Gestión Sanitaria

Da sentido a su vida… Residencias integradas

¿Quién no ha tenido la experiencia cercana o personal de tener algún conocido que tiene a su padre o madre en una residencia de la tercera edad?. También somos conscientes del escaso número de establecimientos públicos, pues gran parte de las residencias de mayores son concertadas o privadas. Hace algunas décadas los mayores formaban parte integrante y activa de las familias, pero avanzando los tiempos, las familias se han convertido en nucleares, constituidas por los padres y uno o dos hijos lo máximo. Atrás han quedado las familias extensas donde convivían padres, hijos, el abuelo e incluso tíos o primos. La trasformación de la sociedad ha conllevado una trasformación de la familia. En las culturas triviales y no occidentales, el papel del mayor es crucial para la estabilidad social; aporta sabiduría y sirve de correa de trasmisión entre generaciones. En el mundo occidentalizado y apresurado de la modernidad, el papel del mayor, no productivo laboralmente, es un estorbo para las familias y para la propia sociedad. Como afirmaba el psicólogo americano James Hillman, “el mayor es un estorbo, ni sirve para nada ni se siente útil y no le queda más remedio que demenciarse”. La institucionalización del mayor conlleva un alejamiento de las estructuras vivas de la sociedad. Incluso las propias residencias se convierten en guetos  desgajados del tejido social. Por ello y entre otras cosas, debemos tratar de integrar los centros residenciales en la estructura sociosanitaria de nuestro tejido social. Los centros de mayores son una importante oportunidad de integrar los cuidados de media y larga estancia sociosanitaria y se convierten en claros exponentes de coordinación sociosanitaria. ¿Por qué no lo vemos? Seguimos perdiendo oportunidades para la integración de un modelo que nunca debería haberse atomizado. Estas reflexiones y otras surgieron en el interesante debate del  V Congreso de Edad y Vida sobre Dependencia y Calidad de Vida.

Una nueva mirada a la Atención Primaria: ¡Tengo el 78!

Hace unos días me encontré con una solicitud gratificante: un compañero, médico de familia, me propone que me haga eco en mi blog de su nuevo proyecto ilusionante: una novela que nos hará ver de diferente manera a la Atención Primaria: «Tengo el 78». Enseguida me sentí identificado con Marcel Prats y su desembarco en el mundo literario con esta «nueva aventura» como él la describe. Como vienen buenas fechas para hacerse con ella y poder desgranarla, os invito a que lo hagais, como sin duda yo lo haré. Os anticipo cómo Marcel vive su obra: «TENGO EL 78!. Una joven adolescente nos relata desde el otro lado de la ventana, desde la calle, desde su experiencia, su familia, su barrio y su comunidad cómo vive nuestra historia desde 1978 hasta la actualidad. Nuestros viejos ambulatorios de 2,5 horas/día, nuestros antiguos médicos anteriores a la reforma, nuestros jóvenes médicos de familia que empezamos sin experiencia,  nuestros nuevos Centros de Salud. Trata sobre la frontera invisible entre las personas y los profesionales de la salud de Atención Primaria, aquel límite entre ambos de cuya relación emana un sentido a aquello que realizamos en el día a día en nuestro trabajo. Es una novela que intenta transmitir esperanza, valores, dudas y reflexiones, que transcurre en un barrio ficticio llamado El Raval de la Maurina y La Maurineta. En él habitan gente común con profesionales de la salud también comunes. No son anécdotas, tampoco un análisis crítico del momento actual. Es sólo una corta novela que habla del cambio constante de nuestra población y del cambio en nuestro sistema sanitario de Atención Primaria desde 1978 hasta la actualidad. Sólo en el encuentro entre ambos se produce nuestra razón de ser, nuestra aportación a un sistema que lo que pretende es mejorar la salud de las personas y su percepción de la misma. TENGO EL 78! intenta aportar otra mirada a la Atención Primaria, una mirada distinta desde fuera de las organizaciones, fuera de los centros, fuera de nuestro ámbito científico.  No encontré aún la palabra que lo define, quizás es una mirada de esperanza, una mirada ilusionada, poética, quizás cariñosa, bondadosa , entrañable, o amable. Es una mirada en definitiva distinta.»

¿Cuál es tu perfil 2.0?: definete tú mismo.

No me considero una persona con pasión por la informática y los mundos virtuales, pero es cierto que desde hace tres años y con la inestimable colaboración de mi mujer, he transitado por mundos alternativos. Fue ella quien me animó a  “estar en el mundo”, desde varios perfiles, comenzando con el facebook, para continuar con twitter  y crear un blog. Este mismo, que ahora me permite establecer contacto contigo. Durante estos tres, casi cuatro años, he cambiado de actividad profesional en varias ocasiones, pero mis perfiles internautas se han mantenido: desde mis beligerantes cuitas con la medicina de familia y la universidad, debidas a mi representatividad en el colectivo de médicos de familia, hasta llegar a mi actual desempeño como directivo de la salud madrileña; por supuesto sin dejar  de hacer mención de mi paso por RTVE en un programa de salud, controvertido en la actualidad en los medios especializados. Hace unos días, la Universidad Complutense, y más concretamente la Cátedra de Comunicación y Salud de la Facultad de Ciencias de la Información, me dio la oportunidad de poder compartir con los alumnos mis experiencias virtuales, en este “metamundo de Internet”. Os quiero dejar mi contribución a este curso, a través de mi presentación y por supuesto estar abierto a vuestras aportaciones y comentarios. Pero también y sobre todo, por la frescura de la experiencia de mis compañeras en la mesa, más  jóvenes sin lugar a dudas, y no por ello menos impactantes e interesantes que la mía. Tan solo me gustaría afirmar que para mí ha sido una suerte y un privilegio haber seguido los sabios consejos de mi esposa y tener en este momento una identidad virtual. Es cierto que los contenidos volcados,  sobretodo en el blog, se metamorfosean en función de mis desempeños laborales, porque sin duda, también lo hace mi visión del presente. Pero no deja de ser menos cierto, que mis grandes pasiones, subyacen en todos los contenidos: el humanismo médico y mi entusiasmo por las Artes. Y es que, al fin y al cabo, un individuo no deja de ser quien realmente es, por mucho Internet que ponga en su vida.  

