Humanidades

Relación estudiante-enfermo: la visión del paciente

Miles de estudios se han publicado sobre la relación médico-paciente, pero muy pocos han sido los realizados sobre un tema descuidado: la relación estudiante-paciente. Y es que nuestros estudiantes de medicina y de enfermería, deben de interaccionar con los pacientes reales, para poder aprender todo aquello que no viene en Dr. Google y en sus libros; es decir, todo aquello, que tiene que ver con la afectividad y las relaciones interpersonales. Hay pues que bucear en el mundo psicológico del paciente para poder llegar a comprender qué sienten cuando se le acerca un estudiante. Esto nos interesa en dos vertientes, una de ellas, para ver cómo podemos utilizar ese material, en la faceta pedagógica del alumno y por otro lado, cómo se puede utilizar en la faceta terapéutica, convirtiendo al alumno en un vector terapéutico y no en un mero sujeto educacional pasivo. Si quieres saber, lo que experimenta un paciente cuando se acerca un alumno,  te aconsejo la lectura  de este interesante articulo realizado en el área chilena de los hospitales públicos y privados; te dará muchas pistas al respecto.  Referencia artículo: Beca JP et als. Relación estudiante-enfermo: Visión del paciente: Rev Méd Chile 2006; 134: 955-959

Una habitación en Nueva York: ¿cuál es tu historia?

En estos días se está exponiendo una interesante colección pictórica del artista americano Edward Hopper en el museo Thyssen y esto siempre es una buena ocasión para acercarnos al alma de este increíble artista, que como nadie en la época contemporánea, supo reflejar la vida cotidiana de los americanos del siglo XX. Edward Hopper. Óleo sobre lienzo Además esta retrospectiva hace un guiño al mundo del cine y a la estrecha relación entre el artista y el mundo del celuloide, pues no sólo muchos grandes cineastas se han inspirado en la producción artística de Hopper, sino que muchos de ellos, como Alfred Hitchcock basaron su estética en los planos y ambientes de Hopper. Por ejemplo, la que fuera famosa casa de Norman Bates en “Psicosis”, es un lienzo de nuestro artista, denominada “Casa al lado de la via”; o el film “La ventana indiscreta” esta inspirado en las numerosas pinturas del artista. Y es que el mundo visto a través de una ventana, sitúa al observador en una posición interesante, donde somos participes de una acción, pero al mismo tiempo, nos convertimos en observadores fortuitos que espiamos las interioridades de los otros. La perspectiva de observador “indiscreto”, nos genera un sentimiento de morbo, acompañado de curiosidad de intruso antropólogo. Compruébalo tú mismo en este vídeo sobre su obra, pero conecta el altavoz: Por ello, y aunque la producción pictórica de Hopper es increíblemente vasta y sus óleos y grabados son magníficos, me gustaría poner la atención a un lienzo, no extremadamente conocido del pintor, pero que estimo puede resumir la filosofía conceptual del artista; es decir, nos acerca a su mirada, a la forma en la que Hopper mira, contempla y observa la realidad que le rodea. El lienzo fue pintado en 1932, se titula “La habitación de Nueva York” y la escena que refleja es una sencilla y doméstica imagen cotidiana, donde a través de una ventana abierta a la noche de Nueva York, contemplamos a una pareja, que aparentemente no tiene nada de peculiar. Él lee el periódico y ella teclea desganadamente el piano, aparentemente todo es anodino y sencillo. Pero observemos con más detalle la escena. Es un matrimonio, él expresa una gran tensión leyendo la prensa, literalmente se vuelca en el periódico que tiene entre manos, no está en este mundo, lee con atención algo que centra su interés, y hace caso omiso a su esposa. Su mujer, se siente abandonada, está acostumbrada a estar aburrida, teclea con desgana el piano y es poseedora de un secreto. De un  momento a otro le dará una noticia a su esposo, solo está esperando el mejor momento. El cuerpo de la esposa está relajado, por lo que suponemos que la noticia no será negativa, es posible que sea una buena nueva, quizás un posible embarazo. El marido, lee con avidez una página de deportes o quizás sea el estado de la bolsa después del  descalabro del año 1929. Es un matrimonio acomodado, tienen  hasta  un piano y la decoración denota cierto gusto y sofisticación, es decir se trata de un matrimonio burgués, de clase media alta, por lo que me inclino a pensar que nuestro ávido lector es un empedernido jugador de bolsa que contempla  expectante los movimientos bursátiles, que condicionaran los movimientos suyos en la próxima mañana. Casi puedo palpar la situación: ella le confiesa su embarazo, él casi no la  mira y no se percata de la situación, apenas le hace caso, ella se enfada y dando un portazo sale de la habitación para dar un paseo y sofocar su rabia contenida. Este es Hopper, un artista capaz de crear escenas, capaz de crear ambientes, historias y capaz de estimular nuestra imaginación, dotando a sus personajes de un escenario, que casi siempre tiene una fuerza expresiva que nos arrastra a una imaginación desenfrenada, es más, este cuadro podría servir de comienzo para la base de un guión cinematográfico. Y, tú ¿cómo te lo imaginas?, ¿podría ser ésta una continuación de la historia del cuadro?

