Es un tema de actualidad, tanto para el sector sanitario como en el ámbito político, la “liberalización de la farmacia”, en relación a las recientes noticias del Ejecutivo, que afirman que, el equipo del Ministro De Guindos, está realizando un borrador de propuesta para liberalizar algunas profesiones y actividades.
En el caso que nos ocupa, el sector sanitario ha experimentado una importante convulsión con la llamada “liberalización de la oficina de farmacia” y que conlleva la posibilidad de romper el llamado modelo español de farmacia, de titularidad privada y acogido a un marco legislativo especifico, en el que se contempla al farmacéutico titular de la misma, como un empresario, a la vez que profesional sanitario.
Sería muy importante que empezáramos a llamar las cosas por su nombre, pues en los
últimos años se está abusando del término “liberal” para denominar cosas muy diferentes, entre las que se incluyen, tanto modelos de privatización, como de libre mercado, trabajo por objetivos….
Afirmaba Gregorio Marañón, hombre ilustrado y modelo de liberalismo, que “ser liberal” no es una opción política, sino una actitud ante la vida, y que para el liberal, los medios no justifican los fines. Por todo ello debemos ser exquisitos con las denominaciones y no llamar liberal, o neoliberal (individuo extremadamente liberal y posmoderno) a todo aquel que hace planteamientos de gestión diversificada y/o de colaboración público-privada.
En el caso concreto de la farmacia española, yo diría que los gobiernos han sido extremadamente cuidadosos a la hora de defender el modelo de farmacia, por entender que, siendo único en el mundo, aporta importantes ventajas para el ciudadano. Estas ventajas vienen derivadas de que la farmacia es un establecimiento privado con utilidad pública, con gran accesibilidad para la población y regentado por profesionales sanitarios, que no sólo “venden” productos sanitarios, sino que realizan una importante labor en áreas importantes de la salud, como la vigilancia de la adherencia terapéutica, de efectos secundarios, seguridad del paciente….
El modelo en el que se está trabajando en el borrador de Anteproyecto de Ley de Servicios Profesionales, conllevaría la gestión de la oficina de farmacia a través de multinacionales, como lo hacen en otros países del entorno y donde el ciudadano puede comprar, desde un antibiótico hasta un juguete, pasando por tornillos, perfumes o libros. Este modelo de farmacia “tipo supermercado”, no sólo es criticada por el sector farmacéutico, sino que, gran parte de los profesionales sanitarios entendemos que deterioraría la imagen de “establecimiento sanitario”, para terminar convirtiendo a la farmacia en una suerte de tienda de variedades donde también se venden medicinas.
Desde mi punto de vista, todos los protagonistas del Sistema Sanitario, y fundamentalmente los ciudadanos, debemos reivindicar una oficina de farmacia moderna, donde la Atención Farmacéutica sea el eje fundamental de su actividad, para lo cual se deben de producir importantes cambios en el sector. El primero de ellos es reivindicar el rol del farmacéutico como profesional sanitario, por encima del rol empresarial.
En este sentido es crucial, como he dicho anteriormente, no sólo implementar las acciones de atención farmacéutica, sino integrar todos los procesos de la farmacia dentro de las actividades sanitarias y es ahí donde hay que realizar un esfuerzo compartido, porque los profesionales de la medicina y de enfermería, debemos ser capaces de agilizar procesos de integración de las actividades de la farmacia en las de los dispositivos sanitarios. El ciudadano tiene derecho a que, desde todos los eslabones de la cadena sanitaria, se emitan los mismos mensajes, y para ello, es fundamental compartir la información y generar acciones conjuntas, integradas y coordinadas.


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