Un “manantial de agua fresca” para saciar la sed en Salud Mental

Mi primer trabajo de investigación, que pretendía ser mi tesis doctoral, fue uno que versaba sobre las bases bioquímicas de la esquizofrenia y más concretamente sobre las alteraciones de ciertos neurotransmisores cerebrales en estos pacientes, sobre todo la dopamina y la colecistoquinina (CCK). Este estudio me llevó, durante 3 intensos años, a vivir con una beca de investigación de la Universidad Complutense, para llegar a “evidenciar lo que era ya evidente” y es que sí existían alteraciones en la química cerebral. Pero mi interés iba más allá, no sólo lo que se alteraba, sino por qué y en qué se alteraban esas mentes. Mis lecturas de la ciencia neurocognitiva, las interesantes investigaciones de la  Escuela de Palo Alto y más concretamente de Gregory Bateson y los movimientos antipsiquiátricos de David Laing, me llevaron a abandonar ese campo de estudio, para abrazar el apasionante “mundo arquetipal e imaginal” de Jung y Hillman. Algunos dogmáticos asentirán que «abandonando la ciencia». Y todo ello encuentra hoy más sentido que nunca. Por fin he visto materializado un proyecto innovador en el manejo del paciente psicótico, el primer proyecto integral de una Unidad de Atención Temprana (UAT) al joven con primer brote psicótico, apoyado por el Servicio Madrileño de la Salud y creado por la Fundación Manantial. Se trata del primer proyecto en España de estas características y está encabezado por un joven equipo de psiquiatras, psicólogos, terapeutas y educadores, que pretende, junto a las familias, abordar a los enfermos desde las fases más incipientes y de forma integral, de forma que consiga impactar en el curso evolutivo de la enfermedad, para mitigar los brotes y secuelas. El día de la inauguración del centro sentí como si el destino hubiera querido mostrarme un pequeño guiño…; al fin y al cabo estábamos inaugurando una Unidad, que si yo hubiera continuado con mi actividad y formación en psiquiatría, perfectamente podría haber sido mi lugar de trabajo; desde luego el proyecto no podría haberme atraído más. Será interesante comprobar el producto de la investigación que surja de este ilusionante proyecto, pero lo más emocionante fue comprobar cómo la madre de un joven nos agradecía  no olvidar a los enfermos mentales y preocuparnos por ellos, innovando y buscando nuevos métodos alternativos para impedir su deterioro y marginación. Gracias a las asociaciones y familiares que hacen posible que hoy la UAT a jóvenes y sus familias en la fase inicial de la psicosis, sea una realidad.

Risas que curan y “dan vida”

El humor es un ingrediente imprescindible de la buena salud. Desde la época de la escuela hipocrática ya se asociaban determinados tipos morfológicos con el carácter y el sustrato emocional. De todos es conocida la clasificación tipológica constitucional de la medicina clínica alemana, de mitad del siglo pasado, heredera del viejo maestro griego, que clasifica en 3 tipos: pícnico-atlético-leptosómico. Concretamente el tipo pícnico o flemático, a  modo de Sancho Panza, es el individuo terrenal, gustoso de los placeres de la vida, hedonista y epicúreo por excelencia y con buen humor. Y es que la risa, el humor y el optimismo, son la mejor medicina para el cuerpo y para el alma. Prueba de ello, atestiguado por le evidencia científica, es que la depresión y la melancolía, generan inmunodepresión y por ello facilita la aparición de otras enfermedades, desde un simple catarro… hasta otras relacionadas con padecimientos oncológicos. Tal es así que da lugar al resurgir de una nueva ciencia: la psicoinmunología. Desde hace muchos años vengo pregonando que los establecimientos sanitarios, tanto centros de salud, como hospitales, deben humanizar sus espacios y personalizar la asistencia, para dejar de ser lugares insanos, medicalizados, con olores extraños, colores mortecinos y conductas robóticas. Parece que de una manera paradójica, hemos olvidado que quienes utilizan sus servicios, son seres humanos dolientes, asustados, aquejados de dolor físico, psíquico, espiritual y sobretodo, confrontados a su propio destino. Debemos abrir los hospitales a la cultura, el humor, la música y, en definitiva a la vida, pues es allí, donde más vida se necesita. Recuerdo con mucha ternura la película del recientemente desaparecido Robín Williams, donde da vida a un médico pediatra que utiliza el humor como herramienta con sus pequeños pacientes oncológicos, para arrancarles una sonrisa e insuflarles vida. La película se titula “Pach Adams”, es la vida real de un profesional americano e ilustra el espíritu y la pagina web de la Direccion General de Atención al Paciente del Servicio Madrileño de Salud. El otro día, gracias a la firma de un acuerdo entre el SERMAS y la Fundación PayasoSalud, pudimos llevar humor y sonrisas a los pacientes dializados y oncológicos del Hospital de Getafe en Madrid. Fue maravilloso contemplar los rostros extasiados de los pacientes ante las ocurrencias de los clowns y lo más sorprendente: me hizo reencontrarme con la condición humana de la medicina.