Humanidades

«Un manual de vida»…, para una vida bien vivida.

Estoy totalmente convencido de que en los momentos convulsos que vivimos, donde la crisis económica es tan solo la punta de un problema más complejo, donde el relativismo moral y el descrédito de los valores humanos son moneda común, hace falta volver a nuestros orígenes, para mirarnos cara a cara al espejo nítido de la verdad y reconocer el camino, entre las penumbras del desánimo y la angustia existencial. Por esto y por otras razones traigo aquí a un sabio humilde y desenfadado (como lo son todos los grandes del espíritu), que creía que la vida bien vivida, consistía en ser felices y ser buenas personas. Nuestro personaje vivió en el año 55 dC y, aunque nació esclavo en Frigia, sus grandes dotes intelectuales y personales, llevaron a su dueño, el administrador del emperador  Nerón, a concederle la libertad. Como le ocurrió a Sócrates o a Cristo, no hemos encontrado ningún vestigio literario de su puño y letra, pues era un conferenciante nato, pero su discípulo Flavio Arriano, recopiló su pensamiento, en el «Manual de vida«, que es el libro que hoy quiero recomendaros,; su autor Epicteto. De vida humilde y alejada de la sórdida vida romana, inspiró su pensamiento estoico al gran emperador filósofo, Marco Aurelio, que fue discípulo suyo. Sus coordenadas: la vida sencilla, la humildad y la rectitud y virtuosidad de las acciones correctas. El pensamiento estoico influyó poderosamente en el  pensamiento cristiano; tal es así, que podemos afirmar con rotundidad que los dictamines morales cristianos beben directamente de este pensamiento estoico. Aun así, algunas afirmaciones de Epicteto, podrían ser suscritas por otras tradiciones sapienciales, como el Taoismo, véase : «Compórtate siempre, en todos los asuntos, grandes y públicos, o pequeños y privados, de acuerdo con las leyes de la naturaleza. La armonía entre tu voluntad y la naturaleza, debería ser tu ideal supremo». A lo largo de todos mis años, hay un principio de Epicteto que siempre he tratado de llevar a gala y que refleja su espíritu, que siempre me acompaña: «Concededme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, el valor para cambiar las que sí puedo y la sabiduría para establecer esta diferencia», plegaria de la serenidad.

Terapia de inyección: “Música en vena”

Hace unos días recibí una curiosa invitación que me sorprendió por su originalidad: una invitación a un concierto de piano, de un joven músico, Moisés P. Sánchez, en el Hospital Clínico de Madrid. El objetivo del concierto era introducir la música en el ámbito hospitalario y hacer de la música el hilo conductor de los afectos y emociones de pacientes y familiares. Por otro lado, la música se convierte en un nexo de unión de comunicación de profesionales de la salud y pacientes. Asistí al concierto con cierta curiosidad y descubrí una iniciativa maravillosa, la Asociación sin ánimo de lucro “Música en Vena”, organiza el evento y trata, a través de los acordes, de modificar las condiciones de pacientes y familiares, llevando más armonía a sus vidas. El concierto de Moisés fue excelente, un gran virtuoso del piano. Hacía muchos años que no había disfrutado tanto de un mestizaje entre música clásica y jazz. Por otro lado, conocí a los promotores de esta asociación, creada en memoria de  Marinela García de Cubas, una heroica mujer que luchó con entereza contra su sarcoma y cuyo legado fue recogido por Virginia Castelló y Juan García de Cubas, los promotores de la iniciativa. Ellos se encargan de llevar por los hospitales de Madrid la música y mucho mas…, llevan vitalidad y trasportan felicidad a raudales para mejorar las condiciones de vida y humanizar los hospitales. Quizá por mi condición de médico de familia, suelo incidir en que los hospitales me parecen, muchas veces, los lugares más insanos e insálubres que se hayan creado para reponer la salud del ser humano, pero desde luego, este tipo de iniciativas nos hacen más humanos y por ello, nos hace mejores personas. Bienvenida sea la iniciativa “Música en vena”. Ojalá se pudiera transportar a todos los hospitales y escuchar a Mozart, Duke Elinthon… o incluso Mecano; esas ondas armónicas nos trasportarán a un mundo mejor, donde el dolor sea menos dolor y donde la música acaricie nuestros oídos y nuestro alma. No olvides conectar los auriculares y disfruta de esta inyección en vena.

«Mis viajes con Epicuro»,…adoración por la vida.

