojo del corazón también lo poseían pintores de la talla de Leonardo o Vermeer…  y, algunos no tan conocidos como el pintor norteamericano M. Parrish, que durante mucho tiempo fue conocido como ilustrador de calendarios y publicidad y cuya luz es la luz del Alma. Recréate con su obra y piensa que bueno sería  ver con el Ojo del corazón.      

“Y que se duerma el mar”. “El mito, vestido de fiesta del misterio”

Hace meses me sorprendía el manuscrito mágico del escritor castellano Gustavo Martín Garzo, en su obra “El lenguaje de las fuentes”. Aquella era una historia sobre la paternidad, sobre la soledad del padre, encarnado en la figura de José, el padre por antonomasia, el arquetipo del padre silencioso, que está en segundo plano, al ser el protagonismo principal el de la madre, como engendradora,  germinadora de vida. En este texto, Gustavo relata los últimos días de vida de José, las visitas mágicas y sobrenaturales de los Ángeles, que son una Epifanía de lo sobrenatural y los bellos recuerdos de la joven María. Acabo de cerrar la última página de otro texto de Gustavo: “Y que el mar se duerma”, que narra la niñez y juventud de María, desde los tiernos juegos y pasiones de su niñez, hasta su avanzado embarazo sobrenatural, pasando por su compromiso con José. Todo el texto es una bella metáfora, plagada de poesía y misterio. Leyendo este libro, me ha venido a la mente, la multitud de simbología imaginal que llenan sus páginas. Los encuentros terribles y sobrenaturales de los Ángeles, que detienen las leyes físicas del mundo, los objetos que se animan, cargados de vida y los animales que establecen vínculos humanos con las personas. Nunca habría imaginado a una Virgen María, manca, a la que le falta la mano derecha; eso la dota de un aire misterioso. Ella no es como las demás chicas, Dios la ha hecho distinta, al igual que los grandes profetas poseían algún defecto físico que los hacia especiales. Recordemos que Noé era cojo. La magia que impregna todo el texto, solo es comparable a la trilogía de “José y sus hermanos”, de Thomas Mann, de donde Gustavo entresaca esas bellas palabras que cierran su texto: “El mito es el vestido de fiesta del misterio”. Y es que su libro permite vislumbrar otro mundo, ese mundo oculto, mágico y poético, que sólo algunos privilegiados son capaces de percibir. La poesía que encierra la realidad, pretende abrirse paso por cualquier fisura del universo, nosotros solo tenemos que estar receptivos y preparados para la visión.

Un ángel asustado: Susanna Tamaro

Es inevitable que muchos escritores a lo largo de su vida literaria plasmen situaciones biográficas propias en sus textos. Mi buen amigo Luis Mateo siempre dice que la narrativa es memoria fermentada y no le falta razón. No conozco ni un solo literato que no deslice anécdotas, situaciones vividas y hechos propios en sus trabajos, ellos se alimentan de su propia vida y como decía Ernesto  Hemingway, no se puede ser un buen escritor si no se ha vivido con intensidad. Aún así reconocemos que existen autores que se alimentan más de su mundo vivencial y otros más de su mundo imaginal. Lo que no es tan frecuente es que los autores, que por norma viven parapetados detrás de la máscara de sus personajes y de sus obras, hagan un alarde de estriptis personal y publiquen obras biográficas donde nos encontramos con el humus de urdimbre humana que  genera la obra literaria. Estos textos son la extraña especie de género que bucea en las pasiones y en los afectos del autor y nos impulsa a conocer, no sólo a la persona, sino los impulsos emocionales e inconscientes que van implícitas en sus obras. A este peculiar género pertenece la última obra de la escritora italiana Susanna  Tamaro “Todo Ángel  es terrible”. Tamaro es una escritora de las emociones, de los afectos, que es capaz de conmovernos moviendo los sutiles hilos del corazón. Muchas obras literarias deberían estudiarse en las Universidades de medicina, psicología y antropología, para arribar a los lugares más oscuros y recónditos del alma humana. Si fuese así,  los textos de Tolstoi, Hesse, Mishima… y otros muchos, adquirirían un significado y dimensiones nuevas. En esta línea se encuentran los textos de la autora Italiana, que con su gran profundidad humana amplia el zoom de la percepción para sentir lo humano. Y es aquí en este texto donde nos reencontramos con Susana niña, sus ilusiones y sueños y también sus fantasmas. Esta obra es una generosa invitación a penetrar en su vida, es una confesión sincera, ajena a las interpretaciones personales y, donde ella solo plasma su sentimiento y percepción. Me ha emocionado esta penetración en su mundo íntimo y personal y he podido contemplar cómo ese ser humano débil y asustadizo se ha convertido en una mujer sabia, generosa y tierna. ¡Gracias Susanna por tu generosidad!.