Una pastilla de risa: el humor inteligente de Julius Marx

Si le decimos a alguien que nos ha gustado mucho un libro o una película del humorista Julius Marx, es bastante probable que apenas unos pocos sepan a quien nos estamos refiriendo. Ello nos llevará a explicarle que de quien estamos hablando es de Groucho Marx, con lo que a la imaginación de nuestro interlocutor acudirán la hilarantes y disparatadas comedias de «los  hermanos Marx», Groucho, Chico y Harpo. Aunque eran cinco hermanos, tres fueron los que alcanzaron la fama y uno, Groucho, ha sido y será, el máximo exponente del humor inteligente. El auténtico humor se viste con el ropaje de la inteligencia y la sensibilidad. De todo el mundo es bien sabido que en toda representación teatral, novela o film, es más fácil hacer llorar que reír. Cualquier  trama narrativa donde se desnuden las miserias y dramas del ser humano, es fácil que toquen la fibra sensible y el corazón del espectador o del lector, creando una situación de simpatía, que nos lleva a la congoja, a la tristeza y, en definitiva, a que nuestros sentimientos afloren. Esta situación se denomina «sintonía» y se produce de manera espontánea en el ser humano. Esta cualidad tan humana es la base de la solidaridad, la compasión y el altruismo. Pese a ser una cualidad muy humana, no es estrictamente del hombre, pues como han puesto de manifiesto algunos famosos etólogos, forman parte también, aunque en una escala menos desarrollada, de grandes mamíferos que viven en comunidad, como por ejemplo los grandes primates o incluso los delfines. Podríamos aventurarnos a que esta «sintonía», genera cohesión en el grupo, nos hace identificarnos con los demás y, por lo tanto, es una seña de identificación grupal. Por el contrario, el humor es una cuestión más escurridiza y compleja de explicar, pues intervienen más factores inconscientes, elementos que quizás tengan que ver menos con el mundo de los afectos y mucho más con el entramado interno de la personalidad. En primer lugar existen muchos tipos de humor, pero el verdadero es aquel humor inteligente, sutil, que como una chispa enciende nuestra conciencia y nos hace tener un rápido «despertar». Es darse  cuenta de una cuestión de una manera inmediata, algo que toca nuestra realidad y nos desencadena un cortejo súbito de reacciones: la risa, los movimientos espontáneos, la toma de conciencia de una realidad antes no contemplada… En realidad, es como un orgasmo, es una cuestión donde cuerpo y mente se entrelazan en un nudo inseparable, elevando al ser humano a un nuevo estado placentero que tiene que ver con la felicidad. El humor pasa por el inconsciente, es decir, por los estratos profundos del Ser y nunca por la razón, por eso un chiste no puede explicarse, pues pierde todo su encanto. Cuando narramos una situación cómica, es bastante complicado llevar a nuestro interlocutor a una situación de éxtasis. Hace unos días leí el famoso libro de Groucho Marx «Memorias de un amante sarnoso«, publicado en 1963, donde el célebre cómico nos narra sus múltiples aventuras amorosas y situaciones cotidianas de la vida, como por ejemplo estar invitado a una cena con unos amigos, jugar a las cartas, etc. Este libro es de una inteligencia mordaz e intrépida, y como todo lo que tocaba Julius, delirante hasta el absurdo. Desde la página numero uno, con un ritmo trepidante, se suceden situaciones en las que es imposible no reír, lo cual demuestra una vez mas, la genialidad de este gran filosofo de lo cotidiano que era Groucho-Julius. Las situaciones cotidianas y absurdas que se suceden en el libro, se convierten en una suerte de estudio antropológico de la vivencia  humana, que en múltiples ocasiones nos hace reflexionar y adoptar otro punto de vista que nunca antes habíamos contemplado. Aunque el humor, por lo dicho anteriormente, es muy especial y cada uno tiene el suyo propio, recomiendo encarecidamente este tipo de medicina, es barata, inocua y además suele ser contagiosa, generando una gran situación de felicidad personal y ajena. Con más humor, el mundo iría mejor, reírse de uno mismo es muy sano y tomar la medicina de nuestro médico favorito Groucho-Julius, se hace inevitable. Así que tómese cada 12 horas todos los días a lo largo de toda la existencia, es la mejor manera de combatir esta enfermedad crónica llamada monotonía. Acceso a compra: pincha en la portada del libro o aquí