Este verano pasado ha caído en mis manos un libro fresco y vivificador, escrito con espontaneidad y humor,  por un anciano profesor de filosofía americano, Daniel Klein, que decide, en el ocaso de su vida, darse un garbeo por las islas griegas, en busca del sol y la sabiduría helena. Klein, gran conocedor del pensamiento occidental, se encuentra de frente con el carácter mediterráneo, sus gentes, sus tradiciones y, sobretodo su cultura ancestral, que lleva a estas gentes a una especie de sabiduría pragmática de la vida. Siendo Daniel un hombre mayor, con los achaques de su edad y esperando en cualquier momento que la muerte lo encuentre, decide refugiarse de manera consciente en el sano hedonismo, en vivir la vida en cada momento como viene y sobretodo, en encontrar el vitalismo y la vitalidad en los pequeños placeres de la vida. Es por ello que este, según Daniel, “Mis viajes con Epicuro” es un libro que glosa y alaba el epicureismo, esa corriente de pensamiento griego, contrapuesto al estoicismo y que impelido hace miles de años en unos jardines de Atenas, por un personaje curioso llamado Epicúreo, nos enseña a vivir con un talante fresco y animoso. A cada página me recuerda a Lao-Tse y su libro del TAO. Cuando lo terminé de leer me dije: “de mayor quiero ser como Daniel”… pues ¡ya va quedando menos para ello!.

Un nuevo estado de la conciencia: consíguelo con la Sofrología

A finales de los años 60, en un hospital madrileño, un joven psiquiatra de origen colombiano, le pedía permiso a su Jefe de Servicio, el mítico Dr. López Ibor, para hacer su tesis doctoral sobre la influencia de los estados meditativos en la actividad cerebral. El Dr. López Ibor, con la amplitud de miras intelectual que le caracteriza y su aguda intuición, le animó a buscar meditantes para poder tener una casuística adecuada, es decir, como decimos en ciencia, “una N”, que fuera representativa para el estudio. En la España del tardofranquismo, hallar personas que se dedicaran a la meditación era algo bastante inusual. Por ello, este joven psiquiatra, viajó a la India, China y Japón, con un viejo electroencefalógrafo portátil, realizando miles de registros cerebrales y observando lo que acontecía en lo más intimo del cerebro humano, cuando una persona  adopta una metodología  meditativa. Después de 5 años de intenso trabajo y múltiples viajes, regresa a España, monta y analiza su material y concluye que es posible, mediante una serie de técnicas, alterar los ritmos eléctricos del cerebro y además, observa que estos ritmos alteran la conciencia, ampliándola e incrementando los beneficios en la salud física y mental. Nuestro joven psiquiatra, «remasteriza» los ejercicios de yoga, zen y meditación tibetana y añade técnicas cognitivistas y, como resultado, crea un método occidental de meditación y trabajo con la mente, que tendrá un gran impacto en la salud integral del ser humano. A este nuevo método le denomina «conocimiento de la mente en armonía« o lo que es lo mismo, lo rebautiza en griego con su traducción: SOFROLOGIA. El nombre de su creador, un gran desconocido, Alfonso Caycedo. Llevo más de 25 años entrenando a pacientes con este método y los resultados son alentadores en múltiples circunstancias, desde trastornos mentales o del aprendizaje, hasta patología cardiopulmonar y psicosomática, y también en medicina paliativa. En este punto, me asalta la duda, de si el padre de la medicina psicosomática, el Dr. Rof Carballo, coetáneo de Caycedo, seria conocedor de esta técnica. Lo investigaré y os mantendré informados, y si alguno de vosotros me puede ayudar, lo agradeceré.

Guerra en s.XXI: «Homo homini lupus est»

Cuanto nos gusta pavonearnos, sobre todo a los hombres de ciencia, del magnífico y tremendo auge que el saber  y la tecnología están experimentando en este iniciado siglo XXI. Es cierto que los avances tecnológicos en los últimos 50 años, han facilitado un salto cuántico en la comprensión de nuestro mundo y de nosotros mismos. La revolución científica parece no tener límites y raro es el día que los teletipos no vomitan cientos de noticias sobre el cáncer, la salud en general, las fronteras de la astronomía o las múltiples revoluciones tecnológicas que hacen que nuestro mundo se globalice y sea más cómodo e interactivo. Pero no puedo dejar de pensar en las imágenes que asaltan a nuestros hogares de sufrimiento, dolor y muerte. Hace unas semanas, nuestra retina  se impactó con las crueles imágenes de cientos de ciudadanos sirios que convulsionaban y se retorcían de dolor, por la utilización de gases letales como armas químicas contra la población civil inocente. Es increíble que en pleno siglo XXI, en lo que fuera la rica, culta y sofisticada Siria ancestral, se puedan desarrollar estas situaciones, que nos hacen evocar los campos de exterminio nazis, la crueldad de las torturas y la sinrazón humana elevada a la animalidad. Mientras estas acciones se producen y miles de inocentes sufren, las naciones llamadas eufemísticamente “civilizadas”, esperan un dictamen de la ONU  para condenar tímidamente, lo que a todos  nos parece la mayor aberración del  género humano. Mientras USA,  en su tónica habitual, sopesa el despliegue militar, la Unión Europea se pone de perfil y dedica todos sus esfuerzos a saquear los bolsillos de los contribuyentes. Me parece una canallada que el género humano se oculte tras ese velo de indiferencia. ¿De qué sirven los avances tecnológicos y científicos, cuando lo más salvaje  del ser humano, nos hace comportarnos peor que los más despiadados depredadores? Más que nunca, y como decía Plauto: Homo homini lupus est