Humanidades

¿Cuál es tu perfil 2.0?: definete tú mismo.

No me considero una persona con pasión por la informática y los mundos virtuales, pero es cierto que desde hace tres años y con la inestimable colaboración de mi mujer, he transitado por mundos alternativos. Fue ella quien me animó a  “estar en el mundo”, desde varios perfiles, comenzando con el facebook, para continuar con twitter  y crear un blog. Este mismo, que ahora me permite establecer contacto contigo. Durante estos tres, casi cuatro años, he cambiado de actividad profesional en varias ocasiones, pero mis perfiles internautas se han mantenido: desde mis beligerantes cuitas con la medicina de familia y la universidad, debidas a mi representatividad en el colectivo de médicos de familia, hasta llegar a mi actual desempeño como directivo de la salud madrileña; por supuesto sin dejar  de hacer mención de mi paso por RTVE en un programa de salud, controvertido en la actualidad en los medios especializados. Hace unos días, la Universidad Complutense, y más concretamente la Cátedra de Comunicación y Salud de la Facultad de Ciencias de la Información, me dio la oportunidad de poder compartir con los alumnos mis experiencias virtuales, en este “metamundo de Internet”. Os quiero dejar mi contribución a este curso, a través de mi presentación y por supuesto estar abierto a vuestras aportaciones y comentarios. Pero también y sobre todo, por la frescura de la experiencia de mis compañeras en la mesa, más  jóvenes sin lugar a dudas, y no por ello menos impactantes e interesantes que la mía. Tan solo me gustaría afirmar que para mí ha sido una suerte y un privilegio haber seguido los sabios consejos de mi esposa y tener en este momento una identidad virtual. Es cierto que los contenidos volcados,  sobretodo en el blog, se metamorfosean en función de mis desempeños laborales, porque sin duda, también lo hace mi visión del presente. Pero no deja de ser menos cierto, que mis grandes pasiones, subyacen en todos los contenidos: el humanismo médico y mi entusiasmo por las Artes. Y es que, al fin y al cabo, un individuo no deja de ser quien realmente es, por mucho Internet que ponga en su vida.  

Un “manantial de agua fresca” para saciar la sed en Salud Mental

Mi primer trabajo de investigación, que pretendía ser mi tesis doctoral, fue uno que versaba sobre las bases bioquímicas de la esquizofrenia y más concretamente sobre las alteraciones de ciertos neurotransmisores cerebrales en estos pacientes, sobre todo la dopamina y la colecistoquinina (CCK). Este estudio me llevó, durante 3 intensos años, a vivir con una beca de investigación de la Universidad Complutense, para llegar a “evidenciar lo que era ya evidente” y es que sí existían alteraciones en la química cerebral. Pero mi interés iba más allá, no sólo lo que se alteraba, sino por qué y en qué se alteraban esas mentes. Mis lecturas de la ciencia neurocognitiva, las interesantes investigaciones de la  Escuela de Palo Alto y más concretamente de Gregory Bateson y los movimientos antipsiquiátricos de David Laing, me llevaron a abandonar ese campo de estudio, para abrazar el apasionante “mundo arquetipal e imaginal” de Jung y Hillman. Algunos dogmáticos asentirán que «abandonando la ciencia». Y todo ello encuentra hoy más sentido que nunca. Por fin he visto materializado un proyecto innovador en el manejo del paciente psicótico, el primer proyecto integral de una Unidad de Atención Temprana (UAT) al joven con primer brote psicótico, apoyado por el Servicio Madrileño de la Salud y creado por la Fundación Manantial. Se trata del primer proyecto en España de estas características y está encabezado por un joven equipo de psiquiatras, psicólogos, terapeutas y educadores, que pretende, junto a las familias, abordar a los enfermos desde las fases más incipientes y de forma integral, de forma que consiga impactar en el curso evolutivo de la enfermedad, para mitigar los brotes y secuelas. El día de la inauguración del centro sentí como si el destino hubiera querido mostrarme un pequeño guiño…; al fin y al cabo estábamos inaugurando una Unidad, que si yo hubiera continuado con mi actividad y formación en psiquiatría, perfectamente podría haber sido mi lugar de trabajo; desde luego el proyecto no podría haberme atraído más. Será interesante comprobar el producto de la investigación que surja de este ilusionante proyecto, pero lo más emocionante fue comprobar cómo la madre de un joven nos agradecía  no olvidar a los enfermos mentales y preocuparnos por ellos, innovando y buscando nuevos métodos alternativos para impedir su deterioro y marginación. Gracias a las asociaciones y familiares que hacen posible que hoy la UAT a jóvenes y sus familias en la fase inicial de la psicosis, sea una realidad.

