Divulgación científica

Día Internacional de la Adherencia: un compromiso de todos

El pasado 15 de noviembre se celebró el III Día Internacional de la Adherencia al Tratamiento. Por ello, el Observatorio de la Adherencia al Tratamiento (OADT) se sumó a la celebración de este día y quiso hacerlo con la presentación de un decálogo dirigido a ayudar a los ciudadanos para que asuman su propia responsabilidad en el cuidado de la salud  En este marco, el OADT aprovechó para dar a conocer su nueva web (http://observatoriopacientes.com/), una página dirigida a profesionales sanitarios, médicos, enfermería y farmacia, en la que tendrá cabida todo tipo de información sobre adherencia terapéutica. Además de contenidos específicos también para pacientes, la página ofrece un apartado en el que se plantean las diferentes vías para conseguir el aval del observatorio, así como las posibilidades de colaboración con empresas y administraciones.  Durante el día nacional, el Observatorio también dio difusión a los resultados de una encuesta realizada durante la primera jornada científica de la entidad, basada en el test de Morisky-Green-Levine. Dicho estudio corrobora que, alrededor del 90 por ciento de los adultos de entre 40 y 50 años no cumple el tratamiento prescrito, un dato realmente alarmante, insisten, puesto que los encuestados afirman que no presentan ningún impedimento para el cumplimiento correcto del mismo.  José Manuel Ribera Casado, presidente del OADT, aprovechó la jornada nacional para reforzar su mensaje: «Tenemos que conseguir que las indicaciones a nivel farmacológico y no farmacológico se cumplan de la mejor manera posible»  Publicado en Gaceta Médica 15 de noviembre DECÁLOGO PARA LA ADHERENCIA AL TRATAMIENTO        

La medicina en cine

La relación entre el cine y la medicina siempre ha sido muy estrecha, siendo éste un importante mecanismo de difusión de la imagen del médico y de la propia profesión. Todos recordamos con añoranza series televisivas de antaño que han marcado nuestras vocaciones, como “centro médico” o  “Dr. Welby”, de la misma manera que ahora “Dr. House” u “Hospital Central” troquelan las expectativas de nuestros jóvenes estudiantes y residentes. Donde aún queda mucho por hacer es en el cine científico-médico aplicado a la información y la formación del ciudadano y del propio profesional. Aquí os muestro una experiencia interesante, que espero que con el tiempo podamos potenciar. Durante esta semana se está celebrando en Badajoz (13 al 17 de noviembre) la XVIII Edición del certamen bianual de VIDEOMED, Certamen internacional de cine médico, salud y telemedicina, en el que se proyectarán 140 películas de máximo interés sanitario y científico. Llama poderosamente la atención las películas sobre trasplantes de hígado y riñón con éxito de donantes vivos, como se podrá ver por los títulos y por la  hipnosis de cada trabajo que se contiene en el documento que a continuación os adjunto y también el vídeo que recoge la historia de este entusiasta proyecto, con algunos films premiados anteriormente.

El valor de enseñar: “Lecciones de los maestros”

