Una terapia para ser feliz

Siempre me han resultado curiosos los extraños lazos que unen a los animales con los humanos y que se ponen de manifiesto en las mascotas con sus dueños. En casa tenemos animales de compañía, desde peces, pasando por reptiles, roedores, tortugas o perros. Quizás animado desde mi infancia por el colosal trabajo del Dr. Félix Rodríguez de la Fuente, me he interesado por el estudio del comportamiento animal. Él nos marcó a una generación, con su pasión por la naturaleza, sus impactantes imágenes y su rigor científico. Debo reconocer que en un momento de mi adolescencia pensé con seriedad dedicarme a la biología y en especial a la etología o ciencia del comportamiento animal. De ahí, que devorara cuántos libros encontré sobre la materia, e incluso hice mis pinitos con cientos de observaciones de plantas, animales y cuanto ser vivo se me pusiera al alcance.

Utilizando el modelo de «Cuadernos de campo» del Dr. Félix Rodríguez, dibujé, anoté y observé conductas, pautas y pormenores del mundo natural. Ya siendo estudiante de medicina, hice el descubrimiento de que en los años 70, el premio Nobel de Medicina había sido otorgado a tres científicos, de los cuales dos eran médicos, por sus contribuciones al conocimiento de la psicología animal y la consolidación de la etología como ciencia: Karl von Frisch (por el estudio de las abejas), Niko Tinbergen (por el estudio de aves ) y Konrad Lorenz, el gran padre de la etología, por sus interesantes estudios sobre e instinto animal, la impronta y los engramas psicológicos que marcan la conducta animal.

 

La influencia de Lorenz en la biología, la psicología y el pensamiento científico es tan colosal, que necesitará de una reflexión a parte. Lo mismo podemos decir de Tinbergen, que derivó sus estudios hacia el autismo y fue el promotor de la utilización de los animales en la terapia psicológica de las personas. Hoy en día, es una realidad que los animales pueden ser utilizados en la terapia de determinadas patologías mentales, como el autismo, las psicosis, e incluso los trastornos neuróticos de la personalidad.

Todo ello me lleva a la reflexión inicial y me da en pensar cómo conectan ambos mundos, ambas psicologías, la animal y la humana. Sin lugar a dudas, es el encuentro de dos mundos, dos mundos con similitudes y con importantes diferencias.

Traigo a colación aquí esta reflexión, por la increíble experiencia que hemos tenido mi familia y yo hace unas semanas, de haber cumplido un sueño familiar: nadar y jugar con delfines. Fue en el norte de la isla de Cuba, en Cayo Guillermo. Allí pudimos zambullirnos, nadar, bailar y jugar con un par de delfines macho, o más bien debería decir que ellos jugaban con nosotros, pues eran ellos los que estaban en su medio y sus miradas escrutadoras e inteligentes además de sus cabriolas acuáticas y sus juegos, nos dejaron muy claro que estábamos ante un mamífero inteligente, alegre y feliz.

Aquella experiencia fue inolvidable y desencadenó en nosotros una alegría y felicidad similar a la euforia del juego de un niño. Durante una hora hicimos una regresión al mundo de la infancia, el tiempo se detuvo, nuestro mundo se centró en el juego y una alegría incontrolable nos inundó; alegría y felicidad que nos acompañó en los días posteriores.

En su día, estudiando a Lorenz y Tinbergen, aprendí  que los animales pueden utilizarse en la terapia de humanos con problemas, nosotros hemos experimentado sus efectos…nuestra experiencia nos acompañará toda la vida.