Risas que curan y “dan vida”

El humor es un ingrediente imprescindible de la buena salud. Desde la época de la escuela hipocrática ya se asociaban determinados tipos morfológicos con el carácter y el sustrato emocional. De todos es conocida la clasificación tipológica constitucional de la medicina clínica alemana, de mitad del siglo pasado, heredera del viejo maestro griego, que clasifica en 3 tipos: pícnico-atlético-leptosómico. Concretamente el tipo pícnico o flemático, a  modo de Sancho Panza, es el individuo terrenal, gustoso de los placeres de la vida, hedonista y epicúreo por excelencia y con buen humor. Y es que la risa, el humor y el optimismo, son la mejor medicina para el cuerpo y para el alma. Prueba de ello, atestiguado por le evidencia científica, es que la depresión y la melancolía, generan inmunodepresión y por ello facilita la aparición de otras enfermedades, desde un simple catarro… hasta otras relacionadas con padecimientos oncológicos. Tal es así que da lugar al resurgir de una nueva ciencia: la psicoinmunología. Desde hace muchos años vengo pregonando que los establecimientos sanitarios, tanto centros de salud, como hospitales, deben humanizar sus espacios y personalizar la asistencia, para dejar de ser lugares insanos, medicalizados, con olores extraños, colores mortecinos y conductas robóticas. Parece que de una manera paradójica, hemos olvidado que quienes utilizan sus servicios, son seres humanos dolientes, asustados, aquejados de dolor físico, psíquico, espiritual y sobretodo, confrontados a su propio destino. Debemos abrir los hospitales a la cultura, el humor, la música y, en definitiva a la vida, pues es allí, donde más vida se necesita. Recuerdo con mucha ternura la película del recientemente desaparecido Robín Williams, donde da vida a un médico pediatra que utiliza el humor como herramienta con sus pequeños pacientes oncológicos, para arrancarles una sonrisa e insuflarles vida. La película se titula “Pach Adams”, es la vida real de un profesional americano e ilustra el espíritu y la pagina web de la Direccion General de Atención al Paciente del Servicio Madrileño de Salud. El otro día, gracias a la firma de un acuerdo entre el SERMAS y la Fundación PayasoSalud, pudimos llevar humor y sonrisas a los pacientes dializados y oncológicos del Hospital de Getafe en Madrid. Fue maravilloso contemplar los rostros extasiados de los pacientes ante las ocurrencias de los clowns y lo más sorprendente: me hizo reencontrarme con la condición humana de la medicina.

¿Cuándo la ficción es ciencia… y la ciencia, ficción?