Una dosis de silencio

Como comentaba en uno de mis recientes post, Manuel López Casquete es un joven sabio, no por sus conocimientos, sino “por su conocimiento”; no por su retórica, sino “por su silencio”; no por sus éxitos, sino “por sus vivencias”; pero además por su humildad. Agradezco enormemente estas reflexiones para mi/nuestro blog Sueño con el día en que los médicos “receten” Silencio a sus pacientes. José Fernández Moratiel. SILENCIO Y SALUD: Creo que a estas alturas del siglo XXI nadie cuestiona ya que el ser humano es una unidad en sus múltiples dimensiones, y que la salud no consiste exclusivamente en la curación del cuerpo. Muchos de nuestros síntomas y enfermedades son manifestación de situaciones no encajadas, traumas no resueltos, complejos o emociones retenidas. Todos estos bloqueos provocan en nosotros tensión, rigidez, angustia, miedo y stress, cuyos efectos se dejan sentir tanto a nivel muscular y articular como en el plano del funcionamiento fisiológico del organismo. Atender a nuestro mundo interior es un asunto crucial en el cuidado de nuestra salud. Pero en la atención a nuestro mundo interior no nos jugamos “sólo” la salud, sino todas nuestras posibilidades de afrontar un camino de desarrollo humano integral. A lo largo de la historia, el ser humano ha conocido muchos caminos de profundización en su propia interioridad, que han cristalizado en múltiples corrientes de espiritualidad y sabiduría. Pero casi todos tienen en común un aspecto crucial: el Silencio. En el Silencio, el ser humano puede volver su mirada al interior para encontrarse con quien es. Con quien es DE VERDAD, desnudo de todos los ropajes, preocupaciones, aspiraciones y expectativas que ocultan nuestra auténtica identidad. Mientras vamos profundizando en este camino de reencuentro con nuestra identidad más cierta, van aflorando todos los bloqueos y situaciones no resueltas que hemos arrastrado durante gran parte de nuestra vida. De alguna manera, en el camino del Silencio podemos reencontrarnos con ellos, permitir que afloren e, igual que las nubes expuestas al viento y al sol, dejar que se vayan deshaciendo ante nuestra mirada atenta. Se trata de un proceso profundamente terapéutico. El dominico José Moratiel, maestro en el arte del Silencio, comparaba esta práctica con un drenaje: sucede gota a gota, de forma gradual, casi imperceptible, pero es muy efectiva. Estoy profundamente convencido de los beneficios del Silencio para la salud, pero no acaban aquí sus posibilidades. A través de ese camino interior, de ese afloramiento de nuestros bloqueos, vamos acercándonos cada vez más a nuestra identidad última, a esa dimensión trascendente que habita en el hondón del alma humana. Contemplar nuestra profundidad en el Silencio nos habla de trascendencia, del encuentro con la presencia infinita que nos habita, que nos sobrepasa pero en la que, paradójicamente, reconocemos nuestra más genuina identidad. Con otras palabras, la experiencia del Silencio despliega ante nosotros el misterio humano en toda su amplitud y su profundidad, y nos capacita para contemplarlo desde una mirada atenta y asombrada. Toda nuestra realidad, todo el misterio de nuestra persona y nuestra identidad, aparecen ante nosotros en su expresión más íntima y esencial. Pero aún hay más. La contemplación de nuestra genuina identidad nos abre a una profunda transformación, a una auténtica revolución interior: el desarrollo de la más humanizadora de nuestras capacidades, la capacidad de amar. El amor es el centro, el núcleo de la experiencia del Silencio. Un amor que abre las acequias de nuestro ser y que irriga toda nuestra persona en sus múltiples dimensiones. Un amor que, más allá de sus beneficios terapéuticos, nos invita a una existencia limpia y renovada. Una existencia que brota del abrazo íntimo con lo infinito que nos habita.  Manuel López Casquete de Prado.