El sufrimiento no siempre se nota… previniendo el suicidio

En estos días asisto preocupado y con consternación al estado de ánimo de la que considero mi hermana, experta psicóloga, consternada por la pérdida de un joven paciente que se ha suicidado. Pese a su sólida formación terapéutica, se interroga una y otra vez por los motivos que han podido llevar a un joven de 17 años a quitarse la vida. Es cierto que en el suicidio se concita patología psiquiátrica, como la depresión, el trastorno límite de la personalidad o la esquizofrenia; pero aun así, sigue siendo existencialmente difícil de entender los razonamientos internos de una persona para quitarse la vida. Probablemente esto es así porque no existe una razón lógica para lo ilógico. Comparto su dolor, porque como médico he tenido la dura experiencia, y solo puedo quererla, escucharla y acompañarla. Mi experiencia del suicidio la lleve a un libro: “La sombra del dolor”, donde pude terapéuticamente volcar la sinrazón, el dolor y mi propia angustia. Son importantes las iniciativas que se están llevando a cabo para prevenir el suicidio. Se está fomentando la detección precoz de los signos de alarma de suicidio, se están realizando programas de apoyo a las familias de los pacientes que se suicidan y múltiples acciones encuadradas en  programas y protocolos, cuya eficacia existe…; pero sigue siendo insuficiente. Hoy os traigo aquí el artículo recientemente publicado en el rotativo “El País”, por mi amiga Mercedes Navío, buena psiquiatra y mejor persona. Y quiero aprovechar para insistir en que debemos fomentar las herramientas y recursos adecuados desde los dispositivos, no solo sanitarios, sino sociales y educativos, para realizar programas de prevención. Y para ello resulta imprescindible el fomento de hábitos saludables y de higiene mental, que permitan al individuo tener apoyos personales, familiares y sociales.

Nuevo espacio de colaboración para la medicina del siglo XXI…, la atención sociosanitaria.

Estamos ante un cambio de paradigma de la humanidad. Estamos asistiendo a la desaparición de un viejo mundo (el que hemos conocido en el siglo XX) y a la eclosión de una nueva manera de vida (inicios del siglo XXI, con la aparición de la biotecnología, la cibernética…). El problema es que en esta interfase, ni ha muerto lo antiguo, ni ha terminado de aparecer lo nuevo. La expectativa de vida crece, los grandes avances tecnológicos y biomédicos están prolongando la vida de nuestros semejantes y la innovación y desarrollo de nuevas armas terapéuticas hace que la población mundial avance hacia el precipicio de la longevidad, donde confluyen varios caminos, lo que es sanitario y lo que es social. Tan solo dentro de 10 años, 4 de cada 5 pacientes serán crónicos, porque enfermedades que antes eran mortales, las hemos conseguido domesticar y cronificar. Yo soy un medico del siglo pasado, mis pacientes morían de insuficiencia cardiaca, cáncer de mama o SIDA, ahora afortunadamente, estas enfermedades han encontrado un camino de mayor supervivencia. Sabemos que los pacientes crónicos de alta complejidad pueden representar un 5%, pero sus características y perfiles sociosanitarios hacen que sus cuidados y manejo llegue hasta el 75% del coste sociosanitario. Desgraciadamente tenemos un sistema asistencial de pacientes agudos (nuestros hospitales, centros de salud, etc.), cuando el verdadero reto social y asistencial, está en la atención y manejo de los pacientes crónicos pluripatológicos y polimedicados. Por todo ello y porque necesitamos reorientar nuestros servicios a una población más demandante, exigente y especifica, tenemos que cambiar nuestra visión y abordaje de los problemas, para podernos adaptar a los nuevos tiempos. En esencia, necesitamos una Atención Primaria potente que pivote sus acciones entorno a nuevos roles profesionales, como la enfermera gestora de casos, los aspectos sanitarios del trabajo social y la capacitación del voluntariado en el ámbito del domicilio del ciudadano y desde una perspectiva social y sanitaria. Es un reto, sin lugar a dudas, y desde la perspectiva de la gestión sanitaria, un momento único para demostrar nuestra creatividad y nuestra grandeza como profesionales y como seres humanos.