Como ya he reflejado en otros lugares de este blog, me encanta la ciencia ficción. Es posible que sea una reminiscencia de mi infancia, tanto de mis lecturas de Julio Verne, que cimentaron mi afición por la literatura, como de algunas series televisivas de la entonces incipiente televisión,  tales como  “Viaje al fondo del mar” o “Planeta prohibido”. Aquellas series motivaron todo un mundo de posibilidades,… todo era posible en la existencia, porque la existencia es tan prolija, que es imposible de aprisionar a golpe de los sentidos convencionales. Mis lecturas de la juventud se centraron en los llamados maestros de la ciencia ficción, los clásicos, a saber: Isaac Asimov, Stalislav Lem y Arthur C. Clark. Este trió de ases presenta una tónica común que les avala y es que los tres son científicos y ponen a disposición del lector sus profundos conocimientos en física, bioquímica u otras materias. El ruso-americano Asimov era bioquímico, el polaco Lem era médico (creo que no llego a terminar la carrera) y Clark era ingeniero. Ellos eran inigualables, su ciencia era ficción o mejor dicho “su ficción era ciencia” y los mundos que habitaban eran productos del enorme desarrollo científico y tecnológico del siglo XX. Pero  este trió no podría estar del todo completo, sin un cuarto escritor, un escritor atípico, no científico, que mas que la ciencia le preocupaba lo ontológico, la filosofía, la religión y en definitiva, la existencia. Podríamos llamarle, el más metafísico de los escritores de ciencia ficción. Si hablamos de uno de sus libros más conocidos “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?”, casi nadie sabrá a quién me estoy refiriendo. Si decimos que este libro inspira el gran film de Rydley Scott  “Blade Runner” o inspira otros films de culto como “Matrix”, podremos tener más pistas.  Estamos hablando del americano Philip K. Dick, uno de los grandes de la literatura, que elevó  el género de la ciencia ficción a género literario con mayúsculas. Tengo este recuerdo de él, porque leí el otro día un texto suyo, quizás de los más enigmáticos y filosóficos:  “La transfiguración de Timothy Archer” y eso me llevó a releer “Los androides sueñan con ovejas mecánicas”. Dick, que murió en la más absoluta de las indigencias, olvidado y denostado por los suyos en la California del movimiento hippy, las drogas y la ruptura de valores tradicionales, siempre se pensó que podía ser un esquizofrénico. Cuando yo oigo tales sandeces, solo puedo imaginarme a Dick, con su risa de niño terrible y murmurando “pobres seres insignificantes”.

Un ejemplo de Resiliencia

Está de moda hablar de Resiliencia. No hay más que ver el número de veces que se ha compartido una información que difundi hace unos días en las redes sociales. … Y hablando sobre el tema,  hace pocos días he podido ver el film dirigido por Angelina Jolie que lleva por título “Invencible”, y que narra la historia verídica de un atleta Ítalo-americano, Louis Zamperini,  que compite en los juegos Olímpicos de Berlín y posteriormente su carrera deportiva se ve truncada por la aparición de la Segunda Guerra Mundial.  La cinta muestra de una manera ejemplar  el esfuerzo por la lucha y superación de un deportista de élite y sus vivencias cuando su avión es derribado en el Pacifico y durante más de un mes sobrevive a la deriva y es hecho prisionero en un duro campo de concentración japonés, posterior a su rescate. Aunque el fim tiene una ejecución impecable a mi entender, y el guion de los hermanos Cohen es potente, desde mi punto de vista los personajes, y sobretodo el protagonista, nos deja con la miel en los labios, siendo un personaje plano, una pobre victima de las cientos de crueldades de la guerra y de sus ejecutores, pero sin reflejar ni un atisbo el motivo e instrumento que mueve su fuerza interior, que lleva a un ser humano a superar todos sus obstáculos, lo que la moderna psicología  denomina como “resilencia”. Todos los días podemos contemplar esta capacidad en muchos enfermos crónicos, en muchas personas que superan la indigencia, el paro, la quiebra económica, moral, familiar y personal, en las grandes tragedias y también en nuestra vida cotidiana. En muchas ocasiones he puesto como ejemplo de resilencia al psiquiatra Vienes, Víctor Frankl, que deja palpable su experiencia en el libro “El hombre en busca de sentido” y en su particular psicoterapia la Logoterapia. El Ser humano para vivir necesita creer, da igual en que sea, en Dios, en Ala, en Jehová, en sus propios valores, en la belleza, en el amor o en la solidaridad. Porque también el Ser humano necesita ayudar a los demás; y así Víctor Frank comprueba, cuando todo lo tiene perdido en el campo de concentración, que la ayuda a los demás, le hace estar vivo. Y el Ser humano también necesita perdonar sin exclusiones, perdonarse así mismo y perdonar a los demás, aunque hayan sido sus verdugos. Expresar esto, es lo que echo de menos en el film de Jolie, poner de manifiesto qué es lo que mueve esa fuerza irresistible de superación, que sin duda Zampelini conocía. ¿Conoces tú la tuya?.