Kazantzakis: “La fuerza del espíritu y el pobre de Asís”

Nikos Kazantzakis, uno de los más importantes escritores griegos del siglo XX, relata con una belleza inusitada y una gran fuerza de espíritu, la vida de Francisco de Asís en el libro» El pobre de Asís». Si Francisco lo pudiera leer, quedaría absorto con su lirismo y la fuerza que desprende sus páginas, pero también es bastante probable que nuestro querido Fratello, se sonrojara ante algunas manifestaciones del escritor cretense. Francisco de Asís es quizás uno de los personajes históricos de la hagiografía católica sobre el que más se  ha escrito, tal vez debido a la ternura, simpatía y devoción que despiertan su humildad, su imitación de Cristo, su gran bondad y amor a «lo pequeño», a las cosas sencillas. De ahí que se le haya denominado: «alter Christus», el «otro Cristo». No es mi intención glosar aquí la figura del que sin lugar a dudas es un hombre de los que más despiertan mi interés, por lo que no descarto hacerlo en otro lugar y momento, pero lo que sí quiero es glosar esta interesante novela del griego Nikos Kazantzakis (1883-1957). Aunque entre todos los textos y relatos publicados sobre la vida, obra y figura de Francisco, quizás el más conocido y por supuesto muy recomendable es el «San Francisco de Asís» de G.K. Chesterton, tal vez uno de los mejores relatos del británico, no le queda a la zaga el texto del griego. Llama poderosamente la atención que el autor griego más importante del siglo XX, que perdió por un voto el Nobel de literatura de manos de Camus y que tiene una extensa e impresionante producción literaria, sea tan poco conocido. Si a nuestros lectores les decimos que Kazantzakis es el autor de la famosa novela «Alexis Zorba, el griego», que fue llevada a la pantalla en 1964 por Anthony Quinn y de la impresionante «La última tentación de Cristo», que también llevó a la pantalla en los años 80 Martin Scorsese, quizás ahora empiecen a situar la verdadera dimensión de Nikos, un buen hombre que fue un eterno buscador. Si yo tuviera que clasificar a Kazantzakis como escritor, lo situaría dentro de los llamados «escritores espirituales», es decir, autores cuyas obras están impregnadas de la búsqueda del Ser, de Dios, y en definitiva, que realizan obras para y por la transformación del individuo, obras para el crecimiento y desarrollo del Ser. No significa que sean escritores «religiosos», sino más bien «escritores del Ser». En los libros de Kazantzakis, llenos de poesía y deudor del espíritu Homérico, se narran la angustia metafísica y existencial, la búsqueda de nuestros orígenes, la lucha interna del hombre para llegar a ser mejor, para encontrar la verdadera fuente de la felicidad. Por ello quizás Kazantzakis esté en la estela de autores como el propio Tolstoi, Hesse, Mishima o Chesterton. En el panorama actual observo pocos autores que pudieran etiquetarse con este calificativo. Me viene pronto a la mente el nombre de Paolo Coello, pero pienso que tiene una mayor dimensión literaria la italiana Susanna Tamaro y nuestro querido Jose Luis Sampedro, cuya literatura pertenece al “Olimpo de los grandes”. Hay algo en la literatura de Kazantzakis que me recuerda y evoca lejanamente a Sampedro y quizás sea esa preocupación por lo humano y su tremenda sensibilidad, lo que en otros lugares hemos descrito como «el conocimiento por los sentimientos». Por otro lado, tanto el español como el griego, son dos autores que buscan el conocimiento de lo más profundo del Ser, la búsqueda de la eterna fuente de la vida. Para mi los dos son dos místicos visionarios. La vida de Kazantzakis fue una vida de compromiso personal y social. Apasionado del comunismo predicado por Lenin, pronto fue consciente de la manipulación a la que sometió esta doctrina al «hombre libre» y si algo era Nikos, era un apasionado de la libertad. Si hubo un personaje que influyera de una manera nuclear en su obra, este es Cristo, pero un Cristo no místico ni teológico, sino un Cristo-Hombre, con su angustia existencial, sus dudas, sus sentimientos y su eterna búsqueda. Un Cristo magníficamente retratado en «La última tentación» y un «Cristo de nuevo crucificado». Esta misma ansiedad metafísica la lleva a la vida del Santo de Asís. En su eterna búsqueda, Niko buceó en las fuentes del Budismo (escribió una novela sobre Buda) y pasó algún tiempo retirado en el Sagrado Monte Athos. Es curioso que la Iglesia Ortodoxa y la Católica censuraran sus obras, por pensar que lo allí relatado tenia un tufo demasiado humano, cuando es de lo humano, de la carne, de donde emana el espíritu. «El pobre de Asís« es una alegoría al “amor universal”, es una bella historia de cómo un sencillo hombre, alcanza el corazón del mundo a través del corazón de sus semejantes. Lo sencillo, lo débil, lo pequeño, lo que pasa desapercibido, es el foco de atención de Francisco, pues es aquí donde mejor se percibe el Espíritu, Dios y si preferimos el Anima Mundi Platónico. Kazantzakis entroncó con el espíritu franciscano mejor que ningún otro autor, ahí queda su obra, una obra eterna, que siempre es un reencuentro con el Alma eterna. Accede a la compra del libro: pincha en la portada o aquí.