Todos recordamos con verdadero cariño a un profesor o profesora que ha marcado nuestras vidas, esas personas especiales que guiaron nuestro destino y que sembraron en nosotros el afán de aprender. En mi caso, recuerdo a un profesor que tuve en mi adolescencia llamado Don Dionisio, que impartía historia y arte. Aquel maestro bajito del norte de España, trasmitía los conocimientos enciclopédicos con una viveza, claridad y entusiasmo, que contagiaban  al más vago y despistado del aula. Aquel hombre tenía algo; como diría Lorca, un “duende” que encendía el intelecto y agitaba el espíritu. Sin lugar a dudas debo a Don Dionisio mi gran afición al arte y a la historia. Aún recuerdo después de tantos años sus explicaciones acerca de su artista preferido, el Greco. Aquellas clases eran puro teatro, el profesor se trasformaba, interpretaba los cuadros como si él mismo fuera el modelo, y el pintor trazara sus pinceladas sobre su cuerpo. Y es que… no es lo mismo “ser el profesor que mi maestro”, como tampoco lo es  “ser el doctor que mi médico”. Como en la vida no existen coincidencias, hace unos días, mientras volvía a ver la película “El lenguaje de las mariposas”, donde el grandioso Fernando Fernán Gómez interpretaba a un viejo maestro republicano de un pueblo de Galicia que embelesaba a su pequeño alumno “gorrión”, finalizaba la lectura de un libro del gran humanista George Steiner, titulado “Lecciones de los maestros” y que aborda con una erudición desbordante los “misterios” de tan sagrada relación: la del alumno con su maestro. Steiner, premio Príncipe de Asturias del año 2001, profesor en las mejores y más prestigiosas universidades europeas y americanas y posiblemente, junto a Harold Bloom y Todorov, uno de los humanistas más grandes de todos los tiempos, nos hace un retrato magistral de los elementos que se ponen en juego en la sagrada disciplina de la enseñanza, porque para Steiner, la enseñanza es SAGRADA con mayúsculas. Para ello basa sus reflexiones en los grandes modelos arquetípicos de la historia y sobretodo, en lo que él considera que es el eje fundamental de toda la corriente de pensamiento occidental, la relación entre Sócrates y Platón y la que Jesucristo tenía con sus discípulos. También adereza estas reflexiones con la relación entre Husserl y Heiddegger y las de éste con Hanna Arendt. Steiner pone de manifiesto que para ser un maestro carismático hay quevivir como un maestro, pues el propio maestro enseña con su propia vida, trasmite con su ejemplo, diríase que por osmosis. Además el factor que más se pone en juego es EROS, pues se produce una relación de amor y dependencia hacia el maestro que, añadida a la admiración y la sumisión, hacen que el proceso de transmisión de conocimientos sea algo más complejo que un simple traslado de pensamientos e ideas de una mente a otra. Por eso esta relación es mágica, porque se produce desde un marco especial, donde el pupilo necesita emular e imitar al maestro y donde éste realiza un acto de máxima generosidad. En estos momentos, de gran duda e incertidumbre económica, ética y por qué no, metafísica, recuperar los valores tradicionales que durante milenios han inspirado nuestras vidas, se hace necesario. El sistema funcionarial-administrativo, ha sido un gran veneno corrosivo para la ética y el desempeño de muchas profesiones y oficios, pero en el caso de la enseñanza y la medicina, esto ha representado un golpe mortal. Si deseáis adquirir el libro pinchar aquí o haz clíc en la portada del libro.

Vendo mi cuerpo por «ser y estar» delgado

Que el hombre… y la mujer son un «Ser social», es una obviedad. Como afirmaba Ortega y Gasset, el Ser humano no es una isla independiente, sino más bien al contrario, es un elemento más junto con sus propias circunstancias. Aunque el filósofo español quería referirse más bien a que todas las peculiaridades y circunstancias que rodean al fenómeno humano, también forman parte del propio Ser, esta afirmación puede perfectamente ampliarse a la enfermedad. Y es que la enfermedad no es solo un conjunto de síntomas y signos y en un ser humano enfermo, va más allá, y sobre todo en algunas enfermedades trasciende la línea de la individualidad y pasa a causar más problemas desde la sociedad que por la propia enfermedad. Esto que parece cada vez más evidente y reivindicado en algunas enfermedades, como puede ser las mentales, o las enfermedades raras…, en otras sigue percibiéndose aún como un problema más del individuo, que un trastorno de su organismo, como es en el caso de “los gordos”. No tengo una intención ofensiva en llamarlos así, ¡Dios me libre…!, sino todo lo contrario, la de denunciar cómo todavía muchos viandantes ven al obeso. ¿Cuántos conocen y sobre todo asumen que realmente detrás de esta apariencia hay un enfermo real? Los profesionales de la salud y la comuniciación tenemos la obligación de insistir en ello, y la sociedad el compromiso de asimilarlo. Sin duda, las vivencias de estos enfermos contribuirán a ello. Así nos relata María Jesús un día de su vida en “el genio de addison”

¿Superará Mister Smartphone al Doctor Google?

