GEOGRAFIAS INTERIORES Y METAFORAS DEL ESPIRITU

Como puso de manifiesto el filósofo Pierre Hadot, el emperador Marco Aurelio escribió, reflexiono y practico lo que el denominaba: “La fortaleza interior”. Esta metáfora del emperador estoico se fundamenta en sentir y construir mentalmente un espacio interior donde refugiarse, donde hallarse a salvo de las inclemencias del entorno, un lugar seguro y en paz, solo nuestro, donde allí somos nosotros mismos con la autenticidad radical de que allí esta nuestro verdadero Ser. Esta premisa estoica, no fue privativa del emperador, ni de los filósofos estoicos, sino que es una metáfora generalizada del hombre espiritual, del místico, del hombre en busca de Dios y de Si-mismo. Sócrates se ensimismaba durante horas en contacto con su daimon interior, los padres hesicastas del desierto a través de su oración de Jesus, entraban en su corazón y allí permanecían en refugio, y como el maestro budista Thay refiere, los budistas cogen refugio, entrando en su interior conectándose con el flujo de la respiración. Tantas formulas y tantas maneras como fértil es el imaginario humano, pero una única realidad; el intento del ser humano de encontrar en su interior aquello que nos hace verdaderamente auténticos, el retorno al Si-MISMO como relataba Herman Hesse y Carl G. Jung, o la búsqueda de Dios en nuestro interior, como tantos místicos han experimentado.  Al igual que los místicos cristianos han buscado desde los primeros siglos, la huida al desierto de la Tebaida en busca de un conocimiento profundo que les haga alcanzar a Dios, los místicos del Islán, los locos de Dios, los Sufís, lo han hecho entrando en su corazón, como sus hermanos cristianos. Y es que como dice el sacerdote y escritor Pablo D’Ors, el verdadero desierto, no es físico, es mental, está en nuestro interior, por lo que huir al desierto no significa literalmente escapar de las ataduras físicas y geográficas, que en muchos casos también, sino de huir al desierto interior, donde nos espera quienes somos nosotros mismos, nuestro amado, nuestro señor, el que ES. Es por ello que la metáfora apolínea de la ascensión en la búsqueda de Dios, tan chamanica y extática, se contrapone con la metáfora de lo profundo, del ahondamiento y la interiorización. Y en nuestro interior podemos tener un desierto al que acudir cuando queramos tomar refugio, una fortaleza estoica o una geografía imaginaria que de soporte a nuestra vida espiritual. Esta geografía imaginaria interior pueden ser los valores idealizados de una época arcaica donde el conocimiento y la espiritualidad alimentaban el imaginario y como James Hillman afirmaba, sus raíces profundas son mediterráneas y se representan en la Grecia imaginaria que representa estos valores. En mi libro: “Los dioses que nos habitan”, refiero como esta Arcadia idílica alimento a poetas y místicos y como personajes como Byron o Goethe, que nunca habían pisado físicamente el país helénico, alimentaban su interior de este espacio geográfico interior. Mi origen es mediterráneo y por ello bebe cultural y espiritualmente de Grecia y del cristianismo y como si fuera un descendiente de Filón de Alejandría, mi imaginario, mi geografía interior está habitada por Grecia, donde también existen desiertos y todo ello rodeado por una fortaleza interior. Un espacio solo mío, donde YO SOY.