Es bastante habitual que en los últimos tiempos nos levantemos con nuevos hallazgos en el mundo de la ciencia y en especial en el ámbito de las tecnologías. Los que ya comenzamos a tener cierta edad, recordamos con horror los primeros computadores, gigantescamente enormes y pesadamente lentos, cuyos dígitos en color amarillo-verdoso, llenaban nuestras pantallas y nos hacían presumir frente a los demás, que la era de la informatización ya había llegado a nuestras vidas. A partir de aquí, todo cambiaría, se revolucionarían los conceptos, podríamos acceder a cualquier archivo del mundo sin movernos de nuestra mesa y la comunicación sería rápida y prácticamente instantánea. Estoy convencido de que, ni los mejores augurios de la revolución tecnológica, han superado la realidad. Internet ha abierto un proceso de globalización mundial, donde en tiempo real podemos ver hablar, e incluso hacer cualquier cosa a miles de kilómetros de distancia. Los cirujanos pueden intervenir conectados en red, puedo acceder a las mejores bibliotecas, conectarme con un individuo en el otro extremo del mundo, remitir documentos, fotografías… y sin duda, muchas otras cosas que incluso desconozco. Las redes sociales, a través de facebook, twitter…, son capaces de crear una comunidad de intereses e interesados. En estos días hemos asistido a un interesante proyecto auspiciado y realizado por la Fundación de Investigación del Hospital Ramón Y Cajal de Madrid, donde se ponía de manifiesto la utilización de los Smartphone, es decir teléfonos inteligentes, por parte de los profesionales sanitarios. El estudio ha sido muy restringido, pues se ha realizado en no más de 50 médicos de dicho hospital, pero sus resultados ya avanzan alguna pista de por dónde van a ir en el futuro inmediato los siguientes pasos. Es curioso como casi el 50% de los médicos consulta las webs de salud desde su teléfono y desde la cabecera del paciente, siendo la mayor parte de estas consultas referidas a tratamiento, interacciones y efectos secundarios. Creo y estoy convencido que la aplicación de los Smartphone en la salud, no solo para profesionales, sino para los propios pacientes, sobre todo en el ámbito de la cumplimentación y adherencia terapéutica, será un nuevo logro de la tecnología puesta al servicio del bienestar humano. Pero dicho esto, también quiero alertar de los usos indebidos y abusivos de este tipo de prácticas, que pueden hacer perder el norte sobre el objetivo de nuestra profesión, que consiste, como decía el egregio Paracelso, es pocas veces curar, tratar de aliviar y siempre acompañar. El mundo tecnológico nunca puede convertirse en un metamundo que separe al sujeto de la realidad, de tal suerte que confunda el mapa con el camino, nunca puede hipertrofiar la percepción del galeno en la supervisión de pruebas  complementarias, convirtiéndole en un «Dr. House», donde apenas existe el contacto con el paciente y todo está exactamente definido en un protocolo. En la ciencia medicina esto no sirve de la misma forma que en otras ramas científicas. Bienvenidos el teléfono inteligente, Internet y hasta el “Dr. Google”, pero preservemos y reforcemos el papel del médico humanista, cercano, humano, técnicamente cualificado y, sobretodo, buen comunicador. Si esto no lo hacemos, podremos dar malas noticias sabiendo lo que dice la web mas consultada desde nuestro Smartphone, o incluso no tan malas mediante twitter, pero no sabremos cómo demonios consolar y aliviar el dolor emocional que lo que transmitimos pueda desencadenar.